登入Después de que el doctor le tomó una radiografía con un aparato portátil de emergencia, confirmó que no tenía fracturas en ninguna zona de su nariz.
―Con estos analgésicos que le estoy recetando y los antinflamatorios adicionales, pronto estará mejor. ―Extendió los dos frascos a la empleada, que estaba de pie, firme como un soldado, al lado de Pilar. El médico se volvió hacia su paciente, procurando mantener su expresión plana, sonriendo de forma profesional―. Tiene suerte, señora Laura, aunque pareciera algo grave, en realidad sanará rápido.
Luego se marchó sin hacer preguntas, con las familias como esa era mejor no saber más de lo necesario; en especial si los hechos ponían a los miembros en ese humor denso y extraño en el que se encontraban.
―Ahora debemos decidir qué vamos a hacer con esa salvaje ―habló Pilar, mirando a los dos, con una mueca chocante. Ella continuaba digiriendo lo sucedido en el auto. Se sentía desnuda y expuesta; su esposo había cruzado una línea indebida, humillándola de manera cruel. Sin embargo, no podía decirle nada, ni siquiera quejarse, porque incluso si lo hacía, él simplemente iba a verla a los ojos y callarse, aceptando cualquier cosa que Pilar le dijese―. Llamaré al abogado mañana en la mañana, aunque no tomamos fotos del estado original, con el testimonio del doctor, podremos hundirla en prisión por unos meses.
―No harás nada de eso ―contradijo Jacobo. Ella abrió los ojos, el tono firme fue un choque.
―Pero, pero…
―¿Es en serio? ―preguntó él, empezando a mostrar enfado―. ¿Acaso no escucharon lo que dijo Leo? ―insistió, apretando su ceño entre los dedos. Luego se cruzó de brazos y las miró con severidad―. Laura provocó a Ángela Lee, incluso si la demandas, con la evidencia que ellos poseen y los antecedentes que existen, lo único que harán es el ridículo.
»¿De verdad crees que tu familia podrá acallar a los Bachmann si ese joven decide ayudar a esa señorita, exponiendo lo que sucedió? ¡Incluso si ganaran la demanda y consiguen llevarla a la prisión por un par de semanas, sabes qué sucederá? ―a medida que crecían sus increpaciones, aumentaba el volumen de su voz―. Humillación, Pilar. Terminarán, tú y tu hija, completamente humilladas, y no conforme, arrastrarán a los Miller, que no están en su mejor momento y, de paso, a los Murphy.
»Y dudo mucho que tu padre se ponga contento con eso.
Ante la mención del patriarca de la familia, Pilar palideció.
Los Murphy tenían una respetable imagen que mantener, no podían correr el riesgo de arruinarla molestando a los Bachmann, que poseían una de las más grandes corporaciones de comunicación y entretenimiento del país, o posiblemente del continente.
―Es verdad ―intervino Laura, su voz ostentaba una calma inusual, que generaba escalofríos. Desde la conversación en el auto se sumió en una profunda cavilación de su vida, en perspectiva, su padre le había lanzado una bomba de destrucción masiva y la pelirroja procuraba salir del entumecimiento que la verdad, fría y cruel, le generó―. No haré nada, no la demandaré.
―¡Laura! ―se quejó Pilar, incrédula ante la actitud pasiva de su hija.
―Mamá, no importa por dónde lo miremos, papá tiene razón ―explicó, mirándola a los ojos―. No podremos resolver esto de forma privada, y sin importar las medidas que tomemos, todo sucedió en casa de los Bachmann.
»Ni porque contratemos a los hackers más excepcionales del planeta, conseguiremos borrar ese video. Ellos poseen una seguridad virtual de alto nivel, casi de nivel militar.
A la pelirroja le costó asumir su parte de culpa, estrujó las manos en unos apretados puños, conteniendo las ganas de llorar.
No solo se sentía humillada, aparte estaba avergonzada de haber mostrado un lado patético al resto de su familia, que siempre estuvo de su lado; Laura había abusado de su suerte, valiéndose del ‘ojos que no ven…’, si los miembros de su familia no la veían actuando de ese modo, siempre podría negar cualquier acusación y ellos la apoyarían.
Además de eso, estaba saboreando el amargo de la derrota.
De lo que siempre se valió para menospreciar y humillar a la mujer que más odiaba, resultó ser falso.
