INICIAR SESIÓNHace unos segundos estaba en el departamento de Patrick con Paulette y Adrien y sin saber cómo o por qué, ahora estoy en un auto con Patrick y Johnny. He escuchado a Patrick hablando con otra persona: hablaban de mí. Pero solo estamos él, Johnny y yo.
―No te preocupes, lo entenderás todo pronto ―susurró una voz varonil a mi izquierda; la misma voz con la que Patrick conversaba antes.
Busco con la mirada a la persona que me ha hablado, pero no hay nadie a mi lado. No es una voz desconocida, la he oído antes, en sueños, en esos sueños en los que estoy despierta. Pero tenía mucho tiempo que no oía estas voces, la sensación de estar siendo observada, vigilada y acosada que hace tiempo se había ido; vuelve de forma repentina.
Siento el impulso de responderle a la voz, pero recuerdo que no estoy sola y la ignoro como siempre he ignorado las voces. Johnny me mira a los ojos desde el asiento delantero, como si esperara mi reacción ante algo.
―¿Dónde está Adrien? ―es el primer pensamiento que exteriorizo
―Está bien, está con Paulette ―dice Johnny― Estamos yendo hacia allá ahora mismo.
Me asomo por la ventanilla de auto y reconozco el paisaje que recorremos
―¿Dónde estamos? ―eso no es lo que me estoy preguntando en realidad, no quiero saber dónde estamos, ya sé dónde estamos, lo que quiero saber es por qué estamos aquí, por qué regresamos del pueblo en el que crecí.
Con mi madre muerta no hay nada que me vincule a ese lugar, no hay motivo, no puedo pensar en una razón lógica por la cual haya venido a este lugar con Patrick y Johnny.
El hecho de que no recuerde como llegué aquí es algo que tampoco tiene explicación, pero es algo a lo que ya estoy acostumbrada, no es la primera vez que despierto en un lugar al que no recuerdo como llegué. Pero siempre que he tenido estos episodios, he estado sola o en la cama de desconocidos a los que les ha dado igual que los recordara o no, en esos momentos he salido huyendo sin mediar palabras, me las he arreglado para volver a casa y no le he mencionado nada a nadie. Pero despertar y ver a Patrick y Johnny y no saber cómo he llegado hasta aquí, me deja sin saber qué hacer.
―¿Te sientes bien? ―pregunta Johnny. Me intriga el hecho de que Patrick no me diga una palabra, tal vez es porque está concentrado en el camino.
―Sí, estoy bien ― le miento, no me siento bien.
―Con estos dos chicos lindos estamos más que bien ¡A que sí! ―otra voz, ahora a mi diestra, ni siquiera me molesto en mirar, sé que no hay nadie, sé que están en mi cabeza.
No soy ajena a estas voces, pero es la primera vez que las escucho de una forma tan nítida, es la primera vez que parecen venir de afuera y no de adentro de mí. Me siento tentada a contestarles, quiero averiguar de dónde vienen, quienes son, pero me contengo.
Cierro los ojos y trato de pensar en otra cosa que no sean las voces y las posibles explicaciones para estas, logro olvidar por un momento las voces, pero los pensamientos que me abarcan ahora son perturbadores.
―¡Mérida Sofía! ¡Discúlpate ahora mismo! ―la cara de mi madre aparece en mis pensamientos diciendo estas palabras, no logro ve su rostro de frente, lo veo muy alto, mirándome desde ariiba, como si ella fuese muy grande y yo muy pequeña, su ceño fruncido me aterra, como si fuera un gran monstruo, tengo la sensación de ser una niña pequeña y no mujer adulta.
―No te preocupes Beatriz, es una niña, es normal que invente cosas. Creo que está, ya sabes, celosa ―dice un chico detrás de mí, al voltear para ver de quien se trata, veo unos ojos viles que escanean mi cuerpo de forma perversa, un rostro con una sonrisa de satisfacción, es Ryan.
