ログインValeria se incorporó de golpe y se burló:—Eso quisiera saber yo. ¿Por qué no fuiste tú?Antes de irse, Valeria le advirtió a Verónica que reparara mi tumba. Si no, usaría todos sus contactos para destruir a la familia Santos.Después de que Valeria se fue, el cementerio volvió a quedar en silencio.No sabía qué estaba pensando Verónica. Se quedó tendida en el suelo durante mucho tiempo. El viento nocturno le levantaba los mechones sobre la frente, y eso me hizo recordar que antes nosotros dos también habíamos ido de campamento.Las estrellas de aquella noche eran más bonitas que las de ahora.Fue justo esa noche cuando Verónica me dijo de pronto:—Rodrigo, ¿quieres casarte conmigo?En poco más de cinco años pasamos del cariño al amor, y del amor al odio. Fue demasiado rápido.Verónica se levantó de golpe. Con la sangre que brotaba de la herida de su labio, escribió sobre la lápida caída:Aquí descansarán Rodrigo Márquez y Verónica Santos, esposos.Luego se recostó junto al nicho destr
Verónica pasó dos meses viviendo así, entre la confusión y el alcohol.Después empezó a salir con frecuencia. Cada vez que volvía, llegaba agotada.Mi alma se debilitaba cada vez más. Aunque seguía atado a Verónica, ya no soportaba la luz directa del sol, así que no tenía forma de seguirla ni de saber a dónde iba durante el día.Hasta que una noche, ya muy tarde, Verónica volvió a salir.La seguí.Llegamos a un cementerio.Sobre una lápida con mi fotografía, leí la inscripción:Aquí yace Rodrigo Márquez, esposo de Valeria Cortés.Aquella inscripción era la única mentira egoísta que Valeria se permitió para conservarme a su manera.Solo entonces entendí que Verónica había estado saliendo últimamente para encontrar mi tumba.Pero al ver esa lápida, tanto Verónica como yo nos quedamos helados.Verónica estaba furiosa.Yo, en cambio, solo sentí una tristeza amarga.En realidad, entre Valeria y yo nunca hubo nada. Tanto ella como yo sabíamos que cualquier cosa entre nosotros era imposible,
Después de la muerte de Bruno, Verónica no reaccionó demasiado.Para entonces, estaba desesperada por encontrar mis restos. Pero aunque los encontrara, ¿qué cambiaría?Verónica buscó por toda la casa hasta encontrar el número de Valeria.En cuanto Valeria contestó, Verónica preguntó con ansiedad:—¿Dónde están los restos de Rodrigo?Valeria parecía mucho más serena. No la insultó ni le reclamó nada a Verónica. Solo soltó una risa amarga.—Pensé que en esta vida jamás volverías a acordarte de Rodrigo. Después de todo, estabas demasiado ocupada cuidando a tu amor de siempre. Parece que la muerte de Rodrigo por fin te despertó un poco la conciencia.Pero Verónica no escuchó nada.Solo repitió su pregunta.Valeria dijo con frialdad:—Si tanto quieres saber, búscalo tú misma. Pero creo que Rodrigo no querría verte.Yo tampoco quería ver a Verónica.¿Para qué iba a ver a una mujer que jamás se preocupó por si yo vivía o moría, y que nunca confió en mí?Si aparecía frente a mi tumba, solo per
Después de decir eso, la enfermera dejó de prestarle atención a Verónica y se fue.Verónica se quedó inmóvil allí durante mucho tiempo.Tal vez recordó el día en que Valeria pasó junto a ella llevando mi cuerpo.Verónica salió corriendo del hospital como si hubiera perdido la razón.Pero no fue a buscarme, sino al lugar donde estaba Bruno.Me pareció ridículo. Pensé que, al enterarse de mi muerte, Verónica al menos sentiría culpa. Pero para ella, ni muerto podía competir con Bruno.Cuando llegó al departamento, la puerta estaba entreabierta.Verónica se detuvo.Entonces escuchó las voces que venían de adentro.—¿Ya van a dejar de molestar o qué? Ya les di dinero. Si siguen así, voy a llamar a la policía.La voz firme de Bruno se oyó desde el interior.Verónica estuvo a punto de empujar la puerta y entrar. Pero justo cuando puso la mano en la manija, un hombre adentro soltó una risa seca.—¿Crees que con cuatro mil dólares te vas a librar de nosotros? ¿Se te olvidó que nos metiste en un
—Empecemos de nuevo. Hagamos de cuenta que tú nunca te casaste y que yo nunca te traicioné. De verdad te amo.Al ver que la expresión de Verónica se ponía seria, Bruno suavizó el tono.Cuando se trataba de calmar a Verónica, Bruno siempre sabía exactamente qué hacer.Y Verónica siempre terminaba cediendo.En cambio yo, cuando Verónica se enojaba, podía intentarlo todo y aun así ella no me regalaba ni una sonrisa.La diferencia entre amar y no amar era demasiado evidente. Y yo fui tan tonto que solo pude verlo después de morir.Esa mujer, que frente a mí siempre era fría y seria, con otro hombre podía ser increíblemente tierna. Incluso podía cruzar sus propios límites una y otra vez por Bruno.Un dolor opresivo y punzante me llenó el pecho. Ahora ya no me importaba cómo Bruno me difamaba ni cuánto me odiaba Verónica.—Acabas de salir del hospital. Será mejor que descanses.Verónica se zafó de Bruno. No respondió directamente a su propuesta. Solo salió de allí sin mirar atrás.Después de
Un mes después de que Bruno fuera hospitalizado, Verónica fue al hospital a recogerlo cuando le dieron el alta.A diferencia de mí, que después de muerto solo tuve a Valeria a mi lado, la habitación de Bruno estaba llena de gente. Sus familiares y amigos se apretujaban dentro, y en cuanto Verónica apareció, el ambiente se animó de golpe.—Verónica, ¿cuándo te vas a casar con Bruno? Con lo mucho que te preocupas por él, Bruno sí que tiene suerte.Bruno bajó la cabeza.—No digan eso. Verónica ya está casada. No quiero que Rodrigo escuche esto y nos malinterprete. Tampoco quiero ser el tercero en discordia, porque luego Rodrigo volverá a hacerme la vida imposible.Uno de sus amigos habló con sarcasmo:—¿Y qué tiene de bueno un hombre tan mezquino, que solo sabe armar escenas de celos? Verónica te ama a ti. En el amor, el que sobra es el que no es amado. Además de hacerte daño, ¿qué más sabe hacer ese tipo? Si yo fuera ella, me habría divorciado hace mucho.Al escuchar esas palabras, solo







