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CAPÍTULO 15

Autor: Sasa Roand
last update Fecha de publicación: 2021-06-05 08:18:19

No digo nada, no tengo nada que decir en mi defensa. Patrick tiene toda la razón, ni siquiera yo me reconozco. Estos sueños, estos recuerdos extraños, estas voces que parecen hablarme desde las sombras; estoy enloqueciendo; no me siento yo. Pero ahora no quiero hablar de esto; solo puedo pensar en la última chica con la que he soñado y estoy a punto de arrancarme la vía intravenosa para escapar de esta habitación, cuando una enfermera entra. Se me acerca, revisa la vía, regula la velocidad del suero (le queda poco para acabarse). Abre la carpeta que lleva en sus manos y hace unos apuntes. Al quitar la vista de la hoja le da un vistazo furtivo a Patrick. Patrick le sonríe con amabilidad y de pronto siento hervir mi sangre.

—Necesito irme ahora mismo —le digo a la enfermera con un tono altanero.

Patrick resopla, se cruza de brazos y se frota el tabique con los dedos pulgar e índice. Tiene el gesto de un padre avergonzado por el berrinche de su pequeña hija.

—Oh Claro señorita… eeh…—abre la carpeta y la mira con los ojos entrecerrados —…Mérida—lee al fin y prosigue, ya con la vista de vuelta en mí: — Podrá irse en cuanto el doctor pase revista, eso será en…. —saca un teléfono del bolsillo de su impoluto uniforme blanco —veinte minutos. Aparte de unos golpes y cortes superficiales,  ha salido ilesa. Ha tenido mucha suerte. Lo más seguro es que el doctor la deje ir hoy mismo.

La enfermera se acerca a la puerta.

—Volveré en un momento a retirar eso —dice señalando hacia mi mano y le lanza una sonrisa a Patrick antes de salir. Patrick le devuelve la sonrisa.

—Puedo conseguirte su número si quieres —le digo mirando al piso. Lo veo de reojo. Me mira con cara de póker y sale de la habitación sin decir nada.

La puerta se abre tras un par de toques.

—¡Mérida! ¡Me has dado un susto terrible! —dice Johnny al entrar. Se acerca y me coge entre sus brazos con ternura.

—Lo siento Johnny.

—Oh, sí que lo sentirás; en tu cuenta bancaria. El accidente ha sido por tu negligencia, el seguro no lo cubre, tendrás que pagar todos los daños a la agencia de alquiler.

—¡El auto! ¡ahh! —resoplo. Pero la verdad es que no me importa el auto. Me importa la chica del tatuaje de lirios azules.

—Johnny, necesito tu ayuda con algo… —la puerta se abre interrumpiéndome justo a tiempo. No me imagino a Johnny prestándose para jugar a los detectives, estoy segura de que se ha mordido la lengua para no darme un sermón sobre mi comportamiento. Pero quienes han entrado a la habitación son justo lo que necesito.

—¡Amiga! ¡Menudo susto! —dice Amy. Lleva un ramo de flores en las manos. Los deja en la mesilla que está al lado de la cama y me da unas suaves palmaditas en la pierna.

—Si, lo siento, no debí…

—No, no debiste —dice Harley —pero parece que te encanta andar por ahí haciendo lo que no debes

—¡Harley! —Amy está a su lado y le da un codazo en las costillas. Yo no digo nada. Y el silencio impera entre las cuatro paredes que nos rodean hasta que Amy dice:

—Han encontrado a JJ —pongo los ojos como platos.

—Lo siento —digo de inmediato con toda la seguridad de que Amy se refiere a que han encontrado el cadáver de JJ

—Si, es terrible lo que le ha pasado. No se sabe quién lo hizo. Lo único que nos queda es esperar a que despierte.

—¿!Está viva!?

—Ha sobrevivido por muy poco. Le han deformado el rostro y… —Amy no puede continuar hablando .Empieza a sollozar —¡maldito bastardo! la ha dejado en coma.

