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CAPÍTULO 16

Autor: Sasa Roand
last update Data de publicação: 2021-06-05 21:57:12

En este momento siento que he muerto. Seguro he muerto. Al menos por un par de segundos mi alma ha  salido de mi cuerpo; por un instante he dejado de respirar y mi corazón ha dejado de latir.

Salgo del auto tratando de buscar el aire que me falta, cierro la puerta tras de mí y me recuesto del coche dejando caer mi cuerpo hasta encontrarme agachada en el piso con las piernas dobladas, los codos apoyados en las rodillas y las manos abiertas tapándome la cara.  En un momento Patrick está arrodillado a mi lado, Amy y Harley guardan distancia.

Me rodeo las piernas con los brazos y hundo mi cara en mis rodillas, los vaqueros se empapan enseguida con mis lágrimas. Siento la mano de Patrick acariciar suavemente mi espalda y ese pequeño contacto me hace recordar cómo que me siento a su lado; Patrick me hace olvidar cualquier dolor, tiene un efecto analgésico, no solo en mi cuerpo si no en mi alma. Levanto la cabeza y lo miro, el me acomoda un mechón de cabello detrás de la oreja y me acaricia la mejilla.

Quiero levantarme, pero mi cuerpo está débil, Patrick me ayuda. Cuando logro estar de pie recuesto mi rostro en su pecho y rodeo su cintura con mis brazos él pone sus brazos alrededor de mis hombros y acaricia mi cabeza.

―Tengo que devolverle la llamada a Johnny. No sé dónde está mi madre, es decir, dónde está su cuerpo ―le susurro a Patrick.

―Amy podrías buscar el teléfono de Mérida, debió caer en…

―Yo lo tengo ―dice Harley mostrando mi teléfono en su mano ―he hablado con Johnny.

―¿te ha dicho donde…

―Sí, vamos ―interrumpe Harley señalando el auto con un movimiento de cabeza.

Amy sube al coche, esta vez en el asiento del copiloto. Yo no me desprendo de Patrick. Paso todo el camino recostada en su pecho, acurrucada debajo de su brazo mientras el acaricia mi cabello.

 En este momento mis emociones viajan descontroladas en una montaña rusa; lloro como un crío y al minuto siguiente una sonrisa se dibuja en mis labios al recordar momentos felices al lado de mi madre.

No sé por qué, pero también pienso en Paulette, en lo guapa que es, y en el hecho de que estoy segura de que Patrick la ha traído para restregármela en la cara. No sé por qué pienso en esto, mi madre ha muerto ¿Cómo puedo estar pensando en lo guapa que es Paulette y en lo mucho que eso me molesta? Y Hannah, ¿estará bien? Y mi bebé ¿habrá conseguido una familia que lo cuida y lo ama como lo merece? ¿Debería seguir buscándolo? ¿Cuánto cuesta un funeral? Podría pedirle un préstamo a Eleonor para pagar el funeral. ¡Joder! Acabo de heredar mucho dinero tengo para pagar tres funerales por si a alguien más le apeteciera morir. ¿Por qué no se calla mi cerebro?

El silencio en el auto es agobiante. Nadie dice una sola palabra y resulta molesto como los pequeños ruidos se han vuelto más intensos; el chirrido de los neumáticos al tomar las curvas, mi respiración anhelosa, el dedo de Amy deslizándose sobre la pantalla de su teléfono. “Debiste estar ahí” dice la voz en mi cabeza y una corriente de aire frio recorre mi espalda.

Hemos llegado. No quiero bajar del auto, no quiero alejarme de Patrick, quiero oler su perfume hasta quedarme dormida.

―Lo siento Mérida. Si tal vez hubiese llegado un poco antes quizás la hubiese encontrado con vida. Lo siento tanto ―dice Johnny mientras me abraza.

Entonces llego a estar consciente de lo que ha ocurrido, mi madre realmente ha muerto. No recibiré una llamada del hospital para decirme que ha sido un mal entendido; que estará bien. Johnny no me dirá que ha sido una broma de mal gusto. Mi madre  ha muerto y lo último que hice fue reprocharle algo de lo que ni siquiera estoy segura.

********

“Beatriz era una persona noble, sencilla y  maravillosa, su partida deja un gran dolor y un vacío inconmensurable en el corazón de todos aquellos que de alguna manera formamos parte de su vida.  Su disposición para ayudar y consolar a quien lo necesitaba, aún a pesar de sus propias penas ha hecho que deje en nosotros una huella eterna.

