FAZER LOGINHan pasado tres días desde que estuve con Mérida, Amy y Harley buscando a esa chica llamada Hannah.
Cuando pienso en la forma en que Mérida se aferró a mí cuando recibió la noticia de la muerte de su madre, mis sentimientos colisionan entre sí; sentir que me necesita, que soy parte importante de su vida y que puedo sostenerla cuando pasa por algo así, es una sensación que no cambiaría por nada, pero saber que al mismo tiempo soy yo la persona que más daño le ha hecho en la vida, me sigue atormentando tanto o más que antes.
Ha terminado el funeral y llevo a Mérida a mi departamento. Paulette y Adrien también están con nosotros, hacen algún juego en la parte trasera del auto y puedo notar el gesto de desagrado que se dibuja en el rostro de Mérida cuando la risa de Paulette tala el silencio.
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Hace un par de horas que hemos llegado. Mérida está descansando y Paulette no deja de insistir en que debo decirle la verdad. Y como si fuera poco, Eleonor ha llegado de su viaje de negocios y se une a la emboscada. La dos insisten, pero sé que no es el momento
―Patrick ¿Qué tienes que decirme? ―Mérida ha salido de la habitación, al parecer ha estado escuchándonos.
No sé qué decirle. La abrazo mientras ella insiste en saber lo que ocurre
―Los dejaremos solos para que hablen ―Eleonor y Paulette se alejan y me imagino sus caras de satisfacción al saber que estoy acorralado.
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Mientras hablo, Mérida permanece callada. Hago pausas ocasionales esperando a que me diga algo, a que reaccione. Su mirada permanece fija en algún punto
―Por favor Mérida, dime algo ―Le supliqué,m temiendo lo que me podía decir
― ¡Joder Patrick! ¡¿Qqué quieres que te diga?! ―Se marchó.
Pero no se lo he dicho todo. No le he dicho que Adrien es su hijo.
―¿Contentas? ―les reprocho a Eleonor y a Paulette que han salido de la cocina después de que Mérida se fue hecha una furia.
―Patrick, ve tras ella
―Si claro, voy tras ella ¿y qué le digo? ¡Dejen de meterse en mi vida!
Voy al cuarto de Adrien. Está dibujando.
―¡Mira, papá! He dibujado a Tía Kathleen ―pone en mi mano una hoja de papel y vuelve su vista hacia su mesa de trabajo― ahora dibujaré a Paulette.
El dibujo en mis manos es bastante básico, pero retrata los rasgos básicos de Kathleen. Recordarla me hace doler el pecho y me lleva a un pasado no tan lejano que no me gusta recordar
Cuando me enteré de que Kathleen estaba desaparecida sentí la necesidad de venir a buscarla. Tomé el primer vuelo. Poco imaginaba lo que Eleonor me había estado ocultando. Cuando entré a la oficina y los ojos curiosos de Mérida me examinaron de pies a cabezas no comprendí lo que pasaba ¿qué hacía Mérida con mi madre? Y ¿por qué no se había abalanzado contra mí? ¿por qué no me había reprochado lo que le hice? Entonces lo comprendí
―No te recuerda ―dijo Eleonor en cuanto Mérida salió de la oficina
―y como es qué…
―Ha sido casualidad ―Eleonor me interrumpió― Ha postulado para el puesto de redactor y resulta que es buena. Cuando llegó no lo era tanto, pero me he encargado de pulirla.
―¿la has contratado y no me has dicho nada ¿por eso no querías que viniera?
―Por eso y porque cada que venías te follabas a una de mis empleadas ―no dije nada más.
Esa tarde la pasé pensando en ella, en lo divertida que me resultaba su torpeza, en sus mejillas enrojecidas y su mirada de enojo cuando me burlé de sus bragas. No me odiaba, podía acercarme a ella, podía comenzar de cero. Sonreía como idiota.
