INICIAR SESIÓNAl día siguiente era sábado y ya era media mañana cuando las risas de Lizzie y ladridos de perros traviesos despertaron a Anabella.
Ella saltó de la cama y salió apenas cubriéndose con el sobretodo de la noche, Lizzie podía ponerse mal con este clima y los perros le podían dar alergias, ese era el miedo perenne de Anabella, sin embargo, salió de la casa vio a su madre riendo mientras veía a Lizzie jugar con la nieve y los enormes perros.
—Mamá, a Lizzie le puede caer mal...
—Déjala Anabella, está bien, respira correctamente, no ha estornudado, ella está mejorando gracias al doctor Wells.
Anabella sintió una enorme dicha y sonrió entre lágrimas, Lizzie tenía ropa bien abrigada, estaba bien y por primera vez en mucho tiempo sana. Los perros de Viviana amaban a Lizzie y aunque pareciera imposible la cuidaban, uno se mantenía junto a ella siempre para que ella se sujetara y no se cayera.
—Lizzie cuidado con esos mastodontes que tu tía Viviana llama perros.
—Mamá ¿qué haces con esa ropa?, ve a cambiarte para que juguemos.
Anabella se echó a reír.
—Ya regreso…
Feliz fue a darse un baño de agua caliente y se vistió con un pantalón y suéter, botas y chaqueta, tomó sus guantes y un par de repuestos para Lizzie por si acaso.
En cuanto salió de nuevo se fijó que había una camioneta con una llanta desinflada frente a la casa, antes no prestó atención pendiente de Lizzie.
—El ama de llaves me dijo que la camioneta es de un amigo de Viviana, que se quedó en la casa de huéspedes, por supuesto Viviana con él, ustedes dos me van a escuchar luego, parece que debo darles una charla —comentó Teresa amonestando.
Anabella mordió su labio inferior.
—Bueno mamá, Viviana es una mujer soltera, sola en esta enorme casa y tiene su manera de ser.
—Pero no puede andar recogiendo hombres así ¿y si consigue a un asesino serial?
—Mamá de nuevo estás viendo mucha televisión —respondió Anabella poniendo los ojos en blanco.
—No es como si él fuera a decir que es malo, hay que ser prevenida, precisamente porque es una mujer sola.
—Esa camioneta debe ser de un hombre muy apuesto que no es asesino serial, de hecho, es primo de mi jefe.
—Con los millonarios nunca se sabe —dijo Teresa con desconfianza.
Anabella iba a ir con Lizzie y Teresa volvió a hablar.
— ¿Es tu jefe con el que te quedaste en el auto anoche tanto rato?
—Estábamos conversando —se excusó Anabella.
— ¡Jummm! —Exclamó Teresa—, no solo eres divorciada Anabella, tienes una hija.
—Y ella es mi prioridad en la vida, mamá, estoy bien…
Anabella corrió hacia Lizzie para no seguir hablando con su madre, ella no vería bien a John ni que ella fuera soltera, sencillamente al ser millonario ya era suficiente para que no fuera de confianza.
Lizzie tomó un trineo y se sentó en un lugar plano, los perros bien entrenados las halaban por la nieve y la niña se estaba divirtiendo en grande y Anabella estaba feliz de escuchar su risa, Viviana se acercaba con Jeremy desde la casa de huéspedes y sonrió al ver a Lizzie.
Jeremy vio a la niña y no tuvo oportunidad de imaginar si era de Viviana, la niña le gritó.
—Tía Viviana mira lo que enseñé a hacer a Cronos, Hades y Zeus, me pasean en trineo.
—Mujer, es obvio que te encantan los perros ingleses. —murmuró Jeremy divertido.
Viviana se echó a reír.
—Es cierto, mis nenes son de raza pura mastín inglés.
—Tus nenes deben pesar como cien kilos cada uno.
Jeremy tuvo que quedarse muy quieto cuando los tres canes fueron en actitud protectora con su dueña y comenzaron a ladrarle.
—Vivi, ¿por qué no te gustan los gatitos?
— ¿Gatos?, ya soy una gatita, me gusta que me consientan y no consentir a nadie tesoro, así que me gustan enormes perros ingleses.
Viviana sonrió y Jeremy estaba contra la pared y los perros gruñen mostrando sus dientes delante de Viviana.
—Vivi, puedes hacer algo, no dejarán mucho de mí y la sangre es difícil de limpiar… —susurró Jeremy muy quieto
—Ya muchachos, es amigo, no pasa nada.
Los perros dieron muestra de afecto canino a Viviana e ignoraron a Jeremy.
—Sin duda puedes lograr que los dioses hagan lo que les pidas —murmuró Jeremy y Viviana le hizo un guiño.
—Ven, te invito el desayuno antes de llamar a una grúa.
—Llamé a mi primo para que me ayudara a cambiar la llanta.
— ¿No puedes tú solo? —preguntó Viviana con un puchero de lástima.
