LOGINDespués de ayudar a John a buscar regalos y que él les hiciera regalos a ellas regresaron a la casa de Viviana, Lizzie salió corriendo para enseñar las cosas que traía y se regresó lo andado hasta John que ahora estaba parado junto a Anabella.
—Gracias John —la niña abrazó sus piernas y él sonrió, no esperaba el afecto de la pequeña, él se puso de cuclillas para igualar su tamaño.
—Feliz navidad Lizzie.
—Feliz navidad John, ojalá se cumplan tus deseos.
— ¡Ahh!, muchas gracias, igualmente.
La niña le dio un besito en la mejilla y salió disparada llamando a Teresa a Viviana y al ama de llaves para que vieran sus obsequios.
—Escuchaste a Lizzie, ¿cómo haremos para que tenga mi obsequio de navidad? —preguntó John determinado.
—Yo te llamaré, me buscas y debes traerme antes de que Lizzie despierte a ver que trajo Santa.
John sonrió emocionado como un niño esperando su regalo de navidad.
La noche de víspera de navidad era la noche en que Lizzie se dormía más fácil, bajo la amenaza de que debía estar dormida para recibir obsequios, durmió muy feliz.
Teresa esperaba para hablar con Anabella y Viviana.
—Entiendo que están mayorcitas y que los hombres son muy guapos ambos, pero Anabella, ese hombre es tu jefe, tu trabajo te gusta y si esto sale mal perderás eso.
—Pero puedo ser optimista —murmuró Anabella y Viviana puso los ojos en blanco.
—Bella vete a dormir para que Santa te traiga regalos —le contestó Viviana y miró a la que es como su madre —. Teresa, agradezco tu preocupación y sé que lo haces con buenas intenciones, pero Jeremy solo es un tipo —expresó Viviana moviendo los hombros—, yo no soy optimista como Anabella, mucho menos quiero casarme, mi familia son ustedes, tener hijos, pues tengo a Lizzie a la que adoro sin tener que haberla parido y a mis perros, pero yo no puedo amar a un hombre, eso no lo permitiré, porqué ¡diablos! mi vida es perfecta para que la estropee con un macho.
Teresa suspiró.
—Si no fuera porque en cuanto una envejece empieza a sentir nostalgia por cariño diría que tienes razón Viviana —Teresa se levantó—. Anabella, cuida tu corazón y no repitas mis errores.
Teresa fue a la cocina.
—Me da cosa con mi mamá, pero me siento viva, me siento bien, quiero reír, quiero cantar —dijo Anabella efusiva.
—Eso está bien, lo que está mal es que tu actitud alegre lo condiciones a un hombre, puedes querer reír y sentirte viva sin él igualmente.
—Lo sé y créeme que estoy consciente que no es un hombre para echar raíces, pero hoy que compartí con él en algo más que lo que representa el trabajo me gustó tanto, no pude evitar desear haber conseguido a un hombre como él y no a Mark.
—Bueno hay millones de hombres como Mark y todos antes de comer del fruto prohibido hacen todo lo que la mujer dice, el problema es después.
Ambas se echaron a reír.
—Y tú con Jeremy, es un hombre vibrante, siempre está riendo.
—Y es maquiavélico, se parece a mí, siento que peleo por no ser vencida por mi versión masculina.
—Dios mío, escuché bien —se burló Anabella—, acabas de decir: “dejarme vencer”, el hombre te gusta.
Viviana puso los ojos en blanco.
—Me refiero a mantenerse arriba en el score, recuerdas lo que te dije, jugamos para ganar Anabella.
—La cosa es ¿hasta dónde puede una mujer ganar?
—Si te echan el lazo ganan ellos, eso de que las mujeres son las que aman el matrimonio y no al revés es una soberana pendejada, el casado le encanta no tener que esforzarse en la casa para tener toda la energía de esforzarse en la calle buscando perras, mientras las mujeres abnegadas en casa está: “que la comidita”, “que la ropita”, “que la llama del amor”. El matrimonio es la cárcel y peor castigo que pudo inventar la sociedad para someter a las mujeres.
—Mira y hablando de perras, Lizzie le quiso poner Laila a la cachorra.
Viviana se echó a reír.
Te he dicho que parece mi hija la enana...
John fue a casa de sus padres para cenar en víspera de navidad, para navidad como tal sus padres la pasaban solos disfrutando de tener la casa para ellos, la hermana de Jeremy, Jenna con sus dos hijos y esposo estaban presentes, por los Wells no había nadie.
John llegó de último y Jeremy lo esperaba para burlarse.
—Estabas buscando comida para perros —gritó y John lo miró con mala cara por indiscreto, John le había preguntado a su padre por la alergia de Lizzie a los perros, sus padres no eran tontos.
