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Capitulo. 3

Autor: Belladonna
last update Fecha de publicación: 2026-10-14 03:06:51

Pov Bianca

—Bianca, esta noche quiero que te quedes en la mansión conmigo —dijo Lorenzo de repente, acariciando el dorso de mi mano con el enorme diamante que acababa de ponerme.

Lo miré, sintiendo un leve vuelco en el estómago mientras buscaba una excusa rápida.

—Cariño, no ando lista, no traje ropa ni nada para ducharme —respondí con una sonrisa suave, intentando esquivar el golpe.

Él soltó una carcajada suave, restándole importancia con un gesto de la mano.

—No te preocupes por eso, tienes ropa en la casa, además mañana es sábado y así pasamos el día juntos, mi amor —replicó con esa seguridad inquebrantable de quien no acepta un no por respuesta.

Lo miré a los ojos, calculando en segundos que negarme ahora solo levantaría sospechas innecesarias.

—De acuerdo... me quedo contigo —cedí con una dulzura fingida.

Al otro lado de la mesa, Valentino se inclinó ligeramente hacia adelante, con una chispa oscura y peligrosa brillando en la mirada.

—Pensándolo bien, Bianca, deberías mudarte a la casa durante los preparativos de la boda —intervino él con una suavidad calculada—. Tenemos un jardín muy grande y la boda ahí sería maravillosa.

Abrí la boca, totalmente tomada por sorpresa, intentando ganar tiempo.

—Yo... —alcancé a balbucear.

Pero Lorenzo se adelantó, golpeando la mesa con entusiasmo.

—¡Qué idea tan maravillosa, hijo! Bianca, es lo mejor, te ahorrará mucho tedio; el tráfico del penthouse a la oficina y luego a la casa es insoportable.

 

El trayecto en el coche de Lorenzo hasta la mansión se sintió como una condena en cámara lenta. Cuando cruzamos los enormes portones de hierro y el vehículo se detuvo frente a la escalinata principal, sentí el peso de cada piedra sobre mis hombros.

—Estoy agotada, creo que me voy a dormir —dije, apoyando la mano en la puerta con una mezcla de cansancio real y urgencia por escapar.

Lorenzo me detuvo con un suave apretón en la cintura, mirándome con una devoción que me revolvió el estómago.

—Sube a la habitación, mi amor. Yo voy al estudio a revisar unas cosas urgentes y luego voy contigo —respondió con una sonrisa satisfecha antes de atrapar mis labios en un beso largo y empalagoso que soporté sin parpadear.

Me separé con la respiración levemente agitada y giré la cabeza hacia el vestíbulo, donde Valentino nos observaba en silencio.

—Buenas noches, Valentino —murmuré con voz neutral.

—Buenas noches, Bianca —respondió él, con una sombra de diversión brillando en el fondo de sus ojos oscuros.

Di media vuelta y comencé a subir los escalones de mármol hacia la habitación, sabiendo perfectamente que la verdadera pesadilla apenas estaba empezando.

evantó una mano y pasó un solo dedo, frío como el hielo, por la curva de mi cuello, deteniéndose justo en el pulso acelerado de mi garganta. Un escalofrío violento me recorrió entera.

—No veo la hora de que vivamos bajo el mismo techo —susurró, inclinándose peligrosamente hacia mi oído.

En ese preciso instante, el contacto de su cuerpo contra el mío me atravesó como una descarga eléctrica. A través de la fina capa de la toalla, sentí con absoluta claridad la erección dura y urgente de Valentino presionando contra mi vientre.

Jadeé, abriendo los ojos de par en par ante la evidencia física de su deseo retorcido.

—¡Vete! ¡Vete, por Dios, si tu padre sube...! —supliqué, con el pánico apoderándose de mi voz, incapaz de apartarme.

Valentino soltó una risa seca y cruel, pegando su frente a la mía mientras sus ojos oscuros me devoraban.

—Así que no te molesta que esté cerca... que estés desnuda... y que esté duro por ti —dijo, cada palabra una daga directa a mi cordura—. Solo te asusta que te descubran.

Antes de que pudiera reaccionar, bajó la cabeza y depositó un beso húmedo y posesivo en la base de mi cuello, justo donde terminaba la toalla.

Se enderezó lentamente, me miró a los ojos con una burla helada y se apartó de golpe.

—Buenas noches... mami —murmuró cantes de salir de la habitación, cerrando la puerta tras de sí y dejándome allí, temblando contra la pared, paralizada por el shock y la certeza de que mi plan perfecto acababa de convertirse en una jaula mortal.

Me deslizó bajo las sábanas de seda de la cama de Lorenzo, intentando que el temblor de mis manos pasara desapercibido mientras miraba fijamente el techo oscuro.

La puerta de la habitación se abrió unos minutos después, dejando entrar el eco de unos pasos pesados. Lorenzo se quitó la chaqueta del traje y se acercó a la cama, deteniéndose al ver mis ojos abiertos.

—Pensé que estabas dormida, mi amor —dijo con una sonrisa cansada pero afectuosa.

Me giré hacia él, tragando saliva con esfuerzo para ordenar la voz.

—Yo... no tengo sueño —respondí con una media sonrisa forzada.

Lorenzo se despojó de la camisa y los zapatos con rapidez, desnudándose hasta quedar solo en ropa interior antes de meterse bajo las sábanas. De inmediato me atrajo hacia su pecho, rodeándome con sus brazos en un abrazo pesado y posesivo.

—Seguro es por la emoción de la noche, fueron muchas cosas —murmuró contra mi cabello, acariciando mi hombro.

—Claro... seguro es eso —mentí, sintiendo el contraste de su piel con el recuerdo todavía fresco del cuerpo de su hijo pegado al mío.

Él suspiró con satisfacción, hundiendo la cara en mi cuello.

—No sabes la tranquilidad que me da que tú y Valentino se lleven bien. Me quita un peso de encima de los hombros.

Forcé una pequeña risa hueca, sintiendo que el aire se me achicaba en los pulmones.

—Él es peculiar... pero encantador a su manera.

Lorenzo soltó un ronquido suave de aprobación y dejó un beso distraído en mi sien.

—Me gustaría quitarte el insomnio con una buena cogida, mi amor, pero la verdad es que estoy rendido y muy cansado.

Solté un suspiro de alivio que disimulé como un bostezo.

—No te preocupes... descansa, cariño.

Apagué la luz de la mesita de noche creyendo que con eso bastaría para calmar el caos en mi cabeza, pero la oscuridad solo empeoró las cosas.

En cuanto los párpados se me cerraron, la imagen de Valentino regresó con una claridad insoportable.

Seguía sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío, la forma en que me acorraló y la pesadez de su deseo presionando con rudeza contra mi vientre.

Un calor traicionero y febril me recorrió desde el estómago hasta la punta de los dedos, haciendo que mi respiración se volviera entrecortada mientras intentaba apartar el pensamiento sin éxito.

El cuerpo me pedía más de esa descarga eléctrica, me imploraba que recordara la fuerza con la que me atrapó, y el hecho de que esa excitación proviniera precisamente de él, del hijo de mi futuro esposo, me revolvía las entrañas de una forma enfermiza.

Me mordí el labio inferior con tanta fuerza que casi me hago sangre, sintiendo el pánico y el deseo mezclarse en un nudo irrespirable.

M****a...

Repetí la palabra en mi mente una y otra vez, con la certeza absoluta de que acababa de cruzar una línea sin retorno.

Estoy jodida. Completamente jodida.

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