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Capítulo 9

Autor: DiegoAlmary
last update Data de publicação: 2021-07-26 08:26:32

Me quedo paralizado, escuchando a rosa gruñir.

—No te muevas— dice la voz a mis tras de mí, y un par de segundos después siento un golpe seco en la espalda, tan fuerte que me saca por completo de mi estupor. me vuelvo hacia la persona que acaba de lanzarme el zapato y veo que es Edee.

—¿Qué te pasa? — tiene un zapato en la mano, el otro está en un cubículo donde rebotó después de fallar y golpearme la espalda.

 —¿Qué es eso? — me apunta al pecho con el zapato, queriendo apuntar a rosa que está detrás de mí. 

—Te lo diré— le digo con las manos al aire —pero tienes que prometer no matarla.

—Complicado.

—Edward.

—Es horroroso.

—No digas eso, herirás sus sentimientos— bromeo —además es hermosa— me recorro un poco para que él la pueda ver. Aprieta el zapato, pero no hace nada por matar a mi humilde amiga —su nombre es Rosa.

—Qué conveniente— deja caer el zapato al suelo, se recuesta de la pared, sin darle la espalda a Rosa ni dejar de mirarla, y comienza a ponerselo —me acabo de enterar del doble atentado, ¿estás bien? Me preocupé mucho.

—¿Doble atentado? — pregunto, él asiente.

—El primero fue una trampa, para atraer a más y luego...

—Sí, ya sé— cuando acaba de ponerse el otro zapato me mira directo a los ojos.

—¿Estás bien? — se pone de pie y camina hasta mí, pasando lo más lejos posible de Rosa —te vez raro.

—Vi morir a Liss, y a Bryan, así que sí, me siento raro— se acerca más y me abraza, un abrazo fuerte, corto, que resume todos los consuelos que pudo haberme dado en palabras solo con aquel contacto —bien, me sacude un poco por los hombros

—Qué bueno que estás bien, pero ahora explícame lo de tu amiga fenómeno— Rosa gruñe, como si en realidad entendiera que se refiere a ella. Medito por unos segundos, recordando que le prometí a Grace no contarle a nadie. Suspiro, nunca he sido bueno sosteniendo promesas.

Tardo casi media hora en contarle como resultó rosa en mis manos, omitiendo la parte en la que aquel hombre amenazaba a Grace y la petición por parte de ella para que la desechara. El primer encuentro resultó un total fracaso: Rosa le escupió un pequeño "Diente", como yo lo llamo, en la punta del pulgar.

—Es su manera de decir hola— le digo después de evitar que la aplastara con el zapato —el entumecimiento durará un par de días.

—No me agrada— contesta mordiendo su dedo insistidas veces.

—Ya, déjalo, te vas a lastimar— le arranco el dedo de la boca.

—¿Y por qué la trajiste hasta acá?

—No podía dejarla, moriría de hambre.

—Pues sí, entiendo. Oye — lo miro de frente, suspira sin dejar de mirar a Rosa —Pol…— se rasca el cuello.

—¿Qué pasa con Pol?

—También está preocupado por ti. Mucho. Demasiado.

—¿Sí? —pregunto y él se me queda mirando como si supiera algo que yo no.

—Si, bastante— dice después de un momento. camina hasta la puerta y la abre para asomar la cabeza y ver si hay alguien en el corredor, y no puedo dejar de compararlo con Marian —por lo del atentado nos pusieron a trabajar las veinticuatro horas. Luego me contarás más detalladamente como sobreviviste porque lo que se dice por ahí es confuso— dice después de comprobar el corredor — por ahora vente a cenar con migo, es una orden— sonríe. 

Idiota.

  • ß§

En el comedor hay muy poca gente, todos con cara de frustración... y hambre. La ración de comida bajó de nuevo, ahora es solo un par de cucharadas del puré misterioso, un pequeñísimo trozo de carne, un banano en miniatura y un vaso de leche rebajado con agua. 

Pol revuelve su puré, inquieto. Edward se atraviesa el banano como si fuera la última comida de su existencia, y yo trato de morder la carne, que esta dura.

Miro a Pol, recordando aún el abrazo que me dio cuando me vio. Tan fuerte que casi me hace parte de él, pude oler su aroma y la barba corta rozándome la pómulo, se apartó y me dio un beso enorme y sonoro en la mejilla. “Pensé que te perdía” dijo y sentí que me temblaron las rodillas.

—¿Por qué creen que baje la ración? — pregunta Pol, que se sentó muy cerca de mi —¿no se les hace raro? Pronto no será suficiente para aguantar el día.