En un capricho del destino las casualidades seguían haciendo que mi camino se cruzara con el de Mérida. Tuve la oportunidad de estar con ella más pronto de lo que me había imaginado; cuando salí con Jacob, no tenía idea de que ella estaría ahí. Fue una coincidencia maravillosa
Esa noche todo fluyó de forma que pude haber estado con ella, lo deseaba con todas mis fuerzas, pero no cometería el mismo error. Tuve que rechazarla, la alejé de mí de inmediato, separé mis labios de los suyos y me costó más de lo que esperaba. Me fui a la cocina a prepararle café y cuando volví, ella roncaba. La llevé cargada hasta su habitación y me quedé en el sofá, quería estar al día siguiente; verla a los ojos y decirle que, aunque pude haberlo hecho no la toqué, que la respeté, como debe ser. Quería hacer que confiara en mí.
La mañana siguiente Mérida estaba desconsertada con mi presencia. Deseaba quedarme, pasar tiempo con ella, pero me pidió que me fuera. Ese día en la tarde recibí una llamada. Habían conseguido el cuerpo de una chica y se nos pedía ir a identificarlo.
Cuando retiraron la manta, Eleonor arrojó un gemido de horror. Si, era Kathleen, su piel estaba pálida y quebradiza, su cabello estaba húmedo, peinado hacia atrás. Apenas pudimos ver su rostro, pero bastó para comprobar que era ella.
Sostuve a Eleonor, no pudo mantener la compostura hasta que regresó la manta a su sitio.
Traté de convencerme de que era una joven muy parecida a ella. Quería pensar que era una chica con los mismos rasgos, traté de convencerme de que no era ella, no podía serlo.
―No podría decir si…
―Si es ella ―Eleonor me interrumpió. Ya había recobrado el aliento.
―¿Podrían ir ahora la estación para responder algunas preguntas? ―preguntó el detective que nos acompañaba
―Lo siento, pero mi madre está indispuesta
―Sí, iremos ―dijo Eleonor con total mesura. Volvía a ser ella, serena, comedida, con las emociones por completo controladas.
Siempre que recuerdo aquel momento un escalofrío me entra por la planta de los pies y recorre mi medula espinal.
Vuelvo al presente, un presente en el que Mérida no quiere volver a verme. En el que el dolor que me produce el recuerdo de Kathleen parece aumentar cada vez. Se supone que en algún momento deja de doler
Pasan tres días. He llamado a Mérida un montón de veces, pero no contesta, No sé de ella. Pero no tengo el valor de ir a buscarla. Cuando por fin recibo noticias suyas, no son buenas. Otra vez está en el hospital. Aunque muero de ganas, no voy a verla en el hospital. Amy me ha llamado un montón de veces y me he dedicado a ignorarla por completo.
“Por favor Patrick, necesito que vayas a ver a Mérida. Le han dado de alta y no puedo ir por ella. Johnny tampoco me contesta. ¿Podrías encargarte?”
No le contesto
“¡Vale! Creo que no puedes. Ya le he pedido el favor a Harley. El irá”
Sigo ignorando a Amy, o al menos eso intento.
―Papa ―dice Adrien. La voz le sale quebrada
―oui champion ―le contesto abriendo mis brazos para que venga a acurrucarse
―He soñado con mamá ―me contesta y se sienta en mi regazo.
―¿Qué has soñado?
―No la he visto, sabía que era mamá, pero no podía ver su cara. Ella me buscaba, pero al final moría ― hunde su carita en mi pecho
―¡Oh! No te preocupes campeón. Eso no pasará
―¿cómo puedes saber que no pasará?
Permanezco callado. No se cómo contestar a eso
―¿Quieres salir conmigo? ―le pregunto tratando de desviar el tema
―¿iremos a ver a mamá? ―pregunta achicando la mirada
―Puede ser ―le contesto imitando su gesto.
