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Capítulo 11. ¿Conquistar?

last update Data de publicação: 2022-12-25 07:59:38

  Ya se acercaba navidad y con ello las apuestas sobre quién sería el próximo socio mayoritario, Irina estaba segura de haber conquistado y envió con su secretaria una botella de whisky a John, al igual que al resto de los socios con igual rango.

   —Qué lástima que Irina Wells solo les envió regalos a los socios minoritarios, a los junior no nos da ni la hora —comentó Oliver.

   —Llévate la botella —inquirió John—, solo te pediré que te la lleves en la mano para que todos vean.

   —Me usas para molestar a tu prima —dijo Oliver fingiendo estar ofendido.

   —¿Quieres el whisky o no?

   —Claro que lo quiero, pero quería que te diera cuenta de que te soy leal aunque me utilices —contestó de forma teatral Oliver como siempre inmune a las mala cara que le hacía John.

   Anabella entró con unas carpetas en ese momento al despacho y se las pasó a John.

   —¿Quieres acompañarme esta noche Anabella? —preguntó Oliver—, mi magnánimo jefe me ha pasado su obsequio de odio.

   —Te enviaré a trabajar con Irina y me quedaré con su abogada a cargo, al menos ella tiene una cara bonita —lo amenazó John, Oliver siguió viendo a Anabella.

   —Lo siento Oliver, pero ya tengo planes —contestó Anabella y Oliver puso una mano en su corazón simulando tener una gran herida.

   John también sentía una herida, pero en su orgullo, definitivamente había entrado a una racha de mala suerte. No obtendría el ascenso y tampoco había llevado a la cama a Anabella, aunque sabía que estaba atraída por él, pero John no se rendía jamás, y por eso nunca había perdido en su vida, recordó que la suerte no existe y que uno solo labra su camino de éxitos.

   —Oliver, necesito que utilices tu encanto y encuentres alguna falla en los casos de Irina, si consigues un error que pueda implicar una demanda a Campbell Wells te aumentaré el sueldo y te ascenderé a socio minoritario.

   —Enseguida señor —Oliver retomó su seriedad y prácticamente corrió fuera de la oficina.

   —Eso no está bien —exclamó Anabella sin poder evitarlo.

   —¿Crees que Irina no me espía esperando un error para hundirme?, por eso no te quería como mi secretaria al principio, creí que eras una mujer descuidada y muy torpe y que me pondrías en riesgo.

   Anabella negó con la cabeza.

   —No me importa lo que haga Irina Wells, no soy tonta y sé que estoy en tu equipo y por consiguiente soy del bando enemigo para ella y ahora que ascenderá a socia mayoritaria será terrible contigo y tú aún más exigente con Oliver y conmigo…

   —Con más razón no deberías objetar sobre cómo lucho contra Irina, ella sabe como son las cosas, no es como que me pondrá fácil que la venza o que podré manipularla.

   —Pero es que ella no es solo una rival del trabajo, es tu familia.

   —No hay familia perfecta, y en la mía la rivalidad entre los Campbell y los Wells es legendaria, mis bisabuelos eran enemigos acérrimos, mis abuelos no se odiaron, pero apenas se toleraron a la cabeza de bufetes rivales, mi madre y mi tío son de la misma edad y estudiaron juntos, al graduarse fueron a trabajar a sus bufetes y fueron testigos como ambos bufetes se desplomaron, mi tío buscó a mi madre y le planteó sociedad, no amistad, solo ganancias para ambos.

   —Por eso tu manera de pensar, crees que es sano llevar tus relaciones de vida como tu madre y tu tío, que hicieron crecer una firma sin tenerse una pizca de aprecio.

   —No lo había visto así, pero pues Campbell Wells es un ejemplo de que cuando las metas son obtener beneficios y se debe hacer de la mano a otro lo importante para que funcione es tener reglas y seguir normas, ni siquiera es necesario que se aprecien para que funcione.

   —Me sorprende cómo fue posible que tus padres se enamoraran.

   —Ellos son una especie de Romeo y Julieta que sí lo lograron, pero claro, mi madre no era una tonta como Julieta y mi padre era valiente y no idiota como Romeo.

   Anabella se echó a reír.

   —Los Campbell y los Wells se hubieran destruido de no ser por el amor de tus padres.

   —No me sorprende que lo veas de manera romántica. Pero en realidad mi madre es la estratega más eficiente que conozco, se quedó con un Wells y desarmó al enemigo en cuanto lo conquistó.

   —¿Ella lo conquistó? —preguntó Anabella con ironía.

   —Sin duda es lo que ella dice, mi padre se jacta de haber conquistado a la mujer de acero utilizando la ligereza de una pluma; él siempre se ha mantenido al margen, es un hombre sensible, le gustan los niños y no quiso ser abogado ni formar parte de la tradición, pero los Wells celebran haber domado a la bestia con su integrante más débil.

