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Capitulo 3

Author: Itha León
last update publish date: 2026-09-05 12:50:55

Kael llevaba tres días sin dormir.

No era el cansancio lo que lo mantenía despierto; era esa maldita sensación, ese hormigueo en la nuca que aparecía cada noche justo cuando la luna se alzaba en el horizonte, como si alguien estuviera llamándolo.

—Alfa —dijo su beta, un lobo gris de nombre Fenris, entrando al salón—. ¿Está bien?

Kael no levantó la vista de las garras que afilaba.

—Estoy perfectamente.

—Lleva tres días sin dormir. —Fenris dio un paso adelante—. Huele a...

—No me digas lo que huelo —lo cortó Kael—. No soy un perro rastreador.

Fenris bajó la mirada.

—Solo digo que algo lo perturba; nunca lo había visto así.

Kael apretó la piedra de afilar; la sintió crujir bajo sus dedos.

—Siento el llamado —admitió—. La luna me está tirando de las entrañas.

Fenris levantó la cabeza sorprendido.

—¿Su pareja? ¿La ha encontrado?

—Es débil —dijo Kael con desprecio en cada sílaba—. Un latido insignificante y patético. La luna me ha destinado a alguien de nivel inferior.

—Alfa...

—No quiero oírlo. —Kael arrojó la piedra contra la pared y se levantó con los puños apretados—. ¿Cómo voy a estar unido a alguien así? ¿A una criatura que no puede sostenerse a mi lado?

Fenris lo miró con cautela.

La luna roja está cerca; en tres lunas, si no sella el vínculo, su bestia se descontrolará.

—Yo no soy un lobo completo —espetó Kael girándose para enfrentarlo—. Tengo sangre de bruja; la luna no tiene tanto poder sobre mí.

—Pero la tiene y usted lo sabe.

Kael quiso responder, quiso romperle la mandíbula a su beta por atreverse a contradecirlo.

Pero en ese momento la puerta del salón se abrió de golpe.

Un lobo guerrero entró corriendo; su pelaje estaba manchado de sangre y su rostro era una máscara de urgencia.

—¡Alfa! —jadeó arrodillándose—. ¡El prisionero ha escapado!

Kael se tensó.

—¿Qué prisionero?

—El de la celda oeste, el que usted mismo encadenó hace cinco años.

El aire se congeló.

—No puede ser —dijo Kael y su voz cambió; ya no era desdén, era peligro—. Ese lobo estaba condenado a muerte por la manada entera; yo personalmente le arranqué las garras.

—Se las ha vuelto a hacer crecer —dijo el guerrero y sus ojos mostraban miedo—. No sabemos cómo, pero es más fuerte que antes. Mató a ocho de los nuestros al escapar.

—¿Ocho? —Fenris dio un paso atrás—. ¡Eso es complejo!

—¡No es imposible! —gruñó Kael—. ¡Es un alfa de sangre antigua! Solo yo pude detenerlo en aquel entonces; si ha escapado...

Se quedó en silencio; su mente ya estaba trazando el escenario.

—¿A dónde se dirige? —preguntó con la voz filosa.

El guerrero tragó saliva.

—Al sur, al orfanato de la frontera.

Los ojos de Kael se oscurecieron.

—¿El orfanato? ¿Qué quiere allí?

—No lo sabemos, pero va dejando un rastro de muertos a su paso.

Kael no dudó más, agarró su capa de piel de lobo y se la colocó sobre los hombros.

Preparen a los guerreros; salimos al amanecer.

—Alfa —intervino Fenris—, esa zona está llena de humanos y el prisionero...

—¿Qué pasa con los humanos? —lo interrumpió Kael—. Son peones sacrificables, pero ese prisionero es mío, mi caza y mi presa.

—Entiendo, pero si el llamado que siente está al sur...

Kael disparó una mirada como rayos en plena tormenta.

—¿Qué estás insinuando, beta?

—Nada —Fenris bajó la cabeza—, solo que... las coincidencias existen.

—No creo en coincidencias —dijo Kael—. Creo en lo que puedo matar.

Esa misma noche en el orfanato, Lyra no podía dormir.

Algo la mantenía despierta, algo que no era el frío de su cama de paja ni el hambre que llevaba dos días royéndole el estómago.

Era una sensación como si alguien estuviera en peligro.

Se dio la vuelta y cerró los ojos.

Entonces el techo se derrumbó.

El estruendo fue ensordecedor, la madera voló en astillas y una bestia enorme aterrizó en medio de la sala común, destrozando las camas de los niños.

—¡Despierten! —rugió una voz que no era humana.

Lyra se levantó de un salto; vio la silueta de un lobo inmenso de pelaje oscuro y ojos amarillos, el mismo color de ojos que ella había visto en sus pesadillas.

El mismo color de la bestia que había matado a su madre.

No, no era el mismo, pero se parecía demasiado.

—¡Busco a la niña! —rugió la bestia—. ¡La que la luna protege! ¡¿Dónde está?!

Lyra sintió el pánico helarle las venas; la niña de ojos plateados, eso era ella.

Pero la bestia no podía saberlo, no podía.

—No hay nadie aquí —dijo una de las cuidadoras temblando—, solo humanos...

El lobo la agarró con sus fauces y la lanzó contra la pared; la mujer cayó inerte.

Lyra quiso correr, pero sus piernas no respondían.

El lobo la olió, y giró la cabeza lentamente.

—Tú, tú tienes el olor.

Lyra retrocedió, pero el lobo la golpeó con una zarpada; las garras se clavaron en su costado y ella sintió la carne abrirse. El dolor fue blanco y cegador.

Cayó al suelo con un grito ahogado; la sangre comenzó a empapar su ropa rota.

—Déjame... —Jadeó— No sé nada...

El lobo se inclinó sobre ella; sus fauces estaban a centímetros de su rostro.

—Yo vengo a cobrar la deuda de tu padre.

Lyra no entendió; no podía.

Y entonces, en el castillo del norte, Kael sintió el dolor como una daga en el pecho.

—¡Ahhhh!

Se dobló, sus manos se apretaron contra el costado; aunque no tenía ninguna herida, ardía y sangraba sin sangrar.

—¡Alfa! —Fenris corrió hacia él—. ¿Qué sucede?

Kael jadeó; su respiración era errática. Por dentro algo se retorcía, algo que no era su bestia.

—Mi pareja —susurró con los dientes apretados— está siendo atacada, está... muriendo.

—¿Ahora? ¿En este momento?

Kael apretó el puño; la sangre de su pareja le quemaba las venas.

Y la odió por eso.

La odió por ser débil, por necesitarlo, por arrastrarlo a un vínculo que él no quería.

—Alfa, si no va ahora...

—¡Ya lo sé! —rugió Kael enderezándose con esfuerzo—, pero no es por ella, es porque la luna me está obligando.

Se giró hacia los guerreros que ya estaban preparados.

—Al orfanato; ahora el prisionero está allí.

—¿Y la pareja? —preguntó Fenris.

Kael lo miró con ojos de muerte.

—La salvaré —dijo y su voz era veneno—. La salvaré y luego la haré pagar por ser tan patética. No permitiré que una criatura inferior sea mi destino.

Pero mientras se lanzaba a la noche, algo dentro de él latía con una fuerza que no podía controlar.

Kael sintió miedo.

Miedo de sí mismo de lo que aquella conexión estaba haciendo con él.

—Maldita luna —susurró mientras las bestias del norte galopaban hacia el sur—. Maldita seas por hacerme débil.

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