LOGINPunto de vista de Viola
—¿Por qué ese Alfa dijo que soy su compañera predestinada? ¡Está completamente loco!
Murmuré para mis adentros mientras permanecía en el balcón de mi habitación, con la mirada fija en la distancia. Levanté la vista hacia el cielo nocturno, adornado por la luna, donde seguramente la Diosa Luna me observaba desde las alturas. La brisa soplaba suavemente entre los árboles, creando un ambiente fresco y tranquilo.
—Viola, ¿todavía no estás dormida?
Aquella voz grave y ligeramente ronca me hizo estremecer.
Me volví rápidamente y vi al Alfa Edward acercándose a mí. Mi expresión cambió al instante cuando lo vi salir al balcón y detenerse justo a mi lado. Sentí que el rostro se me quedaba helado y seguramente había palidecido.
—¿Alfa? —pregunté, sobresaltada.
Edward giró la cabeza hacia mí. Levantó una ceja mientras me observaba atentamente.
—¿Qué ocurre? ¿Por qué pareces tan asustada al verme acercarme?
—¡Oh, no! Yo… Simplemente me sorprendió que aparecieras de repente —respondí nerviosamente, aunque en realidad sí me había tomado por sorpresa.
—No tienes por qué sorprenderte tanto. Después de todo, soy tu esposo y nos vemos constantemente —contestó con naturalidad.
Una vez más, sus palabras me dejaron desconcertada. Nunca antes me había hablado de aquella manera.
¿Que nos veíamos constantemente?
Eso era imposible.
Apenas conseguía verlo. Incluso hablar a solas con mi propio esposo resultaba extremadamente difícil. Siempre terminaba dejándome sola sin ninguna razón aparente.
Entonces, ¿por qué de repente hablaba así?
Ambos guardamos silencio. Quería preguntarle muchas cosas, pero terminé desistiendo porque temía que me considerara demasiado atrevida.
—Viola —me llamó Edward, rompiendo el silencio entre nosotros.
—Sí, Alfa —respondí, levantando rápidamente la cabeza.
Mientras lo miraba, Edward se acercó de repente. Sus manos grandes y musculosas rodearon mi cintura esbelta y me atrajeron hacia él, hasta que mi cuerpo chocó contra su robusto pecho.
—¡Ah! —solté un pequeño grito, completamente sorprendida por su comportamiento.
Pero antes de que pudiera preguntarle qué estaba haciendo, Edward presionó de pronto sus labios contra los míos. Abrí los ojos de par en par al sentir sus labios cálidos y suaves aplastándose contra los míos.
Y no se detuvo ahí. Sus manos descendieron hasta mis nalgas y las apretaron, provocándome un estremecimiento.
Poco a poco, rompió el beso y me miró con sus ojos color avellana, cargados de deseo.
—Oh, Viola. Te deseo muchísimo esta noche. Voy a reclamarte como mía. ¿Estás dispuesta? —susurró cerca de mi oído, hasta que su cálido aliento rozó mi nuca.
Me quedé atónita al escuchar sus palabras. Instintivamente, intenté apartarme de sus brazos e incluso lo empujé ligeramente.
—Luna, ¿qué sucede? ¿Por qué te apartas de mí? ¿No quieres que te reclame como mi compañera? —preguntó Edward, entrecerrando los ojos con evidente desconcierto.
—Oh, Alfa, yo… —balbuceé, abrumada por sus palabras.
No era que no quisiera. Por supuesto que deseaba que me reclamara como su compañera. Sin embargo, sabía perfectamente cuáles serían las consecuencias si me acostaba con él.
Edward descubriría que ya no era virgen. Además, seguramente me acusaría de haberle sido infiel.
Edward se acercó de nuevo y tomó mi mano temblorosa. Mi rostro palideció todavía más y mis labios comenzaron a temblar.
—Luna, ¿qué te ocurre? ¿Estás enferma? —preguntó, adoptando de repente una expresión preocupada.
Yo seguía paralizada por el miedo y la confusión. Mi cuerpo temblaba cada vez más, pero mi mente no dejaba de buscar una solución. Tenía que encontrar la manera de salir de aquella situación.
—Sí, Alfa. Me encuentro mal desde esta tarde. Me duele la cabeza, estoy mareada y me duele todo el cuerpo —dije, obligándome finalmente a mentir.
Sí, tenía que hacerlo. Probablemente era la única manera de escapar de Edward.
—¡Por la Diosa Luna! ¿Por qué no me lo dijiste antes, Viola? Será mejor que descanses. Voy a llamar a un médico para que te examine.