Miro mis brazos y están llenos de moretones. Abro los ojos, no sé si ha sido un sueño, una alucinación o un recuerdo, parece ser lo último, en todo el trayecto van llegando más y más y más, como si un velo cayera de repente de mi rostro y pudiera ver algo que ha estado frente a mí siempre. Mi madre no era la madre abnegada que yo creía, me golpeaba, me golpeaba hasta que dolía, dolía en el cuerpo y dolía en el alma y Ryan, Ryan era más que el novio joven de mi madre, era la persona que abusó de mí. ¿Por qué lo recuerdo todo ahora? ¿Por qué en ete momento? Trato de no llorar, pero no puedo, mi cuerpo se estremece en contra de mi voluntad y los gemidos salen ahogados, reprimidos. Johnny y Patrick no dicen nada, ni siquiera preguntan qué me ocurre, lo que me hace suponer que ellos lo saben.
―¿Qué es lo que hacemos aquí? ¿A qué hemos venido? ¿Por qué no recuerdo nada? ¡Joder! que alguien me explique qué demonios está pasando ―grito histérica, necesito saber que me pasa.
―Mérida, es difícil de explicar, no creo que sea el momento de…
― ¡Maldición, Mérida! ¿De verdad quieres saber qué haces aquí? ¿Crees que lo puedas soportar? ―Patrick habla por fin, pero no dice lo que yo esperaba, o al menos no usa el tono que yo esperaba, el tono al que estoy acostumbrada viniendo de él, un tono cálido, suave, gentil. Su actitud es más bien brusca con algo de sarcasmo, se le escucha sacado de sus casillos, harto de algo o de alguien, lo desconozco
―¡Patrick! ¡Basta! ―grita Johnny, su tono tampoco es el habitual, bueno, es la forma en la que le hablaría a Patrick, pero no lo percibo enojado sino preocupado, muy preocupado.
No insisto en recibir una explicación, comprendo que no es el momento, entiendo que Patrick quiere decirme qué ocurre, pero Johnny no quiere. No quiero causar una pelea entre ellos. Opto por quedarme callada y me sumo de nuevo en los recuerdos que mi mente sigue desbloqueando sin cesar.
La primera vez que le dije a mi madre lo que Ryan me hacía, me dio una paliza que me dejó los brazos y piernas moradas, me obligó a disculparme y cuando se creyó a solas con Ryan ambos se burlaron.
―¡Qué tierna! ¡está enamorada! ―dijo mi madre y soltó una risita
―Sí, seguro está celosa ―le contestó Ryan
Siempre había sido algo introvertida, pero después de aquello empecé a encapsularme de una forma exagerada. Temía que alguien pudiera enterarse de lo que Ryan me hacía, sabía que estaba mal y no temía que él fuese castigado por ello, lo que me causaba pavor era la reacción que podía tener mi madre si alguien se enteraba. Ahora puedo recordarlo todo, no me quedaba en casa porque me interesaban más los libros que la gente, me quedaba en casa porque me aterraba estar con la gente. Me pregunto en qué momento sepulté estas escenas de mi vida y empecé a ver a mi madre como lo que no era; una buena madre. Me hice una película en la que yo era la hija que se desapegó de su madre sin motivo aparente, la victimicé y la victima siempre fui yo.
Veo el camino en la ventanilla, los prados verdes se asemejan a un gran rollo de tela desplegándose a gran velocidad frente a mis ojos.
Empiezo a recordar cuando aparecieron las voces, lo perturbada que me sentía siempre, los cambios en mi estado de ánimo y lo mal que me iba en el colegio. Andaba siempre descaminada, desorientada y todos empezaron a verme de esa forma; esa mirada, la mirada de la gente cuando susurra a tus espaldas cuán rara eres, la mirada de incomprensión y al mismo tiempo de lástima. La mirada que solía ver en los rostros de todos.
No quiero que Patrick y Johnny me miren así, no quisiera parecer demente delante de ellos, no quiero que piensen que he perdido la razón, por lo que hago mi mayor esfuerzo por reprimir el llanto que está a punto de desbordarse de mis ojos. Es inútil.
Patrick se detiene en una estación de servicios. Aprovecho para ir al baño y al estar de pie soy consciente de que llevo puestos unos pantalones negros holgados, como de un estilo militar, con muchos bolsillos a los lados y una sudadera negra con capucha, no había visto antes ninguna de estas prendas.
Me miro al espejo y noto que el maquillaje se ha desparramado de mis ojos dejándome la cara manchada.
