FAZER LOGINNo sabía qué estaba haciendo. Lo único que sabía era que no quería detenerme.
Apenas mis labios tocaron los de Asdrúbal, sentí que todo lo que había ocurrido durante aquella noche desaparecía por unos instantes. Sus brazos rodearon mi cintura y me atrajo hacia él, correspondiendo a mi beso con la misma intensidad con la que yo lo había buscado. Sentí sus manos firmes en mi espalda y cerré los ojos. Mientras su lengua perversa entraba en mi boca y nuestros labios parecían hambrientos. No había planeado besar a aquel hombre, pero ahora que lo tenía frente a mí, ya no quería apartarme. Nos separamos apenas unos centímetros para respirar. Asdrúbal me miró como si todavía estuviera intentando comprender lo que acababa de ocurrir. —Guau… —Sonrió, todavía sorprendido—. No esperaba esto. Lo miré sin saber qué decir. —Pensé que sería yo quien tendría que seducirte para llevarte a un hotel —bromeó él. —Eres un gilipollas. Soltó una risa. —Eso sí que no me lo esperaba. Volví a besarlo antes de que pudiera continuar. Esta vez fue él quien me sostuvo con mayor fuerza pegándome contra su pecho. Comenzamos a desvestirnos. Yo lo ayudé a quitarse la chaqueta. Luego la lancé sobre el sofá de la sala, mientras él se aflojaba la corbata, sin dejar de mirarme. Yo continuaba rodeando su cuello con los brazos. Retrocedí lentamente buscando con mi mano hasta encontrar el pasillo. Una vez allí, sin mirar atrás seguimos avanzando hasta detenernos frente a la puerta de mi habitación. Asdrúbal volvió a besarme y yo sentí que el corazón me latía cada vez más rápido. Una parte de mí intentaba hacerme entrar en razón. “Clara, joder ¿qué estás haciendo?” pensé. ¿Acababa de conocer a aquel apuesto e irresistible hombre y me lo estaba llevando a la cama? Debía estar volviéndome loca, pero aunque lo intentara, no podía ni quería detenerme. Quizás en el fondo, estaba cansada de llorar y sentirme traicionada por quien amaba. Por una vez quería hacer algo diferente, sólo porque me nacía hacerlo. Llegamos a mi habitación, abrí la puerta, entramos y apenas tuvimos tiempo de cerrarla antes de volver a besarnos. Retrocedí un paso un par de pasos hasta que mis piernas chocaron el borde de la cama. Caí sobre el colchón y él encima de mí. Volvió a besarme y mientras lo hacía, se movía sobre mí, obligándome a separar mis piernas y sentir la dureza de su polla a punto de traspasar la tela de su pantalón de lino y mi vestido de satén. Sus manos recorrieron mis muslos con lentitud buscando escurrirse por debajo de la tela de mi falda. Cerré los ojos dejándome llevar por aquella sensación de deseo. Era completamente diferente a todo lo que había experimentado antes con Diego y no tenía que ver con que estuviera ebria. Aquel hombre me atraía poderosamente. En medio del furor del momento, mi mente intentaba detenerme. “Esto no está bien.” Pensé. Pero al abrir los ojos, encontré los suyos y no pude hacerlo. Mis manos recorrieron su amplia espalda y descendieron hasta su firme trasero. Mis dedos se aferraron con fuerza y sentí como él se tensaba. Comencé entonces a mover mis caderas de lado a lado sintiendo su polla cada vez más dura y rígida. Sentí una de sus manos debajo de mi falda abriéndose paso entre mis muslos. Un gemido escapó de mis labios sin poder evitarlo. Joder, quería sentirlo dentro de mí. Lo necesitaba. Mis bragas estaban húmedas y mi vagina palpitaba de ganas. Él se incorporó ligeramente mientras sus dedos frotaban mi coño por encima de la tela de encajes, mi cuerpo continuó moviéndose de deseo y de placer. Cuando intentó apartarse yo sujeté su mano y negué con mi