LOGINPov Bianca
Lorenzo llegó a media tarde.
Me encontró en la cocina, revisando unos correos de la wedding planner, y se acercó por detrás para abrazarme.
Pasamos un buen rato en la mesa del comedor. É
l hablaba de los horarios de la ceremonia, de si el primo de su madre al final iba a poder venir desde Italia, de un detalle con el fotógrafo.
Yo escuchaba, tomaba notas en el teléfono y de vez en cuando le corregía algo. En algún momento me agarró la mano por encima de la mesa y me la apretó suave. Le sonreí. Se sentía normal. Casi demasiado.
Cuando subimos a la habitación ya era de noche.
Me besó con calma, de esos besos largos que él da cuando quiere que las cosas vayan lentas. Me desvistió sin prisa, dejando la ropa en el suelo, y me tumbó en la cama.
Cuando se colocó entre mis piernas y entró en mí, lo hizo despacio, suspirando contra mi cuello.
Me quedé quieta un momento, tratando de seguirle el ritmo.
Él se movía con esa paciencia de siempre.
Yo cerré los ojos y le pasé las manos por la espalda. Intenté concentrarme en el calor de su cuerpo, en cómo me llenaba, en el sonido de su respiración. Pero cada vez que empujaba, suave y medido, mi mente se iba a otro lado.
Recordaba las manos de Valentino abriéndome las piernas sin preguntar.
Recordaba su lengua, caliente y sin delicadeza, y cómo me había hecho gritar cuando me atrapó el clítoris con la boca.
Recordaba el peso de su cuerpo detrás de mí, el tirón en el pelo, la voz ronca diciéndome cosas sucias mientras me follaba fuerte contra el colchón. .
Aceleró un poco, buscando que yo llegara.
Gemí bajo, le besé el hombro, le dije que seguía. No era mentira del todo. Sentía algo. Pero no era lo mismo. No era esa presión intensa y sucia que me había hecho temblar las piernas horas antes. Cuando él terminó, se quedó encima de mí un rato, respirando, y luego se apartó para abrazarme de lado.
Me acurruqué contra su pecho.
Él me acarició el pelo y me dijo que estaba cansado, que mañana seguiríamos con lo de las mesas. Le dije que sí. Me quedé despierta, con la mejilla apoyada en su piel, sintiendo el pulso todavía acelerado entre las piernas.
Debería darme vergüenza estar pensando en cómo Valentino me había usado, en lo sucio que había sido, en lo mucho que me había gustado que me tratara así.
Pero en lugar de vergüenza, lo único que sentía era esa inquietud caliente que no se iba, y las ganas de que volviera a pasar.
Lorenzo se levantó temprano. Lo escuché moverse por la habitación, ponerse la ropa de correr y salir en silencio. Me quedé un rato más en la cama, con los ojos cerrados, hasta que el silencio de la casa me empujó a levantarme. Entré al baño y abrí la ducha. El agua caliente me cayó encima y cerré los ojos, dejando que me recorriera el cuerpo.
Estaba así, bajo el chorro, cuando sentí unas manos grandes agarrarme las tetas desde atrás. Me sobresalté.
—Cariño… pensé que habías salido a correr —dije, todavía con los ojos cerrados, inclinándome un poco hacia atrás.
Las manos no se apartaron. Al contrario, me apretaron con más fuerza. Una voz baja y ronca me rozó la oreja.
—Buenos días, mami.
Abrí los ojos de golpe. Valentino estaba detrás de mí, completamente desnudo, el agua cayéndole por el pecho. Una de sus manos se deslizó entre mis muslos y me abrió las piernas con facilidad.
—¿Estás loco? —susurré, tensa—. Si tu padre llega…
Él no contestó enseguida. Solo pegó su cuerpo al mío, la boca todavía cerca de mi oído, y metió los dedos más adentro, rozándome con calma.
—Cierra la boca —me dijo, la voz baja y firme—. Y solo siente.
Sus dedos se movieron entre mis piernas, lentos al principio, abriéndome y rozándome con esa presión exacta que ya conocía. Con la otra mano me pellizcó un pezón, fuerte, tirando de él bajo el agua caliente. Me arqueé sin querer.
—¿Cogiste con él anoche? —me preguntó al oído, la voz baja y burlona.
—Ese no es tu puto problema —le contesté, tensa, intentando apartarme un poco.
