INICIAR SESIÓNDespués de preguntar por unos tres autos y quedar horrorizada con los costos, Mérida se ha decidido por uno. No es que le haya encantado, más bien le ha parecido lo suficientemente barato; en eso ha basado su elección. Trato de convencerla de que compre algo más… no sé, lujoso, le insisto en que puede comprar algo mejor, pero ella ya ha preguntado por “el auto rojo de allá” refiriéndose a un Nissan Versa y en cuanto el vendedor le lanzó un “ofertón”, se le han iluminado los ojos. Al menos, ahora tendrá un auto.
―¿Me sigues o te sigo? ―pregunta Mérida con el entusiasmo de un niño con juguete nuevo, apretando la llave en su puño cerrado y caminando a zancos hacia su nueva adquisición.
―Tu conduces, pero voy contigo, enviaré a alguien por mi auto luego. Lo devolveré a la agencia de alquiler, ya tengo quien me lleve y me traiga a todos lados
Mérida hace una mueca que no llega a convertirse en sonrisa. Su mirada se torna pensativa y comprendo que ha caído en cuenta: tendrá que pasar mucho tiempo conmigo si quiere estar con Adrien, tendrá que olvidarse de la forma en que lo hemos concebido, tendrá que fingir que me ha perdonado para que Adrien nos vea siempre contentos, eso, o sacarme del medio. Mi cuerpo se estremece al pensarlo.
Subimos al auto, Mérida aspira profundo el olor a plástico nuevo y pone ambas manos sobre el volante.
―Papá.. ¿Haremos algo divertido ahora? ―pregunta Adrian quien ha estado aburrido durante todo lo que duró el papeleo.
―Iremos a casa, les prepararé algo de comer y luego tú y Mérida harán lo que quieran. Yo tengo que ir por un encargo ¿te parece bien?
―Está bien ―contesta no muy convencido.
Una vez que llegamos a mi departamento, Adrien corre hacia donde Paulette a contarle las buenas nuevas “tengo mamá”, le ha dicho y Paulette ha fingido sorpresa, ha colocado los lentes sobre el teclado de su portátil y le ha dado un abrazo a Adrien. Mérida saluda a Paulette y no veo en ella ese gesto de desagrado que se solía asomarse en su rostro cada vez que veía a Paulette.
―Adrien, después le contarás todos los detalles. Ve a tomar una ducha y a cambiarte de ropa.
Paulette vuelve a la pantalla de su portátil. Es contadora y se encarga de las finanzas de “Imaginer”, la empresa de publicidad que presido en Francia. Es posible que, ahora que Mérida y Adrien saben la verdad, Paulette se invente algún asunto que atender y me diga que tiene que volver a Francia.
Me voy a la cocina y Mérida me sigue.
―¿Qué se supone que haremos ahora? ―le pregunto dándole la espalda para sacar un sartén de la despensa.
―No lo sé ―y me alivia que no lo sepa
―Podrías tomarte unas vacaciones e ir con nosotros a Francia, mientras decidimos que hacer.
―Puede ser. Pero primero tengo que encargarme de algo
―¿Tiene que ver con Johnny? ¿Qué pasó en la casa del lago? ¿Cómo terminaste herida? Y ¿por qué desapareció Johnny después de dejarte en el hospital? ―la acribillo a preguntas.
Mérida titubea, pero termina contándome todo lo que pasó.
―Entonces, ¿Johnny es el asesino? eso explicaría de alguna forma muy extraña lo de tus sueños, evidentemente tienen una conexión muy fuerte ―Mérida me mira dubitativa.
―No lo sé Patrick, no creo que Johnny sea capaz de algo así
―A veces las personas que creemos conocer son capaces de las más horribles atrocidades. Es difícil conocer a alguien de verdad ―Los ojos de Mérida se llenan de lágrimas.
―Quisiera escuchar su versión ―dice Mérida después de haber estado en silencio un buen rato.
―Y si te dijera que Johnny quiere contarme su versión
―¿Por qué querría contarte su versión a ti?
―No lo sé. Me ha llamado. Me ha citado para hoy. ¿Quieres venir?