―Está bien. Iré a vestirme
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―Pero aquí no vive mamá ―dice Adrien en cuanto entramos en el edificio en donde vive Mérida.
―¿y eso como lo sabes?
―Acá vive tu amiga. Esa que te gusta ―Suelto una carcajada
―No, claro que no me gusta. Solo es mi amiga.
―Si es tu amiga, pero ella te gusta y tú le gustas
― Oh, ¿sí? ¿Y cómo puede usted, caballero, saber este tipo de cosas? ¿Cómo sabes que me gusta ―Adrien se encoge de hombros.
Mérida abre la puerta.
―¡Hola, Mérida! Hoy conoceré a mi mamá ―anuncia Adrien
Mérida me mira achicando la mirada
―¡Genial Adrien! A mí también me gustaría conocerla ―Mérida se ha inclinado un poco hacia Adrien, pero en cuanto termina de hablarle se para erguida y me mira expectante.
―Quería distraer un poco a Adrien y no sabía a dónde llevarlo.
Noto que Mérida se traga todo lo que quiere decirme solo porque Adrien está presente. Debe pensar que ha sido una jugada sucia; traer a Adrien para poder verla sin que ella pueda mandarme al demonio.
―Bien. Adrien, te presentaré a un amigo ―Mérida extiende su brazo hacia Adrien, él la toma de la mano y caminan juntos hacia el sofá. Yo los sigo― él es Harley dice Mérida y la rabia se apodera mí.
―Oh, veo que estás bien acompañada.
―Si, Harley es la mejor compañía que puedo tener ahora. Estoy completamente segura con él. Aunque me pusiera como una cuba no se atrevería a ponerme un dedo encima sin mi consentimiento ―Veo a Mérida y luego a Adrien, el ya se ha instalado a ver televisión junto con Harley. Le respondo a Mérida con algo que no esperaba.
―¡Oye, Adrien! ―Él no contesta―¡Adrien, ven aquí! ―insisto levantando la voz ―¿querías conocer a tu madre?
―¡Sí! ¿Nos vamos ya a ver a mamá? ―sus ojos brillan
―No, no hará falta irnos. Ella es tu madre. Mérida es tu mamá, Adrien.
Patrick se ha dejado llevar por la rabia y ha escogido la peor manera de contarle el resto de la verdad a Mérida.
―Hola Mérida ―el doctor Black me saluda en cuanto entro en la habitación ―¿cómo han estado?― Hemos estado mejor ―le contesto―¿Alguno quiere hablar hoy?―Anya. Anya siempre quiere hablarle, pero ya sabe cómo se pone―Pues escuchemos a Anya.La sesión con el doctor Blake transcurre con normalidad, he podido desahogarme respecto a la ansiedad que me ha causado el viaje que haré hoy. Anya se ha quejado de que no ha tenido sexo en mucho tiempo, habló de Harley otra vez y de cómo lo rechacé cuando se me declaró.―Quise que fuera solo sexo, pero siento que no puedo estar sin ti, Mérida. Dame una oportunidad, que tengas un hijo con Patrick no quiere decir que tengas que estar con él ―fueron las palabras de Harley. Pero yo fui tajante―Lo siento Harley, amo a Patrick y no sé si pueda amar a alguien más de esa fo
Regreso los álbumes a su lugar y cierro la casa. Harley permanece aún sentado en las escaleras que dan del porche hacia la salida.―Vamos ―le digo con autoridad y el se levanta enseguida.Harley ha estacionado su auto justo enfrente de mi casa. Espero a que el suba para que abra el seguro y subo en el asiento de adelante. He guardado la foto de Johnny en mi bolsillo.―Y ¿a dónde vamos?―A casa de Johnny―¿y eso dónde es?―tú conduce, yo te guío.Harley se limita aconducir sin hacer más preguntas. Por lo menos le advertí que me comportaría de forma extraña. En mi cabeza se gesta una discusión entre Sofía y Dante―¿Sabías de esto? ―le pregunta Sofía a Dante.―¿Cómo iba a saberlo? Esto es tan extraño para mí como para ti. Pensé que Johnny nos cuidaba
―Llévame a mi departamento por favor ―le digo a Patrick mientras me pongo el cinturón de seguridad. Él me mira confundido ―quiero estar sola, por favor― le lanzo una mirada un poco borde.No sé por qué me siento de esta forma. Solo quiero llegar a casa, dormir un poco y olvidarme de las personas por un buen rato.*******Estoy en mi departamento, sola, tal como quería. Pero estar sola no me ha hecho sentir mejor, al contrario. No puedo dormir, cambio de canal cada dos minutos y me muerdo las uñas sin parar. Me fulmino a mí misma con preguntas como ¿Por qué el arma que guardaba en mi departamento es de Johnny? ¿Se la he pedido yo? ¿Él me ha sugerido tenerla? Y si es así ¿con qué intención?―No ha hecho nada malo ―dice Dante mientras yo me planteo todas estas incógnitas―¿Quién?