—¿Ah, no? —Valentino soltó una risa corta. Me empujó de frente contra la baldosa fría del baño, el pecho pegado a la pared, el agua cayéndonos encima. Su cuerpo se pegó a mi espalda—. Te lo cogiste… pero mírate. Toda excitada. ¿Por lo menos te viniste?
—Sal ahora —jadeé, con las manos apoyadas en la pared—. Antes de que…
No me dejó terminar. Me dobló un poco más, me abrió las piernas con la rodilla y entró de un tirón, profundo y duro. El grito se me cortó en la garganta. Empezó a moverse dentro de mí, lento pero fuerte, cada embestida profunda y deliberada, el sonido húmedo mezclándose con el del agua.
Su mano volvió a mi pecho, pellizcándome otra vez, mientras la otra me agarraba de la cadera para mantenerme quieta.
—Eres mía —me dijo contra el cuello, la voz ronca, sin dejar de follarme así, duro y pausado—. Aunque te acuestes con él… eres mía.
Estaba disfrutándolo. No podía negarlo.
Cada embestida lenta y profunda me hacía apretarme alrededor de él, el agua caliente resbalando por nuestros cuerpos mientras Valentino me follaba contra la pared. Un gemido se me escapó, más alto de lo que debería, y él reaccionó enseguida. Me tapó la boca con la mano, fuerte, obligándome a tragar el sonido.
—Shh… —me susurró al oído, sin dejar de moverse dentro de mí—. Mira cómo tu coño me recibe. Como si estuviera hecho a mi medida.
Seguí gimiendo contra su palma, el cuerpo temblando, las piernas abiertas para él. Entonces se escuchó la voz de Lorenzo desde la habitación.
—¿Cariño? Regresé.
Los dos nos quedamos quietos de golpe. Valentino seguía dentro de mí, duro, su mano todavía cubriéndome la boca. El agua seguía cayendo. Mi corazón latía tan fuerte que estaba segura de que se escuchaba.
Lorenzo habló otra vez, más cerca, desde la puerta del baño entreabierta.
—¿Quieres compañía?
BiancaLa ceremonia civil transcurrió con impecable perfección. Firmé el acta, sonreí y acepté el beso de Lorenzo ante los aplausos de todos.Pero bajo el tul blanco, mi cuerpo ardía.Sentía el rastro tibio de Valentino escurriéndose entre mis muslos, recordándome a quién pertenecía realmente. Durante el brindis, busqué sus ojos entre la gente; él me miraba desde una esquina con una sonrisa lenta y posesiva.La fiesta apenas comenzaba, pero lo único que deseaba era que Lorenzo se durmiera para correr a buscarlo.La recepción avanzaba entre copas y felicitaciones. Estaba de pie junto a Lorenzo, fingiendo atender a los invitados, cuando escuché pasos firmes a nuestras espaldas.Alcé la vista para encontrarme con Valentino. Lo miré un segundo, traicionada por el deseo que aún me quemaba por dentro, hasta que bajé la mirada y vi su mano entrelazada con otra.Detrás de su hombro apareció una chica rubia, de facciones delicadas y una sonrisa angelical, con aire de no romper un plato.Me que
Pov BiancaLa mañana de la boda se extendía con una calma extraña sobre la mansión.Estaba frente al espejo contemplando mi vestido clásico de novia. Faltaban cuarenta y cinco minutos para la firma y Lorenzo se terminaba de arreglar en otra habitación.Un clic seco rompió el silencio. La puerta se abrió despacio.Alcé la vista en el reflejo.Valentino estaba en el umbral, con el traje oscuro ligeramente desalineado y una sonrisa peligrosa. Me recorrió de arriba a abajo con la mirada.Cerró la puerta tras él y dio un paso al frente.—Ya regresé, mami —susurró con voz ronca.Lo miré a través del espejo, cruzando los brazos sobre la tela blanca del vestido.Una sonrisa cínica se dibujó en mis labios.—No me digas que vienes a pedirme que no me case y que escape contigo...Valentino soltó una risa baja, cargada de burla. Dio un paso más hasta quedar a espaldas mías, reflejándose a mi lado.—Jamás le haría eso a mi padre.Lo miré de reojo, sintiendo cómo el sarcasmo me quemaba en la lengua