No sabía por qué Edward parecía tan alarmado. Incluso me levantó en brazos de inmediato y me llevó hasta la cama, donde me acostó con cuidado.
—Espera aquí. Voy a llamar al médico —dijo suavemente mientras me acomodaba entre sus brazos.
—Gracias, Alfa —respondí, asintiendo despacio.
Edward salió rápidamente de la habitación. Mientras tanto, volví a recostarme y contemplé el techo con ansiedad, esperando la llegada del médico.
Esta noche tendré que utilizar mis poderes para salvarme. Debo engañar tanto al Alfa como al médico.
Cerré los ojos y concentré la poderosa energía que había dentro de mi cuerpo.
Al cabo de un rato, sentí que aquella energía recorría cada parte de mi organismo. Mi cuerpo comenzó a arder y a dolerme. También empecé a sentir un fuerte mareo.
Ojalá mi plan de fingir que estaba enferma delante del Alfa y del médico funcionara.
No pasó mucho tiempo antes de que la puerta de la habitación se abriera. Edward entró acompañado de un joven que era el médico de la Manada Sangre Invernal.
—Doctor Nathan, la Luna está enferma. ¡Examínela ahora mismo! —ordenó Edward con firmeza.
—De acuerdo, Alfa.
Nathan se acercó a mí y colocó una mano sobre mi frente. Después, sacó los sofisticados instrumentos que utilizaba para examinarme minuciosamente.
Mientras Nathan me examinaba el abdomen, Edward se acercó de repente y se sentó a mi lado.
—Luna, tengo que salir un momento. El Beta Adrian acaba de llamarme. Dice que ha surgido algo urgente —me explicó mientras me acariciaba suavemente la cabeza.
—Puedes irte, Alfa. Estoy bien —respondí en voz baja, aunque en mi interior me sentía aliviada.
—Volveré pronto.
Después de decir aquello, Edward salió apresuradamente de la habitación.
Ahora solo estábamos Nathan y yo.
—¿Te duele el estómago, Luna? ¿Últimamente has sentido ganas de vomitar? —preguntó el médico mientras apoyaba una mano sobre mi abdomen.
—No, Nathan. Nunca he sentido nada extraño en el estómago. Solo tengo mareos y me duele todo el cuerpo —mentí.
—Pero… —Nathan frunció el ceño, como si hubiera descubierto algo fuera de lo normal.
—¿Pero qué? ¿Qué sucede? —pregunté con impaciencia.
—Esto es una buena noticia, Luna.
—¿Qué quieres decir?
Nathan dejó de mover las manos y suspendió el examen. Después, sonrió mientras me mostraba los resultados de la revisión.
—Felicidades, Luna. Está embarazada… ¡del hijo del Alfa!
Punto de vista de ViolaCerré los ojos e intenté tranquilizarme y calmar a Lily, pero ella seguía temblando. No era la misma de siempre. Ya no parecía la loba fuerte que siempre había estado a mi lado.—Lily, ¿por qué le tienes miedo a Danny? —le pregunté en voz baja.No obtuve respuesta. Solo podía escuchar los latidos cada vez más acelerados de mi corazón y un fuerte zumbido en mis oídos.Entonces, de repente, el aire a mi alrededor cambió. La temperatura descendió, como si una niebla negra nos estuviera envolviendo.—¡Ah! ¿Qué está pasando?Sentí que mi cuerpo se convulsionaba. No era por el dolor, sino por un impulso que nacía en mi interior.Sí, Lily se estaba rebelando.—¡No, Lily! Todavía no estoy preparada —susurré entre jadeos.Sin embargo, ya era demasiado tarde. Sentí como si mi alma se estuviera partiendo en dos. Una fuerza salvaje tiró de Lily y comenzó a arrancarla de mi interior.Grité, pero no salió ningún sonido de mi garganta. El mundo quedó en silencio y solo quedar
Punto de vista de ViolaLa puerta de la habitación se abrió de golpe. El estruendo al chocar contra la pared hizo que el corazón me diera un vuelco. Evan y yo giramos la cabeza al mismo tiempo hacia la entrada. Contuve la respiración cuando una figura alta y de hombros anchos apareció en el umbral, con los ojos ardiendo de furia.¡Edward!Tenía la mandíbula tan tensa que parecía de piedra. Sus ojos brillaban como llamas, dispuestos a reducirlo todo a cenizas. El ambiente de la habitación se volvió insoportablemente tenso. El aire se espesó y respirar comenzó a costarme cada vez más.—¡Evan, sal de aquí! —ordenó Edward con una voz fría, grave y amenazadora.Sin embargo, Evan no se movió de inmediato. Seguía de pie a mi lado, con parte de su cuerpo delante del mío, como si quisiera protegerme.—Edward, escúchame primero. No es lo que piensas.—¡He dicho que te largues! —bramó Edward, alzando aún más la voz.Entonces vi a Nathan detrás del Alfa Edward. Tenía el rostro sombrío y parecía i