cabeza. —Solo quiero deshacerme de lo que me estorba. Extendió su mano, yo la tomé y me ayudó a levantarme de la cama. Luego con sutileza me hizo girar y bajó la cremallera de mi vestido. La tela de seda resbaló por mis caderas hasta caer al piso. Me senté en la cama para quitarme las sandalias, mientras él se desvestía de forma rápida y quedaba frente a mis ojos, completamente desnudo. No pude evitar sorprenderme cuando se inclinó para sacarse el bóxer de algodón y su polla enorme quedó al descubierto. —Guau —murmuré. Él sonrió y sin dudarlo, se acercó y me acostó nuevamente en la cama y volvió a besarme con pasión desenfrenada. Introdujo su lengua entre mis labios y de manera simultánea, introdujo su miembro suavemente en mi húmeda vagina. Mi cuerpo se tensó al sentir aquella enorme y gruesa polla entrando y saliendo rítmicamente de mi interior. —Eres bastante estrecha —susurró a mi oído sin parar de moverse. —Tu polla es enorme —murmuré con voz entrecortada. —Pues pienso que encaja a la perfección. —dijo y como impulsado por un demonio comenzó a moverse con mayor rapidez. En ese momento, me olvidé de todo. De Diego, de la boda, de lo que podría pasar después de aquella noche. Solo quería seguir sintiendo aquellos besos, sus caricias, su lengua y su polla 3D: dura, dantesca y demencial. Aquel deseo inesperado que había aparecido entre los dos, era tan intenso que aunque sabía que luego me arrepentiría, ya no me importaba lo que ocurriría el día siguiente.Durante los días siguientes, Clara intenta continuar con su vida.
Máximo no vuelve a comunicarse con ella. La ausencia de Máximo comienza a hacerla pensar que quizá ella fue la única que dio importancia a aquella noche. Mientras tanto, Diego insiste en recuperarla. Diego consigue que Clara lo acompañe a una importante celebración empresarial.El encuentro en la fiesta
Clara llega a la celebración acompañada por Diego. La fiesta reúne a importantes empresarios y personalidades. En medio del evento, Clara descubre que Máximo también está allí. La tensión entre Máximo y Diego es evidente desde el primer momento. Clara descubre que ambos hombres son rivales empresariales. Sin embargo, lo que más la sorprende es que Máximo no ha llegado solo. Máximo aparece acompañado por otra mujer.No sabía qué estaba haciendo. Lo único que sabía era que no quería detenerme.Apenas mis labios tocaron los de Asdrúbal, sentí que todo lo que había ocurrido durante aquella noche desaparecía por unos instantes.Sus brazos rodearon mi cintura y me atrajo hacia él, correspondiendo a mi beso con la misma intensidad con la que yo lo había buscado. Sentí sus manos firmes en mi espalda y cerré los ojos. Mientras su lengua perversa entraba en mi boca y nuestros labios parecían hambrientos. No había planeado besar a aquel hombre, pero ahora que lo tenía frente a mí, ya no quería apartarme.Nos separamos apenas unos centímetros para respirar. Asdrúbal me miró como si todavía estuviera intentando comprender lo que acababa de ocurrir.—Guau… —Sonrió, todavía sorprendido—. No esperaba esto.Lo miré sin saber qué decir.—Pensé que sería yo quien tendría que seducirte para llevarte a un hotel —bromeó él. —Eres un gilipollas. Soltó una risa.—Eso sí que no me lo esperaba.Volví a besarlo antes
