LOGIN—Así es, Adri. —Paulina continuó—: No pido nada, en serio. Si quieres olvidar, haré como si entre nosotros nunca hubiera pasado nada. Pero si... y solo digo si... como dice Beto, quieres tener un lugar cálido y seguro al que puedas acudir, voy a estar aquí. Cuando lo recuerdes, ven. Te preparo algo rico de comer, te hago compañía y te ayudo a despejar la cabeza.En la mente de Adrián solo quedaba resonando aquella frase de Beto: lo que pasó ya pasó, el tiempo no se puede regresar...No supo cómo salió de la casa de Paulina.Cuando se fue, Beto y Paulina cruzaron una mirada y los dos respiraron aliviados.Adrián no fue a la oficina ni al hospital. Condujo sin rumbo, aturdido, hasta que llegó a su casa.La ropa todavía apestaba a alcohol. Se la quitó, la tiró al bote de basura y después se dejó caer en la bañera, cerró los ojos...Estuvo sumergido más de una hora antes de salir, y solo porque el timbre del celular, que había dejado cargando afuera, lo sobresaltó.Quien llamaba era Beto o
Casa de Paulina.Por la mañana.Cuando Adrián despertó, sentía la cabeza a punto de reventarle. Hizo un gesto de dolor y se dio la vuelta, solo para descubrir algo mucho peor que el dolor de cabeza...Levantó la sábana y miró hacia abajo; fue como si un rayo le cayera encima y la resaca se le esfumó.No traía nada puesto...Y lo más aterrador era que reconocía dónde estaba: la habitación de Paulina.No quería mirar, pero no le quedó más remedio que voltear.Tal como temía, ella estaba acostada a su lado, con la sábana cubriéndola apenas a medias; la piel que quedaba al descubierto estaba desnuda...Tenía la mente hecha un caos, pero lo primero que hizo fue cubrirla a toda prisa.Cuando intentaba reconstruir lo que había pasado la noche anterior, desde afuera llegó la voz adormilada de Beto, como si acabara de despertar. —¡Adri! ¡Adri! ¿Dónde estás? ¿Pau? ¿Dónde están?Adrián entró en pánico, se bajó de la cama y sin querer tiró un florero. Beto siguió el ruido y se acercó.—Adri... —P
¿Cómo se iba a atrever a llamar a la policía?En cuanto investigaran, todos sus secretos quedarían al descubierto.Ante la mirada incrédula de Beto, Paulina inventó una mentira.—Olvídalo, Beto, déjalo así. Hace poco fui a consultar una vidente y me dijo que iba a perder algo de valor, que perder dinero me libraría de una desgracia. Tomémoslo como que me protegió, de cualquier manera...Paulina le dirigió una mirada a Beto. —¿Sabías que puede que Olivia haya vuelto? Seguro ya rescataron a la vieja, esté viva o muerta. ¿Tienes noticias?Beto quedó pasmado. —¿Cuándo...?—Esta tarde. Y no sé cómo estará Adri ahora... —Ella clavó los ojos en Beto—. Adri quiere muchísimo a esa señora. Si se entera de que el maltrato que sufrió tiene que ver con nosotros, ¿qué va a pasar?Beto también quedó paralizado, pero enseguida reaccionó. —No... no puede ser. Nosotros solo le dimos una dirección a Ernesto. ¡Fue un favor! La señora vivía sola, ha de haberse sentido muy triste, y su hijo quería cuidar
—No pasa nada —dijo Santiago, sentándose a su lado—. Solo me estaban dando un reporte sobre el avance del trabajo. Todo va bien.—Santiago, ahora que vas a traer el negocio para acá, ¿vas a volver a vivir aquí con Lorena? —preguntó Olivia con curiosidad.—Por ahora no. —Sonrió—. Lo más probable es que al principio esté yendo y viniendo en avión. Cuando las cosas aquí se estabilicen y marchen bien, ahí veré si mi mamá quiere volver también. Además, ella tiene su carrera y sus planes; no le interesa nada ser madre de tiempo completo.—Lorena es fantástica. —Olivia lo sabía: su tía trabajaba en la industria de la moda, había sido diseñadora en una marca importante durante años y recién había dejado esa empresa.Cuando dijo eso, lo dijo de corazón. El mundo allá afuera era enorme, y sin embargo ella se había encerrado a sí misma durante cinco años.—Nuestra Oli también es formidable —dijo Santiago con un tono que sonaba genuino.Olivia sintió ese cariño de familia incondicional, el que dic
