FAZER LOGINJohn no lo podía creer, esta pequeña ladina que no se cansa de hacerlo sufrir ahora quiere marcar las reglas, a él nunca ninguna mujer le había exigido con tal ínfula; él era millonario, joven, sexi y generoso con sus mujeres, pero Anabella se atreve a desafiarlo y contrario a su buen juicio eso le encanta de ella.
—Maldición Anabella, estoy a esto de arrancarte la ropa y hacer contigo lo que me venga en gana hasta dejar tu juicio nulo —declaró John casi uniendo el dedo pulgar e índice.
Anabella cruzó los brazos en su pecho y descruzó y volvió a cruzar las piernas.
—Esa declaración no ayuda en nada a tu caso, sería coacción y mala fe.
John puso los ojos en blanco, no quería pelear, quería tener sexo duro y salvaje de una vez por todas con ella.
—Está bien, a tus padres y a mis padres les daremos una verdad plausible —masculló John.
—Por mi padre ni te preocupes, no vendrá a querer saber tus intenciones —comentó Anabella con ironía—, ahora está Lizzie —musitó preocupada.
—Muy fácil, somos amigos… —contestó John despreocupado.
—Lizzie tiene 6 años John, no es tonta, en cuestión de poco me preguntará si eres mi novio, no quiero mentirle, no la quiero decepcionar, así que lo más seguro es que en manos de ella esté lo que pueda pasar con nosotros, porque si ella no te acepta, la elegiré a ella.
—Tu hija no debería poder manipularte —espetó John.
—No, pero ya ha pasado por mucho para yo también hacerla sufrir.
John sabía que Lizzie era un asunto solucionable, después de todo incluso podría engañarla, era una niña ¿qué tan difícil podía ser?, pero aprovechó para ponerle freno a la linda morena que lo traía por la calle de la amargura.
—Tendremos que ser muy discretos entonces.
Anabella afirmó con la cabeza y enumeró con los dedos:
—Voy a estudiar, a trabajar, a enfrentar un juicio de custodia y a controlar mi genio, no tendré tiempo ni de besarte.
—Yo sacaré tiempo —ahora fue John quien fue por ella en el sofá, sus labios y caricias eran persuasivos y ella ya estaba por perder el sentido de la realidad, pero de nuevo lo interrumpió.
—Viene lo más importante, nosotros…
John pasó una mano por el cabello y suspiró sentándose erguido en el sofá.
—Me matas Anabella, ni preparando un juicio por homicidio me lanzan tantos argumentos.
—Eres abogado corporativo, no tienes casos criminales seguidos.
—Sí, y son más fáciles que tú.
—Contéstame John, ¿qué hay de nosotros?
Él lo pensó.
—Te hablé de cinco lecciones, pongámosla en práctica, con eso será suficiente.
Anabella lo pensó y sonrió decidida a intentar jugar como experta siguiendo las lecciones para ser una amante y colocando por supuesto las sugerencias de Viviana.
—Entonces está bien…
—Dejemos de perder el tiempo y de una vez divirtámonos —suplicó John parafraseando la primera lección.
—John, quiero que sepas algo —lo interrumpió Anabella poniendo sus palmas en su pecho—, antes de que ocurra esto, quiero que sepas que te aprecio por cómo eres con mi hija, que admiro tu dedicación y bondad, porque has sido capaz de ayudarme y tenderme la mano cuando cualquier otro se hubiera ido, porque sé que no soy ningún premio y mujeres más bonitas, sin mis rollos existenciales y con la voluntad de aceptar tu manera de ser hay por montón. Qué estés enfrentando a tu propia familia por mí sin aportar nada a tu beneficio te lo agradeceré toda la vida, independientemente si dentro de poco tiempo no queremos saber nada uno del otro.
John tragó grueso el nudo en su garganta y Anabella lo besó de forma apasionada, esta vez fue ella quien se tiró encima de él y desabrochó su camisa de forma desesperada, en cuanto consiguió los vellos en ese pecho musculoso y desarrollado gimió de gusto y besó su cuello.
John se sintió humilde y culpable y ahora era él quien tenía un gran problema…
Anabella se movía sobre él, pero no sentía la dureza característica.
— ¿Todo bien? —preguntó Anabella al verlo y sentirlo tan disperso.
—Sí cariño —contestó John angustiado y la apoyó en el sofá y la besó, deseaba a Anabella más que a ninguna mujer nunca antes, pero como nunca antes su órgano sexual se negó a reaccionar.
—John, tú no…
John se retiró de ella dando una sonora maldición.
—John ¿Estás bien? —preguntó Anabella a la puerta cerrada del baño.
— ¡Sí, dame un segundo!… —exclamó John muerto de vergüenza— ¿Cómo se te ocurre hacerme esto?, tú jamás me habías abandonado —expresó John afligido mirando su entrepierna, entonces pasó ambas manos por su cabello y miró el techo implorando clemencia—. Señor no me hagas esto, vale, o si no de una vez deja caer un rayo en mí y mátame…
John caminó de aquí para allá frente al espejo y el lavamanos, había escuchado historias de falta de erección por culpa del estrés, pero jamás pensó que a él podría ocurrirle, ¿acaso no era él, el más calculador de los hombres?
—Cómo es posible que vengas a tener remordimientos y lo expreses de una manera tan ruin y miserable —le reclamó a la imagen en el espejo.
John salió del baño y fue con Anabella.
—Te llevaré a casa, porque no me siento muy bien.
—¿Estás seguro? —preguntó insegura.
—Debe ser indigestión.
Anabella tomó su bolso y sonrió, durante el camino a la mansión de Viviana iban cada uno sumergido en sus propios pensamientos, él en verdad muy asustado por su parte favorita y ella muy insegura, en cuanto llegaron frente a la casa, Anabella expresó fiel a su carácter sincero.
—John, no pensaré mal si sientes que mi caótica vida es mucho para ti.
— ¡No! –Exclamó John y se rascó la nuca—, mira, yo había escuchado historias que cuando un hombre deseaba demasiado a una mujer se sentía tan ansioso que el estrés le jugaba una mala pasada, y pues no pensé que a mí pudiera pasarme.
— ¿O quizás no te gusto lo suficiente?
— ¡Mírame! —Dijo John levantando su mentón—, estoy loco por ti Anabella, perdóname a mí, soy el aburrido que te hizo perder el tiempo.
Anabella no quería mirarlo, se sentía de nuevo poco agraciada y que le faltaba algo para hacerla deseable como cualquier mujer, John la besó y ella se entregó al beso con todo su ser, con ganas de sentir como una chica normal, como nunca ha sentido con un hombre, pero tenía que bajar del auto, ya la cachorra de Lizzie ladraba y advertirá de ellos.
—Hasta mañana…
Anabella salió del vehículo y dejó el aroma de su colonia aun flotando en el espacio, John miró su entrepierna haciendo una tienda de campaña en su regazo.
—Ahora sí, a buena hora… —le habló de nuevo a su caprichosa anatomía muy furioso y sobre todo muy frustrado.
John regresó a su hogar y encontró a Jeremy recogiendo ropa en un bolso de viaje.
— ¿A dónde vas?, creí que te mudarías en enero después de la remodelación a la casa que compraste —dijo John malhumorado y destapó una cerveza y trajo una para Jeremy.
Jeremy tomó la botella y arrugó el ceño, John no era de beber cervezas porque sí.
—Viviana seguirá mostrándome casas, esa mujer es un peligro, me dejará seco el bolsillo y seco mi cuerpo, pero es divina la condenada y lo sabe —Jeremy se fijó en la melancolía de su primo— ¿Qué cara traes?, realmente América te ha pateado el culo.
—No tienes ni idea.
—Yo pensé que al venir nos divertiríamos como locos y una chiquilla te trae atormentado.
—Irina está decidida a hacerla sufrir, la enfrentaré en la corte, apoya a los abuelos de Lizzie que pidieron su custodia.
Jeremy emitió un silbido.
—Esa prima tuya es una perra loca.
—Así es, y soy el culpable —John dio un trago a su cerveza—, fui yo quien puse a Anabella en la mira de Irina; aunque ya Anabella me traía encaprichado preferí apostar a que Irina la viera con el ex y lo dejara, pensé que él no podía preferir quedarse con Irina si podía tener a Anabella.
—Lo que te ocurrió es que estás tan loco por esa mujer que creíste que el monigote también lo está.
—Solo me importaba ascender a socio mayoritario. Lo peor de todo es que francamente en este momento no me importa que Irina sea socia mayoritaria de la firma antes que yo; solo quisiera que Anabella tuviera la custodia completa de su hija y que no se preocupe más por Irina, pero aunque le diga que ganó, aunque le diga que me iré de New York; ella solo quiere arrancarme la cabeza y se dio cuenta que Anabella es mi punto débil. Y no sé en qué momento se volvió mi puto punto débil y como Irina pudo verlo antes que yo, porque yo entregué a Anabella y había renunciado a ella cuando procuré que Irina la cachara con el idiota de Mark Nixon.
—Hermano es el discurso más largo que te he visto dedicar a una mujer. Y créeme que me alegra, te enamoraste John.
John tomó lo que quedaba en su botella y Jeremy observó su botella casi llena.
—Vivo en el infierno Jeremy, entiendo que enamorarse es peligroso, pero se supone que se debe sufrir después del periodo de gracia, pero yo ni eso he tenido, desarrollé sentimientos por esta mujer y su hija, me siento culpable y no quiero que sepa que si Irina le hace la vida imposible es por vengarse de mí.
— ¿Aún no has podido tener tiempo de gracia? —Jeremy se echó a reír—. Esta chica si supo atarte el cuello.
—Me ató las pelotas, no siquiera pude... —John señaló debajo de su cintura—, la culpa me está volviendo loco, ella me está volviendo loco.
Jeremy arrugó la nariz e hizo muecas como quién tiene lástima por ver un desmembramiento.
—No te aflijas, hay pastillas —John le enseñó el dedo medio y le dio la espalda para ir a su habitación —. Estoy jugando, le pasa a los mejores, ya no me rio te lo prometo…
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







