Beranda / Romance / Lecciones para ser una amante / Capítulo 33. La sexta lección

Share

Capítulo 33. La sexta lección

last update Tanggal publikasi: 2023-01-09 10:52:59

   John la miró de manera reprobatoria y ella se sonrojó.

   —Bueno John, qué puedo decirte, pierdo la paciencia en cuanto veo la injusticia y me vuelvo un poco tosca.

   —Sí, ya me he dado cuenta —comentó John siendo sarcástico.

   — ¿Y qué hay de ti?

   John río y negó con la cabeza.

   —Nada tan dramático, soy un frío como mis antepasados ingleses.

   Anabella le dio un empujoncito con su cuerpo ya que ambos están con las manos ocupadas.

   —Algo debe haber, ¿alguna novia que amaras demasiado y te hizo cínico?

   —Para nada, tuve un par de novias mientras estuve en la universidad y una en Londres.

   —La de Londres, ¿fue algo serio?

   —Más o menos, bueno, su padre era sucio director, así que tuvimos una relación que se vio como un noviazgo, pero ambos sabíamos que no podía ser tan serio, ella también es abogada y para ambos nuestras carreras era más importante que nada.

   — ¿Estás seguro de eso?, quizás solo te decía eso por orgullo.

   —Éramos rivales la mayor parte del tiempo, no lo creo; algo como con Irina, pero con desnudos y lujuria.

   Anabella abrió mucho los ojos.

   —Caramba, tenían un enfrentamiento y luego se arrancaban la ropa; debió ser muy excitante.

   John elevó los hombros restando importancia.

   — ¿Cuántos años tienes? —preguntó Anabella.

   —32 años…

   — ¡Y nunca te has enamorado! —exclamó sorprendida.

   —No desde mi maestra de tercer grado, y bueno, tú me traes desquiciado, aunque siempre andas de enojona —comentó John con ironía.

   —Por favor, tú no me has visto enojada, de hecho tú llegaste a mi vida y lo has revuelto todo.

   — ¡Perdón! —John puso el paño de secar extendido correctamente en la encimera ya que habían terminado—; qué yo te he revuelto tu mundo, ya tu mundo está revuelto, ya quisiera yo mover tu mundo y no me dejas…

   —Tú has revuelto mi mundo, eres para mí muchas cosas, aunque deberías ser solo mi jefe, te has vuelto mi salvador, mi amigo… —Anabella abrió la boca para seguir hablando, pero desvió la mirada, tomó el paño y se secó las manos y volvió a tender.

   — ¿Qué más Anabella?, ¿qué más soy para ti?

   Anabella lo observó y sonrió con esa picardía que a John lo vuelve loco.

   —Una tentación, pero eso ya lo sa…

   John no le permitió completar la frase, la tomó de la estrecha cintura y la besó con pasión.

    Anabella deseaba perderse en esa nube erótica que nubla sus sentidos, y opaca sus miedos.

   —Cómo te atreves a decirme que yo desordené tu mundo caótico, cuando eres tú quien me trae como un mendigo —exigió John con falta de aliento como si corriera un maratón, incluso con rabia interrumpiendo un beso y de inmediato tomando sus labios de nuevo.

   Anabella gimió cuando las manos de él apretaron su trasero, John la pegó a su cuerpo y ella sintió la dureza de su hombría contra su abdomen y se sintió viva, saberse deseada era el mejor afrodisiaco para ella que tantos complejos tenía por culpa de Mark.

   —Cuando me tocas me desquicias John, lo sabes y lo disfrutas.

   —Sufro como un condenado en tu desierto muerto de sed, libérame ya de este calvario Anabella, olvida tu mundo caótico, atrévete a hacerlo.

   —Ya no sé de qué soy capaz, solo el deseo por ti me gobierna y eso me aterra.

   John la escuchaba sin dejar de besarla, sentía el timbre de su voz ascender cuando besaba su garganta y la respiración agitada de ella y la rojez de su rostro le permiten saber que está más allá de la razón, ahora es su anhelado momento, es ahora cuando gobierna el deseo, sabe que por fin podrá tenerla.

   —Anabella, estoy tan perdido como tú, jamás sentí esta necesidad antes —John diría en este momento cualquier cosa, sentía todo lo que expresaba, pero un estratega como él no era de lo que revelaba su interés, pero su cerebro está licuado, su deseo por ella es más grande que su estrategia.

   Pero como si Anabella lo supiera y a propósito quisiera jugar se separó de él, aunque con renuencia pero determinada y lo observó, John miró sus ojos de obsidiana y sus labios hinchados por sus besos.

   — ¿Qué pasará cuando te canses de mí?

   —No lo sé —contestó John elevando los hombros—, quieres garantías y te ofendes cuando te las doy.

   —Toda mi vida he sentido el peso de mis errores sobre mis hombros John, porque aunque no me arrepiento hubiera querido hacer las cosas diferente a como las hice, porque si ahora estoy divorciada quiero pensar que soy más madura y que ya he sufrido para ir directo a donde vuelvan a lastimarme, porque esta vez no estoy sola, tengo una niña conmigo.

   —Maldición Anabella, ¿por qué crees que arrancando de mí una declaración serás más feliz? —inquirió John necesitado y muy irritado, porque ella no termina de rendirse a él.

   —Porque quiero poder ver a mi hija el día de mañana cuando recuerde a su amigo John y entienda que era más que mi amigo y decirle que me enamoré, pero que ese hombre era mi novio, que lo intenté y que no funcionó, o voltear y encontrarte a mi lado.

   John dio dos pasos atrás.

   — ¿Acaso escuché bien? —inquirió John.

   — No entiendo —contestó Anabella evasiva, pues sabía exactamente lo que acababa de decir, así era ella, cien por ciento sincera.

   —Has dicho que te enamoraste —acotó John incrédulo—; Anabella mírame y con sinceridad dime ¿estás enamorada de mí?

   —No te amo, esa es otra cosa más profunda, pero si tengo un enamoramiento contigo, pienso en ti a cada instante, sueño contigo, te deseo con un hambre loca y tú también lo sientes, solo que si te acuestas conmigo habrá pasado la novedad y comenzaré a parecerte molesta, mientras que yo me encapricharé más y empezaré a soñar futuros contigo.

   — ¿Anabella Díaz, me acabas de mostrar tu jugada o estás blufeando? —indagó John que no podía creer que una chica tan inteligente como ella fuera tan noble.

   —Para ti todo es un juego, pero esto no es póquer —espetó Anabella convencida y John decidió ver que había detrás de la actitud de ella.

   —Qué tal si lo es, toma esto que tenemos y volvámoslo un juego.

   Anabella recordó la primera de las lecciones que le dio Viviana y sexta lección que practicar:  

   «Debes complacer, pero cuidado, aquí se juega para ganar»

   —Volvemos al principio, ¿qué gano yo? —inquirió Anabella cruzando los brazos para que él no lo distraiga abrazándola.

   —Ni idea de que quieres de mí —contestó John riendo—, porque en cuanto quise ser generoso dando cosas para que estuvieras cómoda me insultaste.

   — ¿Qué pasa si te digo que para tenerme a mí debe haber cierto compromiso de tu parte? —presionó Anabella sin miedo de exigir, se sentía segura y la sensación era embriagante, nada de miedos y necesidad de complacer.

   «Después de todo si hay placer en la libertad que da ver esto como un juego» Pensó Anabella.

   —Negociemos entonces… —exclamó John más que satisfecho.

   Anabella se sentó en el sofá y cruzó las piernas, John mordió su labio inferior al ver sus torneadas piernas que lo volvían loco y la siguió.

   —Acepto que en el bufete no seamos más que jefe y secretaria; bajo ningún concepto deben tener certeza de que tenemos una relación sentimental.

   —De acuerdo —dijo John sin problema—, si alguien me pregunta lo negaré y te defenderé, ya que estoy preocupado por tu reputación e incluso quiero que termines tus estudios en medicina legal y forense, tendrás más responsabilidades por ahora, pero luego trabajarás en tu propio despacho y podremos trabajar juntos, pero ya no como mi secretaria.

   Anabella sonrió feliz y dio pequeños gritos de alegría y lo abrazó y besó volviéndolo loco al pegar sus pechos a él.

   —Gracias John, eres el mejor y más sexi jefe del mundo…

   En cuanto él se iba a poner cómodo y a masajear sus pechos y besarla como es debido ella se retiró de su regazo y regresó a su lugar para seguir negociando, John sonrió ladino y la dejó continuar.

   —Bien, mi madre… No puedo mentir a mi madre; le diré que estamos en proceso y que nos estamos dando una oportunidad a conocernos y bueno, algo que se escuche muy maduro y digno.

   —Una verdad plausible… —comentó John.

   —No sería una verdad, porque estamos asumiendo que lo nuestro será finito, en ese aspecto has sido tajante.

   — ¿Pero acaso no es finita la misma vida? —Declaró John—, personas deportistas con buena salud caen muertos de un momento a otro con un infarto fulminante, todo acaba...

   —Está bien, a mi madre le diré una verdad plausible, y lo mismo le dirás a tus padres.

   —Solo si ellos preguntan, pues no es de su incumbencia.

   Anabella frunció el ceño.

   —Pero tu madre me invitó a su casa en Nochevieja y no quiero sentirme tu… Mejor no lo digo.

   John no estaba muy convencido.

   —Mi madre se hará ilusiones y en enero estará de lleno buscando el lugar, el vestido y el banquete.

   —Bueno, eso no es mi culpa, es su manera de ser, lo importante es que yo no me una a la expedición como novia feliz. 

   —Puede prestarse a confusión y dramas futuros —expresó John negando con la cabeza.

   —Lo comprendo, llegamos a un impasse —comentó Anabella elevando los hombros.

   — ¿Qué quieres decir? —expresó John atónito.

   « ¿Esto es todo?, seguirá negándose» Pensó John.

   — ¿Quiere una apelación, abogado? Porque estamos a punto de que esto sea declarado un juicio nulo.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Lecciones para ser una amante   Epílogo

    Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 81. Propósitos de hacer todo mejor

    Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 80. Renuncia

    John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 79. Decisiones

    Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 78. Amenazas

    Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 77. Obstrucción a la justicia

    Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status