—Ha acabado la hora de visitas —dice un doctor bastante joven que ha entrado a la habitación. Todos se marchan.

El doctor, aunque simpático, no pierde la oportunidad de darme una llamada de atención, me advierte que esta vez no lo reportará porque no he puesto en peligro la vida de nadie, salvo la mía, pero que debería buscar ayuda. Pero por fin he salido del hospital. Johnny tenía asuntos del trabajo que atender, Harley y Amy han ido a ver JJ. Patrick se ha quedado a esperarme, me está llevando a casa y no ha dicho una sola palabra.

********

―¡Por Dios Mérida! ¿¡No acabas de salir del hospital!? Me dice Harley cuando abre la puerta.

―Harley, es urgente. El otro día en la fiesta… las fotos de los tatuajes que estaban en la habitación… ¿Los hiciste tú? ¿Conoces a las personas de esas fotos? ¿Recuerdas haber tatuado lirios azules en la pierna de una chica?

―¡Joder Mérida! ¿¡Puedes ponerle pausa a esto!? ¿Qué pasa? ¿Por qué me bombardeas con estas preguntas?

Inhalo y exhalo despacio tratando de calmarme.

―Ayer… mientras tatuabas a la chica… yo vi fotos de tatuajes ―digo haciendo pausas exageradamente largas y hablando muy despacio. El sarcasmo se me da de forma espontánea, casi involuntaria; aunque no sea el momento.

―Sí, sí, sí, continúa ―dice Harley rascándose la cabeza.

―Entre esas fotografías había un tatuaje de lirios, era un ramillete de lirios azules, también había una frase escrita: “Por siempre mi ángel”. ¿Serías tan amable de decirme si conoces a la chica que se hizo ese tatuaje?

Harley se sienta en el sofá, muerde su labio inferior jugueteando con el arete que se ha puesto; es reciente. Quito mi vista de sus labios, mis mejillas se enrojecen. Se masajea la cara con las palmas de las manos y hunde los dedos en su cabello.

―Creo que recuerdo ese tatuaje. Pero a la chica…

―Rubia, atlética, de senos grandes y piernas largas. Le digo tratando de reavivar sus recuerdos.

―Ah, si la de los senos grandes llenos de pecas.

―!Joder! ¡Qué excelente memoria! Sí, la de senos grandes con pecas ―repito poniendo los ojos en blanco

―¡Amy! ―grita Harley.

Amy sale de la habitación estrujándose los ojos. Se estira y dice:

―Harley ¿qué coño quieres?

―¿Cómo se llamaba tu amiga, con la que ibas al yoga? La rubia que hacía un ruido insoportable cuando masticaba chicle. La que conocimos en una de las fiestas de Maddy ―le hice un tatuaje ¿la recuerdas?

―sí, sí, sí… eh, Hanna

―¡Hanna! ―exclama Harley haciendo un chasquido con sus dedos

―¡Genial! ―exclamo con emoción ―Y ¿Dónde vive Hanna? ―agrego

―Oigan ¿de qué me perdí? ¿Qué pasa con Hanna?

―Pues, yo tampoco lo sé ―dice Harley levantando los hombros.

―Bien, les explicaré, pero prometan que no pensarán que estoy loca.

Harley y Amy me miran con ceños fruncidos mientras les cuento de mis sueños.

―Pues atraparemos al maldito hijo de perra ―dice Amy levantándose de un brinco―, pero primero haré café porque podríamos quedarnos dormidos en el camino ―agrega mientras se dirige a la cocina.

―¡Vale! Me avisan cuando consigan a la chica, yo me iré a dormir; es media noche.

―!Oh! ¡No! ¡Nadie se va a dormir! Estamos hablando del tipo que casi mata a JJ. Tú vienes con nosotras.

