Se connecterAl regresar a la empresa, Valery pensó que las cosas marcharían mejor con su jefe luego de aquella reunión, pero no, Isaac Dawson siguió siendo el mismo sujeto exigente y asfixiante que todo lo pedía a medias y con días de retraso.En una ocasión, la obligó a dejar lo que hacía porque él necesitaba «para ayer» que duplicara un grueso informe que necesitaba evaluar. Ella obedeció resignada y, al estar en la fotocopiadora, se topó con un empleado de Recursos humanos que trabajaba en otra máquina duplicando diversos documentos.Él la recordó de las jornadas de entrevistas, por eso le sonrió con complicidad.—Hola, ¿cómo te ha ido con el puesto de asistente ejecutiva?Valery captó un rastro de burla en sus palabras. Eso le molestó y le recordó a Brenda, la recepcionista, y a sus amigas, quienes ansiaban que Isaac cayera para que el tal Román Dawson ocupara el cargo de CEO solo porque era muy generoso con ellas.—Muy bien, la verdad. Hoy…Tuvo intención de contarle sobre la invitación a un
Valery se obligó a mantener la calma para dar las respuestas necesarias. Procuró no pensar que tenía frente a ella a dos CEOs millonarios, poderosos y dueños de las empresas más rentables de Seattle, sino a un par de exigentes profesores universitarios ansiosos por llevarle la contraria solo para ponerla a prueba.—Danny Foods no está quebrada. El problema es que intentan venderla como una empresa estable cuando en realidad se sostiene de una deuda a corto plazo. La marca funciona, la distribución sigue siendo fuerte y todavía tienen buenos contratos regionales, pero el precio que piden fue calculado con cifras infladas.—¿Infladas, cuánto? —exigió Rebecca con el ceño fruncido.—Entre un quince y un veinte por ciento.Valery sacó el informe de su maletín y lo abrió en una página en especial.—Mire esto. Están usando inventario que casi no rota para aumentar el valor de activos. Además, movieron parte de la deuda operativa a largo plazo para que el flujo de caja pareciera más saludable
Llegaron a un restaurante elegante, discreto y exclusivo. Del tipo al que asistían grandes empresarios e inversores para tomar decisiones importantes en medio de copas de vino o platos de caviar, sin que nadie los molestara.El cliente interesado en adquirir Danny Foods era Rebecca Reynolds, una mujer alta, atractiva y sofisticada que poseía una sonrisa calculada.Al ver a Isaac, su expresión se iluminó. Enseguida se levantó de la mesa para darle un beso de apenas un toque en los labios y un abrazo apretado.Valery se detuvo a un paso de distancia mirando con cierto asombro la forma íntima y cariñosa con que se saludaron. Era evidente que entre ellos había algo más que una simple relación entre cliente y asesor empresarial.—Isaac, no sabes cuánto me alegra que hayas podido venir —expresó la mujer manteniéndose más cerca de lo necesario.—Tenemos firmado un contrato que señala ciertos privilegios. Nunca me negaría.Pero entonces, Rebecca descubrió la presencia de Valery e hizo una pau
Un par de días después, Valery llegó temprano al edificio del Grupo Estratégico con su café en mano, como lo había hecho todos esos días, pero se detuvo de golpe en la puerta de la oficina al encontrar algo inesperado: Isaac Dawson ya estaba allí.Se había quitado la chaqueta del traje y reordenó las carpetas que ella había dejado listas la noche anterior para revisarlas siguiendo el orden que a él le gustaba.—Buenos días, Valery. Hoy llegaste tarde.Ella entrecerró los ojos.—Llegué con más de cuarenta minutos de antelación, señor.—Pero no es suficiente. Ya tengo diez minutos trabajando aquí y sin mi asistente.Ella respiró hondo para llenarse de paciencia y entró dejando el café sobre el escritorio. Isaac enseguida lo tomó para darle un trago.—Bien, agenda del día —empezó, sacando su tableta de su bolso—: reunión con finanzas a las diez, llamada con proveedores a las once y treinta y revisión de contratos pendientes. Eliminé dos encuentros innecesarios de esta tarde.El hombre al
A la mañana siguiente, Valery llegó cuarenta y cinco minutos antes de la hora de entrada. Se había enterado por Clarisa, la secretaria, que Isaac solía llegar media hora antes a la oficina, pues ella decidió adelantarse.Cuando él apareció, ya tenía la agenda organizada, el café listo y los documentos preparados.—Buen día, señor Dawson. Ya está todo en orden para la reunión de hoy y el informe de finanzas que corrigió ayer fue enviado.Isaac la escuchó con los ojos muy abiertos, aunque no hizo ningún comentario. Entró y se concentró en reordenar las carpetas como le gustaba revisarlas.—Bien. Para la reunión te quiero conmigo en el salón, voy a necesitar de tu ayuda, así que prepárate.Ella se emocionó por la oferta. Estar en medio de la acción le permitiría mostrarle con mayor detalle sus capacidades.Cuando llegó la hora de aquel encuentro trabajaron como un equipo. Se complementaron sin haberlo preparado. Él hablaba y ella anticipaba facilitándole todos los datos e informes necesa
Las siguientes horas fueron un torbellino. Valery se movía rápido, sin ser suficiente. Su trabajo era hacerlo todo más eficiente, pero aquella empresa funcionaba como si fuese un tren fuera de control y sin nadie en la cabina de mando.En la mañana, solo se equivocó una vez, al enviar un correo electrónico a un destinatario incorrecto.No había sido algo grave, por suerte se trató de un empleado discreto, pero Isaac lo notó cuando entró a la oficina de ella y vio la copia del documento sobre su escritorio con el remitente tachado.—Cometiste un error —dijo masticando con rabia las palabras.—Lo siento, señor, pero ya está corregido. Envié el correo a la persona indicada y una disculpa a la otra.—Evita repetirlo. La información que manejo es confidencial, no puede caer en manos equivocadas.—No volverá a suceder, señor, pero cuando dicte cinco órdenes al mismo tiempo procure ser específico porque es mi primer día de trabajo. Aún no estoy familliarizada con nombres de personas y de emp