—Prefiero gastar mi energía en ti y hacer un favor a mi primo.
—Me gusta como piensas…
John jamás estuvo tan dispuesto a cambiar una llanta, de hecho, como excusa era terrible aun cuando era víspera de navidad.
Anabella vio el auto de John entrar y pararse detrás de la camioneta de Jeremy.
—Lizzie, ¿recuerdas a mi jefe? —le preguntó a la niña, ella volteó y la sonrisa se fue de su rostro
—No me agrada —sentenció Lizzie con los brazos cruzados.
—Lizzie, él ha sido muy amable, recuerdas que te regaló la casa de Barbie.
—Pero hoy tú no trabajas, ¿qué hace él aquí?
A Anabella casi le da un infarto cuando vio a John bajar de su automóvil vestido con ropa informal, jean y cazadora y gorro para el frío, levantó la mano al verla y ella le correspondió el saludo.
—Vamos a saludar, Lizzie.
La niña rodó los ojos, solo entendía que John había interrumpido su tiempo con su madre.
Anabella sonreía como niño con regalo de navidad, su hija estaba muy seria.
—Hola Lizzie ¿cómo estás? —preguntó John cariñoso.
—Me llamo Elizabeth —contestó la niña y Anabella se puso roja y puso sus dedos en el puente de la nariz.
—Lizzie, no hay necesidad de ser antipática…
—No te preocupes, no pasa nada —comentó John y Jeremy mordió sus labios para no reír.
El desayuno fue ameno, Viviana y Jeremy mantuvieron viva la conversación, Teresa comía en silencio.
— ¿Jeremy, eres inglés o pasaste mucho tiempo en Inglaterra? —preguntó Anabella.
—Soy inglés, la mayoría de los Campbell están allá, yo vine con mis tíos siendo adolescente y me enamoré de América, luego lo pasé de aquí para allá, incluso empecé a estudiar medicina aquí, pero entendí que no era lo mío.
—Anabella es médico —dijo Viviana.
—Bueno en realidad, obviamente no ejerzo, me falta terminar la especialidad.
—Admiro a los médicos, no quería ser abogado como es lo tradicional, y mi tío Henry lo hace ver como la mejor carrera del mundo.
—El doctor Wells es un gran ser humano y médico —aseguró Anabella sonriendo.
—El doctor Wells es mi médico, él me curó el asma —dijo Lizzie, feliz de poder aportar algo a la conversación.
—Ah sí, qué bueno que te curó y ¿que tenías? —le preguntó Jeremy.
—Asma…
—Ah claro, es la especialidad de mi tío Henry.
—Aún debes cuidarte —le dijo Anabella a su hija.
—Elizabeth, ¿qué le pediste a Santa? —preguntó John.
—Que mi papi regrese y un hermanito para jugar.
Anabella sintió que en su estómago se hizo un nudo —Lizzie la dejó sin voz, pero John no perdió el buen humor y mirando a la niña le dijo:
—Tú papá siempre será tu papá y seguro lo verás cuantas veces quieras durante toda la vida; un hermanito, bueno ellos tardan un poco en llegar, Santa no los puede traer en el trineo con los juguetes, se pueden lastimar, luego tardan unos años en poder jugar, ¿qué te parece si le pides a Santa otra cosa que él pueda traerte en el trineo?
La niña pensó y no le pareció mal la apreciación de John.
—¿Mami, puede ser un perrito? —preguntó Lizzie.
—No lo sé aún Lizzie, debo preguntarle al doctor Wells.
La niña volteó de nuevo hacia John.
—¿Señor, le puede preguntar a su papá el doctor Wells si puedo pedirle un perrito a Santa, la tía Viviana le enviará un mensaje de urgencia al Polo Norte para que sepa que estaré aquí en su casa?
—¿Qué te parece si te llevo con él?, sé que Santa está ahora en un centro comercial —la animó John sonriendo.
—Señor, el del centro comercial no es Santa, es su empleado —objetó la niña muy obvia.
—Bueno, pero el empleado puede decirle y así hablas con él y quizás veas algo más que te guste.
La niña elevó los hombros y vio a Anabella.
— ¿Mamá podemos ir con tu jefe al centro comercial?
Anabella miró a John.
—Si John quiere llevarnos —inquirió sin querer comprometerlo.
La niña puso su mano en la boca con los ojitos muy abiertos.
—Mamá, es tu jefe, no puedes llamarlo por su nombre —susurró la niña considerada creyendo que a Anabella se le salió.
—Elizabeth, ¿qué te parece si me llamas John y yo te llamo Lizzie? —preguntó John.
Lizzie lo miró un momento, como evaluando la situación y afirmó con la cabeza.
—Me parece bien, pero para que sea mi amigo tendrá que dejar de volver loca a mi mami.
Jeremy puso las manos en su boca para evitar reír y Viviana se rió a carcajadas.
—Les juro que parece hija mía —sentenció Viviana.
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