―No ―dice después de pensárselo por unos segundos ―saldré con Adrien. Quiero pasar tiempo con él.
*******
Después de almorzar con Mérida y Adrien, he ido a buscar mi auto al concesionario donde Mérida ha comprado el suyo. Ahora voy en camino a mi encentro con Johnny.
Llego al Umbría, miro las mesas exteriores desde el auto. No lo veo. Al entrar en el café compruebo que no está. Miro mi reloj; aún faltan cinco minutos para la hora acordada. Tomo asiento y pido un café.
Se hacen las seis y Johnny no llega. Regreso al auto. Cuando estoy abriendo la puerta siento un repentino calambre en el cuello, seguido de un golpe en la nuca. Alguien me empuja hacia adentro del carro y me acomoda hasta que llego a estar recostado en el asiento del copiloto. No estoy por completo inconsciente, pero si inmovilizado. Siento los parpados pesados y con los ojos rasgados apenas logro ver que alguien a mi lado va conduciendo. Está vestido de negro y lleva puesta la capucha de la sudadera por lo que no puedo divisar su rostro. La sensación de somnolencia me vence y acabo recostado de la ventanilla con los ojos cerrados. Noto cuando el auto va perdiendo velocidad, intento abrir la puerta.
―Yo que tú no haría eso ―Dice mi secuestrador. Estoy seguro de que es Johnny y por increíble que parezca, eso me tranquiliza. Al igual que Mérida, no ceo que Johnny sea una mala persona. Seguro que esto tiene un por qué
Me froto los ojos con las palmas de las manos. El auto se detiene. Johnny se baja y corre para abrirme la puerta y ayudarme a bajar. Ojeo el lugar y enseguida percibo que ya he estado aquí antes. Es un estacionamiento. Ha cambiado mucho desde la última vez.
Por orden mía han retirado a las personas que vivían aquí; las personas que trabajaban en las empresas del maldito de Yun Ming. Por supuesto que no las he echado a la calle, aunque estando en la calle tenían menos posibilidades de morir que en este lugar. La estructura es una bomba de tiempo. Estoy por contratar a una empresa contratista que se encargue de la demolición y posterior reconstrucción de este viejo edificio donde hallaron el cuerpo sin vida de Kathleen. Pero no comprendo por qué Johnny me ha traído aquí.
―Seguro te preguntarás por qué te he traído aquí ―dice Johnny
―Sí. ¿Por qué aquí? Preferiría conversar en un lugar que no esté a punto de caerse
―Sí, la verdad, no me la he pensado bien. Quería un lugar en el que ella o él no vinieran a buscarte. Y esto fue lo que se me ocurrió. Sabes, vendí este lugar muy por encima de…
―Muy por encima de su precio, lo sé―le interrumpo ―yo lo he comprado muy por encima de su precio. Porque tiene un valor más alto que el costo que pueda tener.
―¡Oh! ¡Has sido tú!
―No lo entenderías, es un tema de sentimentalismo. Ehh..aquí…
―Encontraron el cadáver de tu hermana, lo sé ―ahora me interrumpe él a mí y empiezo a sentirme irritado por el hecho de estar conversando de esto y no de lo que realmente se supone que hablaríamos― y si, la verdad es que te entiendo a la perfección. Como el católico que lleva colgando en su pecho el objeto dónde mataron a su salvador.
―Dejemos los rodeos Johnny ¿Qué hacemos aquí?
―¿Dónde está Mérida?
―Yo pregunté primero.
―Intenté persuadirla para que se alejara de ti. Por eso actuaba cómo el amigo celoso ―dice Johnny cruzándose de brazos y recostándose del carro. Yo hago también me recuesto, él niega con la cabeza― pero no solo intentaba protegerla a ella sino a ti, a mi pequeño sobrino. Siempre supe que estaba contigo. No sabía que era mi sobrino, pero el solo hecho de ser el hijo de Mérida lo hacía alguien especial para mí.
