LOGINPunto de vista de Viola
—¿Qué? ¿Quieres decir que estoy embarazada?
Abrí los ojos de par en par al escuchar las palabras de Nathan.
—Así es, Luna. Está esperando un hijo del Alfa. Felicidades —respondió Nathan con una sonrisa amable.
Se me cortó la respiración. Aferré las sábanas con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos. Sentí que el mundo entero daba vueltas a mi alrededor.
¿Embarazada? ¿Yo?
Nunca me había acostado con Edward. Solo había una explicación posible, y no soportaba terminar de formular aquel pensamiento.
Evan.
—Nathan… ¿estás completamente seguro? —susurré.
—Lo he comprobado dos veces. Hay un latido débil, pero constante.
Mi mano se dirigió por sí sola hacia mi vientre todavía plano. Una vida estaba creciendo dentro de mí. Era tan pequeña y, sin embargo, imposible de negar. La realidad me golpeó como una puñalada en el pecho.
—¿De cuánto tiempo estoy?
Nathan hizo una pausa para calcularlo.
—Aproximadamente entre cinco y seis semanas.
Cinco o seis semanas. Justo desde aquella noche en la que cometí el peor error de mi vida, cuando me entregué a un hombre al que ni siquiera había reconocido.
—Nadie puede enterarse —dije con la voz temblorosa—. Si Edward descubre que este niño no es suyo, podría desterrarme. Incluso podría matarme. Nathan, por favor, no se lo digas al Alfa.
Él vaciló, dividido entre sus obligaciones y mi súplica.
—Luna, es el protocolo. Tengo que informárselo.
—Se lo diré yo misma. Solo necesito tiempo. Por favor.
El silencio se prolongó entre nosotros. Finalmente, Nathan asintió a regañadientes.
—Tres días. Es todo el tiempo que puedo darte. Y, Luna, piensa en el futuro de tu hijo.
—Gracias, Nathan.
Él recogió sus instrumentos y salió discretamente de la habitación. Apenas había conseguido secarme las lágrimas cuando la puerta volvió a abrirse y Edward entró, con el rostro tenso por la preocupación.
—Luna, ¿cómo te encuentras? ¿Qué ha dicho Nathan?
El corazón me dio un vuelco.
—Dijo que solo estoy agotada. Necesito descansar, nada más.
Edward me observó durante unos instantes. Después, se inclinó y depositó un beso en mi frente, mientras me acariciaba suavemente el cabello.
—Menos mal. Tengo que volver a la sala del consejo, pero regresaré esta noche.
Asentí, incapaz de decir nada más. En cuanto la puerta se cerró, me cubrí la cabeza con la manta y lloré contra la almohada, temblando en silencio.
Diosa Luna, ¿qué debo hacer?
No quería perder a este niño. Tampoco quería morir. Y no quería traicionar a Edward, el hombre que por fin estaba empezando a abrirme su corazón.
Me abracé el vientre con fuerza.
—Mamá te protegerá. Pase lo que pase.
Los dos días siguientes fueron insoportables. Cada mañana despertaba angustiada y cada noche permanecía despierta, atormentada por la culpa. Edward venía a verme cada vez con más frecuencia y, cada vez que aparecía, sentía una opresión en el pecho.
Evan y Edward eran gemelos y sus aromas eran prácticamente idénticos. Esa era la única razón por la que Edward todavía no había notado nada extraño.
Pero ¿cuánto tiempo podría seguir engañándolo?
La tarde del segundo día, Edward me encontró sentada junto a la ventana.
—Pareces cansada, Viola —dijo mientras se sentaba a mi lado y tomaba mi mano—. ¿Te ocurre algo?
—He estado dándole demasiadas vueltas a las cosas, Alfa.
—Entonces deja de hacerlo. No estás sola.
Me acarició la mejilla y deslizó suavemente el pulgar sobre mi piel.
—Quiero que estemos más unidos, Luna. Mucho más unidos.
Mi cuerpo se puso rígido.
—Alfa, todavía no estoy preparada —respondí rápidamente.
Su mano se apartó despacio de mi rostro. Una sombra de decepción cruzó sus facciones.
—Llevamos semanas casados y te estremeces cada vez que me acerco. Últimamente te comportas de manera diferente. Estás distante.
—Solo estoy cansada. Eso es todo.
—Viola…
Su voz se volvió más grave. Su mirada se agudizó y me dejó paralizada en el sitio.
—Dime la verdad. ¿Me estás ocultando algo?
El ambiente se volvió sofocante. El muro de mentiras que había construido comenzaba a resquebrajarse, y ya no sabía cuánto tiempo más podría evitar que se derrumbara.
—Alfa, yo…
—No me mientas, Luna —dijo con frialdad—. Soy un Alfa. Puedo oler la verdad.
