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CAPÍTULO 21

Autor: Sasa Roand
last update Data de publicação: 2021-06-18 08:55:42

Mérida me mira confusa, mira a Adrien y de nuevo a mí. Se ha quedado atónita.

―Bueno, eehh… creo que ya me voy ―dice Harley al percatarse de lo que ocurre. Le da un beso en la mejilla a Mérida, no es un beso de amigos, ella se sonroja.

Adrien me toma de la mano, la aprieta muy fuerte y ese contacto me hace entrar en razón. No tenía que ser así, no debí decírselo de esta forma, no ha sido correcto, no ha sido justo para ninguno de los dos.

 Mérida nos da la espalda y va a sentarse al sofá, recuesta la mitad superior de su cuerpo sobre el posabrazos. Adrien se suelta de mi mano y da dos pasos hacia Mérida.

―No tienes que ser mi mamá si no quieres―Adrien le habla a Mérida y las lágrimas empiezan destilar de sus ojos entristecidos.

Mérida se levanta del sofá como un resorte, se pone de rodillas frente a Adrien y lo abraza  con desembozo. Los dos lloran. Los tres lloramos. Permanecen así un buen rato. Yo no sé qué hacer, cómo actuar, qué decir. Me limito a permanecer de pie y en silencio.

De momento, las cosas han salido mejor de lo que esperaba. Decir la verdad me ha producido una magnífica sensación de alivio. Pero esta me dura poco, pues  empiezo a cavilar en el panorama completo, en lo que pasará después de este momento emotivo, en lo que hará Mérida cuando piense con la cabeza fría. No tiene ningún derecho a la custodia de Adrien, eso, tanto ella como yo lo sabemos bien, pero empiezo a temer que inicie un proceso legal. Aunque Mérida sigue siendo la misma chica sencilla que conocí, ahora tiene una gran fortuna y el dinero… el dinero mueve montañas, lo digo por experiencia propia. Si algo es seguro, es que mi vida y la de Adrien darán ahora un giro total ¿hacia qué dirección? dependerá de Mérida.

Adrien y Mérida hablan por horas. Él le cuenta la más mínima anécdota y ella le escucha atenta y le hace preguntas de vez en cuando. He preparado la cena y me sorprendo fantaseando con que esto se convierta en algo cotidiano. Me siento en el sofá dejando a Adrien entre Mérida y yo. Adrien empieza a bostezar y Mérida le extiende los brazos invitándole a recostarse en su regazo, él lo hace y en poco tiempo se queda dormido. Mérida le acaricia el cabello y lo mira con ilusión, se limpia las lágrimas que se han asomado de sus ojos.

―¿Podrías llevarlo a la cama? ―me pregunta y le da un beso en la cabeza a Adrien

Llevo a Adrien a la habitación y al regresar no sé qué esperar de Mérida

―Espero que me puedas perdonar ―es lo único que se me ocurre decir mientras me siento en el sofá a poca distancia, ella no dice nada, solo se acurruca en mi cuello y llora, gimotea unas cuantas veces.

―Gracias por cuidarlo―susurra. No hago más que acariciar su mejilla, ella se acomoda delante de mí, me da un beso fugaz en los labios y vuelve a acurrucarse.

 Después de un rato Mérida se queda dormida, pero se despierta exaltada.

―Adrien, ¿duerme solo? ―asiento con la cabeza― No importa, dormiré con él de todos modos ―dice con voz ronca y se va a la habitación. Yo me recuesto en el sofá, pero no logro dormir.

Escucho ruidos que provienen de la habitación de Mérida, cuando me dispongo a levantarme para ver qué ocurre, me parece escuchar que la puerta se abre, Mérida ha salido de la habitación, o al menos supongo que es ella. Me quedo inmóvil, finjo estar dormido, ella se dirige hacia la entrada principal con mucho sigilo, me asomo un poco por el respaldo del sofá alcanzando a ver a Mérida de espaldas mientras sale del departamento. Es media noche, no comprendo a dónde puede estar yendo. Ahora si estoy seguro de que no conseguiré dormir. La llamo y el sonido del teléfono emana de la habitación en donde ha dejado a Adrien durmiendo. No puedo ir a buscarla porque Adrien quedaría solo. No me queda más que esperar a que regrese.

Pasan las horas, se hacen las seis de la mañana y Mérida no aparece. No he pegado un ojo. Adrien sigue dormido, pero despertará en algún momento y seguro ya se ha hecho ilusiones con pasar el día con Mérida. Estoy por llamar a Johnny cuando Mérida entra.

―¡Joder! Había olvidado que estabas aquí ―dice mientras camina hacia la cocina con total normalidad. Se sirve un vaso de agua del grifo.

