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Capítulo 49. Para amores como este…

ผู้เขียน: Karina Peña De Goncalves
last update วันที่เผยแพร่: 2023-01-28 22:46:59

   Anabella se quedó viendo la escena de los primos y la recién llegada misteriosa a lo lejos, se sorprende por sentir semejantes celos, pues está al lado de quien creía amar, pero John se ha metido en su corazón de una manera que aunque trató de evitar es evidente que no lo logró; ahora solo le queda aceptar que no es lo que le ocurre a John y le parece muy obvio con solo verlo.

   —Mami, ven a ver qué gordos están —exclamó Lizzie admirada con los peces de lo que ella llamó fuente y era casi un estanque, una especie de riachuelo artificial con cascada y fuente decorativa al medio.

   Anabella caminó hacia la fuente.

   — ¿Qué te pasa Anni?, no me digas ¿problemas en el paraíso? —comentó Mark en voz muy baja para que Lizzie no escuchara.

   Anabella lo observó y sintió rabia por su egoísmo que ahora no lo deja pasar.

   —Eso quisieras —objetó Anabella—, hay veces que pienso que te complementa hacerme la vida difícil.

   Mark alzó las cejas y negó con la cabeza sintiéndose herido por el comentario.

   —Que me amabas decías… —objetó con sarcasmo.

   —Tú también me decías que me amabas, pero no te importó serme infiel y dejarme.

   —Al menos reconoce tu culpa en el fallo de nuestro matrimonio, eres tú quien disfruta de hacerme ver como una detestable persona, pero todo en la vida tiene un motivo y una razón de ser.

   —Claro, en eso tienes razón, el motivo que tienes para siempre hacerme sufrir es que solo te quieres a ti mismo.

   Anabella desvió la mirada, pues en ese momento se da cuenta que Lizzie está escuchándolos, aunque finge que ve los peces, sus acciones son un peso en la conciencia y una vez más se recrimina por dejarse llevar por su genio, pues sin querer hace sufrir a su hija.

   —Siento que pagas tu ira conmigo, pero yo no te he hecho enfadar.

   —Mejor déjalo —Anabella señaló a Lizzie con los ojos.

   —Mami, puedo ir un momento con mis amigas.

   Anabella vio que más allá estaban las niñas que Lizzie conoció, afirmó con la cabeza.

   —Pero dónde pueda verte —pidió a su hija aun con pena por su comportamiento.

   La niña se alejó de sus padres contenta de tener a donde ir y no escucharlos discutir.

   —En definitiva tú no me haces bien —exclamó Anabella cabizbaja—, ¿cómo se te ocurre decir que tú no me haces enfadar y quieres quitarme a mi hija?

   —Eso no tiene que ocurrir Anni —musitó Mark de forma cariñosa y Anabella puso los ojos en blanco, de nuevo era Anni, como antes de que su padre los echara a todos de su mansión, luego solo fue Anabella, frígida y desconsiderada—. Por favor escúchame —suplicó Mark—. Harry Wells discutió con Irina antes de venir.

   —Ese no es mi problema, no quiero saber chismes de tu familia.

   —Sí te casas con John serán también tu familia.

   —Pero no me gusta el chisme —contestó cortante.

   —Harry le decía que debía echarse atrás en la demanda —continuó Mark sin importar la actitud de Anabella.

   —No te entiendo —expresó Anabella negando con la cabeza—, se supone que son tus padres y tú quien deben decir a Irina que basta. Cómo siempre buscas culpables cuando eres tú quién causa los problemas.

   Mark negó con la cabeza.

   —Yo no quiero alejar a Lizzie de ti, quiero que seamos de nuevo una familia —Anabella rodó los ojos quiso alejarse de Mark—. Ahora que Irina tiene garantizado quedarse con Campbell Wells me dará mi libertad más rápido, vayámonos Anabella, tomemos a nuestra hija y nos alejaremos lo más que podamos de los Wells.

   —Eres bajo, desleal y cruel, Mark…

   Mark miró a los lados.

   — ¿A ti qué diablos te importa esta gente?, tú no le debes lealtad, ellos nos arrollarán y nos comerán vivos, de hecho ya comenzaron.

   —John no es como Irina Wells —Anabella no resistió defender a John.

   Mark chasqueó la lengua.

   —A ver cuanto más sigues defendiéndolo, no te has dado cuenta que solo eres un peón en este juego al igual que yo ¿por qué crees que eres secretaria en Campbell Wells?

   —John no tenía idea de que tú eras el prometido de Irina, esas son suposiciones de Irina.

   — ¿Qué te ha dado ese hombre para que confíes tanto en él? —inquirió Mark impaciente.

   —Mucho más que tú.

   Mark achicó los ojos con resentimiento y Anabella no se iba a retractar aunque sabe que él lo escuchó como una afrenta.

   —Apuesto a que mientras estás aquí defendiendo a tu apuesto paladín él está gestando su próxima jugada para vencer a Irina y quedarse con la firma de abogados.

   Anabella recordó verlo pegado a la hermosa rubia y a Irina sonriente llevándolo con apremio.

   —Sin duda tu prometida siempre está gestando una estrategia.

   Mark rio apenas y negó la cabeza sintiéndose decepcionado.

   —Son iguales Anabella, ellos saben que estás conmigo, me atrevo a decir que les da gusto jugar con nuestras vidas, complejo de Dios le llaman, lo he visto en mi hogar toda la vida.

