Mag-log inEl hombre se detuvo frente a mí.
—Buenas noches. —dijo con voz tranquila y segura. Levanté la mirada y lo recorrí de arriba abajo sin disimularlo. Era bastante alto, tez bronceada y una presencia imponente. Vestía un traje oscuro perfectamente ajustado y llevaba el cabello negro, ligeramente peinado hacia atrás. Por alguna razón, cuando se acercó, sentí un extraño calor recorrerme el cuerpo. Fruncí ligeramente el ceño. Quizás eran los nervios o el trago que acababa de beber. Aunque tampoco había tomado tanto. —Buenas noches —respondí con poca amabilidad. Él sonrió. —¿Puedo acompañarte? Negué inmediatamente con la cabeza. —No. Estoy esperando a alguien. —¿Segura? —preguntó con cierta incredulidad. —Completamente. —contesté con voz firme. Él miró su reloj y después volvió a mirarme. —Es que llevas un buen rato esperando. —Ya le dije que espero a alguien ¿vale? —Está bien. —dijo encogiéndose de hombros con una tranquilidad que me irritó todavía más. —Entonces te dejo con tu espera. Se dio la vuelta y regresó a su asiento. Lo seguí con la mirada sin querer. Fue entonces cuando pude observarlo mejor. Además de ser alto, tenía una espalda ancha y una contextura que hacía que el traje le quedara especialmente bien. Incluso me sorprendí mirando por un instante la forma en que se ajustaban los pantalones a sus caderas y a su trasero. Aparté la mirada inmediatamente. ¿Qué me estaba pasando? Acababa de descubrir que mi prometido me engañaba y yo estaba fijándome en el trasero de un desconocido. Negué para mí misma y tomé mi móvil para llamar a Helen. El teléfono sonó varias veces, pero no obtuve respuesta. —Helen, por favor, contesta —murmuré mientras miraba la pantalla. Necesitaba hablar con alguien. Necesitaba contarle a alguien lo que había ocurrido antes de terminar completamente destrozada. Pero también me sentía algo incómoda con la mirada de aquel hombre. No sabía por qué, pero cada vez que levantaba los ojos y lo encontraba observándome, sentía nuevamente aquel extraño escalofrío. No era miedo, era algo diferente. Volví a llamar a mi amiga, pero tampoco respondió. —Genial… Dejé caer el teléfono sobre la barra con fastidio y terminé de beber mi copa. Si Helen no llegaba por lo menos me sentiría lo suficientemente relajada para llegar a casa y dormir. Necesitaba olvidarme de todo, de Diego, de la mujer que había encontrado follando con él. —¿En verdad no quieres que te acompañe? La voz del hombre me hizo girar. Otra vez estaba de pie frente a mí. Lo miré con incredulidad. —Que ya le he dicho que no, tío. —Lo sé. —Entonces, ¿qué rayos le sucede? Él levantó ligeramente las cejas. —Nada. Digamos que me gusta insistir. —dijo mostrando una sonrisa ladeada lo que me hizo enojar aún más. —¿Piensa que porque estoy aquí sola, tomándome un trago, puede venir a acercárseme, esperar a que me emborrache y después llevarme a un hotel? —respondí ligeramente alterada. El apuesto hombre, me miró durante unos segundos, parecía desconcertado. —No, realmente no había pensado en eso. —Hizo una pequeña pausa—. Aunque no me parece una mala idea. Creo que sería un buen plan para la noche. ¿No crees? No pude evitarlo, una sonrisa breve se dibujó en mis labios. Intenté esconderla, pero fue demasiado tarde. Aquel hombre soltó una pequeña risa. —Está bien. Siéntese. —¿Eso significa que ya puedo acompañarte? —Significa que puede sentarse. No se emocione. —Como ordenes. Tomó el asiento junto al mío. Durante unos segundos ninguno dijo nada. Levanté mi copa para beber un trago, pero estaba vacía. —¿Aceptas que te brinde otro trago? Lo observé con los ojos entrecerrados. Realmente era muy guapo. —Sí. No sabía por qué había aceptado tan rápido. Quizás porque ya no quería pensar. Él levantó la mano hacia el camarero. —Dos tragos, por favor. El bartender preparó las bebidas y las dejó frente a nosotros. —¿Siempre bebes así de rápido? —preguntó con curiosidad. —No acostumbro hablar de mis cosas con un desconocido. —Entonces digamos que ya no soy un desconocido. —dijo extendiendo la mano hacia mí—. Asdrúbal Ferrer. Bajé la mirada hacia su mano y después volví a mirarlo. Finalmente se la estreché. —Clara. —contesté parcamente—. Clara Valdés —agregué. —Mucho gusto, Clara Valdés. —dijo con una sonrisa en sus labios—. Ahora que ya no soy un desconocido, puedes decirme qué te sucede. Solté una pequeña risa. —¿A mí? —Sí. Estás tomando como si quisieras olvidar algo o a ¿alguien? Tenía razón. No estaba equivocado. Aun así no quería contarle a un extraño lo que me estaba sucediendo. De pronto y sin darme cuenta, terminé diciéndole lo que me ocurría. No sé, si lo hice porque inexplicablemente aquel desconocido me provocaba confianza, o si necesitaba desahogarme con alguien ya que Helen no estaba allí, como siempre para oírme: —Me han llamado hace un rato para decirme que mi prometido estaba con otra mujer. La sonrisa desapareció lentamente de su rostro. —Debió ser una broma. —Pues, no. Resultó ser verdad. —Tomé un sorbo antes de continuar—. Lo encontré con su asistente. Asdrúbal guardó silencio. —Que tonto —murmuró—. Jamás traicionaría a una mujer como tú. Puse los ojos en blanco. —Sí, claro. Eso es exactamente lo que dicen todos cuando quieren seducirte. —¿Crees que estoy intentando seducirte? —No lo sé. ¿Lo estás haciendo? —Quizás. —respondió mirándome fijamente a los ojos. Sentí nuevamente aquel calor en el cuerpo y desvié los ojos. Definitivamente debían ser los tragos. Eso tenía que ser. —¿Y tú? —pregunté para cambiar de tema—. ¿Qué haces aquí solo? Él tomó un sorbo de su bebida. —Me pasó algo parecido. —suspiró—. Mi novia también me traicionó. No pude evitar una sonrisa sarcástica. —Claro. —respondí rodando los ojos. —¿Qué? ¿No me crees? —Ahora vas a hacerme creer que te ha pasado exactamente lo mismo que a mí. —¿Y por qué no? —Porque no te creo. Él soltó una risa. —Está bien. —dijo levantando su copa—. Entonces brindemos. Brindemos por nuestros ex. Lo miré confundida. Aquello era ridículo. Pero, por alguna razón, me hizo gracia. Levanté mi copa y brindé. —Por nuestros ex.Regresé a la mesa con el corazón todavía acelerado y una sensación extraña que me recorría de pies a cabeza. Mientras caminaba entre los invitados, intenté acomodarme el vestido y pasar discretamente los dedos por mi cabello, esperando que mi aspecto no delatara lo que acababa de ocurrir en el baño.¿Cómo iba a sentarme frente a Diego después de haber besado a otro hombre de aquella manera?Nunca antes había estado con alguien que no fuera él. Y ahora, después de lo que había compartido con Asdrúbal, la sola idea de regresar junto a mi prometido me resultaba incómoda. No porque me arrepintiera de aquel beso, sino porque, al verlo, tendría que fingir que nada había sucedido.¿Se daría cuenta de algo? ¿Notaría algún cambio en mí? ¿Podría descubrir, con solo mirarme, que otro hombre acababa de besarme y acariciarme de una forma que todavía me hacía estremecer al recordarla?Respiré hondo antes de acercarme a la mesa.Diego estaba de pie cuando llegué. En cuanto me vio, frunció el ceño y
Clara sintió que su cuerpo se tensaba al sentir como con el suyo, Asdrúbal la acorralaba contra el mesón de mármol.—Tú estabas besando a otra mujer delante de todos. —replicó ella intentando ponerle un límite a lo que estaba sucediendo. —Y tú estabas con Diego.—¡Es mi prometido!—Lo sé, Clara. Créeme, no he podido olvidarlo ni un solo segundo. —dijo en un tono más grave. Había frustración en sus palabras, pero también algo que ella reconocía demasiado bien, aquella necesidad de acercarse que ambos habían intentado contener desde que se encontraron en el salón.—Entonces deberías regresar con ella —susurró Clara.—¿Quieres que lo haga? —cuestionó él.Asdrúbal levantó una mano y le rozó la mejilla con los nudillos. El contacto fue tan suave que contrastó con la intensidad de su mirada.—Dime que no sientes nada cuando me tienes cerca —murmuró—. Dímelo y me marcharé.Clara quiso hacerlo. Tenía la respuesta preparada, las palabras a punto de salir de sus labios. Pero él estaba allí, t