―Por eso digo, hablamos de un criminal, no se aloquen. Deberíamos llamar a la policía y decirle que Mérida ha visto en sus sueños como matan a estas chicas y que.. ¡Joder! ―Harley hace una pausa y su expresión me confirma que se ha dado cuenta de la estupidez que acaba de decir  ―¡No nos creerán! ―dice

―¡EXACTO! ―digo con exaltación, Amy me hace coro.

*******

Llegamos a casa de Hanna. Vive en un departamento en un edificio residencial de una zona de clase media. Llamamos a la puerta y no abre nadie. Amy hace un par de llamadas y consigue el número de Hanna. La llama varias veces, pero sale la contestadora.

―Disculpe, ¿sabe a qué hora salió la inquilina del 602?  ―le pregunto a un hombre con uniforme gris que limpia el pasillo ―le señalo la puerta del departamento con la esperanza de que conociera a Hanna.

Habíamos estado golpeando la puerta hasta casi derribarla. 

El entrecierra los ojos y mira hacia arriba tratando de recordar quien era la inquilina del 602.

―La rubia de senos grandes ―le aclaro sabiendo que necesitaba esos datos para refrescar su memoria.

―Ah, sí. Sale muy temprano, todos los días.

―¿sabe a dónde va?

―No lo sé, pero siempre va con leotardos y tenis, seguro irá a algún gimnasio o…no lo sé. Pero pueden esperarla, siempre vuelve a las nueve, justo a la hora que voy de salida, es la hora del cambio de turno.

―¿La ha visto hoy? ―le pregunta Harley al hombre que acomoda ambas manos en  el palo del trapeador y que se ve feliz de tomar un pequeño descanso mientras contesta nuestras preguntas.

―No ―mira al techo ―Hace unos días que no la veo

Harley, Amy y yo nos miramos en silencio unos a otros durante unos segundos.

―Amy, ¿recuerdas cuando entramos a la casa de tu ex y nos robamos esa consola de juegos carísima? ―pregunta Harley mientras mira como el hombre que limpia se aleja trapeando el pasillo

―No la robamos Harley, yo se la regalé para su cumpleaños y al día siguiente lo encontré follándose a mi mejor amiga.

―Sí, como sea. ¿Recuerdas como usaste un gancho de pelo para abrir la puerta?

―¡No! ―exclamo abriendo los ojos como platos―, no abriremos la puerta. Nos meteremos en problemas ―le advierto a Harley con firmeza

―¿Quieres encontrar a la chica sí o no? ―me pregunta inclinando su cuerpo hacia adelante y levantando las palmas de sus manos a la altura de sus hombros

―Si ―respondo con firmeza― ¿pero meternos en su departamento en qué ayudaría?

―No sé, podría haber algo ahí que nos diga a donde se va en las mañanas, o puede estar su teléfono, si lo revisamos podemos contactar a alguien que sepa dónde está o dónde estuvo.

―Está bien ―le digo a Harley con algo de duda.

Amy saca un gancho de pelo de su cabeza y una navaja suiza de su bota. Tras varios intentos no logra abrir la puerta.

―Lo siento, esa vez funcionó. Creo que tenía más motivación ―dice Amy levantando los hombros

―Pues yo si tengo motivación ―le digo a Amy decidida. Ella extiende sus manos para darme las herramientas, pero yo me abalanzo contra la puerta empujándola con mi hombro y mi brazo. La puerta no se abre y me llevo un golpe que me hace ver estrellas.

―¡Joder! ―grito frustrada. Cruzo los brazos y le doy una suave patada a la puerta, es una patada más bien juguetona. La puerta se abre. Harley y Amy me miran con los ojos redondos.

Entramos al departamento. En una de las paredes hay fotos de Hanna con una sonrisa de oreja a oreja y pose triunfante, lleva con ropa de hacer ejercicio.

―Conozco ese lugar ―dice Amy señalando una de las fotos. Está a unos veinte minutos, es un sendero en el bosque que lleva hacia el lago.

―Vayamos ―digo muy decidida, tengo que encontrar a esta chica con vida.

