LOGINAnte aquello, Felix comprendió lo que Damon tenía en mente.
—Quiero ver quién más está en mi contra —una sonrisa peligrosa se dibujó en los labios de Damon—. Luego los eliminaré uno por uno. Al notar el brillo asesino en sus ojos, Felix sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral. Pero este era Damon, letal. Por eso lo llamaban el demonio. Felix miró a su alrededor. —Este lugar... ¿Crees que estás seguro aquí? —Puedo encargarme de mi propia seguridad —respondió Damon con calma. —¿Y esta mujer? ¿Confías en ella? —Felix inclinó ligeramente la cabeza mientras escudriñaba su mirada. Damon recordó cómo Nora lo había sacado del auto destrozado justo a tiempo y le había salvado la vida. No tenía motivos para dudar de ella. —Ella me salvó —dijo—. Le estoy agradecido. —¿Sabe ella quién eres? —No. —Amigo, no creo que sea buena idea estar aquí —dijo Felix con sinceridad—. Es una mujer común y corriente. ¿Y si comete algún error y expone tu identidad? Harías bien en esconderte en un lugar seguro. Yo me encargo de organizarlo. ¿Común y corriente? Damon no lo creía así. Una mujer que había arrastrado a un desconocido ensangrentado fuera de un auto a punto de explotar no podía ser común. Pudo haber muerto, pero no había dudado. El miedo no la había ahuyentado. Pudo haberlo abandonado, pero lo había llevado a su departamento, lo había cuidado y hasta le había cocinado. No era una amenaza. —Es más seguro que cualquier lugar que vayas a organizar —dijo Damon—. Créeme, estaré bien. Felix no estaba convencido. Lo miró fijamente durante un largo momento. Damon nunca antes se había interesado en un civil. Esta vez, se había involucrado con una mujer común. Eso podía ser peligroso para ambos. Pero sabía muy bien que Damon no le haría caso. —Muy bien, si crees que aquí es seguro, quédate. Pero ten cuidado. Si Rafe sospecha que sigues vivo, la pondrás en peligro. Damon era consciente de las consecuencias. No debía involucrar a una persona inocente. Pero no sabía por qué aún no podía marcharse. Algo en ella lo atraía. Sabía que no debería sentirse así, pero no podía evitarlo. Cuando ella lo llamó «Grandulón», realmente había sentido algo aleteando dentro de su pecho. Sentía curiosidad por ella. —Necesito que investigues sobre ella —dijo Damon lentamente—. Quiero todo lo relacionado con ella: familia, amigos, historial laboral. Felix lo estudió un momento antes de asentir. —De acuerdo. Pronto tendrás los detalles. —Se alejó, pero se detuvo justo al lado de la puerta—. Estaré cerca. Llámanos si pasa algo. Dicho esto, se marchó. En el hospital... Nora estaba revisando el expediente de un paciente cuando la puerta se abrió sin llamar. Se puso un poco rígida y levantó la vista al ver entrar una figura familiar. Era el infiel. Lo ignoró y siguió revisando el informe. —¿Qué te pasa? —la voz de Caleb era cortante—. No viniste a mi fiesta de cumpleaños. Estuve esperando. Tampoco me llamaste. Ni siquiera un mensaje. ¿Acaso no te importo? —Te dije que no podría ir —respondió ella con tono plano—. Tuve un turno doble anoche. Estaba ocupada. Caleb soltó un gemido frustrado. —Tienes tiempo para todos, menos para mí. Era mi cumpleaños. Todos mis amigos preguntaban por ti. Me sentí muy avergonzado. Nora pasó la página, diciéndose a sí misma que no debía reaccionar. —Pensé en proponerte matrimonio. Ella cerró el expediente y levantó la cabeza de golpe para mirarlo, perdiendo la poca paciencia que le quedaba. Había preparado un regalo para él y había ido a darle una sorpresa la noche anterior. Había estado lista para entregárselo todo. Pero lo había escuchado riéndose, burlándose de ella, tramando quitarle sus acciones y engañándola con su hermanastra. Y ahora él se comportaba como si fuera