FAZER LOGINNo entendía qué me estaba pasando. Sentir celos por Asdrúbal era absurdo. Lo conocía desde hacía un par de horas. Ni siquiera sabía demasiado sobre él, excepto lo que me había contado minutos antes, que era empresario, tenía una constructora y que, según él, acababa de pasar por una ruptura amorosa.
Entonces, ¿por qué me había molestado tanto cuando mencioné a su supuesta novia y él decidió no responder? Quizá estaba demasiado sensible, después de lo que había ocurrido con Diego. Terminé mi trago, dejé la copa sobre la barra y me levanté de mi asiento. —Ya regreso. Necesito ir al baño. —murmuré mientras tomaba mi bolso. Apenas estuve de pie, sentí que el suelo se movía ligeramente bajo mis pies. Asdrúbal me observó con atención. —¿Estás bien? —Sí —respondí rápidamente. —¿Segura? —Sí. Él se encogió de hombros. Yo sonreí y me dirigí hacia el pasillo tratando de no tambalearme. Me sentía algo perturbaba por el licor. Por suerte conocía perfectamente aquel lugar, por lo que pude llegar sin problema al baño de damas. Abrí la puerta, entré y coloqué mi bolso encima del mesón de mármol. Apoyé ambas manos y me miré al espejo. Tenía el cabello un poco desordenado y los ojos algo hinchados por haber llorado. —Qué tonta eres, Clara. —me dije a mí misma—. ¿Cómo puedes ponerte celosa de un hombre que acabas de conocer? Aquel hombre debía tener un pasado. Yo no podía pretender que no hubiera existido ninguna mujer antes que yo. Además, ¿qué me importaba? Me recriminé a mi misma y me crucé de brazos. Tal vez, ni siquiera lo volvería a ver después de esta noche. Lo que más me perturbaba de todo aquello, era que durante mi relación con Diego nunca había sentido celos por él. Al contrario, había confiado plenamente en él. Al punto que jamás imaginé que pudiera engañarme. Quizás ese había sido mi mayor error, confiar demasiado. Dejé escapar un suspiro. Me lavé el rostro, acomodé un poco mi cabello y respiré profundamente. —Ya está. No iba a permitir que una noche terrible terminara convirtiéndome en alguien que no era. Regresé a la barra y él seguía allí. Cuando me vio acercarme, se puso de pie. —Creo que es hora de marcharme. —dije, abrí mi bolso para sacar mi tarjeta. Pero antes de que pudiera entregársela al camarero, Asdrúbal negó con la cabeza. —No te preocupes. Ya pagué. Lo miré con el entrecejo fruncido. —Esta noche invito yo. La forma en que dijo aquellas palabras me hizo pensar que no hablaba únicamente de aquella copa, como si estuviera dando por hecho que habría una segunda vez. —Está bien. —sonreí y guardé la tarjeta en mi bolso. Iba a dar el primer paso hacia la entrada, cuando tropecé con uno de los asientos. Asdrúbal me sujetó suavemente del brazo. —¿En verdad estás bien? —Sí, claro. Tal vez un poco mareada. —Entonces te llevo. —No hace falta. Vine en mi coche. —Precisamente por eso. No deberías conducir en ese estado. Negué con la cabeza. —Puedo conducir. Estoy bien —insistí. —Déjalo aquí. —dijo con voz firme—. Conozco al dueño del bar. Puedo pedirle que lo cuide y mañana vienes por él. Guardé silencio. Aunque quisiera ocultarlo, no me sentía del todo bien. Estaba mareada y en cierta forma, no quería que la noche terminara todavía. —Está bien. Asdrúbal sonrió. Salimos juntos del bar. Mientras caminábamos hacia el estacionamiento, él colocó una mano sobre mi espalda para ayudarme a avanzar. El roce de sus dedos, justo en el escote de mi vestido, me hizo estremecer. Aunque fue un ligero roce, mi cuerpo reaccionó inmediatamente. Me quedé en silencio y continué caminando. Cuando llegamos al estacionamiento, el valet apareció con el coche de Asdrúbal. Me quedé mirando el lujoso automóvil. Era elegante, moderno y claramente de alta gama. —Vaya… Él sonrió. —¿Te gusta? —Es impresionante. —Entonces sube. —fijo abriéndome la puerta del copiloto. Entré y me acomodé en el asiento. Asdrúbal le dio algunas indicaciones al valet respecto a mi coche y después rodeó el vehículo, subió y arrancó. Durante unos minutos ninguno dijo nada. Yo me distraje mirando por la ventana. —¿Ocurre algo? —preguntó él. Giré para verlo y negué con la cabeza. —No. —Pareces preocupada. —Estoy pensando en lo que tengo que hacer mañana. No era exactamente mentira. Tenía muchas cosas que resolver, pero en realidad estaba intentando no pensar en Diego. Al llegar a casa, estaría sola y entonces los recuerdos me invadirían. —Entiendo. El trayecto continuó en silencio hasta que reconocí la calle cercana a mi casa. —Es por allí —Le señalé. Justo cuando dobló la esquina, mi teléfono vibró. Pensé que era Helen, debía estar preocupada por mí. Lo saqué del bolso, pero al ver el mensaje, supe que no era ella. Tenía varios mensajes de Diego. “Necesito hablar contigo.” “Por favor, déjame explicarte.” “Solo dame una oportunidad.” Sentí que la rabia me invadía nuevamente. Hasta ese momento había conseguido olvidarme de él. Mientras estuve en el bar conversando con Asdrúbal, me había reído y, por un rato, había dejado de pensar en la traición. Ahora Diego volvía a aparecer. Guardé el teléfono con fuerza. —¿Todo bien? —preguntó Asdrúbal. —Sí. —contesté con rapidez. Cuando llegamos frente a mi casa, apagó el motor, bajó inmediatamente y rodeó el coche. Abrió la puerta y cuando salí del automóvil me sentí nuevamente mareada, él me sujetó por la cintura y quedé muy cerca de él. Levanté la mirada. —Gracias —murmuré. —Voy a acompañarte hasta la puerta. —No hace falta. —Todavía estás un poco mareada. Caminamos hasta la entrada. Abrí mi bolso y busqué las llaves, pero no las encontraba. Finalmente las saqué, pero se me resbalaron de los dedos. —Mierda. Las dos nos agachamos al mismo tiempo, nuestras manos casi se tocaron. Asdrúbal levantó el rostro y nuestras miradas se encontraron reviviendo en mi interior la extraña sensación de calor. Definitivamente aquello no tenía nada que ver con el alcohol. Él tomó las llaves antes que yo. —Permíteme. Se incorporó y abrió la puerta. Yo entré mientras él permanecía de pie en el umbral. —Bueno… —dijo con voz grave y suave—. Ha sido un placer conocerte, Clara. Tuve que forzar una sonrisa. —También para mí. Asdrúbal dio un paso hacia atrás. —Que descanses. Se giró para marcharse y entonces hice algo que no había planeado. Sentí el impulso de detenerlo. Lo tomé del brazo y tiré suavemente de él hacia mí obligándolo a entrar. Él cerró la puerta, yo rodeé su cuello con mis brazos y lo besé.No sabía qué estaba haciendo. Lo único que sabía era que no quería detenerme.Apenas mis labios tocaron los de Asdrúbal, sentí que todo lo que había ocurrido durante aquella noche desaparecía por unos instantes.Sus brazos rodearon mi cintura y me atrajo hacia él, correspondiendo a mi beso con la misma intensidad con la que yo lo había buscado. Sentí sus manos firmes en mi espalda y cerré los ojos. Mientras su lengua perversa entraba en mi boca y nuestros labios parecían hambrientos. No había planeado besar a aquel hombre, pero ahora que lo tenía frente a mí, ya no quería apartarme.Nos separamos apenas unos centímetros para respirar. Asdrúbal me miró como si todavía estuviera intentando comprender lo que acababa de ocurrir.—Guau… —Sonrió, todavía sorprendido—. No esperaba esto.Lo miré sin saber qué decir.—Pensé que sería yo quien tendría que seducirte para llevarte a un hotel —bromeó él. —Eres un gilipollas. Soltó una risa.—Eso sí que no me lo esperaba.Volví a besarlo antes
No entendía qué me estaba pasando. Sentir celos por Asdrúbal era absurdo. Lo conocía desde hacía un par de horas. Ni siquiera sabía demasiado sobre él, excepto lo que me había contado minutos antes, que era empresario, tenía una constructora y que, según él, acababa de pasar por una ruptura amorosa.Entonces, ¿por qué me había molestado tanto cuando mencioné a su supuesta novia y él decidió no responder?Quizá estaba demasiado sensible, después de lo que había ocurrido con Diego. Terminé mi trago, dejé la copa sobre la barra y me levanté de mi asiento. —Ya regreso. Necesito ir al baño. —murmuré mientras tomaba mi bolso. Apenas estuve de pie, sentí que el suelo se movía ligeramente bajo mis pies.Asdrúbal me observó con atención.—¿Estás bien?—Sí —respondí rápidamente. —¿Segura?—Sí.Él se encogió de hombros. Yo sonreí y me dirigí hacia el pasillo tratando de no tambalearme. Me sentía algo perturbaba por el licor. Por suerte conocía perfectamente aquel lugar, por lo que pude lleg
Las copas chocaron en el aire. Yo acerqué la copa a mis labios y él me miró fijamente. Por una extraña razón, desde que había abierto aquella puerta del hotel, sentí que podía respirar un poco mejor.No sabía quién era Asdrúbal, ni qué hacía allí. No sabía si realmente había sido traicionado por su novia, sin embargo, aquel desconocido comenzaba a resultarme excesivamente agradable. No sabía si era por la forma en que hablaba, por su sentido del humor o simplemente porque, por primera vez desde que había descubierto la traición de Diego, alguien conseguía distraerme.Él apoyó un brazo sobre la barra y me miró.—Hagamos un trato. Lo miré confundida.—¿Qué trato?—Dejemos a nuestros ex fuera de esta conversación ¿vale?—¡Vale! Me parece bien. —Hablemos de nosotros. —sugirió. —¿De nosotros?—De ti y de mí. De dos personas que casualmente terminaron esta noche en el mismo bar. —Está bien. Empieza tú. —No. Primero tú.—Qué caballero. —Me gustaría conocerte.Aquellas palabras me hic
El hombre se detuvo frente a mí.—Buenas noches. —dijo con voz tranquila y segura. Levanté la mirada y lo recorrí de arriba abajo sin disimularlo. Era bastante alto, tez bronceada y una presencia imponente. Vestía un traje oscuro perfectamente ajustado y llevaba el cabello negro, ligeramente peinado hacia atrás. Por alguna razón, cuando se acercó, sentí un extraño calor recorrerme el cuerpo. Fruncí ligeramente el ceño. Quizás eran los nervios o el trago que acababa de beber. Aunque tampoco había tomado tanto.—Buenas noches —respondí con poca amabilidad.Él sonrió.—¿Puedo acompañarte?Negué inmediatamente con la cabeza.—No. Estoy esperando a alguien.—¿Segura? —preguntó con cierta incredulidad. —Completamente. —contesté con voz firme. Él miró su reloj y después volvió a mirarme.—Es que llevas un buen rato esperando. —Ya le dije que espero a alguien ¿vale? —Está bien. —dijo encogiéndose de hombros con una tranquilidad que me irritó todavía más. —Entonces te dejo con tu espera
Estaba recostada en el sofá, revisando mis redes sociales, intentando distraerme un poco. Llevaba casi media hora esperando que finalmente Diego me llamara. Habíamos quedado en cenar juntos, aunque él había dicho que primero tenía que resolver unos asuntos y que después pasaría por mí, comenzaba a impacientarme. ¿Dónde estaba metido? ¿Por qué tardaba tanto? Me senté y dejé el teléfono encima de la mesa de centro sin apartar la mirada de la pantalla; seguía apagada. Me puse de pie y me dirigí a la cocina. En ese instante comenzó a sonar. Debe ser él. Regresé corriendo y lo tomé con rapidez. Al ver la pantalla, me sentí desconcertada. No era él. Desconocía aquel número, por lo que lo dejé sonar. No me gustaba contestar llamadas de números que no tenía registrados. Seguramente sería alguna empresa intentando venderme algo, como tantas veces ocurría.El teléfono dejó de sonar por unos segundos. Nuevamente volvió a encenderse la pantalla. El mismo número. Fruncí el ceño y finalmen