Punto de vista de ViolaCerré los ojos e intenté tranquilizarme y calmar a Lily, pero ella seguía temblando. No era la misma de siempre. Ya no parecía la loba fuerte que siempre había estado a mi lado.—Lily, ¿por qué le tienes miedo a Danny? —le pregunté en voz baja.No obtuve respuesta. Solo podía escuchar los latidos cada vez más acelerados de mi corazón y un fuerte zumbido en mis oídos.Entonces, de repente, el aire a mi alrededor cambió. La temperatura descendió, como si una niebla negra nos estuviera envolviendo.—¡Ah! ¿Qué está pasando?Sentí que mi cuerpo se convulsionaba. No era por el dolor, sino por un impulso que nacía en mi interior.Sí, Lily se estaba rebelando.—¡No, Lily! Todavía no estoy preparada —susurré entre jadeos.Sin embargo, ya era demasiado tarde. Sentí como si mi alma se estuviera partiendo en dos. Una fuerza salvaje tiró de Lily y comenzó a arrancarla de mi interior.Grité, pero no salió ningún sonido de mi garganta. El mundo quedó en silencio y solo quedar
Punto de vista de ViolaLa puerta de la habitación se abrió de golpe. El estruendo al chocar contra la pared hizo que el corazón me diera un vuelco. Evan y yo giramos la cabeza al mismo tiempo hacia la entrada. Contuve la respiración cuando una figura alta y de hombros anchos apareció en el umbral, con los ojos ardiendo de furia.¡Edward!Tenía la mandíbula tan tensa que parecía de piedra. Sus ojos brillaban como llamas, dispuestos a reducirlo todo a cenizas. El ambiente de la habitación se volvió insoportablemente tenso. El aire se espesó y respirar comenzó a costarme cada vez más.—¡Evan, sal de aquí! —ordenó Edward con una voz fría, grave y amenazadora.Sin embargo, Evan no se movió de inmediato. Seguía de pie a mi lado, con parte de su cuerpo delante del mío, como si quisiera protegerme.—Edward, escúchame primero. No es lo que piensas.—¡He dicho que te largues! —bramó Edward, alzando aún más la voz.Entonces vi a Nathan detrás del Alfa Edward. Tenía el rostro sombrío y parecía i
Punto de vista de Viola—¿Evan está aquí?Él permanecía de pie frente a mí, con sus penetrantes ojos clavados en mi rostro. Desde que llegamos a Luna Plateada, no había podido dejar de pensar en él. Incluso antes de verlo, ya podía sentir su presencia.Su aroma me golpeó como una cuchilla. Era intenso, cálido y almizclado, mezclado con el olor a pino y algo profundamente salvaje. Un aroma que antes me había confundido en medio de la pasión y que ahora hacía temblar todo mi cuerpo.El hombre permanecía tranquilo, vestido con un elegante traje formal negro y gris. Sin embargo, sus ojos no reflejaban la misma calma. Su mirada era afilada y penetrante, como si pudiera desnudarme por completo desde la distancia.—¿Viola? —susurró Edward mientras apretaba un poco más mi mano.—Te tiemblan las manos.Me sobresalté y retiré rápidamente la mano de la suya.—Es el viento nocturno, Alfa. Hace un poco de frío —murmuré, intentando mantener la voz serena.—Está bien.Edward asintió, aunque siguió o
Punto de vista de Viola—Dime, ¿qué me estás ocultando?La pregunta me golpeó con más fuerza que cualquier espada. La mirada de Edward era inquisitiva, cargada de sospecha. No podía negarlo. Sentía el pecho oprimido, pero hice todo lo posible por mantener la calma.—Solo estoy cansada, Alfa. Últimamente he tenido demasiadas cosas en la cabeza.Pasaron unos segundos de silencio que me dejaron los oídos zumbando. Entonces, Edward soltó un profundo suspiro. Me observó durante un largo momento, como si esperara que terminara confesando la verdad. Pero no cedí. No podía decirle nada.Todavía no.Finalmente, se levantó y caminó hacia la puerta. Su rostro reflejaba decepción, aunque también había cierta culpa en sus ojos.—Está bien, Luna. Si necesitas algo, llámame. Te daré un poco de tiempo.Y se marchó, dejándome sola en la habitación.La puerta se cerró suavemente tras él, pero su voz seguía resonando en mi cabeza. Solté el aire que había estado conteniendo y sentí que las rodillas casi
Punto de vista de Viola—¿Qué? ¿Quieres decir que estoy embarazada?Abrí los ojos de par en par al escuchar las palabras de Nathan.—Así es, Luna. Está esperando un hijo del Alfa. Felicidades —respondió Nathan con una sonrisa amable.Se me cortó la respiración. Aferré las sábanas con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos. Sentí que el mundo entero daba vueltas a mi alrededor.¿Embarazada? ¿Yo?Nunca me había acostado con Edward. Solo había una explicación posible, y no soportaba terminar de formular aquel pensamiento.Evan.—Nathan… ¿estás completamente seguro? —susurré.—Lo he comprobado dos veces. Hay un latido débil, pero constante.Mi mano se dirigió por sí sola hacia mi vientre todavía plano. Una vida estaba creciendo dentro de mí. Era tan pequeña y, sin embargo, imposible de negar. La realidad me golpeó como una puñalada en el pecho.—¿De cuánto tiempo estoy?Nathan hizo una pausa para calcularlo.—Aproximadamente entre cinco y seis semanas.Cinco o seis semanas.
Punto de vista de Viola—¿Por qué ese Alfa dijo que soy su compañera predestinada? ¡Está completamente loco!Murmuré para mis adentros mientras permanecía en el balcón de mi habitación, con la mirada fija en la distancia. Levanté la vista hacia el cielo nocturno, adornado por la luna, donde seguramente la Diosa Luna me observaba desde las alturas. La brisa soplaba suavemente entre los árboles, creando un ambiente fresco y tranquilo.—Viola, ¿todavía no estás dormida?Aquella voz grave y ligeramente ronca me hizo estremecer.Me volví rápidamente y vi al Alfa Edward acercándose a mí. Mi expresión cambió al instante cuando lo vi salir al balcón y detenerse justo a mi lado. Sentí que el rostro se me quedaba helado y seguramente había palidecido.—¿Alfa? —pregunté, sobresaltada.Edward giró la cabeza hacia mí. Levantó una ceja mientras me observaba atentamente.—¿Qué ocurre? ¿Por qué pareces tan asustada al verme acercarme?—¡Oh, no! Yo… Simplemente me sorprendió que aparecieras de repente







