INICIAR SESIÓNPov Bianca
El trayecto en el coche de Lorenzo hasta la mansión se sintió como una condena en cámara lenta. Cuando cruzamos los enormes portones de hierro y el vehículo se detuvo frente a la escalinata principal, sentí el peso de cada piedra sobre mis hombros.
—Estoy agotada, creo que me voy a dormir —dije, apoyando la mano en la puerta con una mezcla de cansancio real y urgencia por escapar.
Lorenzo me detuvo con un suave apretón en la cintura, mirándome con una devoción que me revolvió el estómago.
—Sube a la habitación, mi amor. Yo voy al estudio a revisar unas cosas urgentes y luego voy contigo —respondió con una sonrisa satisfecha antes de atrapar mis labios en un beso largo y empalagoso que soporté sin parpadear.
Me separé con la respiración levemente agitada y giré la cabeza hacia el vestíbulo, donde Valentino nos observaba en silencio.
—Buenas noches, Valentino —murmuré con voz neutral.
—Buenas noches, Bianca —respondió él, con una sombra de diversión brillando en el fondo de sus ojos oscuros.
Di media vuelta y comencé a subir los escalones de mármol hacia la habitación, sabiendo perfectamente que la verdadera pesadilla apenas estaba empezando.
evantó una mano y pasó un solo dedo, frío como el hielo, por la curva de mi cuello, deteniéndose justo en el pulso acelerado de mi garganta. Un escalofrío violento me recorrió entera.
—No veo la hora de que vivamos bajo el mismo techo —susurró, inclinándose peligrosamente hacia mi oído.
En ese preciso instante, el contacto de su cuerpo contra el mío me atravesó como una descarga eléctrica. A través de la fina capa de la toalla, sentí con absoluta claridad la erección dura y urgente de Valentino presionando contra mi vientre.
Jadeé, abriendo los ojos de par en par ante la evidencia física de su deseo retorcido.
—¡Vete! ¡Vete, por Dios, si tu padre sube...! —supliqué, con el pánico apoderándose de mi voz, incapaz de apartarme.
Valentino soltó una risa seca y cruel, pegando su frente a la mía mientras sus ojos oscuros me devoraban.
—Así que no te molesta que esté cerca... que estés desnuda... y que esté duro por ti —dijo, cada palabra una daga directa a mi cordura—. Solo te asusta que te descubran.
Antes de que pudiera reaccionar, bajó la cabeza y depositó un beso húmedo y posesivo en la base de mi cuello, justo donde terminaba la toalla.
Se enderezó lentamente, me miró a los ojos con una burla helada y se apartó de golpe.
—Buenas noches... mami —murmuró cantes de salir de la habitación, cerrando la puerta tras de sí y dejándome allí, temblando contra la pared, paralizada por el shock y la certeza de que mi plan perfecto acababa de convertirse en una jaula mortal.
Apagué la luz de la mesita de noche creyendo que con eso bastaría para calmar el caos en mi cabeza, pero la oscuridad solo empeoró las cosas.
En cuanto los párpados se me cerraron, la imagen de Valentino regresó con una claridad insoportable.
Seguía sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío, la forma en que me acorraló y la pesadez de su deseo presionando con rudeza contra mi vientre.
Un calor traicionero y febril me recorrió desde el estómago hasta la punta de los dedos, haciendo que mi respiración se volviera entrecortada mientras intentaba apartar el pensamiento sin éxito.
El cuerpo me pedía más de esa descarga eléctrica, me imploraba que recordara la fuerza con la que me atrapó, y el hecho de que esa excitación proviniera precisamente de él, del hijo de mi futuro esposo, me revolvía las entrañas de una forma enfermiza.
Me mordí el labio inferior con tanta fuerza que casi me hago sangre, sintiendo el pánico y el deseo mezclarse en un nudo irrespirable.
M****a...
Repetí la palabra en mi mente una y otra vez, con la certeza absoluta de que acababa de cruzar una línea sin retorno.
Estoy jodida. Completamente jodida.