la víctima. La sangre le hirvió. Caleb vaciló ante la mirada ardiente de ella. Su expresión se suavizó. —No quería gritarte —se acercó rodeando el escritorio y fue hacia ella—. Solo estaba molesto. Le tomó suavemente las manos entre las suyas. —Nora. Te amo. Casémonos. No puedo esperar más. Nora se quedó mirándolo fijamente. «Quieres casarte conmigo para poder obligarme a ceder mis acciones». Un sabor amargo le subió a la garganta. Se puso de pie, apartando las manos del agarre de él con un tirón. —Cambié de opinión. —¿Sobre qué? —Él la miró entrecerrando los ojos, confundido por lo que estaba insinuando. —Sobre casarme contigo. Él frunció el ceño. —¿De qué estás hablando? —Terminemos. —¿Qué dijiste? ¿Terminar? —exclamó Caleb—. No. No estoy de acuerdo. Le agarró la mano rápidamente. —¿Es porque reaccioné mal por lo de anoche? Lo siento. Nunca te volveré a gritar. No vuelvas a hablar de ruptura. La atrajo hacia sus brazos. —Suéltame —protestó ella, forcejeando contra su abrazo. Él não la soltó. —Debes estar cansada de trabajar hasta tarde. No estás pensando con claridad. Tómate un descanso. Déjame llevarte a algún lado. Le acunó el rostro. —Vamos de compras. Te compraré lo que quieras. —No necesito nada —ella apartó sus manos de un empujón y dio un paso atrás, creando distancia entre ambos—. No vuelvas a venir aquí. Vete. Caleb la miró con incredulidad. Esta era la mujer que siempre se aferraba a él, lo llamaba cada hora y esperaba sus mensajes. Lo había amado de forma obsesiva. ¿Por qué de repente mencionaba una ruptura? —Nora, deja de comportarte como una niña —dijo él con frialdad, pensando que estaba haciendo un berrinche—. Si estás molesta por algo, tómate tu tiempo para calmarte. No hagas algo de lo que luego te arrepientas. ¿Arrepentirse? Ella soltó un bufido. Su risa cruel y sus palabras resonaban en sus oídos: «Una vez que transfiera las acciones, la descartaré». Sus uñas se clavaron en las palmas de sus manos. —Lo he pensado muy bien. Me di cuenta de que no somos compatibles. Terminar es la única salida. —Imposible —exclamó él, golpeando la mesa con la mano. Nora se encogió por el sobresalto. —Eres mi mujer —le agarró los hombros—. Mi futura esposa. No tienes permitido romper conmigo. La empujó contra la pared y la besó a la fuerza. —Mmm... —Nora se retorció, golpeando su pecho con los puños. Caleb le agarró las muñecas y se las inmovilizó contra la pared por encima de su cabeza, mientras su beso se volvía más violento. A Nora se le revolvió el estómago. La repugnancia la invadió al pensar que él quizás había besado a Tessa y se había acostado con ella la noche anterior. Torció el cuerpo con más fuerza y le pisó un pie con furia. Él aflojó el agarre. Nora lo empujó. Antes de que pudiera recuperarse, le propinó una sonora bofetada. Caleb tambaleó, tomado por sorpresa. Contuvo el aliento, llevando una mano a su mejilla ligeramente ardiente. —¿Me... me has pegado? —Si te atreves a volver a hacer eso, no me limitaré a una bofetada. —Nora... —hizo una mueca de fastidio—. Muy bien. Te vas a arrepentir de esto. Se marchó furioso. Nora se recostó contra la pared, respirando con dificultad. El pecho se le oprimió. Su compostura se quebró por una fracción de segundo. Las lágrimas amenazaron con caer, pero controló sus emociones y parpadeó para ahogarlas. Apretó el anillo de su madre que llevaba colgado de una cadena al cuello. —No, no voy a llorar —se prometió—. Hale Biotech es el fruto del esfuerzo de mi madre. No dejaré que caiga en sus manos. Voy a luchar.Ante aquello, Felix comprendió lo que Damon tenía en mente.