Se connecter« Dis-moi que tu ne veux pas ça, Vivianne… » Le souffle chaud de Noah caressait ma peau, son doigt effleurant mon clitoris douloureux, et son regard fixé sur moi. « J’arrêterai si tu me le demandes… » Ma taille se cambrant, un léger gémissement s’échappa de mes lèvres tandis qu’il glissait deux doigts en moi, un sourire narquois se dessinant sur ses lèvres. Je devrais le repousser… Je devrais le maudire, mais je n’y arrivais pas. Mon corps me trahissait. Je le désirais, j’avais horreur de l’admettre. Comment mon corps pouvait-il désirer le même homme qui avait ruiné ma vie ? « Non… Noah… » Ma respiration était saccadée, mes ongles s’enfonçant dans le matelas tandis que le désir m’envahissait. « Ne… ne… touche pas… argh ! Juste là… Putain ! S’il te plaît, ne t’arrête pas… » « Où, V… Dis-moi où tu veux que je te touche. » Ses doigts s’agitèrent en moi, me titillant. « Juste là… Putain ! » Mes hanches se soulevèrent d'un coup, mon vagin palpitant de plaisir, mes parois se contractant autour de ses doigts… juste avant que mon orgasme ne me submerge…
Voir plus—¿Y Maruquita? —preguntó Marisa, llegando hasta la recepción del edificio que dirigía y no ver a la mujer que siempre se encontraba en la recepción, y a la que saludaba, como mínimo, cuatro veces al día: cuando llegaba a trabajar, cuando salía a comer, cuando volvía de comer y cuando se iba a su casa.
—Llamó hace un rato —respondió Alberto, joven secretario de dos de los abogados que trabajaban en las oficinas de Marisa Altamirano—. Tiene influenza, no va a venir.
—¿Influenza? —preguntó la joven, preocupada. La recepcionista del lugar, y su única empleada junto al guardia de seguridad y al velador que cuidaban del lugar, no era la persona más joven del mundo, así que esa enfermedad podría ser más preocupante de lo que todos pudieran pensar—. ¿Estará bien?
—Parece que sí —respondió el joven—, pero la tienen en reposo para evitar complicaciones, así que faltará un par de semanas.
Marisa hizo una cara medio graciosa de ver, luego de eso respiró profundo y decidió tomar el lugar que ese joven había estado cuidando por al menos una hora, porque ella había entrado a las nueve, y las oficinas solían estar en funcionamiento desde las ocho de la mañana, que algunos comenzaban a trabajar.
Marisa Altamirano había heredado un edificio de departamentos individuales en pleno centro de la ciudad, de parte de un tío abuelo que no había hecho una familia, y que solo había recibido ayuda de esa joven en sus últimos días de su vida.
Así que, en agradecimiento por su compañía y cuidados, la joven había recibido ese edificio, la casa de campo del hombre y la casa a las orillas de la ciudad, porque dinero no tenía mucho, sus propiedades, que en un inicio sí habían sido muchas, se habían ido vendiendo para cubrir sus gastos personales y médicos.
Luego de heredar, la chica vendió la casa de campo y decidió remodelar los departamentos para hacerlos oficinas, que decidió rentar a diversas personas, creando, sin querer, un espacio que proveía de diversos servicios, aunque ninguno de manera gratuita.
El edificio constaba de once oficinas, además de la de ella, la recepción, el estacionamiento, dos salas para reuniones y un salón multieventos, además de una vista espectacular en la azotea de ese edifico de cuatro pisos.
Al inicio, su idea fue algo raro, más que novedoso, como ella intentara que fuera; pero, con el tiempo, y tras que dos de los cuatro pisos se llenaran de especialista de la salud, comenzó a ganar popularidad.
La planta baja del edificio contaba con la recepción, el estacionamiento, la oficina de administración, que dirigía Marisa, y una sala de reuniones que, por lo general, se utilizaba como comedor para los empleados de las diversas oficinas.
El primer y el segundo tenían tres consultorios cada uno y que se habían llenado de especialistas de la salud: una dentista, una nutrióloga, un psicólogo clínico, un quiropráctico, una psicóloga infantil y una terapeuta del lenguaje.
El tercer piso, a diferencia de los otros pisos, contaba con cuatro oficinas; dos de las cuales estaban ocupadas por abogados que compartían secretario, un contador y un psicólogo organizacional.