—Ya te acabaste la que tenía en casa, debía comprarte provisiones —le respondió John y saludó a todos con besos, su madre se le quedó viendo y él se hizo el desentendido.
—Ya dejaré de comer tu comida para perros, pronto me mudaré.
—Entonces tú tendrás que comprar por sacos.
Jeremy se echó a reír.
Después de comer, John estaba a cada instante viendo el reloj de pulsera y su teléfono.
—Esperas que salga la luna para transformarte —le comentó Jeremy y aulló simulando ser un lobo.
—Cállate imbécil, deja los chistes de perros que temprano le pregunté a mi papá si la niña de Anabella podía tener perro.
— ¿Qué hay de malo que le compres un cachorro a la pequeña?
—Sabes que mi mamá se pone en plan casamentero.
—Tienes razón, no diré más nada —Jeremy elevó las manos—, aunque te adelanto que la chica tiene cara de ángel, claro, lo más seguro es que sea más diablesa que Viviana, pero te ve con ojos tiernos.
—Ella sabe cómo son las cosas.
— ¿Estás seguro?
—Claro que sí, aunque te confieso que la mujer me gusta, nunca le había tenido tantas ganas a una mujer.
—Entonces feliz navidad hermano…
Anabella después de estar bien segura de que su madre se había dormido y Lizzie también, envió un mensaje a John, diciendo que podía buscarla, Viviana la acompañaba, pero se le cerraban los ojos.
—Viviana no son ni las diez de la noche, ¿desde cuándo la reina de la fiesta quiere dormir temprano?
—No he dormido —Viviana bostezó—, ese hombre no me dejó dormir, bueno ni yo a él; es que te digo que ambos somos combustibles y la mínima fricción nos enciende, tenía tiempo que no tenía a alguien así.
—Me dejas loca…
—Ay Bella, ojalá sea de familia y John tenga el aguante de su primo, te digo que es como un salvaje Highlander de novela erótica.
Anabella se echó a reír y después de reflexionar no resistió preguntar.
— ¿Crees que hago lo correcto?
—La verdad no lo sé, solo puedo decirte que tengas sentido común, hagas caso a tu instinto y si quieres después a un sicario lo contratamos, o si prefieres regresamos a la idea del gigoló.
—Ni loca…
Ambas se rieron y Viviana se fue a dormir, Anabella incapaz de irse a su habitación y arriesgarse a que el ama de llaves despierte a alguien caminando por los pasillos prefirió quedarse en el recibidor.
Cuando vio un auto acercarse Anabella abrió la puerta, pero no era John quien llegaba, era Mark.
— ¿Qué demonios haces aquí? —espetó Anabella de mala gana.
—La vecina chismosa me dijo que habías venido a pasar las fiestas con tu amiga Viviana, no me gusta esa mujer cerca de mi hija, ella es una mala influencia.
—Mala influencia tendría en tu casa, contigo que te dejas comprar y con tu mujer que es una desquiciada según tus propias palabras.
—Despierta a Lizzie, traje un regalo para ella y quiero verla.
—No Mark —dijo Anabella tajante.
— ¿Por qué?, es la segunda vez que te niegas a dejarme ver a mi hija.
—Mira nada más tu estado deplorable, has bebido, estás borracho y con la ropa arrugada.
—Te he dicho que vivo en el infierno, necesito ver a mi ángel —suplicó Mark afectado.
Anabella cerró los ojos, sentía lástima por Mark, pero debía pensar en su hija.
—Lizzie está durmiendo, este año le iba a explicar que Santa no es quién trae regalos, pero preferí esperar un año más debido a que ha sufrido con nuestra separación y el no verte.
—No sé si pueda venir mañana —murmuró Mark.
—Pero, ¡te das cuenta porque debo proteger a mi hija de ti! —exclamó Anabella haciendo lo posible por reclamarle en voz baja.
— ¡Quiero ver a mi hija! —Gritó Mark a todo pulmón— ¡Lizzie!, ¡Lizzie! ¡Llegó papá!...
—Cállate que estás en casa ajena, no busques problemas, no le quites la ilusión de la navidad a Lizzie también, ya tiene suficiente, ponle orden a tu vida y podrás visitarla a una hora decente.
—No puedo, ¿entiendes?, no puedo deshacerme del contrato que firmé para tener orden en mi vida, solo te necesito a ti —Mark abrazó a Anabella y ella estiraba el cuello haciendo lo posible por mantenerse separada de él y asqueada por el olor a alcohol que emana de él—, si estás conmigo luchando podré resistirlo, si me ayudas a que nuestra hija entienda que si no me ve es porque lo hago por ella y que regresaré por ustedes.
En ese momento Anabella vio el auto de John entrando a la propiedad.
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







