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Capítulo 6

Author: Hyacinth
POV: Riona

A la mañana siguiente, Lucian fue a verme a la cabaña del extremo oeste. Se detuvo en el umbral y no dio un solo paso para entrar.

—Voy a la frontera norte —me informó Lucian—. Estaré fuera unos días. —Vio los vendajes que me cubrían las manos, desvió la mirada y guardó silencio. Luego metió una mano en el abrigo, sacó un frasco pequeño y lo dejó en el suelo, junto a la puerta—. Lo preparó el sanador. Es el ungüento más fuerte que tenemos.

Me agaché para recogerlo.

—Gracias —respondí.

Lucian siguió en el umbral, como si esperara que dijera algo más. Quizá quería que le mostrara gratitud o que entendiera que llevarme aquella medicina significaba que se preocupaba por mí, aunque él mismo me había enviado a esa cabaña.

No le dije nada más.

Al final, se volteó y bajó por el sendero de grava. Lo observé hasta que desapareció entre los árboles. Después dejé el ungüento en el alféizar de la ventana, al lado de un viejo cuchillo de caza. Mi padre me lo había dado años atrás, antes de que yo llegara a Bloodmoon. Pasé el pulgar por el mango desgastado y guardé el cuchillo dentro del abrigo.

Al amanecer del día siguiente, ya corría un rumor por todo el asentamiento. Según decían, antes de que la Diosa Luna revelara que Lucian era mi compañero destinado, yo había tenido algo con un joven guerrero del norte. Algunos aseguraban que faltaban pocos días para que nos eligiéramos como compañeros. Otros juraban que yo conservaba una muñequera hecha a mano que él me había regalado y que me quedaba mirándola cada vez que Lucian se ausentaba.

Los detalles cambiaban con cada nueva versión, pero eso no importaba. Antes del mediodía, todos en Bloodmoon hablaban del lobo al que, según ellos, yo había amado antes de convertirme en la compañera destinada de su Alfa.

Seraphina me mandó llamar esa tarde.

—Tienes mucho descaro —me acusó en cuanto entré en el salón—. Lucian lleva fuera un solo día y todo el asentamiento habla de tu antiguo amante. ¿Tanta falta te hace tener un lobo a tu lado que ni siquiera pudiste esperar a que tu Alfa cruzara la frontera?

—Un rumor no prueba nada —respondí sin bajar la cabeza.

—¿Ah, no? —replicó Seraphina. Se acercó hasta quedar a unos pasos de mí y bajó la voz—. Hay quienes han visto la muñequera. Todos saben que no fue hecha en Bloodmoon. Cuando Lucian regrese, te obligaré a decir quién te la regaló.

—Lucian no me castigará —le aseguré.

Seraphina se echó a reír. Luego me agarró del cabello y tiró de él hasta obligarme a echar la cabeza hacia atrás.

—¿Por qué? ¿Porque diste a luz a sus cachorros? ¿De verdad crees que eso significa que le importas? —se burló sin soltarme el cabello—. Yo sangré a su lado cuando tú no hacías más que llenar diarios con su nombre. Recibí la espada de plata que iba dirigida a su corazón. Cuando te mira, solo ve un linaje que le conviene y un cuerpo capaz de darle herederos. Nada más.

Esperé a que terminara. Después sonreí.

—Jamás diría que lo mío puede compararse con lo que Lucian y tú vivieron juntos —respondí sin perder la calma—. Pero encontré algo interesante en los antiguos registros de sucesión. —Seraphina aflojó un poco los dedos y yo continué—. El abuelo de Lucian luchó junto a su Luna para conquistar este territorio. Cuando él resultó herido, ella mantuvo a la manada con vida durante todo un invierno. El vínculo de ambos se convirtió en una leyenda en el norte. Años después, él llevó a otra loba a vivir con él. Ella le dio dos cachorros y él registró a uno bajo el nombre de su Luna, justo como tú hiciste con los míos. —Seraphina entrecerró los ojos. Ya había entendido adónde quería llegar, pero no le di tiempo para interrumpirme—. Cuando el segundo cachorro reclamó el título de Alfa y se enfrentó al cachorro que la Luna había dado a luz, la manada casi se destruyó desde dentro. Los Ancianos desterraron a la otra loba, pero ni siquiera eso salvó el matrimonio del Alfa. Su Luna jamás lo perdonó. La historia suele repetirse. Hasta un amor de leyenda puede pudrirse cuando hay cachorros y una sucesión de por medio. —Seraphina palideció. Bajé los ojos hacia su vientre antes de rematar—. Y los dos cachorros de Lucian son míos. —Ella me soltó el cabello—. Tal vez Lucian decida visitar de vez en cuando a la madre de sus cachorros.

—¡Cállate! —gritó Seraphina. Todos los guardias voltearon hacia nosotras. Entonces me señaló y les ordenó—. Enciérrenla en la cabaña del extremo oeste. Claven tablas en la puerta y en todas las ventanas. No le den comida ni agua. Nadie irá a verla hasta que esté dispuesta a arrastrarse ante mí y suplicarme clemencia.

Dos guardias me sujetaron de los brazos y me arrastraron por el sendero de grava y la hierba seca. No opuse resistencia, ni siquiera cuando me arrojaron dentro de la cabaña y cerraron la puerta con tanta fuerza que la madera crujió.

Oí cómo colocaban una tranca por fuera. Luego comenzaron los martillazos. Los clavos atravesaron los marcos uno tras otro mientras cubrían la puerta y las ventanas con tablas. Cuando terminaron, era imposible abrir la puerta desde dentro y las ventanas habían quedado selladas.

Cayó la noche y el asentamiento quedó en silencio. A través de una rendija entre las tablas vi una figura oscura pasar detrás de la cabaña.

Un momento después, las llamas brotaron junto a la pared exterior.

El aceite prendió al instante y el fuego corrió por la madera seca hasta trepar por la pared. El calor me quemó la piel. En cuestión de segundos, el humo espeso se coló por las rendijas, me abrasó la garganta y me hizo llorar. Las llamas no tardaron en extenderse por el techo.

—¡Fuego! —gritó alguien afuera.

Más voces repitieron la alerta por todo el asentamiento y las alarmas de la manada comenzaron a sonar.

Sonreí entre las lágrimas que me provocaba el humo.

Los guardias corrieron hacia la zona oeste, pero, cuando llegaron, el techo ya se desplomaba. Nadie podía entrar.

***

POV: Tercera persona

A la mañana siguiente, Lucian revisaba los informes de las patrullas en el puesto avanzado del norte. Su Beta irrumpió en la habitación. Estaba blanco como el papel.

—Alfa, hubo un incendio en el asentamiento —informó el Beta. La voz se le quebró antes de continuar—. Riona está muerta.

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