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Author: Milkaina
last update publish date: 2026-09-28 23:50:28

Capítulo 48

— ¿Qué hace ella aquí? Está en todos lados con ese hombre. ¿No te parece sospechoso, Edward? —siseó Rebeca con los dientes apretados, hirviendo de rabia.

Edward, que hasta ese momento había permanecido embelesado mirando a Amara, despertó de su arrobamiento y masculló sin convicción:

—Es amiga de Lisa...

— ¡No seas tonto! ¿Qué hombre va a estar pegado e ir a todos lados con la amiga de su hermana? Esa mujer ya se subió a una rama más alta. ¿Es que no entiendes?

—Cállate, no sigas h
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    Capítulo 50—¡Amara, amiga! ¡Aquí están! ¡Los estaba esperando!La interrupción de Lisa fue tan oportuna como decisiva.Amarilis parpadeó, completamente desconcertada.—¿Es tu amiga, Lisa?—Sí, somos amigas de muchísimos años —respondió Lisa con una sonrisa radiante y desafiante, plantándose al lado de Amara.—Ya me preguntaba qué hacía aquí, ya que creo que ninguno de los presentes tenemos el agrado de conocerla —soltó Amarilis con una mueca despreciativa, intentando recuperar el terreno perdido.Pero Lisa no le dio tregua. Con la gracia de quien domina los códigos de la alta sociedad, alzó la voz para que todos los curiosos a su alrededor escucharan:—Bueno, tengo la dicha de presentarles a mi gran amiga de toda la vida: una excelente diseñadora de modas, creadora de los deslumbrantes vestidos que usó Angelina de la Vega en la gala del año, y, por supuesto, la genio detrás de esta maravillosa obra de arte que lleva puesto, realzando aún más su belleza.Nicolás miró a su hermana con

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    Capítulo 49En otro extremo del salón, otro grupo también había fijado su atención en la imponente pareja.Allí se encontraba Sonia, la esposa de Maximiliano, acompañada por Amarilis —la presunta prometida de Nicolás— y un círculo de sus amigas más cercanas.—¿Viste a la mujer que llegó con Nicolás? —preguntó Amarilis, con los ojos fijos en ellos y los labios tensos por la irritación.Sonia, la esposa de Maximiliano, miró con desdén en dirección a la pareja.—Ah, sí... Esa es una amiga pobre de Lisa, una de su obra de caridad —respondió sin darle la más mínima importancia, abanicándose con ligereza—. Seguramente mi hija le ha pedido a Nicolás que la trajera, ya sabes, para que intente relacionarse con gente de dinero y logre escalar un poco.—Pero... ¿No crees que hay demasiada familiaridad entre ellos? —insistió Amarilis Comte, sintiendo una incómoda punzada de recelo—. Se supone que solo se conocen a través de Lisa...Amarilis ardía de furia por dentro. Su futuro ya estaba trazado a

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    Capítulo 48 — ¿Qué hace ella aquí? Está en todos lados con ese hombre. ¿No te parece sospechoso, Edward? —siseó Rebeca con los dientes apretados, hirviendo de rabia.Edward, que hasta ese momento había permanecido embelesado mirando a Amara, despertó de su arrobamiento y masculló sin convicción:—Es amiga de Lisa...— ¡No seas tonto! ¿Qué hombre va a estar pegado e ir a todos lados con la amiga de su hermana? Esa mujer ya se subió a una rama más alta. ¿Es que no entiendes?—Cállate, no sigas hablando estupideces.— ¿Qué te dio esa mujer que te embobó? ¿Crees que no sé que fuiste tú el que la llamó al hotel? ¿Cómo hizo Amara para entrar a la habitación si no? De verdad, ¿me ves cara de estúpida?—No hice nada.— ¡Claro que sí! Desde el principio te lo dije: lo nuestro es una distracción, un juego...—Jugando y con ella juegas también —espetó Edward, perdiendo la paciencia.Edward se quedó pensativo. Al principio lo creía; pensaba que Amara era solo un juego temporal, pero al pasar los

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    Capítulo 47Cuando Amara cruzó el umbral y comenzó a descender las escaleras del vestíbulo, el sonido sutil de sus tacones resonó, alertando a Nicolás.El que la esperaba al pie de los escalones, se quedó completamente inmóvil.Durante un segundo eterno, el mundo a su alrededor se desvaneció.Sus ojos azules recorrieron cada centímetro de su silueta —desde las sandalias plateadas hasta el corsé que ceñía su cintura y el escote que enmarcaba su piel— con una intensidad oscura y devoradora.Su rostro adoptó una expresión indescifrable: una mezcla explosiva de posesión, asombro absoluto y deseo.¡Bellísima!, murmuró.Cuando al fin se sacudió el embelesamiento, dio un paso al frente y sacó un estuche de terciopelo oscuro de su bolsillo. La abrió con cuidado, revelando una gargantilla de diamantes y unos zarcillos que destellaban y hacían juego con los cristales del vestido.—Te falta esto para completar la obra de arte —murmuró su voz ronca, con un matiz de adoración.Amara contuvo el ali

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    Capítulo 46Ya en el automóvil, Amara seguía entre avergonzada e intranquila.Avergonzada de que Nicolás hubiera visto esta parte de su vida.Intranquila por dejar a las abuelas solas, sin saber si los matones volverían. Lo único que pudo pedirles es que cerraran bien las puertas.No encontraba qué decir. Sabía lo que él estaría pensando.Debe estar arrepentido; pudo buscar a una mujer con menos problemas que ella.A su lado, Nicolás mantenía las manos firmes sobre el volante, aunque su atención estaba completamente volcada en ella. Podía ver la tormenta que se desataba en el rostro de su esposa, las líneas de tensión alrededor de su boca y la forma en que sus dedos apretaban con fuerza la tela de su ropa.—Deja de torturarte —rompió el silencio al fin la voz ronca y profunda de Nicolás.Amara se giró de golpe hacia él, a la defensiva, con los ojos brillando de un orgullo herido que intentaba enmascarar su pánico.— ¿Qué quieres que piense? —estalló en un susurro tenso, con la respira

  • Me perdiste. No hay vuelta atrás.   Acuerdo

    Capítulo 45Amara entrecerró los ojos, indignada.—¿Te estás burlando de mí?—Lo admito, un poco —respondió él con una sonrisa leve y torcida—. Pero sigo sin entender cómo a una sola persona parecen perseguirla las deudas por todas partes.—Yo tampoco lo sé... Supongo que solo las heredó.Nicolás suavizó la expresión, volviendo a mirar el modesto interior antes de regresar sus ojos a los de ella.—Admítelo, Amara: hay que sacarlas de aquí. No pueden seguir viviendo en estas condiciones, están en peligro real.—Es todo lo que pude hacer —respondió ella a la defensiva, cruzándose de brazos—. Desde que murió mi abuela, hemos intentado salir a flote como hemos podido...—Tu abuela las apoyaba económicamente, ¿verdad?Se apoyaban entre todas. Era el taller de costura de mi abuela.—Aquí fue donde aprendiste el oficio —afirmó Nicolás, comprendiendo al fin de dónde venía su talento impecable.—Sí, aquí aprendí. Entre todas me ayudaron a pagar los libros de la universidad, a salir adelante cu

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