No entendía qué me estaba pasando. Sentir celos por Asdrúbal era absurdo. Lo conocía desde hacía un par de horas. Ni siquiera sabía demasiado sobre él, excepto lo que me había contado minutos antes, que era empresario, tenía una constructora y que, según él, acababa de pasar por una ruptura amorosa.Entonces, ¿por qué me había molestado tanto cuando mencioné a su supuesta novia y él decidió no responder?Quizá estaba demasiado sensible, después de lo que había ocurrido con Diego. Terminé mi trago, dejé la copa sobre la barra y me levanté de mi asiento. —Ya regreso. Necesito ir al baño. —murmuré mientras tomaba mi bolso. Apenas estuve de pie, sentí que el suelo se movía ligeramente bajo mis pies.Asdrúbal me observó con atención.—¿Estás bien?—Sí —respondí rápidamente. —¿Segura?—Sí.Él se encogió de hombros. Yo sonreí y me dirigí hacia el pasillo tratando de no tambalearme. Me sentía algo perturbaba por el licor. Por suerte conocía perfectamente aquel lugar, por lo que pude lleg
Las copas chocaron en el aire. Yo acerqué la copa a mis labios y él me miró fijamente. Por una extraña razón, desde que había abierto aquella puerta del hotel, sentí que podía respirar un poco mejor.No sabía quién era Asdrúbal, ni qué hacía allí. No sabía si realmente había sido traicionado por su novia, sin embargo, aquel desconocido comenzaba a resultarme excesivamente agradable. No sabía si era por la forma en que hablaba, por su sentido del humor o simplemente porque, por primera vez desde que había descubierto la traición de Diego, alguien conseguía distraerme.Él apoyó un brazo sobre la barra y me miró.—Hagamos un trato. Lo miré confundida.—¿Qué trato?—Dejemos a nuestros ex fuera de esta conversación ¿vale?—¡Vale! Me parece bien. —Hablemos de nosotros. —sugirió. —¿De nosotros?—De ti y de mí. De dos personas que casualmente terminaron esta noche en el mismo bar. —Está bien. Empieza tú. —No. Primero tú.—Qué caballero. —Me gustaría conocerte.Aquellas palabras me hic
El hombre se detuvo frente a mí.—Buenas noches. —dijo con voz tranquila y segura. Levanté la mirada y lo recorrí de arriba abajo sin disimularlo. Era bastante alto, tez bronceada y una presencia imponente. Vestía un traje oscuro perfectamente ajustado y llevaba el cabello negro, ligeramente peinado hacia atrás. Por alguna razón, cuando se acercó, sentí un extraño calor recorrerme el cuerpo. Fruncí ligeramente el ceño. Quizás eran los nervios o el trago que acababa de beber. Aunque tampoco había tomado tanto.—Buenas noches —respondí con poca amabilidad.Él sonrió.—¿Puedo acompañarte?Negué inmediatamente con la cabeza.—No. Estoy esperando a alguien.—¿Segura? —preguntó con cierta incredulidad. —Completamente. —contesté con voz firme. Él miró su reloj y después volvió a mirarme.—Es que llevas un buen rato esperando. —Ya le dije que espero a alguien ¿vale? —Está bien. —dijo encogiéndose de hombros con una tranquilidad que me irritó todavía más. —Entonces te dejo con tu espera
Estaba recostada en el sofá, revisando mis redes sociales, intentando distraerme un poco. Llevaba casi media hora esperando que finalmente Diego me llamara. Habíamos quedado en cenar juntos, aunque él había dicho que primero tenía que resolver unos asuntos y que después pasaría por mí, comenzaba a impacientarme. ¿Dónde estaba metido? ¿Por qué tardaba tanto? Me senté y dejé el teléfono encima de la mesa de centro sin apartar la mirada de la pantalla; seguía apagada. Me puse de pie y me dirigí a la cocina. En ese instante comenzó a sonar. Debe ser él. Regresé corriendo y lo tomé con rapidez. Al ver la pantalla, me sentí desconcertada. No era él. Desconocía aquel número, por lo que lo dejé sonar. No me gustaba contestar llamadas de números que no tenía registrados. Seguramente sería alguna empresa intentando venderme algo, como tantas veces ocurría.El teléfono dejó de sonar por unos segundos. Nuevamente volvió a encenderse la pantalla. El mismo número. Fruncí el ceño y finalmen