Al otro extremo del salón, Asdrúbal observaba la escena con una expresión cada vez más seria.Al principio, cuando Andrea se había levantado para salir al jardín, no le había dado demasiada importancia. Conocía su carácter y sabía que, en ocasiones, necesitaba apartarse del ruido de las reuniones para fumar o simplemente tomar aire. Además, había estado demasiado pendiente de Clara. No había reparado en el momento exacto en que Andrea abandonó el salón.Tampoco se había preguntado dónde estaba Diego.Hasta ahora.Su rival acababa de regresar a la mesa casi al mismo tiempo que Andrea, y aquella coincidencia comenzó a incomodarlo.Asdrúbal miró primero a Diego, que conversaba con Clara como si nada hubiera sucedido, y después a Andrea, que parecía particularmente entretenida con algo que él acababa de decirle. Frunció el ceño.Diego y Andrea habían compartido una historia que Asdrúbal conocía demasiado bien, aunque prefería no pensar en ella. Una historia que había terminado con una e
—¿Y qué tal le va a Ferrer con los negocios? —preguntó Diego intentando cambiar el tema de conversación Andrea tardó un instante en contestar.—Bien.—¿Solo bien?—Es un hombre que sabe lo que quiere.—Eso ya lo sé.Ella lo miró con cierta cautela.—¿Por qué te interesa tanto?—Por nada. Es simple curiosidad.—Sigues siendo un pésimo mentiroso. Te conozco perfectamente y sé que quisieras verlo arruinado. Diego sonrió, apagó el cigarrillo, lo lanzó al cesto de basura y se acomodó los puños de la camisa.—Me alegró verte —dijo finalmente—. Había olvidado lo fácil que resulta hablar contigo.—A mí también me alegra verte. Aunque debo admitir que no esperaba encontrarte comprometido.—La vida da muchas vueltas.—¿La amas?La pregunta lo tomó desprevenido.Diego levantó la mirada y encontró a Andrea observándolo sin rastro de burla. Por primera vez desde que habían salido al jardín, ella parecía verdaderamente interesada en escuchar una respuesta.—Estoy haciendo las cosas bien con Clara
Asdrúbal observó cómo Clara llevaba la copa a sus labios y bebía con demasiada rapidez.Frunció el ceño.La conocía lo suficiente para sospechar que estaba intentando ahogar alguna emoción. Recordaba perfectamente aquella noche, su manera de beber cuando estaba alterada y la impulsividad que podía apoderarse de ella cuando dejaba de controlar sus sentimientos.Y ahora estaba allí, sentada junto a Diego, bebiendo como si quisiera olvidarse de todo.Aquello no le gustaba.No tenía ningún derecho a reclamarle nada. Sin embargo, verla junto a su prometido le provocaba una incomodidad que no podía disimular.La deseaba. Desde aquella noche, había intentado convencerse de que lo ocurrido entre ambos no debía tener mayor importancia. Pero bastaba con verla para que los recuerdos regresaran con una intensidad que lo irritaba.Había experimentado algo diferente con ella, algo que no había conseguido apartar de su mente.Y pensar que Clara podía terminar la noche en los brazos de Diego le resu
Lo esquivé sin esperar una respuesta y continué caminando por el pasillo, con la cabeza en alto y el corazón latiéndome con una fuerza que me resultaba difícil soportar.Una parte de mí había esperado que Asdrúbal me detuviera. Que me llamara, que intentara explicarme quién era aquella mujer o que, al menos, demostrara algún interés en evitar que me marchara de aquella manera.Pero no ocurrió nada de eso.No escuché su voz detrás de mí, ni siquiera se molestó en llamarme.Apreté los labios y seguí avanzando, sintiéndome todavía más estúpida por haber esperado algo diferente. ¿Qué pretendía? ¿Qué abandonara a la mujer que lo acompañaba para venir detrás de mí? ¿Qué me confesara que también había pensado en mí durante aquellos días?¡Qué ingenua!Cuando llegué a nuestra mesa, Diego seguía conversando con dos hombres que parecían estar relacionados con el evento. Me senté a su lado, acomodé el bolso sobre mis piernas y esperé unos segundos, creyendo que al menos se volvería para pregunta