—Claro— responde Edee —te lo dije aquella ves en Emma, ¿recuerdas? — me pregunta y yo me encojo de hombros, tengo cosas más importantes ahora en la cabeza. Ambos me miran.

—¿Estás bien? — dice Pol estrechando mi mano por encima de la mesa, está muy cálida.

—Si. Es que vi morir a Bryan y a Liss. Me siento un poco raro— todos guardamos un incómodo silencio. No puedo decirles la verdad, los pondría en peligro, Riss me dijo que, si no decía nada, nada pasaría, así que me quedo callado, tarde o temprano se me va a pasar.

—¿Como te salvaste? —pregunta Edee y Pol levanta la mano en su dirección.

—Dejalo, Edward, no necesita pensar en eso ahora.

 Al final Pol y Edward logran pasarse la comida como pueden, pero yo no, todo me sabe demasiado amargo.

—¿Te vas a comer eso? — pregunta Edee apuntando a mi plato. Se lo acerco y lo devora en cuestión de segundos. 

—Deberías comer— me dice Pol —no puedes perder fuerzas.

—Tal vez mañana intente— asiente y sigue jugando con la manga de su camisa blanca de ocio.

—¿Cuándo vas a dar tu declaración? — pregunta Edee después de un enorme eructo, ganándose miradas asesinas por parte de Pol y los que aún quedan en el comedor. Me encojo de hombros.

—No lo sé— miento —seguro al rato o mañana. 

—Bien, yo me voy— anuncia Edward poniéndose de pie —me espera una noche de pasión con Lila Wong.

—¿Acaso no los expulsarán si los descubren teniendo sexo en un camarote? Serán renegados y tendrán que trabajar limpiando popo el resto de su vida — le dice Pol. Edward se lleva el dedo índice a los labios, se acerca, me da un corto abrazo y susurra un “qué bueno que estás bien” y sale tarareando del comedor. Los dos nos quedamos en silencio, y cuando me atrevo a levantar la mirada, los ojos azules de Pol de taladran por dentro.

—¿Sabes? — me dice —cuando vivía en Emma le hacía creer a todo el mundo que mi sección favorita era Seguridad.

—Si, me lo contaste.

—No sé por qué lo hacía para ser sincero. supongo que me daba miedo que pensaran que era débil o que supieran que mi sueño siempre fue entrar a la granja.

—¿Y ahora ya no te da miedo? — le pregunto, pero él niega.

—Ya no, ahora me atormenta otra cosa; y supongo que cuando la supere me atormentara otra y luego otra, pero cada vez serán más fáciles de superar. Eso me dijo el psicólogo que tenía que enfrentar una persona siempre. —aguardo silencio — solo quiero que sepas que superarás la muerte de Bryan y Liss, pero soy demasiado malo en dar charlas motivacionales— sonríe y se rasca la cabeza.

—Gracias, lo entendí— estoy lo suficientemente cerca para palmearle el hombro, pero alejo la mirada, para qué no vea que se me llenan los ojos de lágrimas.

—Pero a ti te pasa algo más, lo sé, ¿Quieres estar solo un rato? —Asiento, sin mirarlo a los ojos — Ahora me voy para la granja, voy a patrullar por allá, así que si quieres hablar ya sabes dónde encontrarme— se acerca y me besa en los labios antes de irse, se pone de pie y sale del comedor dedicándome una magnífica sonrisa. Me quedo ahí, solo y pensativo. ¿Podría Riss darse cuenta? No. ¿quién podría decirle? Llevo los platos de todos hasta el balde de los platos sucios y corro detrás de Pol.

Lo alcanzo justo cuando está a punto de entrar en la granja. Tiene la perilla de la puerta en la mano y se sobresalta cuando me ve llegar.

—¿Qué pasa, Aleck? — pregunta —¿estás bien?

—No. No estoy bien. Tienes razón. Tengo que decirte algo— se gira por completo hacia mí. Camina despacio, como si tuviera miedo de que yo explotara en cualquier momento.

—Dime.

—Almadía— logro decir, estoy aún agitado por correr como un loco por todo Capricornio.

—Está en la enfermería, dicen que está grave.

—No— respiro profundo —fue ella. Ella mató a Bryan y a Liss, y creo que también a los otros. 

—¿Aleck, de qué estás hablando? — se acerca y me toma por los hombros.

—Yo la vi, Pol, tienes que creerme.

