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Capítulo 27. Estímulo necesario

ผู้เขียน: Karina Peña De Goncalves
last update วันที่เผยแพร่: 2023-01-04 11:36:14

   John se quedó en su despacho sintiéndose como león enjaulado, por primera vez en la vida se siente tan frustrado con una mujer.

   —No solo es una malcriada, también se fue —dijo John a la nada, muy furioso—, pues se quedó sin trabajo.

   John se levantó de su asiento y se concentró en la vista a la Gran Manzana.

   «No debí permitir que las cosas evolucionaran como lo hicieron, pero es que la condenada mujer me volvía loco»

   John metió las manos en los bolsillos.

   —A quién engaño, aún me vuelve loco, pero lo mejor en definitiva para mi paz mental es que ella siga su vida en otra parte.

   John en su departamento conversaba con Jeremy.

   — ¿Qué te pasa?, este no es el John que conozco, ¿desde cuándo se te va una vieja?, déjala que se enfríe, que te extrañe y vuelves al ruedo.

   John se quedó callado un instante.

   —Me iré…

   —¿Qué? —preguntó Jeremy incrédulo.

    —Con ella debió ser cosa de una noche, cosa de sacarnos las ganas, porque no somos compatibles.

   —Lo veo y no lo creo —expresó Jeremy asombrado—, bueno yo siempre te advertí que este día llegaría.

   —No seas imbécil —le recriminó John—, la chica es una fuente de dramas, ¿qué es lo que pensaba?, claro que esto sería un desastre, ella es una irreverente e impulsiva, yo lo supe desde que me metió a su casa ordenándome no dar mi nombre —John negó con la cabeza—. Dios mío, pero es que mi perdición siempre ha sido la belleza latina y yo esperaba encontrar una mujer contemporánea con mi madre, alguien digno de las alabanzas de Margot Campbell, ya que se atrevió a contratarla sin consultarme, y entonces me consigo a una diosa de cabello negro llena de curvas en fina lencería francesa —John se echó a reír—. Mi error estuvo en no llevarla a la cama esa misma tarde… 

   —No tiene nada de malo que te hayas enamorado, nos pasa a todos, nos joden, abrimos los ojos y regresamos al principio.

   —Hasta que llega la chica con la que haces picnics —objetó John burlón.

   —Lo has entendido…

   John se quedó callado un instante.

   —Anabella es una mujer para hacer picnics, pero yo aún no estoy listo para eso.

   —Y ella aún no pasa esa etapa, quiere sus picnics.

   —Pues se lo dará el exesposo cuando se divorcié de Irina.

   —No tienes que irte solo porque te enamoraste.

   John se echó a reír.

   —Te concederé la razón, la chica me capturó con la guardia baja, me obsesionó su belleza, inteligencia, me cautivó a pesar de su mundo caótico, pero en definitiva volver a América no resultó como esperaba, Irina me pateó el trasero y Anabella me despreció, no le veo sentido a quedarme luchando —John suspiró—. Asumiré mi primera derrota, regresaré a Londres con el rabo entre las piernas…

   Anabella decidió presentarse en Campbell Wells y enfrentar a John, porque ella no era una cobarde, así que no llegó como siempre a las 7.00 AM; llegó cuando estuvo segura de que John estuviera, él estaba trabajando con Oliver y tenía varias carpetas sobre el escritorio, ella tocó ligeramente la puerta abierta.

   —Señor Campbell ¿Puedo hablar con usted?

   —Oliver lleva por favor todo esto a la oficina de mi madre.

   Oliver tomó dos cajas llenas de carpetas y sonrió a Anabella cuando le pasó por el lado, pero para nada era el vivaracho Oliver, se le veía taciturno.

   —Pase señorita Díaz —ordenó John con tono profesional.

   Anabella entró y se sentó frente a John.

   —Vine a presentar mi renuncia inmediata, llamé a Anaheim y…

   Anabella calló, lo que ella haría no era de la incumbencia de John.

   —¿Te aceptarán en Anaheim entonces? —Preguntó John en voz baja, Anabella afirmó con la cabeza—. Yo regresaré a la oficina de Londres, allí podré ascender el año que viene.

   Anabella se quedó sorprendida de la voz sosegada de John, casi parecían dos amigos.

   —Al menos tienes una idea de que hacer, de corazón te deseo suerte —contestó Anabella y se levantó del asiento, pero antes de dar la espalda pronunció con voz muy baja y quebrada—. Por favor perdóname las groserías que te dije, pues independientemente de lo que…Bueno de nuestra discusión, te agradezco mucho lo que hiciste por Lizzie, por ayudarme y en general por todo.

   —Yo también te deseo suerte Anabella —John también se levantó y le ofreció la mano a Anabella, ella la tomó y él le dio un apretón.

   Se soltaron y Anabella descubrió que le costaba mucho irse.

   — ¿Ya te irás? —preguntó y no sabe, porque John no tenía nada personal en la oficina, a parte del cuadro abstracto.

   —Sí, notifiqué a mi madre y está que muerde —John sonrió sin humor y metió las manos en sus bolsillos.

   —Por favor dile a tu mamá que le agradezco muchísimo por la oportunidad de darme el empleo aun cuando no tenía experiencia, es una mujer muy buena.

   John elevó los hombros.

