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Capítulo 521

Author: Esperanza Marín
Julián parecía tener mucho apuro, estaba muy ansioso y la jaló del brazo.

—Ya vámonos. Venimos todos los días, no pierdas el tiempo despidiéndote.

Olivia sintió que se estaba comportando muy raro.

—¿Cómo nos vamos a ir sin despedirnos? Qué falta de educación.

Él venía de buena familia, ese desplante no encajaba con sus valores. Por lo general, era muy educado.

Mientras tanto, las enfermeras seguían comentando.

—Dios mío, ¿quién les hizo eso? ¿No llamaron a la policía?

—No —contestó la enfermera
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    Los cuatro borrachos sonreían con sarcasmo y le decían que no se metiera donde no lo llamaban, que no aguantaría una golpiza.Adrián era alto, pero delgado, y en el último año había adelgazado todavía más; en una pelea, no era rival para ellos.Le dijo a Olivia:—Apenas veas un hueco, corre. ¿Me escuchaste? ¡Corre!Cuando logró ponerse de pie, le temblaba todo el cuerpo.Se escondió detrás de Adrián, decidida a hacerle caso y huir en cuanto pudiera. No sería de mucha ayuda si se quedaba, solo sería un estorbo; si lograba salir, podía llamar a Alan o a la policía y, entonces, los dos tendrían oportunidad de escapar.No era tan fácil escabullirse, tenía que esquivar a los cuatro sujetos.Cada vez que Olivia detectaba un hueco e intentaba lanzarse, alguno se le atravesaba enseguida.Al final, se abalanzaron al mismo tiempo: uno bloqueó la silla que Adrián tenía en la mano, dos lo sujetaron, y uno los rodeó para agarrar a Olivia.Cuatro contra dos: un callejón sin salida.Adrián se dio la

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    Incluso Julián, aunque seguía aplicándole la ley del hielo a Olivia, ensayaba siempre con profesionalismo; solo que empezó a separarse del grupo. Ya no entraba ni salía con ella y mucho menos la esperaba en las noches para acompañarla. Ella se fue acostumbrando.Cada noche, después de su práctica individual, salía a la calle frente a la escuela y esperaba; el auto de los escoltas aparecía puntualmente.Aquel día fue el último ensayo antes de viajar al Festival Internacional de las Artes.No quiso alargar mucho el ensayo: por la tarde repasaron las marcaciones a manera de formalidad y luego les dijo a las bailarinas que se fueran temprano a descansar, porque al día siguiente había que tomar el vuelo.Julián, por supuesto, también se fue, al mismo tiempo que ellas.Olivia recogió sus cosas y se dirigió a la clínica, como siempre, para su terapia.Pensó en pasar a comprarse un café y un pan para comer algo. Al llegar a la cafetería, antes de entrar, vio a través del gran ventanal de crist

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    Olivia se dio la vuelta.—Julián, no estoy molesta por su decisión de cerrar la tienda. Lo que pienso es que nosotros no debemos intervenir en la vida de otros. Vamos a ocuparnos de lo nuestro y hacernos responsables de la relación que tenemos, y ya. Lo que haga Adrián, desde el momento en que me divorcié de él, dejó de ser mi asunto. No sé cuántas veces te lo he dicho.—¡Él no debería estar cerca de ti! ¡No tendría que estar revoloteándote como una mosca! —gritó furioso—. ¡Y encima te disgustas conmigo por él! ¿Quién es tu novio?—Ya te dije que no estoy molesta contigo. ¿Te dije algo que te hiciera pensar eso? Ayer te fuiste sin avisar, de pronto dejaste de hablarme y ni siquiera te despediste. Se esforzaba por hablar con serenidad.—Ayer solo me quedé asombrada. ¿Cómo pudiste hacer algo así? Eso… es invadir el espacio de otra persona.—¿Y si yo invado su espacio a ti qué te importa? ¿No decías que ya no tenían nada que ver? ¿Por qué te pones así? —Julián seguía molesto.Ella ya no

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    —Señorita, ¿se siente bien? ¿Quiere apoyarse en mí? —Los guardaespaldas de Santiago estaban muy bien entrenados: usaban mangas largas y guantes, así que al sostenerle el brazo ni siquiera rozaban su piel.Ella no quería molestarlos y agitó la mano diciendo “no hace falta”, pero al dar dos pasos, quizás por el cansancio extremo y el tiempo que pasó encogida en el auto, sintió las piernas adormecidas y volvió a tambalearse.El escolta extendió la mano y la sostuvo, y se volvió hacia el otro guardia para decirle algo. Ella apenas alcanzó a entender que pedía que trajera algo, pero la palabra que dijo en inglés no la captó.La acompañó hasta la puerta de su casa y solo entonces ella empezó a recuperarse. Cuando se le pasó el adormecimiento de los pies, se quedó parada en la entrada y le dijo al guardia que ya se había recuperado.El otro guardia, sin embargo, ya traía en la mano el dichoso objeto. Lo que Alan había pedido era un masajeador eléctrico.Él le entregó el dispositivo.—Nosotros

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    Julián parecía tener mucho apuro, estaba muy ansioso y la jaló del brazo.—Ya vámonos. Venimos todos los días, no pierdas el tiempo despidiéndote.Olivia sintió que se estaba comportando muy raro.—¿Cómo nos vamos a ir sin despedirnos? Qué falta de educación.Él venía de buena familia, ese desplante no encajaba con sus valores. Por lo general, era muy educado.Mientras tanto, las enfermeras seguían comentando.—Dios mío, ¿quién les hizo eso? ¿No llamaron a la policía?—No —contestó la enfermera de la noche—. La señora dijo que era un muchacho joven, alguien que ya había visto por esa misma calle. Que iba con muy mala actitud, que se puso a romper cosas del local y se fue. Después colocaron en la entrada un letrero de “Se regala toda la mercancía”.Al escuchar eso, Olivia lo entendió todo. Miró a Julián con la esperanza de no estar equivocada en su sospecha.Él salió con apuro de la clínica y entonces confirmó que no se había equivocado.No se fue lejos; se quedó esperándola afuera.Al

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