Y en el cuarto piso se encontraba la otra sala de reuniones y el salón multieventos que, por lo general, no se rentaban al mismo tiempo. De esos dos, si uno se ocupaba, el otro no estaba disponible, para que no se interrumpieran mutuamente.
Pero había veces en que cosas inesperadas pasaban, por eso, cuando la joven revisó la agenda, se dio cuenta de que el salón estaba reservado toda la semana para un taller de arteterapia y que ese día una empresa local había solicitado la sala de reunión por un par de horas.
Viendo a la gente comenzar a subir al taller, sintió que su estómago se contraía porque en una hora estarían llegando las personas que habían solicitado la sala.
Apresurada, Marisa llamó a la empresa que limpiaba las oficinas a diario, para que limpiaran la sala de la planta baja, avisando a todas las secretarias y usuarios que estaría ocupada, para que, en lugar de bajar a desayunar, subieran a la sala del último piso, que era la que quedaría libre.
Ella era la responsable de pagar por la limpieza del primer y el cuarto piso, del resto cada uno de los profesionales establecidos en ese lugar pagaban su parte, y así, esa empresa de limpieza, que dirigía una amiga de Marisa, limpiaba todo el edificio.
La joven de cabello café oscuro, casi negro, rizado, de ojos cafés y tez clara iba a necesitar un reemplazo temporal para su recepcionista, quien trabajaba no solo para ella, también un poco para todos los profesionales que ocupaban las oficinas de la torre de profesionales, pues repartía tarjetas de ellos y comunicaba a clientes y pacientes con los secretarios de los respectivos profesionales; además de que administraba las rentas de las salas y el salón.
Mariel, por su parte, administraba el edificio, desde el pago de rentas, contratos y, sobre todo, mantenimiento del lugar. Ese era su trabajo principal, porque además tenía un segundo trabajo, uno que le daba para uno que otro gusto lujo, porque era extra a sus entradas regulares, que le mantenían a ella y a esa enorme casa que pronto cambiaría para una más pequeña, pues era mucho gasto y desperdicio de lugar, teniendo en cuenta que vivía sola.
Ella era publicista, una especialista en mercadeo digital que trabajaba desde su oficina en el edificio en que su tío le había heredado, y trabajaba en ello más por amor al arte que por ganar dinero. Es decir, un contrato le podía dar dinero por algunos meses, pero, si no llegaba a obtenerlo, ella podría estar sin ganancias durante ese tiempo, y no era algo fácil de hacer.
No le iba del todo bien como publicista, al menos no todo el tiempo, pero no necesitaba preocuparse demasiado cuando lo que la mantenía a flote era el edificio “Professional tower” del que era dueña y administraba.
Vivienne SinclairLe lendemain matinJe me suis réveillée avec des courbatures partout et les yeux encore lourds de fatigue… Merci Noah ! Ce crétin m’a empêchée de dormir presque toute la nuit.Impossible de dormir tranquille, sachant qu’il était sous le même toit que moi. Quel traumatisme ! Je ne voulais surtout pas me réveiller ce matin avec la même nouvelle qu’il y a huit ans.Cette fois, je pourrais bien le tuer pour de vrai.Mon téléphone s’est illuminé : un SMS.« Entraînement de hockey à 8 h. À la patinoire à 7 h. »Mes pupilles se sont dilatées. Merde ! Il était déjà 6 h 30.Putain ! Impossible d’être en retard pour mon premier jour.Je me suis levée d’un bond et j’ai foncé dans la salle de bain pour prendre une douche rapide, mais dès que l’eau chaude a touché ma peau, j’ai poussé un cri involontaire et je suis retournée en courant dans ma chambre. L'instant d'après, Noah a fait irruption, comme s'il était prêt à s'en prendre à celui ou celle qui me faisait crier.« Qu'est-c