Pov BiancaLos días siguientes fueron raros. Lorenzo estaba más presente en la casa por los preparativos de la boda, y Valentino se movía con una normalidad que me ponía nerviosa. No me buscaba de forma obvia. No me escribía.No me miraba de más cuando estábamos los tres. Pero cada vez que pasaba cerca de mí, aunque fuera en la cocina o en el pasillo, sentía esa tensión silenciosa.Una tarde Lorenzo tuvo que salir a una reunión con el abogado. Me quedé en el estudio revisando unos contratos de los proveedores cuando Valentino entró sin tocar. Cerró la puerta detrás de él y se apoyó en ella.—¿Estás ocupada? —preguntó, con esa voz baja.—Sí —contesté, sin levantar mucho la vista de los papeles—. Y tu padre puede volver en cualquier momento.Él no se movió. Se quedó ahí, mirándome.—No vine a cogerte —dijo, casi divertido—. Solo quería ver si seguías fingiendo que no piensas en mí.Levanté la mirada. Él sonrió de lado, se acercó solo un poco y dejó una mano sobre el escritorio, cerca de
Pov BiancaValentino se quedó completamente quieto dentro de mí. Su mano seguía tapándome la boca, pero ahora la presión era distinta, más de advertencia que de placer. El agua seguía cayendo, cubriendo un poco el sonido de nuestra respiración.Desde la habitación, Lorenzo volvió a hablar, más cerca.—¿Bianca? ¿Estás bien?Valentino acercó la boca a mi oído y me susurró, muy bajo:—Dile que no. Que ya casi sales.Tragué saliva. Él sacó la mano de mi boca despacio. Yo respiré hondo, tratando de que la voz me saliera normal.—Estoy bien —dije, un poco más alto—. Ya casi termino. No hace falta que entres, cariño. Salgo en un minuto.Hubo un segundo de silencio. Valentino no se movió. Seguía dentro de mí, duro, el pecho pegado a mi espalda.—Está bien —contestó Lorenzo desde el otro lado de la puerta—. Te espero abajo. Quiero mostrarte algo de la boda.Escuchamos sus pasos alejarse. Valentino soltó el aire despacio contra mi cuello. No se apartó.—Buena chica —me murmuró.Yo seguía con la
Pov BiancaLorenzo llegó a media tarde.Me encontró en la cocina, revisando unos correos de la wedding planner, y se acercó por detrás para abrazarme. Pasamos un buen rato en la mesa del comedor. Él hablaba de los horarios de la ceremonia, de si el primo de su madre al final iba a poder venir desde Italia, de un detalle con el fotógrafo.Yo escuchaba, tomaba notas en el teléfono y de vez en cuando le corregía algo. En algún momento me agarró la mano por encima de la mesa y me la apretó suave. Le sonreí. Se sentía normal. Casi demasiado.Cuando subimos a la habitación ya era de noche. Me besó con calma, de esos besos largos que él da cuando quiere que las cosas vayan lentas. Me desvistió sin prisa, dejando la ropa en el suelo, y me tumbó en la cama. Cuando se colocó entre mis piernas y entró en mí, lo hizo despacio, suspirando contra mi cuello.Me quedé quieta un momento, tratando de seguirle el ritmo.Él se movía con esa paciencia de siempre.Yo cerré los ojos y le pasé las manos
PoV BiancaValentino me empujó de cara contra el colchón y me subió el culo de un tirón. Sentí el aire frío en la piel mojada un segundo antes de que su polla me abriera de golpe. Entró de una sola embestida, gruesa y dura, hasta el fondo. El grito se me ahogó en la garganta. Mis dedos se aferraron a las sábanas.—Mírate —gruñó, la voz baja y ronca justo detrás de mi oído. Me agarró del pelo con fuerza y me tiró la cabeza hacia atrás, obligándome a arquear la espalda—. Una puta que se deja coger por su hijastro. ¿Eso es lo que eres?No me dio tiempo a contestar. Empezó a follarme fuerte. Las caderas golpeaban contra mi culo con un sonido húmedo y obsceno, cada embestida más profunda que la anterior. Sentía cómo me estiraba, cómo me llenaba por completo, el calor de su cuerpo pegado al mío y el roce áspero de su pelvis contra mi piel.—Dilo —ordenó, apretándome más el pelo. Su otra mano se clavó en mi cadera, los dedos hundidos en la carne—. Di que eres una puta por tu hijastro.Cada g







