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CAPÍTULO 28

Autor: Sasa Roand
last update Fecha de publicación: 2021-06-26 12:47:39

 ― ¡Jódete Ryan! Ya te dije que no lo haré otra vez ―la voz que sale de mí, no es mía, al menos eso me parece. Es femenina, de eso estoy segura, pero es algo grave. Ni siquiera sé por qué he contestado, no sé de qué habla este ser que parece haberme poseído.; no sé qué es eso que no haré otra vez, o lo que no hará otra vez.

Con movimientos involuntarios de mi cuerpo, abro la ventanilla del auto y arrojo el teléfono. Cruzo los brazos y me pellizco, con fuerza, siento una frustración que no es mía. Por un par de minutos no soy yo.

Patrick me mira horrorizado y en este momento, mis sentimientos por él, no son los de siempre; a una parte de mí le causa repulsión verlo tan cerca, pero no soy yo quien se siente así, yo quiero abrazarlo y olvidarme del mundo. No puedo hacerlo, no tengo control sobre mí, soy como una nube flotando en mi cabeza, intentando controlar una marioneta con las cuerdas rotas. Lucho por recuperar el control y logro hacerlo. Me recuesto en el pecho de Patrick, él me abraza con firmeza, de pronto la sensación de ser una ola impelida por el viento desaparece.

En poco tiempo llegamos, Johnny orilla el auto cerca del edificio en el que queda el departamento de Patrick, se baja y le hace señas para que él tome el volante. Patrick se aleja de mí y la ansiedad vuelve a aparecer. Johnny se despide asomado por la ventanilla haciendo un ademán. Yo solo le sonrío, me mira con lástima.

 Me voy calmando a medida que entramos en el estacionamiento, es un lugar conocido, ya he venido con Patrick a su departamento, ya hemos hecho el recorrido desde la casilla de seguridad en la entrada del estacionamiento hasta el interior de este. El auto se detiene en el lugar de siempre, cerca de la entrada que da hacia un pasillo corto, a la derecha están las escaleras y a la izquierda en ascensor. Temo al pensar en estar encerrada en esa pequeña caja de metal, es la primera vez que siento esta especie de claustrofobia, pero considerando que el departamento queda en el último de diez pisos, tomo la mano de Patrick y me aferro con fuerza.

 Miro mi reflejo en el espejo que cubre uno de los cuatro lados del ascensor, estoy del asco y me da un poco de vergüenza al ver que Patrick luce tan guapo y bien cuidado como siempre. Pienso en Paulette y en lo bien que se ven juntos. Siento ira al pensar en lo mucho que desencajo, mis manos empiezan a sudar frío, pero cuando la puerta del ascensor se desplaza y me deja ver el pasillo que conduce hacia el departamento de Patrick, me siento aliviada. Veré el rostro de Adrien, su sonrisa, seguro me atiborrará con un montón de  historias , me contará de los libros que ha leído, me preguntará por mi comida favorita, me relatará emocionado  los viajes fantásticos que ha hecho con Patrick. Un sentimiento agridulce atraviesa mi pecho al pensar que mi pequeño ha tenido una vida maravillosa, pero que yo no he formado parte de ella.  ¡Joder! Fui una estúpida al abandonarlo.

― Fue idea de Sofí, yo quería conservar al mocoso ―dice una de las voces respondiendo a mis pensamientos, la ignoro y pienso que si no lo hubiera abandonado no hubiera conocido a Patrick y mi mundo no estaría completo. Dejando a un lado la forma en que concebimos a Adrien, la idea de ser una familia me fascina. Aunque no sé si llegaré a perdonar a Patrick del todo por lo que me hizo

―¡Ah! ¡No! él no te ha violado

― ¡Joder! ya pueden dejarme en paz ―susurro y Patrick me ha escuchado, lo sé porque me ha visto de reojo por un instante, pero se hace el que no se ha fijado. Mis mejillas se ruborizan, estoy segura de ello porque las siento calentarse, aun así, cuando caigo en cuenta de lo que me ha dicho una de estas molestas voces, no puedo evitar responderle con una pregunta ―¿no lo ha hecho?

―No

Esperé que dijera  más, pero fue lo único que me dijo, un rotundo “no” sin una explicación. Esto me hace sentirme diferente respecto a Patrick, pero recapacito, una voz en mi cabeza me ha dicho que Patrick no me ha violado aunque todo indica que si lo ha hecho.  No solo escucho estas voces y converso con ellas, sino que además les hago caso. Necesito ayuda, estoy enloqueciendo.

Al atravesar la puerta la sala del departamento de Adrien se me hace enorme, en uno de los muebles modulares blancos está sentada Paulette, tiene  una laptop sobre sus piernas y ha quitado la vista df ela pantalla en cuanto hemos entrado y ha saludado con total normalidad. Adrien está recostado en la alfombra con un libro en manos y cuando me ve entrar le levanta de golpe y corre hacia mí y me abraza, es un momento refrescante.

Patrick se va  a la cocina y en un rato sale con un plato lleno de sándwiches, los ha hecho en un instante me da la sensación de que no quiere que pase tiempo con Adrien si no estoy bajo su supervisión. Aunque no hemos hablado en todo el camino, estoy segura de que sabe que estoy enloqueciendo, no sé cómo, pero lo sabe.