—Aleck, espera. ¿la viste? — asiento con la cabeza enérgicamente —¿entonces por qué no lo cuentas? Todo el mundo está creyendo que fue un atentado por parte de... Ni siquiera saben quién lo pudo haber hecho. Pero Almadía. Vamos— me toma por el antebrazo y comienza a arrastrarme, pero lo freno de inmediato.

—No podemos decirle a nadie.

—Aleck, tenemos que hacerlo, hay qué hablar con un superior — hace ademán de tomarme de nuevo de la mano, pero lo esquivo.

—No, no puedo— se pasa los dedos por el cabello y mira el vacío del pasillo.

—Entonces lo haré yo— emprende camino, pero lo alcanzo, lo tomo por la muñeca y le hago una llave. Su pecho choca contra la pared y el mío contra su espalda, me empujo contra la pared, con su mano tras su cuello y la otra atrapada por su propio cuerpo y el muro.

—Aleck, suéltame.

—No. No hasta que me escuches —es más alto y más fuerte, así que se zafa de mi agarre, me voltea y mi espalda choca contra la pared, me empuja y nuestros pechos quedan unidos.

—Aleck, tenemos que hacerlo—su aliento me llega muy cercano, y huele al la cena — escuchame — su voz, estrangulada por la presión, es interrumpida por otra a nuestra espada.

—No aquí— me suelta y nos separamos tan rápido que parece que hubiéramos estado haciendo algo malo —hay una cámara— el señor P nos mira desde abajo, dada la diferencia de altura, mientras señala una cámara que está en una esquina —esas cosas se hacen en privado— se aleja con una mueca burlona en el rostro y logro ver a Pol reclamarle con una silenciosa mirada. Está tan rojo que podría sangrarle la cara en cualquier momento y se acaricia el brazo, justo donde le afectó la llave. El señor P desaparece por la puerta de la granja y yo suspiro.

—Ok, eso fue raro — digo.

—Dímelo a mi— pero no le presto atención a Pol, ya que una realidad más grande que cualquier vergüenza cae sobre mí. La cámara de seguridad vive gracias a un pequeño punto rojo que palpita. 

—Vámonos de qui— le digo y salgo del pasillo, sintiendo sus pasos apresurados tras los míos.

  • ß§

—No. No me suena— contesta Pol —nunca he escuchado el nombre Riss.

—¿Estás seguro? — insisto —dijo que era el encargado de seguridad de libertad — Estoy acostado en mi cama y Pol camina por todo el cuarto, aunque no tiene mucho por dónde caminar.

—¿Qué crees que hubiera querido decir con " Tú sabes lo que te conviene, de lo contrario yo me encargaré de hacerte pasar un rato delicioso conmigo, y no me importará tu mirada de cachorro herido”

—¿Te aprendiste la frase literal?

—¿Acaso a ti se te hubiera olvidado? — pregunto y él niega con la cabeza, luego suspira. 

—Sea lo que sea que signifique... tu trasero no será perdonado.

—Eso pensé. ¿qué hago? — le pregunto.

—Qué hacemos —me corrige sentándose a mi lado —no estás solo en esto, pero por el momento tienes que calmarte, tal vez él tenga razón y Almadía solo enloqueció. —me siento, de modo que quedamos hombro a hombro, y luego tapo mis ojos con las manos.

—No logro calmarme —le digo, y noto que pone la mano en mi pierna.

—Estás muy tenso — me destapo los ojos y veo mi pierna, el calor en la palma de su mano de adhiere a mi piel como la miel, y siento un extraño escalofrío subir por mi espalda, luego nota que me quedo mirando su mano en mi pierna y la quita —¿pasa algo? —pregunta y lo miro a la cara. Tiene las mejillas rojas, solo las mejillas. No puedo evitar pensar que se ve tremendamente tierno y sexi.

—Tu mano… es muy grande —suelto lo primero que se me ocurre, diablos. Él observa la palma de su mano, como si en ella pudiera encontrar la respuesta a el misterio más grande del mundo.