—Quiero ver quién más está en mi contra —una sonrisa peligrosa se dibujó en los labios de Damon—. Luego los eliminaré uno por uno.Al notar el brillo asesino en sus ojos, Felix sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral. Pero este era Damon, letal. Por eso lo llamaban el demonio.Felix miró a su alrededor.—Este lugar... ¿Crees que estás seguro aquí?—Puedo encargarme de mi propia seguridad —respondió Damon con calma.—¿Y esta mujer? ¿Confías en ella? —Felix inclinó ligeramente la cabeza mientras escudriñaba su mirada.Damon recordó cómo Nora lo había sacado del auto destrozado justo a tiempo y le había salvado la vida. No tenía motivos para dudar de ella.—Ella me salvó —dijo—. Le estoy agradecido.—¿Sabe ella quién eres?—No.—Amigo, no creo que sea buena idea estar aquí —dijo Felix con sinceridad—. Es una mujer común y corriente. ¿Y si comete algún error y expone tu identidad? Harías bien en esconderte e
En la habitación contigua...Nora entró en el vestidor. Al fondo había colgada una camisa cuidadosamente doblada y un pantalón que le había comprado a Caleb. Por un segundo, el resentimiento y el odio resurgieron, revolviéndole las entrañas. Había planeado tirar todo lo que le recordara a ese infiel. Pero ahora, esto resultaba útil.—Creo que esto le quedará bien.Sujetando la ropa, salió y llamó a la puerta de la habitación de invitados. Pasó un momento antes de que él apareciera. Permaneció allí erguido, con una figura imponente que llenaba el marco de la puerta.A Nora se le cortó la respiración al verlo solo con una toalla. Definitivamente estaba herido, pero se veía increíblemente atractivo.Nora se descubrió mirándolo fijamente, medio aturdida y medio desconfiada.—¿Terminaste de mirar?—Eh... —Ella desvió la mirada, avergonzada—. Aquí tienes ropa limpia.Le extendió las prendas.Él las tomó, pero sus ojos permanecieron fijos en el rostro de ella, como evaluándola.—S
La lluvia azotaba con más fuerza. Nora lo miró fijamente durante un largo minuto, con la mente revuelta. Luego miró a su alrededor. No conocía a este hombre y sus palabras olían a peligro.Dudó sobre si dejarlo allí solo. Pero sabía una cosa con certeza: si lo dejaba solo, moriría. Como médica, no podía darle la espalda.Soltó un gemido interno.—Está bien, de acuerdo... Te llevaré a mi departamento. —Lo levantó a rastras y lo llevó hasta su auto.Media hora después...Sacarlo del auto y guiarlo hasta el ascensor había sido una verdadera lucha. Era alto, de hombros anchos y músculos sólidos bajo la tela empapada. Cada vez que se apoyaba en ella, apenas lograba mantener el equilibrio. No solo era pesado, sino también imponente.—Ya casi llegamos —dijo ella mientras la puerta del ascensor se cerraba.Dentro de su departamento, lo guió hasta el sofá.—No te muevas —le ordenó.Él abrió ligeramente los ojos y examinó la habitación desconocida mientras ella se alejaba a toda prisa.
Nora consultó la hora en su teléfono. Eran las 11:49 p. m. —Perfecto —murmuró para sí misma—. Todavía tengo tiempo. El cansancio le pesaba tras el doble turno en el hospital. Dos cirugías de emergencia. Una víctima de un accidente casi fatal. Pero había logrado salvarlo. Exhaló un suspiro fatigado. Le dolían los huesos y su cuerpo le exigía dormir. Pero esta noche era especial: el cumpleaños de su novio. Le había dicho que no podría ir. Él había sonado decepcionado, pero se mostró comprensivo. Una sonrisa se dibujó en sus labios mientras buscaba en su bolso y sacaba una pequeña cajita de terciopelo. —Espero que le encante esta sorpresa —murmuró. Tenía planeado entregarle ese anillo para decirle que estaba lista para casarse con él, que jamás se alejaría de su lado en esta vida. —No puedo esperar para ver la alegría en tus ojos. Se quitó el uniforme médico, se puso un vestido blanco que había comprado especialmente para esta noche y condujo hasta el club donde Caleb celebrab