―Voy a darme una ducha, tomaré los medicamentos, después me iré a la cama y mañana regresaré a mi casa ―anunció, levantándose del sofá―. Tengo que terminar de preparar el viaje con mi esposo e hijo.
Mientras estuvo en la tina, pensó en su vida. En su memoria, Jacobo no fue un hombre especialmente cariñoso, pero como no lo fue con Antoni, jamás se le cruzó por la cabeza que la carencia de expresiones de amor paternal se debiera al rechazo de su padre por su mamá.
No obstante, la situación de ella misma era por completo diferente a la de sus padres.
Ella no se embarazó de una manera tan estúpida, no tuvo que engañar ni drogar a David para llevárselo a la cama; de hecho, Noah fue una feliz coincidencia, un regalo del destino, que hizo que David le propusiera matrimonio, mucho antes de lo planeado.
«Si no hubiese pasado ese incidente hace dos años» pensó furiosa.
Si su esposo no hubiera descubierto todo lo que hizo para acortar las distancias entre ambos, en ese momento él sería un hombre diferente; la gentileza que empezaba a demostrarle durante ese tiempo se habría tornado en amor eventualmente; seguro tendrían un hijo más, se hubiesen convertido en una verdadera familia feliz.
Cuando salió de la bañera y se envolvió en un albornoz grueso y cálido, se marchó del cuarto de baño directo a su cama. De forma extraña, tras meditar todo en la tina, su cabeza se volvió más fría, permitiéndole pensar con más claridad.
A diferencia de su madre, ella sí amaba a David.
«Son situaciones totalmente distintas…»
―Ya estás aquí ―dijo su madre, sacándola de sus pensamientos. La mujer sostenía en sus manos un vaso de cristal lleno con agua, se lo extendió y se giró hacia la peinadora, donde los frascos de medicamentos estaban―. Aquí tienes tus medicinas.
Laura recibió las dos pastillas y se las llevó a la boca, bebió el agua fresca sin detenerse, ni siquiera se había percatado de que estaba sedienta.
Depositó el vaso junto a los frascos, se miró por un breve instante en el espejo y luego se alejó hasta la cama. A medida que se acomodó bajo las mantas, observó a su madre, de pie, cerca de la puerta que cerró al entrar. Pilar llevaba una pijama de seda de color blanco perla, a juego con un batín del mismo material.
―Lo que dijo tu padre…
―¿Es verdad? ―la interrumpió, sin mirarla, estaba enfocada en estirar las arrugas de la sábana bajo su mano, pasando la palma de manera constante, sin parar―. ¿Tú y el abuelo, en serio, lo drogaron?
Pilar rechinó los dientes, el tono de Laura no demostraba compasión, ni siquiera duda, parecía que había aceptado los hechos y solo necesitaba que ella lo confirmara.
―Sí… ―respondió tras una larga pausa dubitativa―. Ruben estaba furioso con Jacobo, tu padre dejó atrás todo: su familia, su esposa, su hijo, su trabajo, ¡todo! Por esa mujer…
»Después de su divorcio, pensé que tenía una oportunidad, pero tras dos años de intentar acercarme a él, lo único que conseguí fue ser considerada una ‘conocida de la familia’.
»Luego, un día, él desapareció.
Laura se dignó a levantar la cabeza, sorprendida más por el tono de voz de su mamá que por la historia.
Pilar parecía débil y desvalida, en su voz afloraba el resentimiento silencioso de todos esos años.
«No, no somos iguales…» se dijo Laura a sí misma.
―Un día lo encontramos por casualidad, mi hermano y yo ―prosiguió Pilar―. Fue un choque para mí, iba del brazo con esa mujer, sonriendo, despreocupado, se veían tan… felices ―escupió la última palabra con cierta resistencia―. Antes de desaparecer, tu papá era una de las figuras más emblemáticas del momento, un joven heredero que se estaba comiendo al mundo; pero él abandonó todo por Bianca Lee, cuando tu abuelo se negó a aceptarla como su pareja.
»¿Te puedes imaginar la rabia y la humillación que sentimos tu abuelo y yo cuando lo confrontamos y nos dijo que estaba felizmente casado y que nada lo haría volver? ―soltó una carcajada triste, algo despectiva―. Jacobo Miller pasó de dirigir Miller, Co., a ser el consultante secreto de la pequeña oficina de finanzas de Bianca Lee.
