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Capítulo 3. Ritmo de trabajo.

Author: Johana Connor
last update publish date: 2026-11-03 09:22:19

Valery mostró una sonrisa algo tensa. Al parecer, Isaac Dawson era un hombre exigente, así que debía mostrarse a su altura. No podía dar una mala imagen desde ya y arriesgarse a perder ese empleo.

—Lo siento, señor. La próxima vez llegaré un día antes —soltó, alzando el mentón.

El silencio se acentuó en la oficina, como si estuviesen rodeados de cuchillas filosas. Clarisa se puso rígida, veía con preocupación cómo ellos compartían miradas duras y decididas.

La mujer pensó que escucharía a continuación un estallido de gritos, golpes furiosos a la mesa o una acción similar, como solían ser las reacciones habituales del CEO cuando algo lo indignaba hasta el extremo.

Sin embargo, lo que oyó fue una voz pausada y serena.

—Una chica sarcástica. Interesante —dijo, y guardó las manos en los bolsillos de su pantalón.

—No es sarcasmo, señor, solo le di  la mejor respuesta a su exigencia. ¿No cree? —expuso Valery muy seria.

Algo brilló en los ojos de él. Un destello que a la mujer le resultó similar al de un potente rayo que cruzaba el cielo anunciando la llegada de la feroz tormenta.

—Siéntate —ordenó el hombre como respuesta.

Ella obedeció para no pinchar más su paciencia. Clarisa pareció respirar de nuevo y salió de la oficina sin decir una sola palabra. Aunque no le habían indicado que se retirara, sabía que era momento de salir de allí.

Isaac se detuvo frente a Valery con el escritorio de por medio como una barrera de seguridad. No se sentó, prefirió quedarse de pie y mirarla desde su altura imponiendo su autoridad.

—Voy a ser claro, Valery Roswell. No necesito una asistente promedio, sino a alguien que piense antes que yo y sea eficaz y rápida. Fuiste elegida porque requiero de gente con pensamientos frescos y actuales. El mundo empresarial está cambiando y los modelos tradicionales se desmoronan como si estuviesen hechos de azúcar, eso me obliga a dar un nuevo enfoque al trabajo, por eso busqué a alguien joven.

Sus palabras le demostraron que el CEO era una persona que conocía a fondo su empresa, la controlaba hasta el más mínimo detalle y era directo. Cada decisión que tomaba tenía un significado importante, no actuaba al azar.

—No solo vienes recomendada por Trevor Jenkins, uno de los abogados que más nos ha apoyado este tiempo —continuó él, señalando los documentos que tenía abiertos en su escritorio: su currículo profesional—, sino que obtuviste las notas más altas en tu universidad y has realizado importantes cursos de especialización durante tus estudios logrando un excelente desempeño en tu anterior trabajo. Todo eso me pareció interesante, me hace pensar que eres dedicada y asertiva sin importar el nivel de la responsabilidad. Espero hayas renunciado a tu anterior empleo, que tenías más que asegurado, porque posees aspiraciones altas y buscas mayores retos. No quiero que me hagas perder el tiempo.

Ella se irguió, con una mezcla de orgullo por sus logros e inquietud por sus advertencias finales.

—Le aseguro que no lo defraudaré, señor Dawson. Yo trabajo con gran precisión, sea cual sea la tarea. Siempre busco lo mejor para la empresa a la que represento. Aunque, para poder ser tan eficiente, requiero de un jefe que escuche y delegue bien. De nada sirve ser tan dedicada si estoy limitada.

Se atrevió a decir de forma directa, pensando que eso le gustaría al CEO. Sin embargo, el silencio que se acentuó luego de sus palabras la asustó. Tal vez, se había sobrepasado.

—¿Siempre respondes así? —preguntó Isaac, mirándola con fijeza.

Valery tragó grueso y se acomodó en la silla. Si reculaba en ese momento se mostraría débil, así que decidió continuar con el mismo estilo comunicativo para no fallar.

—Solo cuando vale la pena, señor.

El CEO apoyó las manos sobre el escritorio, sus ojos grises destilaban claros desafíos.

—Te daré una semana de prueba, Valery Roswell. Espero sepas aprovechar ese tiempo. Si no lo haces, tendrás que ponerte de rodillas frente a tu anterior jefe para que te acepte de nuevo, porque aquí no volverás más.

Ella se irguió, molesta por esas palabras. ¿Ponerse de rodillas y rogarle a un hombre? Eso nunca más volvería a hacerlo. Ni en mil años. La única vez que lo hizo, fue para garantizar la vida de su padre.

—Le aseguro que me quedaré más tiempo, señor —soltó, igual de seria—. Lo haré tan bien que podría ser usted quien al final se arrodille frente a mí para suplicarme que me quede.

En ocasiones le costaba controlar sus palabras, más si le hacían abiertos desafíos. Por eso estaba tan sobrecargada de problemas.

—Ya veremos quién gana al final, Valery Roswell. Acepto tu reto.

Isaac Dawson le mantuvo la mirada, aunque mostrando en esa ocasión una sonrisa perversa. Parecía feliz por haber encontrado un desafío interesante.

***

Valery no tuvo mucho tiempo para instalarse. A los diez minutos de haber asumido su cargo ya tenía una pila alta de tareas acumuladas sobre su escritorio que parecía diseñada para volverla loca.

—Reagenda la reunión con los inversionistas que debía ver esta tarde. Necesito esas horas libres.

—Corrige este informe financiero.

—Llama a logística para verificar que tienen todo listo para la reunión de mañana.

—Necesito un resumen de esto.

Isaac pedía y pedía mientras dejaba carpetas y papeles sobre su mesa, viéndola con arrogancia. Ella no sabía si lo hacía a propósito o de verdad ese era su ritmo de trabajo.

Cada vez que lograba rebajar las tareas, él aparecía y las hacía crecer de nuevo.

Su pequeña oficina quedaba junto a la del CEO, con una puerta que permitía la comunicación. Una que siempre debía estar abierta porque él iba y venía sin descanso y no le gustaba que nada entorpeciera su camino.

—¿Para cuándo necesita este resumen, señor? —preguntó ella antes de que Isaac desapareciera.

—Para ayer.

Valery inhaló despacio.

—Bien. Entonces, priorizo lo que era para ayer y dejo lo que se necesitaba para hoy en la pila de pendientes —respondió, cerrando las carpetas del informe financiero que corregía para atender esa tarea.

Él la miró de reojo.

—Quiero que me muestres resultados, no que hagas comentarios punzantes —soltó con arrogancia.

—Y yo necesito que usted deje de aceptar prioridades para organizarme. De esa forma nunca lograremos sacar nada a tiempo —rebatió sin mirarlo, comenzando a revisar los últimos documentos que él le había entregado.

Isaac dudó un segundo. Le gustaba tener siempre la última palabra, pero se sintió fascinado de que lo rebatieran, algo que nunca le había pasado.

Por eso miró con atención a su nueva asistente.

—Tienes dos horas para terminar eso y volver a ocuparte del informe financiero —ordenó, logrando que ella alzara la vista y lo mirara con reproche, gesto que a él lo hizo estremecer.

Disimuló su reacción dando media vuelta para regresar a su oficina, mostrando una pequeña sonrisa de triunfo, aunque desconcertado por la cantidad de adrenalina que corría por sus venas por culpa de sus debates con aquella mujer.

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