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Capitulo. 14

Author: Belladonna
last update publish date: 2026-10-21 02:15:40

Pov Bianca

Sostenía la taza de café mientras fingía leer el periódico. Mis manos aún temblaban recordando la madrugada.

Unos pasos resonaron en la escalera.

Valentino entró con una tranquilidad insultante. Llevaba una camisa de lino abierta y el cabello húmedo.

Tomó asiento frente a mí con una sonrisa impecable.

—Buenos días, mami —dijo con voz suave—. ¿Qué tal has dormido?

 

Bajé el periódico despacio y lo miré fijamente a los ojos, manteniendo la voz firme.

—Bien, gracias.

Valentino dio un sorbo a su taza, ladeando la cabeza con una sonrisa burlona.

—¿Nada interesante anoche?

Mantuve la compostura, aunque el corazón me dio un vuelco.

—No... nada.

Él me sostuvo la mirada con una intensidad que me quemaba la piel.

—Entiendo...

Terminó su café en silencio, se puso de pie con total naturalidad y se acomodó la camisa.

—Voy al gym, nos vemos más tarde.

Dijo eso y se marchó de la habitación como si nada hubiera pasado, dejándome con el aire atrapado en la garganta.

 

Pasé toda la mañana encerrada en la oficina, rodeada de carpetas, muestras de telas y catálogos de diseño.

Solo faltaban dos semanas exactas para la boda y el tiempo se me iba entre los dedos.

Me pasé las horas revisando las combinaciones de flores para el altar, confirmando la lista de invitados y cuadrando la distribución de las mesas con la organizadora a través de llamadas interminables.

La tarde entera se me fue en eso, completamente sumergida en los detalles del evento que supuestamente sellaría mi futuro con Lorenzo.

Lo más extraño de todo fue que Valentino no apareció por ningún lado en todo el día. Ni en la mansión antes de salir, ni en los pasillos de la empresa, ni en los mensajes del servicio. Su ausencia total, tras la provocación de la madrugada, en lugar de darme paz, me dejó una sensación de inquietud latiendo en el pecho.

 

La curiosidad era un veneno que me quemaba las entrañas.

Cuando el reloj marcó la medianoche y confirmé que su coche no estaba en el garaje, supe que era mi oportunidad.

Subí en silencio hasta la última planta y empujé la puerta de su habitación.

El espacio estaba impregnado de su esencia: madera, tabaco y ese perfume amaderado que me volvía loca. Me acerqué al armario con el pulso desbocado.

Tomé una de sus camisas oscuras entre las manos y la llevé directo a mi rostro, respirando hondo, dejándome embriagar por su olor mientras cerraba los ojos.

Un chasquido seco resonó a mis espaldas.

Me giré con el corazón en la boca. La puerta se acababa de cerrar con un golpe sordo, y el pestillo sonó al encajarse.

Valentino estaba apoyado contra la madera, con los brazos cruzados y una sonrisa lenta y oscura iluminándole los ojos.

—Vaya, pequeña Caperucita... —murmuró condespegándose despacio de la puerta para acortar la distancia entre los dos—. ¿Cómo te vienes a meter a la boca del lobo tú solita?

 

Tragué saliva, intentando recuperar el hilo de la voz mientras apretaba la camisa contra mi pecho.

—Yo solo vine a ver si...

Valentino no me dejó terminar. Dio un paso al frente con una rapidez felina, plantándose justo delante de mí.

Bajó los labios hasta rozar el lóbulo de mi oreja, enviando un escalofrío helado y ardiente por toda mi columna, y me susurró con voz ronca y burlona:

—¿Viniste a ver si hoy también me estaba masturbando con tu tanga?

El calor me subió de golpe por el cuello, teñiéndome las mejillas de un rojo furioso. Bajé la mirada, sintiéndome atrapada como una cría.

—Yo lo lamento... no sabía...

Intenté dar un paso hacia un lado para escapar, pero su mano se cerró con firmeza alrededor de mi nuca, deteniéndome en seco y obligándome a inclinar ligeramente la cabeza.

—¿No sabías que esta era mi habitación? ¿No sabías que esa camisa que oliste era mía? —susurró contra mi piel, apretando un poco más el agarre mientras su aliento me quemaba el cuello—. ¿Qué es lo que no sabías, mami?

 

Apreté los ojos un segundo, sintiendo el pulso disparado en cada rincón de mi cuerpo, y traté de sonar lo más firme posible a pesar de que el temblor en mi voz me delataba.

—Déjame ir, por favor... Lamento haber entrado en tu privacidad.

Valentino soltó una risa seca, un sonido grave y denso que vibró directamente contra mi piel. Su sonrisa se ensanchó en la penumbra, oscura y desprovista de cualquier atisbo de piedad.

—No te vas a ir a ningún lado, mami.

Antes de que pudiera reaccionar o dar un paso atrás, su mano se deslizó desde mi nuca hasta aferrarse con fuerza de mi cintura. Con un movimiento rápido y una facilidad intimidante, me levantó del suelo y me lanzó directo sobre el colchón de su cama.

El aire se me escapó de los pulmones al golpear las sábanas. Me incorporé de inmediato, apoyándome sobre las manos con los ojos abiertos de par en par.

—¡Espera! ¿Qué m****a haces? —grité, intentando retroceder a gatas hacia el cabecero.

Valentino no me dio tregua. Con un movimiento ágil y brusco, se arrancó la camiseta por la cabeza y la tiró al suelo, dejando al descubierto su torso marcado, los hombros tensos y esa piel que despedía un calor febril. Se cernió sobre mí como una sombra pesada, bloqueando cualquier salida.

—Te voy a probar de nuevo, mami —murmuró con una voz tan oscura y hambrienta que me heló la sangre y me encendió por dentro al mismo tiempo—. Y esta vez, ni el mismo diablo va a evitar que me llenes la boca... que me alimentes hasta que no quede nada de ti.

 

Con el pecho subiéndome y bajándome con violencia, apreté los puños contra el colchón y lo miré con furia, intentando usar lo único que me quedaba como escudo.

—Estás loco... ¡Me voy a casar con tu papá!

Valentino soltó una carcajada seca, inclinándose todavía más sobre mí hasta que su aliento caliente chocó contra mis labios. Su mirada brillaba con una posesión enfermiza.

—Eso suena como un problema que podemos ver cuando ya estén casados —murmuró con una calma aterradora, rozando su mandíbula con la mía—. Ahora aquí tienes dos opciones: o abres las piernas, o te las abro yo... Decide.

 

 

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