Escucho pasos ingresando a la casa al trote. Abro los ojos y veo a cinco uniformados entrar. Apuntan sus armas hacia Olivia por un par de segundos. Ella todavía apunta el arma hacia el cadáver de Ryan, pero en cuanto nota la presencia de los oficiales, se asusta, tira el arma y se sienta en el piso. Llora con desespero.Una mujer del grupo de policías enfunda su arma y se acerca Olivia, se pone a su nivel arrodillándose frente a ella―Tranquila nena, todo estará bien ―le susurra y la abraza. Otro ofivial se acerca al arma tirada en el piso y la patea lejos de Olivia.Dos personas alejan a Patrick de mí y me revisan. Miro el cadáver de Ryan, no puedo dejar de verlo, hasta que apuntan a mis ojos una pequeña linterna.Ryan ha muerto y pensar en ello hace que me recorra un aire de satisfacción. No solo me alegra que Ryan esté muerto, también siento alivio por no hab
Camino por la vereda que da hacia una casa descuidada. No recuerdo haber estado aquí antes. Todos los recuerdos de Ryan que han venido a mi mente hasta ahora, ocurrieron en mi casa, donde se supone que debía estar segura.Me detengo frente a la casa sin saber qué hacer. Golpeo a la puerta y no sale nadie. Golpeo una vez más y en un par de minutos sale Ryan. Me observa con cara de satisfacción.―Creí que ya no vendrías más ¿Estás sola? ―recorre el panorama con su mirada y se detiene en el auto―Es mi auto, es nuevo ―le digo. Y con un ademán me indica que entre ―Cambié de opinión ―le digo estando dentro de la casa, fuerzo la voz para que se escuche grave, cómo la de Sofi.La idea principal era que Sofi se acercara a Ryan. Mi forma de actuar tal vez no se parezca a la de ella y eso podría causar suspicacia en Ryan. Pero Sofi está aterra
Salgo de mi departamento y al dar un par de pasos hacia las escaleras recuerdo que se me ha pasado por alto un pequeño detalle. No tengo auto. No tengo idea de dónde está mi auto. Camino de regreso a mi departamento. Lo último que recuerdo es haber estado en el departamento de Patrick, llegué ahí en mi auto nuevo. No tengo idea de cómo llegué casa de Ryan , solo sé que volví en el auto de Patrick . ¡Joder! “tomaré un taxi” pienso antes de poner la mano en la manilla de la puerta, me doy media vuelta y avanzo hacia las escaleras, me detengo frente a una puerta. No he querido detenerme, mi cuerpo se ha plantado ahí sin mi consentimiento.―Creemos que un auto prestado sería mejor que un taxi ―dice Anya. He sabido que es ella, su voz, es diferente a la de Dante y a la de Sofi; tiene una calma y despreocupación impregnada en cada una de sus palabras. Comp