―Espera, ¿qué dices? ¿Sabías que yo había adoptado a Adrien? ¿Siempre supiste que estaba conmigo en Francia? ―me le paro al frente esperando ansioso una respuesta suya
―Sí, lo supe en cuanto le di unos cuantos billetes a una trabajadora social del orfanato. Pero tuve que mentirle a Mérida, por su bien y por el de Adrien. No sabes cuánto me ha costado; inventarme una supuesta investigación, inventarle trabas a la investigación que me había inventado ¡Mierda! Ha sido un puto tormento.
»Se supone que no aparecerías nunca más, ¡pero tenías que volver y enredarte con Mérida! Eso me ha puesto en jaque. Dime…¿Todavía piensas que la has violado? ―Achico la mirada tratando de enfocar los ojos de Johnny
―¿Que si pienso que la violé? ¿Acaso no fue así? ¿Qué sabes de esto Johnny?
―Mira, no es que Mérida haya cogido contigo por voluntad propia, pero tampoco la has violado tío ¡Joder esto es más difícil de explicar de lo que creí! ―Dice Johnny frustrado al mismo tiempo que se me acerca y pone su mano sobre mi hombro y entonces noto que su aliento emana un fuerte olor a licor. Eso podría explicar todo el embarullamiento del que habla.
―A ver Johnny, esto es asunto mío con Mérida, no he venido a hablar de esto sino de la persona que ha matado a estas chicas, a mi hermana, a la amiga de Mérida. Me has dicho que sabes quién lo ha hecho, a ver dime, ¿quién ha sido? ―La actitud de Johnny me hace pensar que encaja en el perfil de un psicópata asesino.
―¿y crees que el asunto tuyo con Mérida no tiene nada que ver con los asesinatos? ―pregunta con una voz envuelta en intriga. Estoy a punto de preguntar de qué rayos habla cuando el zumbido de un motor nos interrumpe.
Johnny mira con desconfianza el auto rojo que se aproxima. Lleva la mano hacia su espalda rebuscando debajo de su chaqueta
―Por Dios Johnny ¿qué te pasa? Solo es Mérida, hace rato le he enviado u mensaje con mi ubicación ―le grito cuando veo que ha sacado un revolver ―pero al comprobar que Mérida se baja del auto le apunta. Camino despacio hasta interponerme entre el arma y Mérida― Johnny, escucha, podemos solucionarlo.
―Dispararé, sabes que lo haré ―grita Johnny, no me habla a mí, le habla a Mérida quien para sorpresa mía también está armada.
Mérida permanece callada, también está apuntando y yo estoy en medio a menos de un metro de cada uno ¡Genial! ¿De qué me he perdido?
―Haber chicos vamos a calmarnos todos ―Giro la mirada de Johnny hacia Mérida y viceversa. Se miran como si fuesen enemigos a muerte― Mérida por favor baja el…
La detonación no me deja terminar la frase. Un silbido estruendoso me retumba en la cabeza. Caigo al suelo tapando mis oídos.
―Hola Mérida ―el doctor Black me saluda en cuanto entro en la habitación ―¿cómo han estado?― Hemos estado mejor ―le contesto―¿Alguno quiere hablar hoy?―Anya. Anya siempre quiere hablarle, pero ya sabe cómo se pone―Pues escuchemos a Anya.La sesión con el doctor Blake transcurre con normalidad, he podido desahogarme respecto a la ansiedad que me ha causado el viaje que haré hoy. Anya se ha quejado de que no ha tenido sexo en mucho tiempo, habló de Harley otra vez y de cómo lo rechacé cuando se me declaró.―Quise que fuera solo sexo, pero siento que no puedo estar sin ti, Mérida. Dame una oportunidad, que tengas un hijo con Patrick no quiere decir que tengas que estar con él ―fueron las palabras de Harley. Pero yo fui tajante―Lo siento Harley, amo a Patrick y no sé si pueda amar a alguien más de esa fo
