INICIAR SESIÓNJohn salió de la oficina de Irina de la misma manera que llegó, Melanie que aunque no hubiera querido escuchar no pudo dejar de hacerlo, pues la discusión de los primos Wells era muy evidente, entró al despacho de su jefa.
—Irina ¿qué es lo que has hecho? —cuestionó Melanie, cerrando la puerta del despacho.
Irina fue a su escritorio y se sentó como si nada hubiera pasado.
—Sigamos trabajando.
— ¿Por qué te ensañas con Anabella?
Irina miró a Melanie con rabia.
—Te estás pasando de la raya —advirtió.
— ¡Tú te pasaste de la raya! —Le recriminó Melanie mostrándose molesta y es algo que Irina no ve nunca en su leal secretaria y amante—. ¿Hasta dónde llegará esta absurda contienda con John Campbell?
— ¡Hasta dónde tenga que llegar! —Irina dio una palmada al escritorio y luego pasó su cabello detrás de la oreja y respiró profundo—. John es un maestro en obtener lo que quiere a último momento, él no se prepara como yo…
—Ese hombre llega antes que el conserje cada día, trabaja arduo, también se merece el ascenso…
— ¿Qué es lo que quieres Melanie? ¿Quieres ir a trabajar con él? —inquirió Irina con las cejas arqueadas.
—Sabes que no te traicionaría —musitó Melanie.
— ¡Entonces apóyame!
— ¡Quitarle una niña a su madre! ¿Te has vuelto loca?, el karma se devuelve, Irina, si algún día somos madres…
—Para que tú y yo podamos cumplir nuestros sueños primero debo vencer a John ¿Entiendes Melanie? —Irina se quedó observándola retando a que discutiera—. Solo como socia mayoritaria obtendré el respeto de mi padre y eventualmente haremos nuestra relación pública, tú aceptaste esperarme.
—Yo te amo Irina, pero no puedo consentir que mientas y dañes para alcanzar tus metas, prefiero que nos vayamos —tembló Melanie al decirlo, luego más decidida propuso—: podemos ir a la sucursal de Londres, estaríamos lejos de todos.
— ¿Y regalarle la victoria a John? —preguntó Irina con ironía.
— ¿Qué te puede importar John?, debería importarte yo.
—Pues eres tú la única que está dudando, ¿eso es todo lo que me amas?, exiges cuando se pone difícil en vez de apoyarme —Irina negó con la cabeza—, estoy harta de exigencias, quiero comprensión, sal ahora de mi oficina antes de que digamos cosas de las que nos arrepentiremos.
Melanie bajó la cabeza y fue a su escritorio dejando la puerta del despacho abierta, dándole una nueva oportunidad a Irina.
En cuanto John regresó a su despacho no encontró a Anabella, revisó en el piso y luego con el personal de seguridad de la puerta, ella se había ido.
Anabella fue a la casa de los padres de Mark, ya que no le contestaba llamadas ni mensajes.
La recibió Jack Nixon, el padre de Mark.
—Exijo que me diga dónde encontrar al rufián de su hijo —Exclamó Anabella de entrada sin siquiera saludar.
— ¿Acaso te parece que yo soy un criado?, mi hijo vive con su novia y futura esposa Irina Wells.
— ¿Cree que echándome en cara que Mark se casará con esa bruja me hace sentir mal?, yo vengo a exigirle que me explique qué demonios es esta burla.
Anabella blandió la notificación.
—No tengo idea de que puede ser eso —alegó el hombre y se le notaba el enojo.
—Mark quiere quitarme a mi hija…
—Pues me alegro, la hija de Mark debe crecer con nosotros con quién tiene una oportunidad y si fueras buena madre lo permitirías.
—No me interesa hablar con usted, quiero hablar con Mark —vociferó Anabella y ya está harta y muy furiosa.
—Lárgate de aquí o te soltaré los perros.
Anabella salió del despacho de Jack Nixon y se encontró a Mark entrando a la casa.
—Anabella ¿Qué haces aquí? —indagó Mark al verla tan afectada y bufando de rabia—, ¿Lizzie está bien?
— ¿Por qué me haces esto, Mark? —Cuestionó Anabella sintiéndose rota y decepcionada—, ¿por qué tu ensañamiento conmigo? ¡¿Qué te hice para que me odies tanto?!
— ¡Schhh! —Mark la tomó del brazo y la llevó con él fuera de la mansión y le abrió la puerta de su vehículo para que salieran de la casa—. Por favor acompáñame, te explicaré —rogó Mark.
Anabella subió al vehículo y al salir de la propiedad de inmediato dijo:
—No te permitiré que me quites a mi hija, Mark.
—Yo no quiero quitarte a Lizzie, Anabella, no fue mi idea, Irina es vengativa y mi padre la apoya; te he dicho que quiero que ambas estén conmigo, pero ahora mismo no se puede.
—Nosotras estábamos contigo, éramos una familia —tronó Anabella—, estoy cansada de tus excusas y la megalomanía de tu padre la cual siempre justificas en vez de enfrentarlo; arruinaste mi vida y no permitiré que se lo hagas a Lizzie.
—Todo esto se ha complicado por tu culpa y la del tipo ese que sale contigo.
— ¿De qué hablas? —Indagó Anabella—. Yo no salgo con nadie.
— ¿Ah no?, y el primo de Irina es solo tu jefe —espetó Mark irónico—, fuiste a caer con otro Wells, esto es la peor mala suerte para ambos.
—No metas a los Wells en esto, si tú no quieres demandarme no lo hagas, no hagas pasar a Lizzie por esto, ella ya tiene suficiente.
Mark paró en el estacionamiento de un centro comercial con el auto frente a un árbol y de espalda a la dirección de los transeúntes.
—Tú tienes en tu poder el poder de acabar con toda esta pesadilla —musitó Mark y se acercó a ella poniendo una mano en su rodilla y la otra en el espaldar de Anabella, ella sentía como él con la punta de los dedos acariciaba su cabello—. Quizás pueda convencer a Irina, pero hazme feliz antes.
Anabella le dio una bofetada.
— ¡Cochino, animal rastrero! —Gritó Anabella—, es tu hija y pretendes usarla como mercancía, como moneda de cambio…
—Si yo fuera el único hombre en tu vida y me amaras no te importaría hacer lo que sea y utilizar a quienes nos rodean para poder ser felices después.
—Eres un mal ejemplo para mi pobre niña; lamentablemente fui tan tonta para darle un padre como tú.
—Tú no me la diste, ella es carne de mi carne.
— ¡Lizzie es mía! —decretó Anabella—, es a mí a quien me cuesta, soy yo la persona en quien confía, soy yo quien la cuida, quién la educa y ella será una mujer de bien, pero conmigo, contigo solo verá lo parasito que eres.
— ¿Crees que me enorgullezco de todas las equivocaciones que cometí en la vida? —Inquirió Mark—. Me enamoré perdidamente de ti apenas te conocí Anabella, pero ambos sabíamos que mi padre no nos daría su bendición y tener a Lizzie no solucionó el problema como pensé...
—Patán imbécil, cuando te casaste conmigo y me pediste tener un hijo yo era tan ilusa que pensaba que era la enormidad de tu amor por mí. Fue tu absurda idea pensar que porque me embaracé tu padre olvidaría que yo no era la mujer que él planeó para ti; no me arrepiento de Lizzie, ella es mi vida entera, para ti solo un error no calculado y no la tendrá tu familia ni un segundo.
Anabella bajó del vehículo y dio un portazo, Mark bajó y la persiguió.
—Entiende por una vez y escúchame por un instante sobre tu propia voz mujer terca —gritó Mark sin importarle que mucha gente volteó a verlos, Anabella cruzó los brazos y él se acercó a ella.
—En cuanto pueda liberarme de Irina tomaré a la niña y te buscaré, mientras tanto puedes estudiar, mis padres estarán feliz de cuidar a Lizzie y nada le faltará, solo es cuestión de unos tres años máximo.
— ¡Tres años! —Chilló Anabella—, ni un día, ¿me has entendido?
La gente del estacionamiento volteaba a verlo discutir ya que el centro comercial está abarrotado de personas entrando y saliendo, Mark le hizo señas que hiciera silencio, Anabella le dio la espalda y caminó, pero él exclamó a su espalda:
—Elizabeth también es mi hija, sus abuelos tienen derecho a tener tres años de toda su existencia, bien sabes que mi hermana no está cerca de darles un nieto.
Anabella volteó y lo enfrentó furiosa.
—No lo sé, ni me interesa, porque primero muerta antes de darte a mi hija —Anabella sintió una furia como jamás sintió, era una leona defendiendo a su cría—. No…, no me muero, ¡antes de permitir que mi hija sufra, te mato!
A Anabella poco le importó que muchas personas los vieran y que incluso un jovencito los filmaba con su teléfono. Ella se fue de allí a su departamento y empezó a recoger ropa en una valija para ella y para Lizzie, en su mente gestaba un plan.
Ella jamás quiso nada de Emiliano Díaz, pero él había regresado y se había ofrecido, segura estaba de qué él tenía los medios para irse en un avión privado a Venezuela, ella podría optar a la nacionalidad por su padre y como Mark no conocía a Emiliano ni sabía de su nexo con él no tendría ni idea de dónde buscar.
Anabella escuchó el timbre y se asustó, tiró la valija en la cama y se miró en el espejo tratando de verse presentable antes de abrir.
— ¿Quién es? —preguntó temerosa, pues no llamaron por el intercomunicador.
—Es John, Anabella; abre la puerta…
Anabella abrió la puerta y lo dejó entrar.
— ¿En dónde te metiste?, te dije que me esperaras.
—No es tu problema John, yo tengo que solucionar mis problemas.
—Tienes razón —corroboró John abriendo las palmas—, sin duda solo eres un incordio que ha traído drama a mi vida —Anabella extendió el brazo hacia la puerta y John tomó su mano—. No me mandes al carajo, no puedo irme, tenerte en mi vida se ha vuelto una absurda necesidad.
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