Fue una madre excepcional…

En cuanto esas cuatro palabras salen de la boca de Johnny, alguien muy cerca de mí murmura cargado de sarcasmo: “¡Sí! ¡Claro! fue una madre excepcional”. Miro hacia atrás con un giro rápido y brusco del cuello, solo hay un montón de señoras que me miran con lástima. Vuelvo la vista al frente y me concentro otra vez en el discurso.

 …Una trabajadora incansable. Nunca puso sus intereses personales por encima de los de los demás.

Beatriz, siempre te recordaremos con mucho amor y una sonrisa en los labios, como lo hubieras querido.”

En uno que otro momento de su discurso, la voz de Johnny se ha vuelto temblorosa, ha tenido que hacer una pausa y respirar profundo para continuar sin llorar.

 Yo no me atrevo a pararme delante de un montón de gente a decirles cosas hermosas de mi madre que nunca le dije a ella cuando estaba viva.          No dejo de pensar en el hecho de que yo me alcoholizaba en mi habitación, mientras  a unos escasos metros de mí, mi madre dejaba de respirar. Me repito que si yo hubiese estado consiente, ella estaría viva.

Me voy del funeral con Patrick y Paulette quien va en la parte trasera del coche jugando piedra, papel o tijeras con Adrien. Ha resultado ser la persona más encantadora que conozco y eso, me hace aborrecerla aún más.

******

Patrick y Paulette le quitan los trozos de piña a sus rebanadas de pizza, yo apenas le doy dos mordiscos a la mía y la pongo de vuelta en la caja.

―Voy a ver que Adrien se lave las manos para venir a comer ―dice Patrick alejándose del comedor.

―Es un padre increíble ―dice Paulette una vez que hemos quedado solas.

―¡Ah! ¡qué bien! eh... me iré a descansar, disculpa ―digo levantándome. Camino hacia la habitación de Patrick y me recuesto en la cama.

Debí llorar hasta quedarme dormida. Despierto de un brinco con esa sensación de haber estado cayendo durante el sueño. Me levanto de la cama y escucho a Paulette y Patrick susurrar:

―Deberías decírselo ya Patrick ¿Qué esperas para hacerlo? Si lo descubre ella misma te odiará ―Paulette está alterada y su acento francés con las erres pronunciadas como un crujido se le acrecienta muchísimo.

―Me odiará de todas formas. ¿Cómo crees que me perdonaría algo así? Soy un monstruo. Merezco que me odie

―Pues entonces ya debes decírselo, si decide no perdónate tendrás el castigo que según tú te mereces.

―Pero entonces los perdería a los dos.

¿Por qué ha dicho Patrick que es un monstruo? ¿Qué es lo que ha hecho? ¿Quién no podrá perdonarlo?

Lo primero que viene a mi mente son las chicas asesinadas, seguro hablan de eso. Ha sido Patrick quien las ha matado. Pero, ¿cómo puede Paulette saber algo así y seguir cerca de Patrick? Entonces, si ha sido él. Patrick ha matado a su propia hermana y teme decírselo a Eleonor. El corazón se me quiere salir por la boca, siento como si un maldito reloj con su molesto tick tack se me hubiese atorado en la garganta. Llaman a la puerta.

―Hola Paulette querida que gusto verte.

―Eleonor, el gusto es mío

―Patrick ¿dónde está Mérida?

―En la habitación, está dormida

―Lamento mucho no haber podido asistir al funeral, mi vuelo se atrasó. ¿Ya le has dicho?

―Aún no ―responde Patrick a su madre y deja salir un suspiro―. Las dos deben comprender que no es el momento, Mérida acaba de perder a su madre y no quiero darle más motivos de tristeza.

Esto echa por tierra la trama que acabo de armar en mi cabeza, lo cual me es un alivio. Pero entonces, Patrick oculta algo de mí, Paulette y Eleonor lo saben…

―Patrick ¿Qué tienes que decirme? ―He salido de la habitación y me le he plantado en frente

―Mérida, yo…

―¿Qué está pasando? ¿que ocurre? ¿Qué es lo que tengo que saber? Patrick contéstame sin rodeos por favor.

―Mérida ―Patrick se me acerca me abraza efusivamente. Yo me alejo de él, lo miro a los ojos, están vidriosos.

―Los dejaremos solos para que hablen ―dice Eleonor mientras camina hacia la cocina. Paulette la sigue.