Regreso los álbumes a su lugar y cierro la casa. Harley permanece aún sentado en las escaleras que dan del porche hacia la salida.―Vamos ―le digo con autoridad y el se levanta enseguida.Harley ha estacionado su auto justo enfrente de mi casa. Espero a que el suba para que abra el seguro y subo en el asiento de adelante. He guardado la foto de Johnny en mi bolsillo.―Y ¿a dónde vamos?―A casa de Johnny―¿y eso dónde es?―tú conduce, yo te guío.Harley se limita aconducir sin hacer más preguntas. Por lo menos le advertí que me comportaría de forma extraña. En mi cabeza se gesta una discusión entre Sofía y Dante―¿Sabías de esto? ―le pregunta Sofía a Dante.―¿Cómo iba a saberlo? Esto es tan extraño para mí como para ti. Pensé que Johnny nos cuidaba
―Llévame a mi departamento por favor ―le digo a Patrick mientras me pongo el cinturón de seguridad. Él me mira confundido ―quiero estar sola, por favor― le lanzo una mirada un poco borde.No sé por qué me siento de esta forma. Solo quiero llegar a casa, dormir un poco y olvidarme de las personas por un buen rato.*******Estoy en mi departamento, sola, tal como quería. Pero estar sola no me ha hecho sentir mejor, al contrario. No puedo dormir, cambio de canal cada dos minutos y me muerdo las uñas sin parar. Me fulmino a mí misma con preguntas como ¿Por qué el arma que guardaba en mi departamento es de Johnny? ¿Se la he pedido yo? ¿Él me ha sugerido tenerla? Y si es así ¿con qué intención?―No ha hecho nada malo ―dice Dante mientras yo me planteo todas estas incógnitas―¿Quién?
Escucho pasos ingresando a la casa al trote. Abro los ojos y veo a cinco uniformados entrar. Apuntan sus armas hacia Olivia por un par de segundos. Ella todavía apunta el arma hacia el cadáver de Ryan, pero en cuanto nota la presencia de los oficiales, se asusta, tira el arma y se sienta en el piso. Llora con desespero.Una mujer del grupo de policías enfunda su arma y se acerca Olivia, se pone a su nivel arrodillándose frente a ella―Tranquila nena, todo estará bien ―le susurra y la abraza. Otro ofivial se acerca al arma tirada en el piso y la patea lejos de Olivia.Dos personas alejan a Patrick de mí y me revisan. Miro el cadáver de Ryan, no puedo dejar de verlo, hasta que apuntan a mis ojos una pequeña linterna.Ryan ha muerto y pensar en ello hace que me recorra un aire de satisfacción. No solo me alegra que Ryan esté muerto, también siento alivio por no hab
Camino por la vereda que da hacia una casa descuidada. No recuerdo haber estado aquí antes. Todos los recuerdos de Ryan que han venido a mi mente hasta ahora, ocurrieron en mi casa, donde se supone que debía estar segura.Me detengo frente a la casa sin saber qué hacer. Golpeo a la puerta y no sale nadie. Golpeo una vez más y en un par de minutos sale Ryan. Me observa con cara de satisfacción.―Creí que ya no vendrías más ¿Estás sola? ―recorre el panorama con su mirada y se detiene en el auto―Es mi auto, es nuevo ―le digo. Y con un ademán me indica que entre ―Cambié de opinión ―le digo estando dentro de la casa, fuerzo la voz para que se escuche grave, cómo la de Sofi.La idea principal era que Sofi se acercara a Ryan. Mi forma de actuar tal vez no se parezca a la de ella y eso podría causar suspicacia en Ryan. Pero Sofi está aterra
Salgo de mi departamento y al dar un par de pasos hacia las escaleras recuerdo que se me ha pasado por alto un pequeño detalle. No tengo auto. No tengo idea de dónde está mi auto. Camino de regreso a mi departamento. Lo último que recuerdo es haber estado en el departamento de Patrick, llegué ahí en mi auto nuevo. No tengo idea de cómo llegué casa de Ryan , solo sé que volví en el auto de Patrick . ¡Joder! “tomaré un taxi” pienso antes de poner la mano en la manilla de la puerta, me doy media vuelta y avanzo hacia las escaleras, me detengo frente a una puerta. No he querido detenerme, mi cuerpo se ha plantado ahí sin mi consentimiento.―Creemos que un auto prestado sería mejor que un taxi ―dice Anya. He sabido que es ella, su voz, es diferente a la de Dante y a la de Sofi; tiene una calma y despreocupación impregnada en cada una de sus palabras. Comp