Home / Lechita Caliente / Capítulo 1

Share

Lechita Caliente
Lechita Caliente
Author: Señor Calabazón

Capítulo 1

Author: Señor Calabazón
Soy nodriza y hoy fui al departamento de Brayan Quintanilla para amamantar a su hijo.

Por la congestión de leche, en esos días casi no usaba sostén; si me apretaba demasiado, siempre sentía un dolor agudo.

Además, como el bebé no dejaba de succionar, lamer y mordisquear, mis pezones se habían vuelto muy sensibles; cualquier roce hacía que se endurecieran y empezaran a gotear leche sin control.

En la calle había pasado demasiadas veces por la incómoda situación de terminar con el pecho empapado. Las miradas intensas de la gente me avergonzaban, lo que hacía que el pecho goteara aún más hasta empaparme toda la blusa.

Al salir, elegí una blusa gris; así, aunque se mojara, no transparentaría mi cuerpo en público como lo haría una blusa blanca.

Pero el cielo se puso en mi contra y se desató una tormenta antes de que llegara a la parada del autobús.

Para cuando llegué al departamento de Brayan, tenía la ropa casi empapada; estaba mojadísima por todos lados.

Al quedarme de pie frente a su puerta, me miré el cuerpo y supe que estaba en problemas.

Había olvidado que la leche es blanca. Aunque una blusa oscura empapada no transparentaba fácilmente la silueta del cuerpo, mis pezones se habían manchado de leche; la parte de la punta estaba completamente blanca y hasta se notaba que seguía brotando líquido sin parar...

Nerviosa, me froté la tela sobre la punta, pero terminé rozando el pezón; gemí ahí en la entrada y las piernas se me aflojaron tanto que casi me caigo.

Sin embargo, alguien me sostuvo.

Levanté la cabeza y miré al frente con algo de desconcierto.

La puerta se había abierto en algún momento; Brayan estaba ahí de pie, sosteniéndome.

Al verme en ese estado lamentable, se quedó perplejo un momento; su mirada se detuvo un instante al recorrer mi pecho manchado de leche, pero no dijo nada y me hizo pasar.

Caminé detrás de él, sintiéndome bastante avergonzada, y me acomodé la ropa de forma inconsciente.

Miré la hora; parecía que ya había llegado bastante tarde.

Traté de disculparme con Brayan entre balbuceos mientras seguía pendiente de mi pecho, que no dejaba de empapar la blusa; cubrirme con las manos fue como querer tapar el sol con un dedo, pues solo logré que él no apartara la mirada de ahí.

—No te preocupes, está lloviendo muy fuerte, entiendo lo que pasó.

Brayan disculpó mi tardanza con una sonrisa, aunque su mirada se desvió de manera involuntaria hacia mi escote.

Por ser verano, llevaba una blusa delgada; con la tela mojada pegada al cuerpo, la silueta de mis pechos redondos se marcaba a la perfección, así que sin duda él ya había notado que no llevaba sostén.

Para entonces, las manchas blancas de leche se habían extendido desde los pezones, deslizándose por las líneas de mis pechos hasta delinear las curvas de mi cuerpo sobre la blusa oscura.

Me sentí muy incómoda y me apresuré a estirarme la blusa, pero el cuerpo empezó a arderme de la nada.

—Este... ¿dónde está Noé? Voy a amamantarlo —pregunté con nerviosismo. Sentía tanta vergüenza bajo su mirada que deseaba que la tierra me tragara.

—No hay prisa. Date un baño primero, no te vayas a resfriar —dijo Brayan en tono atento.

—Cámbiate esa ropa también, te buscaré algo limpio —agregó mientras miraba con doble intención mi blusa empapada.

Sentí un calorcito en el pecho y lo miré con gratitud, pero de todos modos le dije que no era necesario.

Al fin y al cabo, su departamento era de lujo y estaba decorado con mucha elegancia; como mujer, me daba mucha pena bañarme en una casa ajena.

—Será mejor que te des un baño; tampoco estaría bien que mojaras a mi hijo, ¿no te parece? —insistió Brayan con una sonrisa, como si hubiera adivinado mi preocupación.

