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Capitulo. 2

Autor: Belladonna
last update Fecha de publicación: 2026-10-14 02:39:32

Pov Biana

El resto de la cena transcurría en una bruma asfixiante.

Apenas abría la boca porque cada palabra se atoraba en mi garganta. Tragaba saliva con dificultad, mortalmente nerviosa y sintiendo que en cualquier momento colapsaba. La razón estaba justo frente a mí.

Valentino no dejaba de mirarme ni un solo segundo.

Su mirada era un peso constante, una presión física que me devoraba por encima de los platos de alta cocina y las copas de cristal. No importaba si intentaba hablar con Lorenzo o fingir que me concentraba en la comida. Los ojos oscuros de Valentino estaban fijos en mi boca, en mi cuello, en cada pulso acelerado de mi garganta.

— Disculpen un momento, tengo una llamada urgente que atender fuera —decía Lorenzo de repente, poniéndose de pie con elegancia y dejando la servilleta doblada sobre la mesa—. Ya regreso.

El chasquido de su silla al moverse sonaba como una sentencia. En cuestión de segundos, el patriarca se alejaba hacia la zona privada del restaurante.

Nos dejaba completamente solos en la penumbra de la mesa.

El silencio entre Valentino y yo caía como una losa de plomo, espeso, eléctrico y cargado de una tensión tan densa que se podía cortar con un cuchillo.

Apenas la silueta de Lorenzo desapareció por el pasillo del restaurante, la atmósfera entre Valentino y yo se volvió irrespirable.

Él se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en el mantel con una calma calculadora que me heló la sangre.

—Y cómo quieres que te llame ahora... ¿madre?, ¿mami?, ¿mamá? —preguntó Valentino, con una burla helada destellando en el fondo de sus ojos oscuros.

Apreté los dedos contra mi copa de vino, manteniendo la barbilla en alto para no flaquear ante su provocación.

—Bianca está bien —le respondí con voz firme, negándome a caer en su juego.

Él soltó una risa seca, sin rastro de gracia, y entrecerró los ojos con una curiosidad peligrosa.

—Entonces, Bianca... ¿cuáles son tus intenciones exactas con mi padre?

Lo miré fijamente, recitando la mentira que había ensayado mil veces frente al espejo.

—Lo amo. Trabajamos juntos hace unos años y empezamos a salir.

Valentino arqueó una ceja, ladeando la cabeza con incredulidad mientras su mirada me atravesaba la piel.

—¿No tiene nada que ver con su cartera y su apellido?

Le sostuve la mirada sin parpadear, desafiándolo con una falsa dulzura.

—Por supuesto que no. Tu padre es un hombre maravilloso y solo quiero hacerlo feliz.

 

En ese instante exacto, las notas suaves y lentas de una canción romántica empezaron a filtrarse por los altavoces ocultos del restaurante.

Valentino apartó los ojos de mí por un segundo, esbozando una sonrisa torcida y cargada de veneno antes de volver a clavar su mirada en los míos.

—Ya va a empezar el show —susurró con sorna.

Un mozo apareció de la nada, depositando una pequeña caja envuelta con elegancia justo en medio de mi plato. Alcé la vista hacia la entrada del reservado, desconcertada, y vi que Lorenzo venía de regreso caminando con una sonrisa triunfal.

Mis manos temblaron levemente cuando levanté la tapa de la caja.

Un diamante de un tamaño obsceno brilló bajo las luces tenues del local, despidiendo destellos fríos y perfectos. Giré la cabeza hacia un lado con el corazón galopándome en las costillas y me encontré con la escena que había estado esperando.

Lorenzo estaba de rodillas frente a mí, con una expresión de absoluta devoción y poder.

—Cásate conmigo, Bianca —pidió con voz firme, sosteniendo la pequeña caja abierta entre las manos.

Sentí cómo los ojos se me anegaban de lágrimas genuinas, pero no de emoción, sino de triunfo absoluto. Mi plan había llegado a la cúspide.

—¡Sí, sí me quiero casar contigo! —grité con la voz temblorosa de falsa ilusión, dejándome desbordar por la escena.

Lorenzo sonrió, radiante de orgullo, y sacó el enorme diamante para deslizarlo en mi anular, sellando mi coronación como la dueña de todo su imperio. Me puse de pie de inmediato para lanzarme a sus brazos, rodeándole el cuello y besándolo con una euforia fingida que él tragó con avidez.

A pocos centímetros de nosotros, Valentino también se puso de pie.

Aplaudió con una lentitud exasperante, con una sonrisa fría pintada en los labios, antes de acercarse a su padre para darle una palmada en la espalda y felicitarlo con falsa alegría.

Luego, con una naturalidad escalofriante, se inclinó ligeramente hacia mí para envolverme en un abrazo breve, rozando mi oído con sus labios mientras el peso de su cuerpo me helaba la sangre.

—Felicidades por la boda... mami —susurró con una voz tan baja y cargada de cinismo y pasion que solo yo pude escucharla.

 

Lorenzo lo miró con los ojos brillosos de orgullo, conmovido por la escena, y le dio un apretón en el hombro.

—No sabes cuánto te agradezco que me apoyes en esto, hijo —le dijo con la voz ronca de emoción.

Valentino le devolvió una sonrisa impecable, aunque sus ojos oscuros no perdían ni un ápice de su frialdad calculadora.

—Sabes que cuentas conmigo, padre. Tu felicidad es la mía —respondió con una falsa devoción ensayada a la perfección—. Además, voy a pedir un tiempo fuera en la sede de España. Me gustaría acompañarlos en el proceso de la boda y conocer mejor a mi nueva mamá.

Lorenzo soltó una carcajada ruidosa y divertida, negando con la cabeza mientras me miraba de reojo.

—Por Dios, Valentino, Bianca es muy joven. Mejor no le digas así —bromeó el patriarca.

Valentino soltó otra carcajada que retumbó en la mesa, una risa seca y cómplice que se mezcló con la de su padre, mientras yo me quedaba completamente congelada en el sitio.

Por dentro, una sola frase golpeaba mi mente con desesperación absoluta:

¿Cómo m****a se supone que voy a actuar normal con este maldito hombre rondándome todos los días?

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