   —No reveles el secreto —Anabella frunció el ceño—. Eso de que mi mamá es buena, ella es conocida como la mujer de acero, nadie sabe que es buena.

   Anabella sonrió.

   —Por favor, agradécele por la invitación a pasar la nochevieja, no podré ir.

   —¿Ya estarás en Anaheim?

   —Me iré en enero, lo pasaré con Viviana.

   —Claro…

   Anabella entendió que más no podía hacer allí, ya habían dicho todo lo que deberían haber dicho.

   —Bueno, adiós…

   —Adiós, Anabella…

   Anabella le sonrió y lo observó una última vez, como quien se despide de un lindo paisaje en vacaciones; su rostro serio y manos en los bolsillos, él también la observaba y su mirada expresaba mucho, pero su boca no se movió.

   «Jamás te olvidaré John Campbell»

   «En realidad no quiero que te vayas Anabella»

   Anabella dio la vuelta y en el momento que va saliendo un mensajero trae la correspondencia y se la ofrece.

   —Ya no trabajo aquí, entrégalas al abogado.

   —Bueno, pero ahí hay una que es para ti.

   Anabella se sorprendió.

   — ¿Por qué me llegaría una correspondencia aquí?

   Anabella terminó tomando todos los sobres y regresó al despacho de John, pero cuando se dio cuenta del membrete con la enorme palabra “NOTIFICACIÓN”, tuvo que sentarse de nuevo.

   — ¿Qué te ocurre Anabella?

   —Es una notificación, Mark pide la custodia completa de mi hija.

   Anabella abrió el sobre temblando, pues sabía que era eso, apenas pudo leer entre líneas y puso las manos en su rostro.

   —No puedo salir de la ciudad, debo comparecer y servicios sociales me visitarán.

   John se levantó de su asiento, se acercó a ella y le quitó la carta de las manos, leyó, arrugó la hoja y la lanzó como si fuera una pelota.

   —Espérame aquí, no te vayas…

   John caminó directo a la oficina de Irina, Melanie su secretaria, quiso impedir que John entrara.

   —La señorita Wells está ocupada…

   —A mí me recibirá.

   John entró e Irina ni se inmutó, aunque John estrelló la puerta de su despacho contra la pared.

   — ¡Ay!, que miedo me da tu demostración de macho vernáculo —se burló Irina.

   —Retira ahora mismo esa absurda demanda en contra de Anabella Díaz.

   Irina cruzó los brazos.

   —No…

   —Estúpida arpía, ya ganaste, ¿qué necesidad de amargar la existencia de una pequeñita inocente?

   —Ay, que ternura, John corazón de hielo Campbell derretido por la niñita asmática.

   John se acercó a Irina y la tomó del cuello y la levantó y estrelló contra la pared, Irina no perdió la sonrisa malévola.

   —Vaya primo, de haber sabido que eras tan apasionado y que te gustaba el juego rudo, hubiera sido más creativa contigo.

   John la soltó con asco e Irina se echó a reír a carcajadas.

   —Estás loca de remate si crees que algún juez le quitará a su madre su hija para dar la custodia a un monigote como tu prometido.

   —Exacto John, mi pasatiempo es coleccionar monigotes, tú y yo no somos nada diferentes, ambos somos Wells y somos capaces de todo con tal de ganar.

   — ¡Yo no soy bajo como tú Irina!

   — ¿Qué no? —Irina caminó a su escritorio y sacó de debajo de unas carpetas una tarjeta de presentación y se la arrojó a John, él por inercia la atrapó en el aire, era suya; una tarjeta de presentación del abogado John Campbell—. Te dije que conmigo no jugaba nadie, me acusas de jugar sucio, pero tú lo hiciste primero.

   —No entiendo…

   Irina alzó la mano.

   —Ahórratelo, no me des excusas que no es tu estilo, atacaste, pero una vez más el tiro te sale por la culata, porque yo me preparé para esto al contrario de ti que vas solo improvisando sobre la marcha.

   —Esto no quiere decir nada, te he dicho que me voy, que ya ganaste.

   —No, tú planeaste todo esto, contrataste como tu secretaria a la ex del imbécil de Mark, una mujer que ni es secretaria, pero como sacada de un sombrero de mago aparece, luego vuelve loco a Mark y tú muy oportunamente apareces para ofrecerle dinero a cambio de que huya…

   —Yo no sabía…

—No me veas la cara de imbécil, te advertí que arruinaría a Anabella e igual ofreciste dinero para comprar a Mark, le dejaste tu tarjeta en el bolsillo, tú eres el culpable que la pequeña asmática viva en mi casa y lejos de su mami porque le echaré tanta m****a a Anabella que tendrá mucha suerte si no la envían a prisión.

   —Pues más te vale que lo hagas muy bien, porque te enfrentarás a mí y en el momento que deje en evidencia tu ensañamiento perderás la licencia y sin eso no ascenderás.

   —Oh, sí lo haré, haré que te largues a la sucursal de Inglaterra con mi tacón metido en tu trasero.

   —Sabes qué es lo mejor de todo, que ya me había rendido, Anabella renunciaba y yo regresaba a Londres, pero tú me has dado el estímulo necesario para quedarme y no me detendré hasta vencerte. Nos vemos en juicio prima… 

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