Lavo mi cara y al encontrarme nuevamente frente al espejo, no es mi reflejo lo que veo si no un rostro que no es el mío, es un hombre, de cabello rubio y ojos marrones, es bastante mayor que yo, por su apariencia calculo que debe llevarme al menos unas veinte o treinta años.
―Soy Dante― dice y un ruido entra en mi cabeza haciendo que el rostro en el espejo se difumine dejándome ahí frente a mí misma.
El ruido que me ha sacado de mi alucinación persiste y ahora es acompañado por un temblor que parece venir de mi pierna, busco en los bolsillos laterales que tiene el pantalón que llevo puesto. Es un teléfono, pero no es el mío, primera vez que lo veo. El número de la persona que llama está registrado entre los contactos: “Ryan”. No contesto. Resisto el impulso de tirar el teléfono a la b****a, lo pongo de vuelta en el bolsillo y vuelvo al auto, al subir, noto que es Johnny y no Patrick quien está sentado en el lugar del chofer. No digo nada, solo permanezco ahí sentada. He cerrado la puerta y esta vuelve a abrirse. Patrick se asoma, me muevo para hacerle espacio, él sube y se acomoda a mi lado, hay una distancia considerable entre nosotros, pero él la acorta, pasa su brazo por encima de mi hombro y me rodea con este. Me siento segura.
―Siento haberte hablado así ―me susurra al oído y me besa en la mejilla. Su tacto me estremece, me hace sentir de una forma inexplicable y no cambiaría este momento por nada.
Estar cerca de Patrick me hace sobrellevar mejor el resto del viaje, los recuerdos dejan de caer como piedras sobre mi cabeza, dejo el pasado atrás aunque sea por un momento, dejo de preguntarme el porqué del desorden en mi mente, de los rostros, de las voces, estar cerca de Patrick, sentir su cuerpo cerca del mío, su olor, su aliento me da paz. Pero la paz en mi interior dura poco; el teléfono que llevo en el bolsillo empieza a sonar otra vez, lo ignoro, pero Patrick me mira interrogativo, vuelvo sacar el teléfono de mi bolsillo, es él otra vez, es Ryan.
Patrick mira la pantalla y la expresión en sus ojos me dice que sabe muy bien quien es Ryan, tiene en el rostro una mezcla de sorpresa, de ira y de compasión, todo eso en su mirada. Sabe quién es Ryan, y de seguro sabe lo que me hizo ¿por qué sabe de Ryan? ¿Cómo lo sabe? Yo no se lo he dicho. Empiezo a temblar y el aire empieza a faltarme, la idea de pensar que alguien se ha enterado de lo que Ryan me devuelve a mi infancia, a las palizas. Las manos me sudan, empiezo a hiperventilar. Miro a Patrick y miro el teléfono en mi mano y de forma inconsciente contesto la llamada.
―Hola Mérida ―el doctor Black me saluda en cuanto entro en la habitación ―¿cómo han estado?― Hemos estado mejor ―le contesto―¿Alguno quiere hablar hoy?―Anya. Anya siempre quiere hablarle, pero ya sabe cómo se pone―Pues escuchemos a Anya.La sesión con el doctor Blake transcurre con normalidad, he podido desahogarme respecto a la ansiedad que me ha causado el viaje que haré hoy. Anya se ha quejado de que no ha tenido sexo en mucho tiempo, habló de Harley otra vez y de cómo lo rechacé cuando se me declaró.―Quise que fuera solo sexo, pero siento que no puedo estar sin ti, Mérida. Dame una oportunidad, que tengas un hijo con Patrick no quiere decir que tengas que estar con él ―fueron las palabras de Harley. Pero yo fui tajante―Lo siento Harley, amo a Patrick y no sé si pueda amar a alguien más de esa fo