   Anabella negó con la cabeza.

   —Los únicos que han tratado de jugar con todos han sido ustedes, a ti no te importa para nada, pero has servido para los planes de Irina de quedarse con una empresa y por complacer a tu padre quieres quitarme a mi hija, mientras que lo único que ha hecho John es ser leal a mí, aunque se ha visto perjudicado. Abre los ojos Mark, estás en un lugar que no eres feliz, entonces no me arrastres a tu infierno…

   —Yo seré feliz solo contigo, te estaré esperando, sé que pronto te darás cuenta.

   Anabella buscó a Lizzie y salió del invernadero, entonces vio a sus padres y lo increíble es que Emiliano Díaz llevaba a Teresa del brazo, pero no como pareja, ella se veía que necesitaba de su ayuda.

   — ¡¿Mamá qué es lo que te pasó?! —Mark se acercó, pues tener cerca al multimillonario  Emiliano Díaz no era cotidiano y su exsuegra se lo había conseguido y lo había hecho un caballero andante.

   —Es mi vista Anabella, me ha dado problemas y esperaba pasar las fiestas para decirlo.

   —Mamá porque eres tan terca y yo tan mala hija —Anabella quiso quitar a Teresa de los brazos de Emiliano.

   —Hija no te preocupes, déjame llevarla, hablaré con Margot y Henry —dijo Emiliano.

   — ¿Pero usted conoce a los Campbell? —Preguntó Anabella—, ellos no sabe que usted es mi padre.

   — ¿Es usted el padre de Anabella? —indagó Mark sorprendido y más que exaltado.

   Emiliano sabía perfectamente quién era Mark Nixon, lo ignoró.

   —Anabella, Margot y yo somos amigos desde hace muchos años, siempre me ha invitado a sus fiestas de fin de año, solo que este año vine porque ustedes estarían.

   Anabella no sabía qué decir.

   —Busquemos a John, llevaré a mi mamá a la casa.

   —Déjame llevarla con Henry —pidió Emiliano y Anabella reconoció que era mejor idea.

   —Mami ¿la abuelita está bien? —preguntó Lizzie preocupada.

   —Hola —saludó Emiliano y la niña abrazó las piernas de Anabella—, eres muy linda Elizabeth.

   La niña miró a Anabella hacia arriba.

   —Mami, ¿Él es tu papá?   

   Anabella afirmó con la cabeza y lamenta su falta de discreción, no quería que Mark supiera su nexo con Emiliano Díaz y tampoco que su hija tratara con el primer hombre que la traicionó e hirió profundamente.

   — ¡Anabella! 

   John vio la reunión desde lejos y la cara que tenían Anabella y su madre y quiso estar con ellas de inmediato. Anabella volteó al escuchar su nombre y se sintió complacida de ver a John acercarse a ella.

   —John, menos mal que llegaste —Anabella se sintió feliz cuando John puso las manos en su cintura y con su postura incluso abarcó a Lizzie.

   —Lizzie ven con abuelita —pidió Teresa a la niña para conseguir apoyo, sabe que Anabella tiene mucho que enfrentar.

   — ¿Abuelita te sientes mal?

   —No mi amor, solo un poco de dolor de cabeza.

   —Busquemos al doctor Wells, él te curará —dijo Lizzie con mucha fe en su doctor, tomó la mano de su abuela y vio que Emiliano las seguía—. Abuelita, ese señor es mi abuelo ¿cierto?

   —Sí mi amor —reconoció Teresa, Emiliano se inclinó para igualar la altura de la niña, pero ella unió sus cejas.

   —Puedo ayudarte Lizzie.

   —Solo si no hace llorar más a mi abuelita —exclamó con las manos en las caderas.

   —Lo prometo —expresó Emiliano de corazón.

   Lizzie inteligente y sobretodo muy noble sonrió muy feliz de tener un abuelo y los escoltó en busca de Henry.

   —Anabella no puedo creer que no me hubieras dicho que tu padre era Emiliano Díaz —exclamó Mark muy furioso—, tanto que sufrimos y nada hubiera pasado si tú buscabas a tu padre, ¿por qué Anabella?

   Anabella enfrentó a Mark tratando de no gritar, pero se siente muy indignada.

   —Porque tú dijiste haberte enamorado de mí y resulta que Anabella Díaz es la chica pobre y humilde que conociste, si necesitabas que tuviera un padre millonario para que me quisieras más es que no es a mí a quién querías querer si no al dinero.

   —Ahora entiendo porque este se quiere casar contigo, Irina no le veía sentido y pensó que poniendo en frente a su antigua novia podría negociar, obviamente no conocía toda la historia.

   Anabella entendió que la rubia era la abogada de Londres, pero una vez más ve el propósito de Mark por arruinarle la vida ahora solapado por Irina Wells, llena de rabia se deja llevar por lo que siente y expresa:

   —Fíjate que John se ha enamorado de mí y de manera tan auténtica que me soporta aun trayéndote a ti como lastre, a él no le importa el dinero para dar todo de sí para mí y por eso soy muy feliz con él. 

   —No seas tonta Anabella, él no te quiere, siempre supo exactamente quién eras, incluso sabía más que yo que pensaba que eras la simple hija de una sirvienta, esa es la diferencia.

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