—Pues, gracias —me mira de nuevo —las tuyas no están tan mal —alarga su mano y toma mi muñeca, para observar mejor mi mano, pero la hago un puño de inmediato. Pol forceja un momento, en silencio y con paciencia, hasta que abro la palma. Las heridas que me causó el pasamanos el primer día aún no han cicatrizado bien, y él las recorre con las yemas de los dedos. Después de un momento en el que la analiza por completo, levanta mi mano y la posa sobre su mejilla. Está bastante desaliñado, la Barva que tiene debe ser de, por lo menos, tres días, no sé cómo no le han llamado la atención. Trae el cabello revuelto, no le queda mal. Me quedo ahí, sin saber muy bien qué hacer, él aprieta mi nano entre la suya y su rostro, y luego cierra los ojos, como un cachorro que disfruta de una inocente caricia. Comienzo a acariciar su ceja con mi pulgar, es ancha, y un poco más oscura que su cabello, luego abre los ojos, y me mira con una profundidad que me vuelca el corazón, suelta mi mano, y la dejo caer en su pierna, sin fuerza, comienza a acercarse, lento, y no puedo evitar cerrar los ojos en espera del beso, pero en vez de besarme en la boca, siento que pasa, por un lado, hasta que llega a mi cuello. Primero le da un casto beso que me eriza la piel, y luego una succión que me quita el aliento. Sin darme cuenta aprieto su pierna con fuerza, a lo que el responde moviendo mi cabeza y besándome por el otro lado del cuello. No puedo evitar una erección, y de reojo puedo ver que él se encuentra en la misma situación, no me reprimo las ganas de alargar la mano y sujetarlo, es grande y duro, diablos. Cierro los ojos de nuevo, las sensaciones me embriagan, solo quiero tenerlo cerca, muy cerca. Se separa de mi cuello y me mira.

—¿Está bien? — Pregunta y yo asiento, queriendo olvidarme de todo por un rato. Me besa en la boca, sus labios suaves y calientes se introducen entre los míos con una facilidad que parece surrealista, luego su lengua, su manos acariciando toda mi espalda, por debajo de la camisa. No puede reprimir un gemido cuando aprieto con un porco más de fuerza el bulto entre sus piernas, luego se detiene, repentina mente, y me siento solo y frio cuando se aleja de mi boca.

—¿Qué…? —quiero preguntar, pero cuando lo veo dejo la pregunta a la mitad, sus mejillas están rojas, sus labios hinchado y el azul de sus ojos parece más oscuro.

—Yo quiero, Aleck —Me dice —¿tú quieres? —medito su pregunta solo por una milésima, luego aprieto de nuevo entre sus piernas, y veo en su cara de placer algo que me descontrola, me absorbe. Aparto sus manos que aún están en mi espalda y me subo a horcadas sobre él, comienzo a besar lo con desesperación, como si quisiera extinguir de una vez por todas toda su saliva, pero él se separa.

—Despacio —me dice, y luego me besa con más suavidad. Mis manos recorren su espalda, hasta que encuentro el borde de la camisa y la saco por su cabeza, nos separamos para que la camisa pueda salir y luego lo empujo hasta que queda acostado en la cama. Me quedo observándolo por un momento, hay una línea de vellos no muy largos que le cubre el pecho y baja en una línea delgada que se pierde por debajo del ombligo. Lo acaricio, se siente tan bien enredar mis dedos en aquella corta maraña.

—Haces más ejercicio de lo que nos mandan —Le pregunto, más bien como afirmación, mientras acaricio su pectoral bien formado.

—Me gusta, me distrae y se siente bien.

—También se ve muy bien —bajo hasta uno de sus pezones y lo succiono, como respuesta siento un pinchazo de su pene enredado entre la ropa. Comienzo a descender, recorriendo con la lengua el sendero de vellos que baja hasta más allá de sus pantalones. No puedo creer lo que hago, jamás había estado tan excitado, jamás había considerado que me encantaría tanto morder suavemente el bulto crecido de alguien por encima del pantalón. Pol se retuerce, y yo no quiero alargar la agonía, para ninguno de los dos. Bajo el pantalón con fuerza, junto con la ropa interior y lo dejo completamente expuesto. Observo su pene, es grande no lo puedo negar, y el vello ahí es casualmente más corto, algo que me hace pensar por un segundo si Pol ha planeado este encuentro, y por eso se ha acicalado. Desecho todos los pensamientos cuando me acerco y lo tomo con la mano, está cálido, y húmedo, y no puedo evitar ponerlo en mi boca. El gemido ronco que escapa de su garganta me anima a continuar, es suave, más suave de lo que imaginé que sería, trabajo en la punta, y el instinto deseoso me obliga a hundirlo dentro de mí. Él da un pequeño salto de placer así que lo hago de nuevo, despacio, bajo hasta el fondo y succiono al final un momento, ni siquiera sé si lo hago bien, pero parece gustarle. Estoy ahí un rato más, disfrutando de sus gemidos y de cada sensación, hasta que él me toma por los hombro y me tira a la cama.

—Ya, ya —dice —me vas a volver loco —y sonríe, tan maravillosamente que me dan ganas de darle otro beso, pero me abstengo, no sé qué tan higiénico sea.