Su tono transmitía un matiz que no admitía réplica, así que tuve que asentir.

El baño del departamento de Brayan era enorme; tan solo ese espacio superaba en tamaño a la casa que mi esposo Alfredo y yo rentábamos en ese momento.

Me quité la ropa mojada y me paré frente al espejo de cuerpo completo donde colgaba una bata de baño; al contemplar en el reflejo mi figura esbelta y el imponente volumen de mis pechos, no pude evitar levantar ambas manos para sostenerlos.

Con tan solo ese toquecito, la leche que ya brotaba de mis pechos empezó a salir de manera incontenible.

Estos pechos abundantes me habían causado grandes disgustos en el pasado; cuando iba a la escuela, mis compañeros incluso se burlaban llamándome vaca. Jamás imaginé que ahora se convertirían en mi medio de trabajo, dejándome sin saber si alegrarme o lamentarme.

Sin embargo, al recordar cómo Brayan me había mirado el escote hace un momento, con los ojos encendidos, el corazón me empezó a latir como colibrí.

Mientras me perdía en esos pensamientos, la puerta se abrió y, para mi sorpresa, Brayan entró llevando en las manos un cambio de ropa nueva y hermosa.

—¡Pero... ¿por qué entraste?! ¡Vete! —exclamé angustiada tras gritar, cubriéndome el cuerpo a toda prisa con las manos en medio del pánico.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Lechita Caliente   Capítulo 9

    Me mordía los labios, sin atreverme a hacer ningún ruido por miedo a despertar a mi esposo.Pero el placer era demasiado intenso. Nunca había sentido algo así con él.Además, Brayan parecía decidido a despertarlo, ya que usaba su cuerpo como colchón y me sacudía con todas sus fuerzas encima de Alfredo, mientras me obligaba a mirar a Alfredo.Estaba encima de Alfredo, con Brayan.¡Qué vergüenza y qué emoción!Al final no pude contenerme más, aflojé la mandíbula y grité de placer.—Sí, así, disfrútalo todo lo que quieras. ¡Tu esposo no se va a despertar, te lo aseguro! —exclamó Brayan, excitadísimo.Me sentía como una barca a la deriva en medio de una tempestad, a punto de naufragar con la siguiente ola.Además, Brayan despertó un anhelo que llevaba mucho tiempo dormido dentro de mí y, sin darme cuenta, empecé a seguirle el ritmo.Enredé las piernas alrededor de su vigorosa cintura y pedí más, sin contener mis gemidos.Cuando Brayan se vistió, satisfecho después de sacudirme durante más

  • Lechita Caliente   Capítulo 8

    —¡No! —Me llevé un susto.—Si despiertas a Alfredo y él ve lo que hacemos, la cosa se va a poner fea —me advirtió Brayan cuando intenté resistirme.Me estremecí y Brayan aprovechó mi desconcierto para salirse con la suya.Me manoseó a través del camisón delgadito, y sentí que todo el cuerpo me ardía y me hormigueaba.No pude controlarlo. Volvió a salirme leche materna y me empapó la ropa... Sus caricias me dejaban sin fuerzas. Estaba tan sensible que sentía el cuerpo flojo, y el alcohol intensificaba aquella sensación de vacío.Me resistía, pero también cedía a medias, mientras Brayan hacía conmigo lo que quería. Incluso metió una de sus manotas debajo del camisón.—Monse, ¿casi nunca tienes intimidad con tu esposo? ¿Será que no rinde en la cama y no puede satisfacerte? Mira cuánta carne, no deja de salir... —Brayan no dejaba de provocarme con sus palabras mientras me tocaba.—No diga eso... —Dio en mi punto débil y no sabía cómo responderle.Lo peor era que mi esposo estaba acostado e