Regreso los álbumes a su lugar y cierro la casa. Harley permanece aún sentado en las escaleras que dan del porche hacia la salida.―Vamos ―le digo con autoridad y el se levanta enseguida.Harley ha estacionado su auto justo enfrente de mi casa. Espero a que el suba para que abra el seguro y subo en el asiento de adelante. He guardado la foto de Johnny en mi bolsillo.―Y ¿a dónde vamos?―A casa de Johnny―¿y eso dónde es?―tú conduce, yo te guío.Harley se limita aconducir sin hacer más preguntas. Por lo menos le advertí que me comportaría de forma extraña. En mi cabeza se gesta una discusión entre Sofía y Dante―¿Sabías de esto? ―le pregunta Sofía a Dante.―¿Cómo iba a saberlo? Esto es tan extraño para mí como para ti. Pensé que Johnny nos cuidaba
―Llévame a mi departamento por favor ―le digo a Patrick mientras me pongo el cinturón de seguridad. Él me mira confundido ―quiero estar sola, por favor― le lanzo una mirada un poco borde.No sé por qué me siento de esta forma. Solo quiero llegar a casa, dormir un poco y olvidarme de las personas por un buen rato.*******Estoy en mi departamento, sola, tal como quería. Pero estar sola no me ha hecho sentir mejor, al contrario. No puedo dormir, cambio de canal cada dos minutos y me muerdo las uñas sin parar. Me fulmino a mí misma con preguntas como ¿Por qué el arma que guardaba en mi departamento es de Johnny? ¿Se la he pedido yo? ¿Él me ha sugerido tenerla? Y si es así ¿con qué intención?―No ha hecho nada malo ―dice Dante mientras yo me planteo todas estas incógnitas―¿Quién?
Escucho pasos ingresando a la casa al trote. Abro los ojos y veo a cinco uniformados entrar. Apuntan sus armas hacia Olivia por un par de segundos. Ella todavía apunta el arma hacia el cadáver de Ryan, pero en cuanto nota la presencia de los oficiales, se asusta, tira el arma y se sienta en el piso. Llora con desespero.Una mujer del grupo de policías enfunda su arma y se acerca Olivia, se pone a su nivel arrodillándose frente a ella―Tranquila nena, todo estará bien ―le susurra y la abraza. Otro ofivial se acerca al arma tirada en el piso y la patea lejos de Olivia.Dos personas alejan a Patrick de mí y me revisan. Miro el cadáver de Ryan, no puedo dejar de verlo, hasta que apuntan a mis ojos una pequeña linterna.Ryan ha muerto y pensar en ello hace que me recorra un aire de satisfacción. No solo me alegra que Ryan esté muerto, también siento alivio por no hab
Camino por la vereda que da hacia una casa descuidada. No recuerdo haber estado aquí antes. Todos los recuerdos de Ryan que han venido a mi mente hasta ahora, ocurrieron en mi casa, donde se supone que debía estar segura.Me detengo frente a la casa sin saber qué hacer. Golpeo a la puerta y no sale nadie. Golpeo una vez más y en un par de minutos sale Ryan. Me observa con cara de satisfacción.―Creí que ya no vendrías más ¿Estás sola? ―recorre el panorama con su mirada y se detiene en el auto―Es mi auto, es nuevo ―le digo. Y con un ademán me indica que entre ―Cambié de opinión ―le digo estando dentro de la casa, fuerzo la voz para que se escuche grave, cómo la de Sofi.La idea principal era que Sofi se acercara a Ryan. Mi forma de actuar tal vez no se parezca a la de ella y eso podría causar suspicacia en Ryan. Pero Sofi está aterra
Salgo de mi departamento y al dar un par de pasos hacia las escaleras recuerdo que se me ha pasado por alto un pequeño detalle. No tengo auto. No tengo idea de dónde está mi auto. Camino de regreso a mi departamento. Lo último que recuerdo es haber estado en el departamento de Patrick, llegué ahí en mi auto nuevo. No tengo idea de cómo llegué casa de Ryan , solo sé que volví en el auto de Patrick . ¡Joder! “tomaré un taxi” pienso antes de poner la mano en la manilla de la puerta, me doy media vuelta y avanzo hacia las escaleras, me detengo frente a una puerta. No he querido detenerme, mi cuerpo se ha plantado ahí sin mi consentimiento.―Creemos que un auto prestado sería mejor que un taxi ―dice Anya. He sabido que es ella, su voz, es diferente a la de Dante y a la de Sofi; tiene una calma y despreocupación impregnada en cada una de sus palabras. Comp