»La razón por la cual no lo encontrábamos fue porque todo lo hacía a través de ella, y el negocio que montaron juntos prosperaba poco a poco, haciendo su vida más fácil.
»Jacobo tuvo el tupé de decirme que no necesitaba millones para vivir, que era mil veces más feliz en el patético departamento que compartían en un distrito residencial de clase media que cuando tenía mansiones, autos y todo el dinero del mundo.
»Yo no podía dejar que él me humillara de ese modo… no pude aceptar que esa mujercita simplona y sin clase fuese mejor para Jacobo que yo.
»Yo, Pilar Murphy, considerada la soltera más hermosa y codiciada de todo el país, fui rechazada porque él prefirió a esa… esa… esa cosa patética ―culminó con arrogancia.
Comprendió a su madre, ella conocía muy bien esa sensación; no entendía los motivos que llevaban a David a preferir a Ángela cuando ella era millones de veces mejor.
La superaba en todo: aspecto, familia, dinero, educación…
―Entiendo, mamá ―dijo Laura, sonriéndole de manera compasiva―. Todo está bien.
Pilar observó a su hija, luego chasqueó la lengua y soltó un resoplido de resignación.
―La cuestión es, hija, que no puedo negar que, a pesar de todos mis esfuerzos, tu padre jamás me amó ―confesó en voz baja, incluso sus ojos no podían soportar la vista de la pelirroja, por vergüenza a la humillación que sentía―. Nuestro matrimonio, a duras penas, existe en el papel, inclusive, tu papá ni siquiera piensa en nuestra imagen pública, le da lo mismo si la gente piensa que somos una farsa, porque esa es la verdad.
»Jacobo tiene razón, en tres décadas de matrimonio, nunca hemos sido felices… y la sensación de lograr mis metas, de haber conseguido lo que quise, tiene más un sabor agrio y amargo, que dulce.
La pelirroja se acercó a la cama, sentándose en el borde de la misma; colocó su mano sobre la de su hija, deteniendo la acción casi ansiosa de alisar la sábana. Laura levantó la cabeza, sorprendida por el contacto frío de la piel, y miró a los ojos de su mamá, descubriendo más emociones de las que expresaba por voluntad propia.
―Hija, no te hagas lo mismo ―habló en voz baja, con genuina preocupación―. Eres una hermosa mujer, joven, con muchas virtudes, y tu esposo es… bueno, es talentoso, y si te amara y apreciara como te mereces, no tendría problema en aceptarlo, pero tú y yo sabemos, que eso no es así…
―No ―interrumpió con voz cortante, retirando su mano con violencia.
Laura frunció el ceño, no podía creer que su madre estuviera insinuando eso.
―Laura… No te arruines la vida en un matrimonio sin amor ―le rogó en un tono que la pelirroja no había escuchado nunca―. Estás a tiempo, si te divorcias, podrás comenzar de nuevo muy pronto, habrá líneas de hombres esperando solo por una mirada tuya, podrías escogerlo a tu gusto…
―Pero no serían David… ―cortó con voz ahogada―. Y yo amo a David, y si tenemos el tiempo, y las cosas mejorarán, estoy segura de que él podría volver a amarme.
―Laura ―llamó Pilar con severidad―. ¿De veras lo crees? ¿De veras crees que ese hombre te ha amado alguna vez?
―Sí, David y yo no somos como tú y papá ―aseguró la pelirroja, ignorando sus increpaciones―. Yo no lo drogué ni lo forcé a casarse conmigo, eso lo hizo por voluntad propia… ―Laura creía con todo el corazón cada palabra que decía―. Además, él no estaba casado con esa mujer, David la abandonó porque quiso, yo no tuve nada que ver en esa decisión.
»Aparte, ya viste, ella lo detesta, madre…
»Y si eso no es suficiente… ―sonrió, pero Pilar lo vio, no era un gesto gentil ni esperanzador―, ya tomé medidas para que a futuro Ángela no sea un problema para nosotros.
»Pronto David se va a dar cuenta de que la única mujer de su vida, la única persona que puede brindarle felicidad, soy yo.
―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor
El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los
Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc
Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp
David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a
David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres







