INICIAR SESIÓNAnabella no quiso seguir escuchando a Mark, pero tampoco pidió a John que la siguiera, no se trataba que creyera lo que Mark decía, pero estaba confundida y una sola cosa retumbaba una y otra vez en su cabeza.
«Aunque fue sin querer, John está conmigo por el compromiso de salvarme, si yo buscara otro abogado él no tendría que arriesgar su posición en su trabajo incluyendo el de su madre»
Anabella volteó y John iba detrás de ella, pero su semblante era muy serio, ella nunca lo había visto así, ella se dejó alcanzar, muchas cosas estaban atragantadas en su garganta, pero él no la dejó hablar a ella, él comenzó primero.
—Anabella nunca he sido un hombre violento y siempre he creído que los mejores golpes no se dan con los puños, pero tu exmarido puede tentar a un santo y la próxima vez no me contendré, solo lo he hecho por Lizzie, pero la próxima vez le partiré la cara aunque la niña esté mirándome, espero me apoyes cuando la niña comience a odiarme.
Anabella sonrió y lo abrazó muy fuerte, John le devolvió el abrazo y la sintió sollozar.
—Hey, no vayas a llorar —le ordenó John…
—Él tiene razón en algunas cosas.
—En nada tiene razón, a mí no me interesa la fortuna que pueda dejarte tu padre y tengo suficiente dinero hecho con mis propias manos como para humillarme porque él sea millonario, me casaré contigo si me aceptas Anabella Díaz y lo haría ahora mismo, aunque Emiliano Díaz dijera que no te dará un centavo. Esa es la diferencia entre ese cretino y yo, él no fue capaz de quedarse contigo en la pobreza, yo produzco dinero y no necesito de lo que me proporcione nadie.
Anabella sonrió.
—Nunca te escuché hablar tanto, ni nadie me había hecho semejante declaración.
John se acercó a ella y tomó su rostro fijándose en sus ojos oscuros y pestañas largas que no necesitan postizas, él sonrió porque nada en Anabella es postizo, ella es auténtica, problemática, un polvorín e incluso poco adecuada para los estándares que pensó debía cumplir su esposa, pero acababa de comprender lo que todos ya vieron, está enamorado de ella hasta los huesos.
—Ya no te burles de mí, soy tuyo sin condiciones, me has capturado.
Anabella se echa a reír y él une las cejas y la observa sin siquiera sonreír, Anabella para y entra en razón y no quiere atreverse a creerle.
— ¿No estás bromeando?
John negó con la cabeza.
—Para mí no es una broma.
— ¿Quieres decir que nos casaremos realmente?
—Te he dicho que sí y no levantes la voz, hay mucha gente aquí.
—Me refiero a si será algo real y verdadero.
John metió las manos en los bolsillos y suspiró.
—Aún nos conocemos muy poco, estamos apurados por otras circunstancias y me gustaría que nos conociéramos por más tiempo antes de decidir, pero quiero hacerlo aunque no era el plan; creo que nos llevaremos bien y adoro a tu hija y a ti quiero poseerte a cada momento del día —Anabella está en silencio y su expresión John no sabe cómo interpretarla y francamente puede ser espantada, así que él mismo le metió freno de emergencias a sus palabras y pasó ambas manos por su cabello—.Claro está Anabella, si no es lo que tienes en mente podemos hacer un contrato, de verdad no debí… por favor olvida todas las tonterías que acabas de escuchar…
Anabella negó con la cabeza y sin importarle que esté en medio de la casa de los padres de John llena de gente se estiró sobre sus tacones y trajo su cara hacia ella para darle un beso despacio mojando sus mejillas con sus lágrimas…
—Por favor, no te arrepientas de haberlo dicho… Bueno al menos que te arrepientas realmente, porque escucharte decirme eso me da libertad, no quiero frenar más mis emociones. Te amo John Campbell y si tú sientes todo lo que me acabas de decir…
John la abrazó y la besó de verdad y en serio, se siente un tonto y está espantado porque incluso él siente ganas de llorar, pero acaba de darse cuenta que siendo un hombre seguro de sus apostura, posición y clase, ninguna mujer le había dicho amarlo y aunque antes estaba conforme con ese hecho se siente humilde y agradecido de que Anabella lo ame; sabe que él no se atreverá a decirlo y espera que sus acciones lo hagan porque junto a Anabella se siente viviendo la vida real y no la vida superficial que tuvo antes de ella.
Tuvieron que separarse y John la llevó al estudio de su padre, allí estaban Margot con Henry, Teresa conversando con un invitado y Emiliano un poco más allá.
—Joseph, ella es Anabella y es hija de Teresa —especificó Henry, presentando al invitado que conversaba con Teresa.
El caballero con cara amable y bigote negro y cabellera entrecana estiró la mano hacía Anabella.
—Mucho gusto señorita —Anabella correspondió al saludo—. Soy oftalmólogo y según lo conversado con la señora Teresa sus síntomas indican que el tratamiento no ha hecho efecto y su glaucoma está avanzando…
—Le comprendo, ¿hay que operar?
—Así es —afirmó el galeno.
—Que sea cuanto antes, Joseph —indicó John—, quizás interrumpimos tus vacaciones…
Joseph hizo un gesto con la mano que lo dejara pasar.
—Para nada, gestionaré todo para operar lo antes posible.
—Quisiera ver la posibilidad de tratamiento, porque yo no puedo estar de reposo en una cama —objetó Teresa.
—No tendrás que preocuparte de nada —musitó Emiliano—. Yo cubriré tus gastos médicos y les daré una casa para Anabella y para ti…
—No se moleste señor Emiliano y le voy a pedir amablemente que se retire —arguyó Teresa—, le agradezco auxiliarme, pero ahora que llegó mi hija puede regresar a la fiesta a divertirse.
Emiliano metió las manos en sus bolsillos, bajó la cara y salió del recinto, Margot fue la única que le dedicó una cara amable, los demás estaban apenados y Anabella ni siquiera quiso mirarlo.
—Señora Teresa, en verdad me apena, y quiero que sepa que cuenta conmigo —John rascó su nuca—, además que siendo tradicional, quisiera casarme con Anabella, sería para mí un honor y compromiso pagar por su intervención.
Lizzie abrió la boca muy grande.
— ¿Mi mami te dijo que sí?
—Aún no, dice que debe hablarlo contigo —le dijo John en tono conspiratorio y le hizo un guiño, la niña entendió que debía ayudarlo.
Teresa sonrió y vio en la cara de Anabella que sonreía con ternura viendo a John hablando con Lizzie.
—Si quiere a mi hija y no me la hará sufrir tiene mi bendición —concedió Teresa—, en cuanto a mí, no es su compromiso costear nada, yo iré al seguro, bastante he luchado por obtenerlo en este país.
Margot se acercó a ella.
—Permite que tu yerno se encargue, para él es en realidad un honor y para nosotros un orgullo ver que lo criamos bien, y bueno me alegra que se una a Anabella.
Margot abrazó a Anabella y también Henry, en cuanto fueron por su hijo Anabella se acercó a Teresa.
— ¿Estás bien mamá? —la pregunta abarcaba más que el dolor por su condición.
Lizzie abrazó a su abuela que reposaba en un sofá y ella abrazó fuerte a su nieta frenando las ganas de llorar.
—Solo me duele, con dolor he vivido siempre, ya se me pasará.
Joseph las sorprendió acercándose a ellas, la verdad Anabella había olvidado al oftalmólogo por completo, el doctor traía su pañuelo envuelto, dentro cubos de hielo y se los pasó a Teresa.
—Señora Teresa, aunque nadie pagara por su operación igual se la haría, los ojos de una mujer tan bella y enérgica como es usted merecen una segunda oportunidad —Anabella alzó las cejas y el hombre se puso rojo como un tomate—, de verdad sería una lástima que no pudiera ver crecer a su hermosa nieta.
Teresa dio un beso en la cabeza de Lizzie y la niña ayudó a poner el pañuelo en sus ojos.
—Gracias doctor y una vez más perdón por ocuparlo en una fiesta y en nochevieja además —expresó Teresa apenada.
—Pierda cuidado, no tenía nada más interesante que hacer, me salvó del aburrimiento.
—Y yo que creía que mi fiesta era todo un éxito —se lamentó Margot.
—No me interpretes mal Margot, aun creo que es la fiesta más interesante de fin de año que has hecho —concluyó Joseph sentándose en el sofá junto a Teresa.
Todos salieron menos Teresa y el doctor que se ofreció a acompañarla, diciendo que antes de medianoche ella se sentiría mejor y podrían regresar para la cuenta regresiva.
Afuera estaban Viviana y Jeremy que iban a tocar la puerta. Anabella se puso a hablar con Viviana y Lizzie y Jeremy no se le despegaba a Viviana, John le indicó a su madre al oído.
—Necesito el anillo de la abuela…
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