Punto de vista de Viola—¿Evan está aquí?Él permanecía de pie frente a mí, con sus penetrantes ojos clavados en mi rostro. Desde que llegamos a Luna Plateada, no había podido dejar de pensar en él. Incluso antes de verlo, ya podía sentir su presencia.Su aroma me golpeó como una cuchilla. Era intenso, cálido y almizclado, mezclado con el olor a pino y algo profundamente salvaje. Un aroma que antes me había confundido en medio de la pasión y que ahora hacía temblar todo mi cuerpo.El hombre permanecía tranquilo, vestido con un elegante traje formal negro y gris. Sin embargo, sus ojos no reflejaban la misma calma. Su mirada era afilada y penetrante, como si pudiera desnudarme por completo desde la distancia.—¿Viola? —susurró Edward mientras apretaba un poco más mi mano.—Te tiemblan las manos.Me sobresalté y retiré rápidamente la mano de la suya.—Es el viento nocturno, Alfa. Hace un poco de frío —murmuré, intentando mantener la voz serena.—Está bien.Edward asintió, aunque siguió o
Punto de vista de Viola—Dime, ¿qué me estás ocultando?La pregunta me golpeó con más fuerza que cualquier espada. La mirada de Edward era inquisitiva, cargada de sospecha. No podía negarlo. Sentía el pecho oprimido, pero hice todo lo posible por mantener la calma.—Solo estoy cansada, Alfa. Últimamente he tenido demasiadas cosas en la cabeza.Pasaron unos segundos de silencio que me dejaron los oídos zumbando. Entonces, Edward soltó un profundo suspiro. Me observó durante un largo momento, como si esperara que terminara confesando la verdad. Pero no cedí. No podía decirle nada.Todavía no.Finalmente, se levantó y caminó hacia la puerta. Su rostro reflejaba decepción, aunque también había cierta culpa en sus ojos.—Está bien, Luna. Si necesitas algo, llámame. Te daré un poco de tiempo.Y se marchó, dejándome sola en la habitación.La puerta se cerró suavemente tras él, pero su voz seguía resonando en mi cabeza. Solté el aire que había estado conteniendo y sentí que las rodillas casi
Punto de vista de Viola—¿Qué? ¿Quieres decir que estoy embarazada?Abrí los ojos de par en par al escuchar las palabras de Nathan.—Así es, Luna. Está esperando un hijo del Alfa. Felicidades —respondió Nathan con una sonrisa amable.Se me cortó la respiración. Aferré las sábanas con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos. Sentí que el mundo entero daba vueltas a mi alrededor.¿Embarazada? ¿Yo?Nunca me había acostado con Edward. Solo había una explicación posible, y no soportaba terminar de formular aquel pensamiento.Evan.—Nathan… ¿estás completamente seguro? —susurré.—Lo he comprobado dos veces. Hay un latido débil, pero constante.Mi mano se dirigió por sí sola hacia mi vientre todavía plano. Una vida estaba creciendo dentro de mí. Era tan pequeña y, sin embargo, imposible de negar. La realidad me golpeó como una puñalada en el pecho.—¿De cuánto tiempo estoy?Nathan hizo una pausa para calcularlo.—Aproximadamente entre cinco y seis semanas.Cinco o seis semanas.
Punto de vista de Viola—¿Por qué ese Alfa dijo que soy su compañera predestinada? ¡Está completamente loco!Murmuré para mis adentros mientras permanecía en el balcón de mi habitación, con la mirada fija en la distancia. Levanté la vista hacia el cielo nocturno, adornado por la luna, donde seguramente la Diosa Luna me observaba desde las alturas. La brisa soplaba suavemente entre los árboles, creando un ambiente fresco y tranquilo.—Viola, ¿todavía no estás dormida?Aquella voz grave y ligeramente ronca me hizo estremecer.Me volví rápidamente y vi al Alfa Edward acercándose a mí. Mi expresión cambió al instante cuando lo vi salir al balcón y detenerse justo a mi lado. Sentí que el rostro se me quedaba helado y seguramente había palidecido.—¿Alfa? —pregunté, sobresaltada.Edward giró la cabeza hacia mí. Levantó una ceja mientras me observaba atentamente.—¿Qué ocurre? ¿Por qué pareces tan asustada al verme acercarme?—¡Oh, no! Yo… Simplemente me sorprendió que aparecieras de repente