Vivianne SinclairBoulevard Noah ?Tout s'est figé, nos regards se sont croisés… Ces yeux qui m'avaient jadis dévorée du regard… Ces yeux qui m'avaient fixée sans émotion pendant que tous se moquaient de moi pour avoir couché avec lui.Quand j'ai enfin senti une émotion dans ma poitrine, elle était forte, lourde et violente… Comme si mon cœur allait exploser.Les souvenirs de cette nuit m'ont assaillie, et ma poitrine s'est serrée.Les insultes… L'humiliation… Cet instant inoubliable.Après ce jour, j'avais juré de ne plus jamais le revoir. Je m'étais promis que s'il se présentait un jour devant moi, je le tuerais sans retenue.Sérieusement ? Dieu me met-il à l'épreuve ? En se manifestant ainsi ? Suis-je vraiment destinée à le tuer ?« Vivianne ? » Mais dès qu'il a entendu sa voix, quelque chose s'est éveillé en moi. Peut-être de la rage… Je n'arrivais pas à savoir. « Oh mon Dieu ! C'est vraiment toi ! »Mon regard le parcourut. Il avait changé au fil des ans. Il avait grandi, s'étai
Huit ans plus tardVivienne Sinclair« Félicitations, Mme V. Sinclair. Nous sommes ravis de vous accueillir au sein du groupe de hockey des Bulls en tant qu'entraîneuse personnelle et physiothérapeute. »Mes joues s'empourprèrent d'excitation, les yeux toujours rivés sur le message sur mon téléphone.Il y a huit ans, lorsque mon père a rompu tout contact avec moi après ce qui s'était passé, j'ai quitté New York. Je n'aurais jamais imaginé y revenir un jour… non pas comme la pauvre fille sans défense abandonnée par sa seule famille, mais comme entraîneuse et physiothérapeute professionnelle pour la plus grande équipe de hockey des États-Unis.Ces années de dur labeur avaient finalement porté leurs fruits.« Nous sommes arrivés, Mme. » La voix du chauffeur me ramena brutalement à la réalité, et mon souffle se coupa lorsque je regardai par la fenêtre. Nous étions arrivés au centre de hockey.« Oh… » Ma main se crispa sur mon téléphone, ma poitrine se soulevant et s'abaissant rapidement t
Chapitre 5Boulevard Noah« Je suis désolé, Noah. Je ne peux rien faire. Ton père a insisté pour qu'elle soit renvoyée, et je n'avais pas le choix. »Ces mots résonnaient encore dans ma tête longtemps après mon départ de l'école.La rage me brûlait la poitrine, mes doigts se crispèrent sur mon téléphone tandis que je me tenais devant mon père dans le salon.« Papa… Il faut qu'on parle… »« On n'a rien à se dire, Noah… »« C'est entièrement de ma faute, papa… J'ai… j'ai… j'ai tout fait. Vivianne n'a rien fait de mal. » Ma voix tremblait, mon cœur battait la chamade.Il resta silencieux, les yeux rivés sur son téléphone… Comme si ma présence était invisible. « Si quelqu'un doit être puni, c'est moi, papa. Je l'ai attirée dans ma chambre à cause d'un pari idiot avec mes amis… » Ces mots me brûlaient la langue, jusqu'à la poitrine, l'étranglant.Putain ! C'est ça, mentir pour la première fois.« J'ai pris les photos pendant qu'elle dormait… J'ai répandu ces rumeurs au lycée parce qu'elle
Chapitre 4Vivianne SinclairCLAC !La main de mon père s'est abattue sur mon visage dès que j'ai franchi le seuil du bureau du principal.Mes yeux se sont enflammés et ma main s'est portée instinctivement à ma joue brûlante.« Espèce de salope sans scrupules ! Comment oses-tu déshonorer ma famille
Chapitre 3Vivianne SinclairMes doigts se crispèrent le long de mon corps, mon cœur battant la chamade, tandis que les lèvres de Noah effleuraient les miennes.Un instant, je restai figée lorsqu'il se recula. Nos regards se croisèrent, et le silence s'épaissit autour de nous. Mais j'entendais les
Chapitre 2Vivianne SinclairÀ 20 heures, j'étais sur mon trente-et-un pour la soirée. Je me tenais devant le miroir, le visage illuminé par un sourire, tandis que mon regard parcourait mon reflet.Une robe blanche courte et cintrée. La robe parfaite pour ce soir… Facile à enlever si les choses tou
Chapitre 1Vivienne SinclairDing !« … Rappel : pensez à rembourser votre prêt pour éviter qu’il ne s’aggrave. Solde du prêt : 23 000 dollars. »Soupir. C’était 20 000 dollars le mois dernier, et voilà 3 000 de plus ? Ça va faire 30 000 dollars.Mes doigts se crispèrent sur le téléphone et je soup






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