  • Lechita Caliente   Capítulo 7

    Pero Alfredo ya se había venido. En total, había durado menos de dos minutos.—No pasa nada. Tal vez últimamente estás demasiado cansado. —Fue lo único que dije para consolarlo. Estaba flácido, tendido boca abajo a mi lado, y me miraba con expresión de disculpa.En realidad, los dos sabíamos que solo lo decía para consolarlo, así que fui al baño a ducharme y, bajo el agua caliente, no pude evitar frotarme con fuerza con la toalla.¡La sensación era especialmente intensa!Aunque me moría de ganas, tuve que contenerme por temor a que Alfredo se diera cuenta y se sintiera mal consigo mismo. Después de ducharme, regresé a la sala, donde ya estaba vestido y hablaba por teléfono, sentado en el sofá.—Mi amor, Brayan va a venir dentro de un rato —dijo emocionado apenas colgó, cuando yo me disponía a ponerme una mascarilla facial—. Ordena un poco la casa y saca el tequila que trajimos de mi tierra. Quiero tomar unas copas con él.—¿Para qué viene a estas horas? ¿Solo para beber contigo? —pregu

  • Lechita Caliente   Capítulo 6

    Me puse un poco nerviosa e incómoda bajo su mirada y me cubrí el escote.—Monse llegó con la ropa empapada por la lluvia. No quería que mojara a Noé al amamantarlo, así que le dije que se duchara y le di esa ropa que no usaste. No te molesta, ¿verdad? —se apresuró a explicar Brayan.—No pasa nada. Con razón me parecía conocida. Ya decía yo que Montserrat no usaría ropa de este estilo —dijo Kimberly, cuya expresión se relajó—. Por cierto, ¿cómo está Noé?—Ya comió y está dormido —respondí enseguida—. Tengo cosas que hacer en casa, ¡así que ya me voy!Kimberly todavía quiso invitarme a quedarme a comer, pero yo me sentía tan culpable que ni siquiera me atrevía a mirarla. Inventé una excusa y salí a toda prisa.En cuanto llegué a casa, me quité la ropa, la lavé y la colgué afuera para que se secara, porque era bastante cara y tendría que devolverla al día siguiente.Aunque pensaba en pedirle cuentas a Brayan, al fin y al cabo era mi jefe. ¿De dónde iba a sacar el valor?Pasadas las seis d

  • Lechita Caliente   Capítulo 5

    Me sentía muy culpable con mi esposo. Solo podía consolarme en silencio diciéndome que Brayan me había forzado y que yo no podía resistirme.Además, trabajaba para él. Si lo enfurecía al resistirme, perdería mi sueldo de mil quinientos dólares, así que, por el dinero, no me quedaba más que soportarlo...—Qué piernas tan hermosas tienes, tan rectas y tersas... Parecen de marfil.Brayan ya no tenía tanta prisa por beber el líquido y me acariciaba los muslos sin parar y con todo descaro. Recostada contra su pecho, no sabía si su comentario era un cumplido sincero o una provocación, mientras el rubor me quemaba las mejillas y el deseo me consumía.—No te reprimas. El deseo es algo natural. Tranquila, cuando terminemos te voy a compensar muy bien...Sus palabras fueron un bálsamo y aliviaron bastante la culpa que sentía por Alfredo, pero cuando Brayan quiso ir más allá, se escucharon unos golpes al otro lado de la puerta, en la sala, que nos asustaron a ambos. Se levantó del sofá y, al hace

  • Lechita Caliente   Capítulo 4

    Sentí una descarga eléctrica que me recorrió el cuerpo y me hizo gemir.—Affff...En cuanto escuché mi gemido, me di cuenta de que no debía haber gemido. Me mordí el labio mientras miraba de reojo la reacción de Brayan.Para mi sorpresa, me estaba mirando mientras sonreía. Había oído ese sonido indecente.—Qué sensible eres. Gimes con un toquecito —dijo entre risas, sin reparo.—No diga esas cosas... ¡Ah!Antes de que pudiera terminar, Brayan aumentó la presión y siguió estimulando mi pezón erguido sin contenerse, inclinado sobre mí y hablando sin articular bien las palabras.Sentía una vergüenza terrible y quería pedirle que dejara de hablar, pero sus palabras también me provocaban una emoción que no sabía explicar.Sus movimientos descarados y violentos me hacían sentir un hormigueo por todo el cuerpo y me dejaban sin fuerzas, ah... ¡Se sentía demasiado bien!Avergonzada por mis propios sonidos, vi que incluso le escurría un líquido blanco por los labios. Mi vergüenza iba en aumento

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status