BiancaLa ceremonia civil transcurrió con impecable perfección. Firmé el acta, sonreí y acepté el beso de Lorenzo ante los aplausos de todos.Pero bajo el tul blanco, mi cuerpo ardía.Sentía el rastro tibio de Valentino escurriéndose entre mis muslos, recordándome a quién pertenecía realmente. Durante el brindis, busqué sus ojos entre la gente; él me miraba desde una esquina con una sonrisa lenta y posesiva.La fiesta apenas comenzaba, pero lo único que deseaba era que Lorenzo se durmiera para correr a buscarlo.La recepción avanzaba entre copas y felicitaciones. Estaba de pie junto a Lorenzo, fingiendo atender a los invitados, cuando escuché pasos firmes a nuestras espaldas.Alcé la vista para encontrarme con Valentino. Lo miré un segundo, traicionada por el deseo que aún me quemaba por dentro, hasta que bajé la mirada y vi su mano entrelazada con otra.Detrás de su hombro apareció una chica rubia, de facciones delicadas y una sonrisa angelical, con aire de no romper un plato.Me que
Pov BiancaLa mañana de la boda se extendía con una calma extraña sobre la mansión.Estaba frente al espejo contemplando mi vestido clásico de novia. Faltaban cuarenta y cinco minutos para la firma y Lorenzo se terminaba de arreglar en otra habitación.Un clic seco rompió el silencio. La puerta se abrió despacio.Alcé la vista en el reflejo.Valentino estaba en el umbral, con el traje oscuro ligeramente desalineado y una sonrisa peligrosa. Me recorrió de arriba a abajo con la mirada.Cerró la puerta tras él y dio un paso al frente.—Ya regresé, mami —susurró con voz ronca.Lo miré a través del espejo, cruzando los brazos sobre la tela blanca del vestido.Una sonrisa cínica se dibujó en mis labios.—No me digas que vienes a pedirme que no me case y que escape contigo...Valentino soltó una risa baja, cargada de burla. Dio un paso más hasta quedar a espaldas mías, reflejándose a mi lado.—Jamás le haría eso a mi padre.Lo miré de reojo, sintiendo cómo el sarcasmo me quemaba en la lengua
Pov BiancaLos días siguientes fueron raros. Lorenzo estaba más presente en la casa por los preparativos de la boda, y Valentino se movía con una normalidad que me ponía nerviosa. No me buscaba de forma obvia. No me escribía.No me miraba de más cuando estábamos los tres. Pero cada vez que pasaba cerca de mí, aunque fuera en la cocina o en el pasillo, sentía esa tensión silenciosa.Una tarde Lorenzo tuvo que salir a una reunión con el abogado. Me quedé en el estudio revisando unos contratos de los proveedores cuando Valentino entró sin tocar. Cerró la puerta detrás de él y se apoyó en ella.—¿Estás ocupada? —preguntó, con esa voz baja.—Sí —contesté, sin levantar mucho la vista de los papeles—. Y tu padre puede volver en cualquier momento.Él no se movió. Se quedó ahí, mirándome.—No vine a cogerte —dijo, casi divertido—. Solo quería ver si seguías fingiendo que no piensas en mí.Levanté la mirada. Él sonrió de lado, se acercó solo un poco y dejó una mano sobre el escritorio, cerca de
Pov BiancaValentino se quedó completamente quieto dentro de mí. Su mano seguía tapándome la boca, pero ahora la presión era distinta, más de advertencia que de placer. El agua seguía cayendo, cubriendo un poco el sonido de nuestra respiración.Desde la habitación, Lorenzo volvió a hablar, más cerca.—¿Bianca? ¿Estás bien?Valentino acercó la boca a mi oído y me susurró, muy bajo:—Dile que no. Que ya casi sales.Tragué saliva. Él sacó la mano de mi boca despacio. Yo respiré hondo, tratando de que la voz me saliera normal.—Estoy bien —dije, un poco más alto—. Ya casi termino. No hace falta que entres, cariño. Salgo en un minuto.Hubo un segundo de silencio. Valentino no se movió. Seguía dentro de mí, duro, el pecho pegado a mi espalda.—Está bien —contestó Lorenzo desde el otro lado de la puerta—. Te espero abajo. Quiero mostrarte algo de la boda.Escuchamos sus pasos alejarse. Valentino soltó el aire despacio contra mi cuello. No se apartó.—Buena chica —me murmuró.Yo seguía con la
Pov BiancaLorenzo llegó a media tarde.Me encontró en la cocina, revisando unos correos de la wedding planner, y se acercó por detrás para abrazarme. Pasamos un buen rato en la mesa del comedor. Él hablaba de los horarios de la ceremonia, de si el primo de su madre al final iba a poder venir desde Italia, de un detalle con el fotógrafo.Yo escuchaba, tomaba notas en el teléfono y de vez en cuando le corregía algo. En algún momento me agarró la mano por encima de la mesa y me la apretó suave. Le sonreí. Se sentía normal. Casi demasiado.Cuando subimos a la habitación ya era de noche. Me besó con calma, de esos besos largos que él da cuando quiere que las cosas vayan lentas. Me desvistió sin prisa, dejando la ropa en el suelo, y me tumbó en la cama. Cuando se colocó entre mis piernas y entró en mí, lo hizo despacio, suspirando contra mi cuello.Me quedé quieta un momento, tratando de seguirle el ritmo.Él se movía con esa paciencia de siempre.Yo cerré los ojos y le pasé las manos
PoV BiancaValentino me empujó de cara contra el colchón y me subió el culo de un tirón. Sentí el aire frío en la piel mojada un segundo antes de que su polla me abriera de golpe. Entró de una sola embestida, gruesa y dura, hasta el fondo. El grito se me ahogó en la garganta. Mis dedos se aferraron a las sábanas.—Mírate —gruñó, la voz baja y ronca justo detrás de mi oído. Me agarró del pelo con fuerza y me tiró la cabeza hacia atrás, obligándome a arquear la espalda—. Una puta que se deja coger por su hijastro. ¿Eso es lo que eres?No me dio tiempo a contestar. Empezó a follarme fuerte. Las caderas golpeaban contra mi culo con un sonido húmedo y obsceno, cada embestida más profunda que la anterior. Sentía cómo me estiraba, cómo me llenaba por completo, el calor de su cuerpo pegado al mío y el roce áspero de su pelvis contra mi piel.—Dilo —ordenó, apretándome más el pelo. Su otra mano se clavó en mi cadera, los dedos hundidos en la carne—. Di que eres una puta por tu hijastro.Cada g