No sé cuánto rato nos la pasamos así, besándonos, acariciándonos. Pol es cuidadoso a la hora de usar el aceite de girasol que yo tenía en la pequeña repisa, siempre preguntando qué tan rápido iba, y yo con ganas que lo metiera todo de una sola vez. Él dentro de mí y yo en su mano alcanzamos el orgasmo que llega como la bendición más grande, como una gota de agua en un árido desierto, y el instante preciso pareciera arrebatarme todo el aliento, todas las fuerzas, incluso podría jurar no recordar mi propio nombre, como si solo ese momento le diera sentido a toda mi vida, y, luego, todo termina tan rápido como comenzó.

Pol recoge su ropa en silencio, con una suave sonrisa en la cara, yo solo me limito a cubrirme con las sabanas mientras lo veo. Mira la camisa, la ha utilizado como pañuelo, así que esta toda manchada.

—Toma una de las mías —le digo y sonríe a un más. Mi camisa le queda pequeña, pero se le ve realmente ben de todas maneras.

—Me voy, hay que patrullar toda la noche— dice cuando termina de vestirse, asiento con la cabeza, y él se acerca para darme un beso, pero le volteo el rostro, está demasiado lambiscón, y me pone nervioso. Termina por besarme en la mejilla —Bien —añade —no me quiero ir de aquí sin aclarar las cosas —me enderezo un poco en la cama —¿entonces qué somos? —su sonrisa brilla, ¿qué somos? ¿Cómo puede pensar Pol en eso cuando está pasando todo lo que está pasando allá afuera? La imagen de Liss y Bryan me sobrecogen de nuevo.

—Nada —le digo, quizás un poco exasperado y veo su rostro, inexpresivo. —No lo sé, Pol, me gustas, de verdad, solo dame un par de días ¿sí?  —su sonrisa se hace de nuevo, más pequeñita, diablos, me pasé, y lo sé porque siento un vacío en el pecho —igual hay cosas más importantes en qué pensar ahora —digo, con tal de restarle importancia a que acabo de romperle el corazón, nunca me di cuenta de que quería algo serio de verdad conmigo.

—¿Cómo qué? —pregunta, de mal humor.

—Me dijeron que no digiera nada, a nadie, y te lo conté justo frente a una cámara de seguridad.

—No lo sé. Talvez no te hagan nada, seguramente nadie haya visto la grabación en la aún y podamos hacer algo— estoy a punto de contestar cuando una voz llena de estática sale por un parlante sobre nuestras cabezas.

"Todos las personas pertenecientes a la sección de seguridad se solicitan de manera inmediata en las sala de entrenamiento"

O tal vez ya se dieron cuenta— susurro. Me visto lo más rápido que puedo y salimos juntos. Al caminar me duele un poco, aunque Pol fue excesivamente cuidadoso, pero trato de disimularlo ya que es soportable. Cuando alcanzamos a la sala de entrenamiento, somos casi los últimos en llegar. Tomamos nuestros respectivos lugares y aguardamos, en silencio, se podría escuchar el caer de un alfiler. 

—¿Qué crees que pase? — pregunta Edee, a mi espalda.

—No lo sé— un hombre alto entra por la puerta y camina con paso firme hasta nosotros. Se para recto frente a las filas y se aclara la garganta.

—Esta es una sección muy importante para toda la comunidad de Arcas— comienza a decir mientras se pasea de lado a lado —nuestra gente confía en nosotros, y no los vamos a decepcionar. 

"Dadas las circunstancias que han acontecido últimamente, hemos decidido aumentar la vigilancia en cada arca. Por lo tanto, mañana al medio día serán distribuidos aleatoriamente durante un par de semanas mientras los altos mandos toman cartas en el asunto respecto a los atentados que se han dado últimamente — Un murmullo generalizado se extiende tan rápido como la corriente eléctrica, pero así mismo de rápido se desvanece cuando el hombre habla de nuevo.

—Por otro lado, el presidente enviará un par de científicos a una zona bastante alejada para recoger muestras y hacer algunos estudios...— el hombre es interrumpido por una chica que levanta la mano y a la que él le da el turno de la palabra, fulminándola con la mirada.

—¿Hacer eso no es muy peligroso, justo en esos momentos? — el hombre se encoge de hombros.

—Sí, pero yo solo sigo órdenes, mi opinión aquí no cuenta, pero sí es peligroso, por eso me entregaron una lista con los dos nombres de los chicos que los acompañarán en la expedición— saca un papel de uno de sus bolsillos y lee:

—Aleck Benin y Pol Kiaw.

Miro a Pol, y su mirada parece decir claramente:

"Nos descubrieron"

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