Patrick y yo nos sentamos en el sofá, él toma mis manos, me ve a los ojos.

Mientras Patrick habla, mi cuerpo está paralizado ni siquiera puedo llorar, mis lágrimas se han agotado. Patrick termina de explicarme todo y se calla. Permanecemos en silencio por un buen rato. Lo miro con los ojos redondos, incrédula, confundida.

―Por favor Mérida dime algo

― ¡Joder Patrick! ¡¿Qué quieres que te diga?! ―Me levanto y me marcho.

*******

Pasan tres días, mi teléfono no ha parado de sonar, no he comido más que un tarro de helado y galletas, no me he duchado. Me levanto para ir al baño, pero mis piernas no tienen fuerza para sostenerme, entonces caigo y me quedo ahí, tirada en el piso con los ojos cerrados sin querer levantarme.

He caminado durante horas y no encuentro el camino de regreso a la carretera. A lo lejos, veo el lago. Al fin, alrededor del lago hay casas, cabañas que durante las vacaciones de verano suelen estar habitadas y aunque aún no es temporada, hay muchas más probabilidades de conseguir alguna persona. Conseguiré ayuda. Esta esperanza renueva mis fuerzas y sigo caminando.

Llego a una casa, no es la típica cabaña del lago; es tremendamente lujosa tiene un diseño flipante: Una particular forma rectangular, como una caja enorme con grandes ventanales de vidrio que dejan ver el interior. ¿Cómo puede vivir alguien aquí? No hay privacidad. Entonces, miro a mi alrededor ¿qué más privacidad? no hay otra casa en al menos un par de kilómetros y todo el lugar está rodeado de árboles, quien viva a aquí está alejado de todo y de todos.

Me dispongo a llamar a la puerta y al dar el primer golpe me doy cuenta de que está abierta. Pienso por un momento si debo entrar o no, pero estoy agotada, sedienta y hambrienta, tengo que averiguar si dentro de este lugar hay agua, comida y un teléfono, pero antes de entrar me alejo por un momento de la casa, me acerco a un pequeño árbol y le arranco una rama, saco fuerzas de donde no las tengo para hacerlo, no sé qué hay adentro de esa casa y tengo que estar preparada.

Entro sujetando con las dos manos el palo que arranqué del árbol, levantándolo a la altura de mis hombros, dando pasos desconfiados, mirando a todos lados.

―¡Hola! ―grito y un tenebroso eco hace que se erice cada pelo de mi cuerpo.

Sigo caminando, recorro el salón y me dirijo a la cocina, abro el refrigerador y me atraganto de todo cuanto encuentro, tomo un gran trago de jugo de naranja y otro trago de leche y cuando me siento satisfecha voy en busca de un teléfono. En el salón no hay, entro en una de las habitaciones. La cama está sin hacer, hay un par de botas de hombre, son color arena y con suela de goma dentada. Hay una mesilla al lado de la cama y encima de ella un libro; en su portada hay edificios de colores y el título dice: “Guía legal de todo propietario”. Abro el cajón, y despierto de golpe al ver lo que hay en su interior.

Abro los ojos,  me quedo inmóvil por unos segundos mirando al techo. Se me viene el vómito hasta la garganta y se devuelve, tengo la sensación de estar digiriendo un elefante. Busco mi teléfono y salgo del departamento….sé a dónde ir

―¿Mérida? ¿Estás bien? ―dice Harley sorprendido

―Sí, estoy bien. ¿Por qué todos preguntan si estoy bien? ―le contesto algo borde

―Bueno, no te ves muy bien ―Lleva la mano a su cabeza y hunde los dedos en sus rizos negros.

―Gracias, señor sinceridad. Necesito tu auto ―le suelto sin anestesia.

―¿¡Qué!?

―Si. Dame las llaves de tu auto. Es urgente. Y no preguntes para qué. Te juro que si no me das las malditas llaves no volveré a hablarte en mi vida.

Harley se mete la mano en el bolsillo trasero del pantalón, saca de ahí las llaves del auto y extiende su mano hacia mí. Pero cuando voy a tomarlas las aleja.

―Una condición

―¿Qué condición? ―pregunto poniendo los ojos en blanco

―Dime a dónde vas, en caso de que necesites ayuda.

―Lo siento, no puedo. Esto debo hacerlo sola por favor Harley.

―Entonces no

―Está bien, está bien. Te estoy enviando la dirección ―digo deslizando el dedo por la pantalla de mi móvil.

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