Olivia pensó que Santiago todavía no conocía bien a Adrián.¿Cuántas veces había pasado por esa misma situación?La más peligrosa, y también la que terminó de matarle toda esperanza, fue cuando la punta de un cuchillo apuntaba a su cara y Adrián, aun así, eligió a Paulina por encima de ella.Ahora que ella estaba ahí, sana y salva, ¿iba a elegirla?Tal como esperaba, Adrián la miró. —Olivia, me conoces. Nunca he dejado de querer pasar el resto de mi vida contigo. Solo voy a resolver unas cosas y en cuanto termine, regreso...—¡Lárgate! —Santiago no quería escuchar una palabra más.Aunque Adrián quería seguir hablando con Olivia, con ese sujeto presente, nada de lo que dijera iba a llegar a ningún lado; además, la situación con Paulina probablemente no podía esperar más.Así que dijo un apresurado “espérame” y salió corriendo de la habitación.Santiago se quedó mirando la puerta cerrada con el semblante sombrío.Pero al acordarse de que Olivia estaba a su lado, cambió la expresión. Con
Cuando colgó el teléfono, Adrián se acercó a la cama del hospital. Vaciló un momento, pero al final habló:—Olivia, yo... tengo que irme un momento. Regresaré después a cuidar a la abuelita.Ella no dijo nada.Fue Santiago quien lo miró con una sonrisa irónica.—¿Qué pasó? ¿Quién desapareció? ¿Tu amiguita?Adrián endureció el gesto.—Te metes en lo que no te importa.Santiago rio con disimulo.—Los asuntos del señor Vargas me tienen sin cuidado. Solo pienso en que ningún hombre, absolutamente ninguno, dejaría a su esposa después de lo que le pasó a su abuela para ir corriendo tras otra mujer.—¡Cierra la boca! ¡Tú no entiendes nada! —le dijo Adrián.Y enseguida suavizó la voz para dirigirse a Olivia.—Olivia, Pau desapareció. Solo me preocupa... que le haya pasado algo como lo de la abuelita...Santiago rio de nuevo con burla.Detestaba que ese sujeto se riera así a la menor provocación. Esa risa mostraba un desprecio que lo hacía sentirse inferior.—¿De qué te ríes? ¿Qué te parece tan
Olivia sintió que la realidad la golpeaba de nuevo, obligándola a ver las cosas como eran. Siempre creyó que Adrián había comprado aquel departamento de una sola planta pensando en su pierna lastimada, para facilitarle la vida. Pero no...Resultó que aquel era el hogar ideal que él había soñado con
—¡Tus celos deben tener un límite! ¡Ya te pasaste! —Adrián la miraba con impaciencia, como si su tolerancia se hubiera agotado.—No estoy celosa. —Olivia lo miró fijamente, con seriedad—. Desde el principio, lo único que he dicho es...—¡Basta! —el grito de él la interrumpió.Beto, actuando como el
En casa de Mercedes había ropa de hombre; eran modelos de hacía cinco años, pero estaban impecables. Olivia la había comprado.Las noches en el campo eran hermosas: se escuchaba el canto de los grillos, se sentía la fragancia de las flores y, cuando el cielo estaba despejado, se podía ver con clarid
—Así es, señora, esta es la propiedad con la mejor ubicación; está frente al lago —comentó la vendedora para apoyar la decisión—. Cuando el clima es cálido, llegan los cisnes. Es un lugar muy tranquilo.Adrián la llevó de la mano hacia la terraza para que apreciara la vista de la casa.La brisa fres