―Oigan, y si compramos algo para comer en el camino ―dice Harley.

Amy y yo nos miramos y reímos.

―Claro Harley, no sufras, comeremos en el camino ―dice Amy dándole una palmadita en el pecho a su hermano.

Mi teléfono suena. Miro la pantalla.

―¿Qué quieres? ―le pregunto ásperamente.

―Mérida, tengo… eh, tengo que hablar contigo. 

―¿Dónde estás? ¿Puedo pasar por ti ahora? 

Harley y Amy me ven intrigados, seguro piensan que no es el momento para pasar visitas sociales, pero la verdad, me parece que mientras más personas ayuden, más posibilidades tendremos de encontrar a Hanna con vida.

Llegamos al departamento de Patrick, él espera de pie en la vereda. Le hago señas desde el asiento de copiloto del auto. En algún momento entre el departamento de Hanna y la visita a la tienda en la estación de servicio para comprar golosinas, Amy se había apresurado a subir al asiento trasero del auto y Harley abrió la puerta del copiloto indicándome con la vista que subiera. Miré a Amy, como pidiéndole permiso y ella me miró y sonrió así que voy sentada al lado de Harley quien de vez en cuando me mira de reojo.

Amy abre la puerta trasera del coche y le hace señas a Patrick para que suba, él me arroja una mirada interrogativa, frunce el ceño y le da una mirada a Harley.

―¡Hola! ― Le dice Amy a Patrick con un ánimo un tanto exagerado

―¡Hola! ―dice Patrick a un volumen que indica que el hola es para todos. Yo no contesto al saludo. Harley, que permanece con ambas manos sobre el volante, le saluda con un movimiento de cabeza.

 ―Amy, Harley, él es Patrick. Aunque creo que ya… se conocen  ―Se puede sentir la tensión en el ambiente

Pasamos una media hora en total silencio. Harley mantiene los ojos puestos en el camino, Amy tiene la vista fija en su teléfono y Patrick mira por la ventana. No me animo a hablarle, no sé qué decirle

―y... ¿Cómo están Adrien y Paulette? ―al fin le pregunto a Patrick viéndole por el retrovisor.

Patrick abre la boca para hablar pero Amy interrumpe

―Es aquí. Ahí, ¿ven el letrero? Ahí comienza el sendero

―Estaciónate ahí ―le digo a Harley tocando su mano, la que tiene puesta sobre la palanca del coche.

―Ahora, ¿Qué hacemos? ―dice Harley después de estacionarse y apagar el auto.

―No sé, recorramos la zona en busca de algún rastro supongo ―contesto.

―No lo entiendo Mérida, ¿qué se supone que buscamos? ―pregunta Patrick

―Buscamos a Hanna, está desaparecida ―le digo girando un poco para verlo mientras me sujeto el cabello con una liga.

―¿Quién es Hanna? Si está desaparecida ¿por qué no han ido con la policía?―Patrick me ve a los ojos cuando hace la pregunta, pero su mirada se desplaza hacia el tatuaje en mi cuello, frunce  el ceño y traga saliva con la expresión de quien traga clavos. Sé que el tatuaje no le molesta en absoluto. Le enoja más bien el hecho de que haya decidido tatuarme justo cuando acabo de conocer a un chico guapo lleno de tatuajes. Mi teléfono suena, qué oportuno.

―Hola Johnny

―Mérida. ¿Dónde estás? ―Su voz es temblorosa.

―Johnny, estoy… fuera de casa. ¿Pasa algo? ¿Estás bien?

―¿Estás sola?

―No. No estoy sola Johnny, estoy con Patrick y con unos amigos ¿Qué pasa Johnny? Me estas matando con el misterio.

―Mérida, es tu madre, ella… ―Johnny hace una pausa angustiante.

―¿Qué le ha pasado? ¿Está bien? Por favor dime que está bien. ¿Dónde está?

―Mérida, lo siento mucho

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