   —Que locura —expresó Anabella sin poderlo creer y dio la vuelta para irse.

   —¿Es cierto que tienes una cita esta noche, o solo no quieres herir a Oliver?

   Anabella volteó a verlo sin mostrar ninguna emoción.

   —En la oficina no se tocan temas personales señor John.

   John sonrió y miró hacia abajo por haber sido escarmentado.

   —Digamos que mi parte luchadora está a flor de piel.

   —¿Qué quiere decir?, su interés en mí y su rivalidad tradicional con su prima no tienen nada que ver.

   Es muy parecido. Las aventuras son un campo de batalla. Y lo divertido es ver quien conquista a quién. Esa es la quinta lección, me estoy volviendo bueno en esto de dar clases, solo hace falta que comiences a practicarlas.

   Anabella no sabía si la actitud sobrada de John le gustaba o le irritaba, pero imitando su actitud por no dejarse avasallar le contestó.

   —Para una persona que no cree en el amor en las relaciones eso de conquistar no tiene sentido.

   John sonrió con malicia.

   —Si no tuvieras una cita podría explicártelo.

   —No me interesa, no quiero saber…

   Anabella le dio la espalda y se sentó en su escritorio fuera del despacho, trataba en verdad de no sonreír, se atrevió a ver a John y él la observaba con un amago de sonrisa, ella no pudo aguantar más y sonrió, pero desvió la mirada.

   Ya casi era la hora de salida cuando regresó Oliver y antes de que John escuchara lo que tenía que decir él le informó a Anabella que no podía irse aún.

   Anabella de inmediato le envió un mensaje a Viviana, con ella era la cita, habían quedado en verse en un bar para conversar un poco.

   Anabella sonrió al ver el sticker de una pareja teniendo sexo en la oficina. Ella borró el chat, a Viviana le encantaban esos stickers y Lizzie jugaba con su celular, en cuanto puso el celular en el escritorio vio que John la miraba intensamente, se veía molesto.

   —Anabella venga —escuchó por el intercomunicador.

   Anabella entró al despacho.

   —Necesito que en los archivos físicos me ubique este número de caso.

   Anabella se sorprendió con la hoja que le dio en las manos, ella tenía todos los casos antiguos de John bien archivados.

   —Señor si necesita un precedente lo busco en la computadora y se lo envió o lo fotocopio.

   —Señorita Anabella le hice una petición clara y concisa.

   —Pero esto es como buscar una aguja en un pajar.

   —Pues aquí parada no lo encontrará más rápido.

   Anabella tomó aire, John la miraba desafiante y Oliver los observó a ambos en silencio.

   Anabella dio la vuelta y fue para la sala de archivos, a esta hora ya el piso estaba vacío.

   Muy molesta por la petición absurda de su jefe empezó a buscar, el caso ni siquiera lo encontraba en donde ella archivó todo los casos de John, buscaba una segunda vez cuando escuchó.   

   —¿Por qué buscas entre mis casos?

   Anabella dio la vuelta y John estaba sin saco ni corbata, con las manos en las caderas, se veía de lo más apuesto con la camisa y pantalones que abrazaban su figura de manera perfecta. Anabella no se intimidó por su apostura, estaba molesta

   —Porque trabajo para usted —contestó Anabella y John se acercó.

   —Si te envíe a buscar viejos casos en el archivo físico es porque no es un caso mío, de lo contrario lo buscabas en la computadora utilizando nuestra contraseña.

   Anabella agrandó los ojos.

   —¿Va a buscar un caso de Irina Wells? —Anabella miró por si alguien hubiera escuchado, aunque están completamente solos.

   —¿Algún problema? —preguntó John.

   Anabella abrió la boca, la cerró, pero al final decidió hablar.

   —No me siento cómoda hurgando entre las cosas de Irina Wells, ella es una odiosa, pero su secretaria es buena conmigo y posiblemente usted causará que la despidan, porque Irina simplemente despedirá a su equipo por traidores.

   —Si despiden a la secretaria le doy buenas recomendaciones, pero es poco probable.

   —No te importa más nadie a parte de ti mismo, no te importa a quien arrastres en esta contienda infantil.

   Anabella iba a pasarle por un lado y John no se lo permitió levantando su brazo.

   —Deme permiso, no estoy obligada a hacer un trabajo que es ilegal.

   —No es ilegal, solo mal visto —musitó John y miró a Anabella como un depredador a su presa—. Esos archivos le pertenecen al bufete, aunque es difícil que lo encuentre sin la ayuda de la secretaria de Irina.

   —¿Por qué me envió entonces?

   —Quería probarte. Y necesito ver ese caso de igual forma.

   —Pues búsquelo usted.

   Anabella quiso pasar de nuevo, pero John no se movió, por el contrario con el otro brazo la encarceló contra el archivero.

   —¿De verdad no puedes acceder a cometer una travesura?

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