INICIAR SESIÓN―¡Hannah! ―grito mientras encajo la llave en el ojo de la cerradura― ¡Hannaaaah! ―grito con más fuerzas al entrar.
Es la primera vez que estoy en este lugar, pero ya me es familiar, lo he visto en mis sueños. Entro a una habitación y me acerco a la mesilla al lado de la cama donde veo lo mismo que ha visto Hannah: un libro de bienes raíces y dentro del cajón, lo que me hizo venir hasta aquí; una piedrecita gris platinada con pequeños cráteres que le dan la apariencia de una pequeña…
Un golpe en la cabeza deja mis pensamientos en el aire, caigo al piso; mi mejilla contra las baldosas blancas.
Un par de tenis negros se acercan a mí con cautela, levanto la vista despacio. Veo rodillas raspadas y lirios azules. Siento alivio hasta que una patada en el estómago me deja sin aire.
―Hannah ¿qué haces? He… ve…venido a ayudarte ―Las palabras salen a rastras de mi boca.
Hannah sale corriendo de la habitación yo me levanto y voy tras ella. Al salir, no la veo. Camino hacia la cocina, no está. Me llevo la mano al bolsillo trasero de mis vaqueros buscando mi teléfono, pero debió caer en algún momento. Salgo de la casa, una brisa fría impacta contra mi rostro y la lluvia empapa mi cabello en unos pocos segundos. Veo la silueta de Hannah alejarse y perderse entre los árboles, se mueve con dificultad sobre el suelo mojado; cojea. Lleva un cuchillo en la mano. Corro hacia ella
―Hannah, he venido a ayudarte, soy amiga de Amy y de Harley, ellos me han ayudado a encontrarte ―Estoy muy cerca, sé que me escucha, pero no se detiene, es como si estuviese convencida de que le haré daño.
Hannah se cae y yo me acerco, me pongo de rodillas para ayudarla, pero ella se abalanza contra mí, dejándome tendida en el piso. El cuchillo ha salido volando, Hannah trata de alcanzarlo, yo la jalo de la ropa, pero logra soltarse y coge el cuchillo. Intento levantarme, ella me empuja y se sienta a horcajadas sobre mí. Empuña el cuchillo con ambas manos levantándolo por encima de su cabeza. Cierro los ojos esperando lo inevitable, pero no pasa nada. Dejo de sentir el peso de Hannah sobre mí, cuando abro los ojos está tirada a un lado, su cara está hundida en la tierra y de un costado de su cabeza, sale un espeso chorro de sangre.
Miro a todos lados y a ahí está; un hombre alto vestido de negro. Veo su rostro, su expresión es insondable. Sujeta una piedra con ambas manos, la deja caer sin quitar su mirada de Hannah
―!Johnny! ¿Qué has hecho? ―Le grito y él vuelve su mirada hacia mí.
Me levanto. Johnny da unos pasos al frente y se lleva una mano al bolsillo de su sudadera. Entonces, temo por mi vida.
Retrocedo, él no deja de acercarse; lento, con sigilo. Mis pies se hunden en el lodo. Caigo sentada, siento que no puedo respirar, mi corazón marcha acelerado, intento levantarme pera caigo de nuevo, esta vez acostada. Me he golpeado la cabeza. Desde donde estoy, tirada en el piso, veo cómo las copas de los árboles se erigen imponentes. Me parece que rozan el cielo. La lluvia cae sobre mi rostro. Johnny se arrodilla a mi lado y por un momento siento que todos los árboles danzan en círculos y van haciéndose borrosos.
*********
―Ha abierto los ojos ―las palabras suenan por encima de mi cabeza, susurrando.
Solo veo un reluciente techo blanco, con un foco. La luz me lastima la vista.
―Mérida ¿puedes escucharme?
Trato de enfocar el rostro de la persona que me habla. Su cabello rosa parece un gran algodón de azúcar, sus ojos delineados se acercan a mí.
― ¿Qué me ha pasado? ¿Dónde está Johnny? Y Hannah ¿cómo está?
―Johnny te ha encontrado inconsciente en la casa del lago. Te trajo de inmediato al hospital ―dice Amy en voz baja. Noto que Harley también está en la habitación, pero permanece callado en un rincón.
―¿Qué? ¿qué me pasó?