Después de ducharme acompaño a Adrien a la cama y le leo un cuento, esto bajo el escrutinio  de Patrick, por supuesto. Estoy sentada en una pequeña silla de madera al lado de la cama de Adrien y Patrick finge estar ordenando la habitación que ya está perfectamente ordenada. Quisiera quedarme durmiendo con Adrien,  pero es un niño grande, debo tratarlo como tal y sé que si yo me quedo Patrick también lo haría, y eso sería incómodo.

―Dormiré en el sofá ―le digo mientras me pongo de pie

― Oh no, no es necesario, yo dormiré en el sofá

― No te preocupes, la verdad me sentiría incomoda durmiendo en tu cama, no sé…― Antes de que pudiera dar más explicaciones Patrick me responde

― Está bien, puedes dormir donde prefieras.

Me recuesto en el sofá y ruego no escuchar las voces, en este momento no quiero escuchar a nadie. Parece que lo han entendido y han callado. Pero al cerrar los ojos la imagen que viene a mi mente es pero que las voces.

Una niña llora, es pequeña, tendrá la misma edad de Adrien, tal vez un par de años más, lleva un vestido amarillo con cuello y ruedos blancos, está sentada en el piso debajo de unas escaleras, su cara está hundida en sus rodillas y sus brazos rodean sus piernas como en un intento de sentirse resguardada. Me acerco a ella, trato de acariciar su cabeza, pero mi mano la atraviesa como si se tratara de un holograma. Se escuchan pasos, alguien baja las escaleras, siento mieo, me siento junto a la niña sentándome y adoptando la misma posición que ella, también lloro.

―¡Ya cállate! ―grita un hombre.

Levanto la mirada para comprobar de quien se trata, sí es él: Ryan, no está sólo, va con una chica, es una adolescente que nos mira con compasión a mí y a la pequeña, creo que puede salvarnos pero se marcha, sale corriendo entre sollozos

―No lo haré, no lo haré otra vez, a una niña no Ryan, por favor ―sus gritos se apagan mientras se aleja.

Al abrir los ojos no estoy junto a la pequeña, todo está oscuro, estoy en el vacío. Despierto y deambulo por el departamento. Le hecho un ojo a la biblioteca y nada de lo que hay en esta me interesa, veo un pequeño cuaderno rojo que sobresale entre varios libros, es una agenda con forro de cuero, la abro y compruebo que además de un par de listas, anotaciones y número de teléfono sus páginas están vacías. Abro un pequeño cajón de la biblioteca y consigo algunos lápices. Tomo uno y siento el impulso de escribir

“¿Quién soy?” escribo y sin saber cómo escribo una línea más

― Eres Mérida ¿Sabes quién soy yo? ―leo en la hoja lo que mi mano acaba de escribir como si otra persona lo hubiese hecho, incluso su caligrafía es diferente

―¿Quién eres? ― le pregunto

― Soy Dante

― Eres la persona que me habla

― Si

―¿y los demás?

― Son Sofi, Y Anya

―¿y los llantos?

― Es Coral, siempre está llorando

―¿Por qué llora?

― Recuerda cosas. Siempre ha guardado tus recuerdos para que no lleguen a ti, pero ahora, sabes lo que te ha pasado ¿qué harás?

―¿Qué debo hacer?

― Yo creo que debes dejarlo atrás, perdonar, sanar, seguir adelante

― Y los demás ¿qué creen que debería hacer?

― Sofi y Anya creen que deberíamos vengarnos. Coral, no lo comprende, pero quiere que ya no le pase a nadie. Y tú ¿Qué crees que deberías hacer?

Cierro el cuaderno y lo llevo conmigo a la habitación de Adrien, entro de puntillas, lo observo dormir un par de minutos. Al regresar a la habitación de Patrick busco mis cosas con sigilo y me voy.

********

Entro a mi departamento y me parece un lugar extraño, como si no hubiera estado aquí en años. Empiezo a rebuscar en todas partes, no sé con exactitud qué es lo busco, pero después de unos minutos lo consigo, es como si hubiese sabido en qué lugares buscar. Es un arma,  la tomo en las manos y me pregunto de qué tipo es y cómo si hubiese formulado la pregunta en voz alta, una de las voces me responde

―Es una Glock, diecinueve milímetros

―¿Eres Sofi o Anya? ―no me contesta.

 Me siento estúpida por tratar de entablar conversación con estas voces. Empiezo a reconsiderar las cosas, tal vez lo que estoy planeando hacer no es lo mejor. Es decir, le estoy haciendo caso a un par de voces que escucho en mi cabeza, debo tener algún tipo de trastorno mental, debo controlarme. Arrojo el arma en el sofá y me siento, todas las voces empiezan a hablar al mismo tiempo, están enojados, preocupados, asustados, llevo mis manos a mis oídos, presiono las palmas contra mis orejas con fuerza en un intento por callarlos, pero empeora, las escucho cada vez más fuerte. Voy por un abrigo, cojo el arma del sofá y la guardo en un bolsillo interno de la prenda que acabo de ponerme.

― ¡Hagámoslo! ―digo y las voces se callan. De algún modo siento que veo a cuatro siluetas frente a mí asintiendo con la cabeza.

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