―Sí, pero despertaré a Adrien y nos marcharemos si eso quieres

―Deja dormir al niño. Tomaré una ducha

―¿Podríamos salir un rato? Digo, con Adrien, seguro querrá pasar un tiempo contigo.

―Si como sea ―contesta Mérida con cierta carga de apatía en su tono que me resulta difícil de comprender.

Mientras Mérida está en la ducha, preparo algo de comer y por supuesto, mucho café. Adrien se despierta.

―Papá, ¿viviremos con mamá aquí o ella irá a Francia? ―la pregunta de Adrien me ha tomado desprevenido. Aclaro un poco la garganta.

―¿Cómo has dormido? ―trato de desviar la conversación

―bien ―contesta Adrien con voz anodina, está consciente de que no respondido su pregunta y puedo estar seguro de que insistirá en algún otro momento.

―¿¡Por qué no vienes a comer un panqueque!? ―le digo tratando de animarlo un poco exagerando la alegría en mi voz

―Está bien, pero prepárale uno a mamá también

―¿¡Qué haremos hoy!? Pregunta Mérida mientras entra a la habitación con un semblante renovado.

Se ha puesto un vestido corto con estampado de flores y se ha sujetado el cabello en un costado. Luce radiante, no parece que haya pasado la noche haciendo quién sabe qué. Siento la tentación de preguntarle dónde estuvo y sobre todo con quién. Noto cómo al pensarlo aprieto la mandíbula de forma involuntaria.

―¿A dónde iremos papá? ―los dos me miran expectantes.

―Mejor que sea una sorpresa ―digo y en ese momento mi teléfono comienza a repicar. Lo saco del bolsillo trasero de mis pantalones. “número desconocido” se indica en la pantalla. Dudo por un instante en si debo contestar.

―¿Mérida está contigo en este momento? ―Me pregunta la persona que me ha llamado en cuanto contesto. Es un hombre y su voz me es familiar hasta el punto que la reconozco de inmediato ―No digas mi nombre― advierte― si estás con Mérida solo di sí, pero no digas mi nombre― insiste con desespero.

―Sí ―digo con un tono seco.

―¿Ha salido en la noche?

―Sí

―No la pierdas de vista, podría estar en peligro ―dice Johnny y corta la llamada.

Miro mi teléfono por unos segundos

―¿Quién era? ―pregunta Mérida

―Eleonor. Necesita que vaya por unas cosas a la oficina

―¿Te irás? ―pregunta achicando la mirada

―No, claro que no me iré, pasaremos por allá en cuanto Adrien termine de desayunar, también pasaremos por mi departamento, necesito tomar una ducha y cambiarme de ropa. No he podido dormir en toda la noche.

―oh, el sofá ha sido incomodo ―me responde y supongo que ha sido su forma de disimular delante de Adrien. Sabe muy bien que el sofá no ha sido el causante de mi insomnio, debe saber que me he quedado preocupado cuando se fue.

Adrien termina de comer y va al baño. Yo aprovecho para indagar

―¿Qué fue lo que pasó con Johnny?

―¿Johnny? Eehh.. No.. no quisiera hablar de eso ahora, yo… en estos momento no sé qué pensar de Johnny ¿Se ha comunicado contigo?

―No ―digo tajante y noto en la expresión de Mérida que mi tono le ha parecido sospechoso― sabes que no le caigo muy bien ―agrego tratando de disimular―Amy me ha comentado que te ha dejado en el hospital y ha desaparecido; me preguntaba por qué

Mérida mira al piso, abre su boca apenas un poco

―Estoy listo ¿podemos irnos ya? ―dice Adrien con emoción impidiéndole a Mérida darme una respuesta.

“No la pierdas de vista, podría estar en peligro” las palabras de Johnny resuenan en mi mente mientras conduzco. Mérida y Adrien  van en la parte trasera del auto

―¿A dónde iremos? ―pregunta Adrien

―Ya llegamos ―le contesto y estaciono el auto. Los miro en el retrovisor. Miran por la ventana, no tienen idea― Pueden bajar.

―¿Qué hacemos aquí?

―Mamá comprará un auto ―le digo a Adrien, le tomo la mano y el extiende su mano libre hacia Mérida. Mi teléfono suena― adelántense les digo cuando veo en  la pantalla el mismo número de hace un rato.

―Sé quién mató a tu hermana, a las demás chicas; las de los sueños. Podemos detenerlo. Esto te incumbe. Te espero a las cinco en el Umbrella. Deja a Mérida en un lugar seguro, ya te lo dije, corre peligro ―Corta antes de que pueda contestar.

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