―Has sufrido una contusión. Teníamos dos días esperando a que reaccionaras. Llamaré al doctor ―dice Amy y sale de la habitación. Harley va tras ella
Un doctor bajito y regordete entra en la habitación, apunta cada una de mis pupilas con una pequeña linterna. Me pregunta si sé qué día es y quien es el presidente. Al parecer paso su pequeña prueba, pues me anuncia que podré irme mañana.
Paso el resto del día esperando a que Patrick venga a verme, pero no lo hace. Johnny tampoco aparece. Las horas se me hacen eternas. En la noche, doy vueltas en la cama, no logro dormir. Pienso en lo habitual que se están volviendo mis visitas al hospital.
En la mañana estoy desesperada por irme. Un joven entra y pone una bandeja en la mesilla al lado de la cama. En cuanto sale, entra una enfermera empujando un carro de curas
―No tengo hambre ―le advierto señalando la bandeja de comida
―Entonces puede vestirse ―dice la enfermera sin la más mínima preocupación por mi falta de apetito ―En cuanto su familiar firme los documentos del alta podrá irse ―agrega cogiendo una bolsa del carro y poniéndola en la cama.
Dentro de la bolsa hay ropa. Una camiseta negra con la tela rasgada en el área del busto y una falda también negra de una tela de franela que para suerte mía es estrech. Por el peculiar estilo deduzco que estas prendas son de Amy y como era de esperarse, me quedan ajustadas.
*******
―Amy ha tenido que trabajar, pero me pidió que viniera por ti ―dice Harley con voz seca. Yo le sigo por el pasillo que da hacia el lobby.
―Ah, ¿estás aquí solo por hacerle un favor a Amy?
―Sí, exacto.
―Vale, entonces puedes irte a la m****a. No te necesito ―acelero el paso hasta dejar a Harley atrás y me acerco a las puertas de la entrada
―No tienes dinero, ni las llaves de tu departamento, ni tu teléfono. ¿Qué harás? ¿Te iras caminando? ―me dice Harley cuando estoy por salir
―Me las arreglaré.
―!Joder! Mérida, no seas malcriada. Andas por ahí haciendo tonterías, jugando a la detective. Te pones en peligro y pretendes que todos estemos ahí, preocupados por ti, temiendo que te pase algo, corriendo de un lado a otro como gallinas sin cabeza…
Yo camino delante de Harley. Bajo las escaleras que dan hacia la vereda. Mientras más me alejo más sube la voz, hasta el punto en que empieza a gritar, las personas nos miran. Me detengo y me acerco a él.
―¿Podrías bajar la voz? ―le susurro echando una mirada a ambos lados
―¿Podrías subir al maldito auto? ―contesta señalando al coche estacionado.
―¡Joder! ―grito antes de acercarme a la puerta del copiloto. Harley sube y quita el seguro. Subo al auto.
Hemos llegado y Harley me ha acompañado hasta la puerta del departamento
―!Joder! ¿Cómo se supone que abriré la puerta?
―Con estas ―dice Harley sacando unas llaves de su bolsillo y poniéndomelas en frente ―Ah, también tengo esto ―saca mi teléfono del otro bolsillo ―Johnny me los ha dado.
Lo miro con los ojos entrecerrados.
―Pudiste dármelas en el hospital
―sí, si pude, pero no hubieses dejado que te trajera casa. Y me hubiese quedado preocupado por ti.
Se acerca muchísimo. Cojo las llaves de sus manos y me alejo. Abro la puerta y Harley se despide.
―¿Puedes quedarte un rato? No quisiera quedarme sola ―le digo
―Vale
Al entrar noto que mi departamento está hecho un gran desastre. Entonces recuerdo que los últimos días me había echado a morir gracias a Patrick, ahora agradezco que no se haya aparecido en el hospital, la verdad es que no quiero volver a verlo, al menos mi yo racional no quiere volver a verlo. Pero a la parte no racional no le importa el daño que me ha hecho Patrick, mi parte no racional se muere por estar entre sus brazos y oler su perfume hasta quedarme dormida.
Entro a la cocina y regreso a la sala, Harley se ha recostado en el sofá y está a punto de encender la televisión cunado le arrojo un trapo en la cara
―Encárgate de las encimeras de la cocina. Yo lavaré los trastes.
Harley se quita el trapo de la cara y suelta una carcajada
―Para esto me has pedido que me quedara ―se levanta del sofá y me sigue a la cocina.
Me acerco a la pila y abro el chorro. Harley coge unos platos de la encimera y los pone en el montón. Se me queda viendo. Yo lo miro de reojo
―¿Qué ves? ―le pregunto
―Es que…―hace una pausa, se frota la parte trasera de la cabeza
―Joder Harley ¿qué te pasa?
―nada, olvídalo
Lo miro con los ojos entrecerrados.
―Tengo que irme
―Oh no, no me dejarás limpiando este desastre sola ―le pongo espuma del lavavajillas en la nariz. Me mira con el ceño fruncido. No había notado lo cerca que estaba de mí hasta que me planta un beso. No lo vi venir. Debería rechazarlo y estaríamos a mano. Pero no puedo.
El beso se torna apasionado, su legua masajea la mía, lo que me hace sentir calor en ciertas zonas del cuerpo. Harley me aprieta por la cintura, me recuesta de la encimera. Su lengua abandona mi boca y recorre mi cuello mientras una de sus manos se desliza con suavidad debajo de mi camiseta.
―No Harley, no puedo ―le susurro en el oído. Mis labios dicen que no puedo, pero mi cuerpo dice lo contrario.
―Relájate Mérida, será solo sexo. Después hacemos de cuenta que no ha pasado nada.
Sus labios vuelven a mi boca. Y yo aún proceso lo que acaba de decir: “solo sexo”. La verdad, me gusta la idea. Desde que conocí a Harley me he sentido atraída a él de una forma inexplicable, Me encanta su cuerpo tatuado, sus músculos definidos, la forma en que muerde su labio inferior cuando me mira. Pero, no siento por él lo que siento por Patrick. La idea de saciar mi deseo por Harley y después hacer de cuenta que no ha pasado nada me parece una oferta difícil de rechazar. Me dejo llevar por el momento. Le quito la camiseta y acaricio su abdomen. Cuando llego a la pretina de sus vaqueros desabrocho el botón y bajo la cremallera. Su enorme erección se asoma
Harley mete su mano debajo de la falda. Me pongo como un tomate al ver la sonrisa que se dibuja en sus labios al comprobar lo mojada que estoy. Me quita la falda y las bragas y me sube a la encimera con desespero. Mi pecho se agita desenfrenado, mi respiración se hace errática, pone una mano en cada una de mis rodillas, de forma inconsciente aprieto los muslos, el los separa con un movimiento brusco y hunde su cara entre ellos, acaricia los labios de mi vagina con su legua, primero despacio, después con intensidad, apoyo mis codos en la encimera y dejo caer el peso de mi cuerpo. No puedo evitar gemir como loca, corrientes de placer recorren mi cuerpo y explotan en mi clítoris hinchado. Siento como me derramo sobre la encimera.
Harley se incorpora y me carga para ponerme de pie, me pone de espaldas a él yo inclino mi cuerpo presionando mis pechos sobre la encimera, él me sujeta el cabello y me penetra, entra y sale de mí hasta que llega al clímax.
**********
He tomado una ducha y estoy sentada en el sofá, Harley está recostado con su cabeza en mis piernas, yo peino sus rizos negros con mis dedos. Vemos televisión, como dos buenos amigos, como si nada hubiese pasado. Pero si ha pasado, y al recordar lo que acaba de pasar en la cocina no puedo evitar sentir un ardor entre las piernas. Aprieto los muslos, Harley lo nota, me mira con una sonrisa pícara, como si supiera lo que pasa por mi mente. Lleva su mano hacia mi pecho y aprieta uno de mis pezones entre sus dedos pulgar e índice. Siento como vuelvo a estar mojada.
Llaman la puerta
―Hola Mérida ―el doctor Black me saluda en cuanto entro en la habitación ―¿cómo han estado?― Hemos estado mejor ―le contesto―¿Alguno quiere hablar hoy?―Anya. Anya siempre quiere hablarle, pero ya sabe cómo se pone―Pues escuchemos a Anya.La sesión con el doctor Blake transcurre con normalidad, he podido desahogarme respecto a la ansiedad que me ha causado el viaje que haré hoy. Anya se ha quejado de que no ha tenido sexo en mucho tiempo, habló de Harley otra vez y de cómo lo rechacé cuando se me declaró.―Quise que fuera solo sexo, pero siento que no puedo estar sin ti, Mérida. Dame una oportunidad, que tengas un hijo con Patrick no quiere decir que tengas que estar con él ―fueron las palabras de Harley. Pero yo fui tajante―Lo siento Harley, amo a Patrick y no sé si pueda amar a alguien más de esa fo
Regreso los álbumes a su lugar y cierro la casa. Harley permanece aún sentado en las escaleras que dan del porche hacia la salida.―Vamos ―le digo con autoridad y el se levanta enseguida.Harley ha estacionado su auto justo enfrente de mi casa. Espero a que el suba para que abra el seguro y subo en el asiento de adelante. He guardado la foto de Johnny en mi bolsillo.―Y ¿a dónde vamos?―A casa de Johnny―¿y eso dónde es?―tú conduce, yo te guío.Harley se limita aconducir sin hacer más preguntas. Por lo menos le advertí que me comportaría de forma extraña. En mi cabeza se gesta una discusión entre Sofía y Dante―¿Sabías de esto? ―le pregunta Sofía a Dante.―¿Cómo iba a saberlo? Esto es tan extraño para mí como para ti. Pensé que Johnny nos cuidaba
―Llévame a mi departamento por favor ―le digo a Patrick mientras me pongo el cinturón de seguridad. Él me mira confundido ―quiero estar sola, por favor― le lanzo una mirada un poco borde.No sé por qué me siento de esta forma. Solo quiero llegar a casa, dormir un poco y olvidarme de las personas por un buen rato.*******Estoy en mi departamento, sola, tal como quería. Pero estar sola no me ha hecho sentir mejor, al contrario. No puedo dormir, cambio de canal cada dos minutos y me muerdo las uñas sin parar. Me fulmino a mí misma con preguntas como ¿Por qué el arma que guardaba en mi departamento es de Johnny? ¿Se la he pedido yo? ¿Él me ha sugerido tenerla? Y si es así ¿con qué intención?―No ha hecho nada malo ―dice Dante mientras yo me planteo todas estas incógnitas―¿Quién?
Escucho pasos ingresando a la casa al trote. Abro los ojos y veo a cinco uniformados entrar. Apuntan sus armas hacia Olivia por un par de segundos. Ella todavía apunta el arma hacia el cadáver de Ryan, pero en cuanto nota la presencia de los oficiales, se asusta, tira el arma y se sienta en el piso. Llora con desespero.Una mujer del grupo de policías enfunda su arma y se acerca Olivia, se pone a su nivel arrodillándose frente a ella―Tranquila nena, todo estará bien ―le susurra y la abraza. Otro ofivial se acerca al arma tirada en el piso y la patea lejos de Olivia.Dos personas alejan a Patrick de mí y me revisan. Miro el cadáver de Ryan, no puedo dejar de verlo, hasta que apuntan a mis ojos una pequeña linterna.Ryan ha muerto y pensar en ello hace que me recorra un aire de satisfacción. No solo me alegra que Ryan esté muerto, también siento alivio por no hab
Camino por la vereda que da hacia una casa descuidada. No recuerdo haber estado aquí antes. Todos los recuerdos de Ryan que han venido a mi mente hasta ahora, ocurrieron en mi casa, donde se supone que debía estar segura.Me detengo frente a la casa sin saber qué hacer. Golpeo a la puerta y no sale nadie. Golpeo una vez más y en un par de minutos sale Ryan. Me observa con cara de satisfacción.―Creí que ya no vendrías más ¿Estás sola? ―recorre el panorama con su mirada y se detiene en el auto―Es mi auto, es nuevo ―le digo. Y con un ademán me indica que entre ―Cambié de opinión ―le digo estando dentro de la casa, fuerzo la voz para que se escuche grave, cómo la de Sofi.La idea principal era que Sofi se acercara a Ryan. Mi forma de actuar tal vez no se parezca a la de ella y eso podría causar suspicacia en Ryan. Pero Sofi está aterra
Salgo de mi departamento y al dar un par de pasos hacia las escaleras recuerdo que se me ha pasado por alto un pequeño detalle. No tengo auto. No tengo idea de dónde está mi auto. Camino de regreso a mi departamento. Lo último que recuerdo es haber estado en el departamento de Patrick, llegué ahí en mi auto nuevo. No tengo idea de cómo llegué casa de Ryan , solo sé que volví en el auto de Patrick . ¡Joder! “tomaré un taxi” pienso antes de poner la mano en la manilla de la puerta, me doy media vuelta y avanzo hacia las escaleras, me detengo frente a una puerta. No he querido detenerme, mi cuerpo se ha plantado ahí sin mi consentimiento.―Creemos que un auto prestado sería mejor que un taxi ―dice Anya. He sabido que es ella, su voz, es diferente a la de Dante y a la de Sofi; tiene una calma y despreocupación impregnada en cada una de sus palabras. Comp