Share

CAPÍTULO 53

Penulis: Ría Luxuria
last update Tanggal publikasi: 2022-03-26 12:00:30

Ángela no lo notó al principio, sin embargo, cuando salieron de Goudenberg ―uno de los distritos de lujo de la ciudad, poblado de enormes y elegantes mansiones―, se percató de que tardaron casi media hora en llegar a la autopista principal; dicho trayecto solo requería de quince minutos a una velocidad media.

David estaba conduciendo despacio de manera intencional.

Quiso quejarse, pero recordó sus palabras y eso minó su fuerza de voluntad; la morena estaba dividida entre dos versiones de ese hombre que se yuxtaponían y no sabía cómo reaccionar a ello.

―¿Has recuperado tus recuerdos? ―preguntó ella, sin mirarlo. En cambio él, giró su rostro para detallar el perfil de Ángela.

―No, no todos, al menos… creo que ni siquiera un veinte porciento ―respondió con honestidad―. Es raro, no sé cómo explicarlo. Por ejemplo, hace una semana estaba en la cocina de la casa, tomando agua, era tarde en la noche y cuando abrí la nevera vi que uno de los contenedores para guardar comida estaba lleno de vegetales salteados y entonces recordé una vez que Noah hizo un desastre con ellos, lanzándolos fuera de su plato, cuando tenía dos o tres años ―soltó una risita―. O también, en la oficina, con mi secretaria, le dije que debía llamar a un cliente para preguntarle sobre la reanudación de un contrato, y le mencioné que no olvidara comprarle un regalo a la pareja porque en pocos días van a estar de aniversario… ―Ángela lo miró con los ojos abiertos por la sorpresa―. Stella me dijo que yo siempre recuerdo su aniversario de bodas porque desde hace cinco años les envío un obsequio. En mi cabeza, simplemente apareció la información, pero cuando ella dijo eso, recordé sus rostros y las veces que me invitaron a sus fiestas de aniversario con la familia y amigos, porque tienen más de treinta años de casados.

»Pero lo más importante, lo que de verdad quiero recordar… ―dejó escapar una exhalación resignada―, eso se me escapa de las manos.

―Debe ser frustrante para ti ―mencionó ella, dejando entrever un tono compasivo.

―Lo es, aunque más que nada, me siento aterrorizado de todo ―confesó, frenando ante la luz roja del semáforo―. Tengo pesadillas, a veces me duermo rezando porque al despertar de verdad tenga veinticinco de nuevo, o si no, recuperar mi memoria definitivamente.

―¿Y ya descubrieron la causa? ―Escudriñó la calle donde estaban, buscaba alguna parada de taxis o autobuses.

―¿Estás preocupada por mí, Ángela?

La morena se congeló en el acto, la voz de David no escondía sus emociones; ella sintió un escalofrío que la recorrió de pies a cabeza y tuvo que hacer un esfuerzo para mantener las manos relajadas.

Ese hombre que le preguntaba aquello era el David que recordaba, el novio amoroso que volvía del trabajo y se abrazaba a su cintura.

«¿Estás preocupada por mí, Angie? Gracias por preocuparte por mí, nunca nadie se había preocupado por mí como tú…»

―Sí ―contestó en un susurro, sin embargo, no lo miró―. No puedo imaginar ni siquiera cómo te debes estar sintiendo.

»Tu novia ya no está, estás casado con una mujer que te hizo la vida difícil, tienes un hijo… hace siete años atrás las cosas eran diferentes. Todos tus planes, todo lo que te planteaste, nada de eso sucedió… debió ser un terrible shock para ti.

»Para mí lo es… hace unos meses, el hombre que fue a mi café era totalmente distinto, había rastros de ti en él, pero se notaba la diferencia. ―Se rascó la cabeza, comenzó a sentirse incómoda―. Eras frío, distante, en tus ojos solo parecía existir una determinación implacable. Cuando volviste de nuevo, eras el viejo tú, triste sí, confundido sin dudarlo, pero eras el hombre cálido y sonriente que yo… ―hizo una pausa, estuvo a punto de decir ‘amé’―, recordaba.

»Pero esta noche… definitivamente esta noche vi a los dos… ―Frunció el ceño a la vez que sonreía con algo de confusión e incomodidad.

David inspiró con fuerza procurando controlar sus emociones, el tono en la voz de Ángela decía muchas cosas que ella se callaba. Siempre había sido así antes, a pesar de estar herida, o cansada, o frustrada, la morena decía que todo estaba bien, o que sabía cómo solucionarlo, o daba cualquier excusa; pero su voz la delataba.

Cuando eso pasaba, él solo la abrazaba, apretándola con fuerza contra su pecho hasta que Ángela soltaba esas emociones y rompía en llanto.

En ese instante, David sintió la misma necesidad.

Quería consolarla, decirle que todo estaba bien, que no estaba sola y podía contar con él.

―Ángela…

―No creas que no lo he notado ―lo interrumpió, ella tenía su cabeza girada por completo hacia la derecha, enfocando su atención en la calle―, pero has dejado atrás dos paradas de taxis.

David se rio con nerviosismo, pero su voz no tembló cuando le habló:

―Te dije, estoy robándote minutos, no quiero verte partir… creo que lo más difícil es echarte de menos durante las noches… Recuerdo que lo que más me gustaba de despertar en las mañanas era verte dormir…

―David, no debes decir esas cosas… ―lo regañó Ángela―. Tú eres un hombre casado, tienes una familia, tú… tú te vas a ir de vacaciones con tu esposa y tu hijo ―se rio con un tono mordaz y luego sacudió su cabeza en un gesto de negación―. Fue un error esto, detén el auto… ―exigió, mientras soltaba el cinturón de seguridad.

―Espera, Ángela ―rogó él, orillándose para estacionarse junto al arcén―. Espera, por favor. ―Aferró su brazo, deteniéndola para que no abriera la puerta―. Déjame explicarte…

―No tienes que explicarme nada, David ―le recordó ella, soltándose de su agarre―. No somos nada, no tienes obligación conmigo, no necesito que me expliques o me prometas nada…

―Pero yo quiero explicarte, quiero que sepas que no me voy de viaje porque quiero estar con Laura ―se apresuró a hablar, para que ella lo escuchara―. Ángela, hay cosas que no recuerdo, que estoy desesperado por recordar porque me preocupa mi hijo. ―La morena detuvo su mano en la manilla, su gesto dolido hizo eco en él―. Antes de empezar a recordar, me dije a mí mismo que tal vez debía esforzarme por tener una relación con ella, al fin y al cabo, es mi esposa… solo que no pude, ningún tipo de emoción o sentimiento surge en mí, al menos, no uno positivo.

»Es por eso que nos vamos de viaje, porque le prometimos a Noah que nos iríamos por un mes; no obstante, con la situación actual de la empresa, no puedo irme por cuatro semanas y lo redujimos a una, porque no pude decepcionar a mi chico. ―Ángela notó la desesperación en su voz―. Noah es lo único bueno que tiene mi realidad en este momento, no puedo decepcionarlo, no cuando mi hijo me pregunta si su madre no lo quiere o si es un mal niño…

La morena sabía muy bien los traumas que se disparaban en David debido a esas palabras, él mismo le contó cómo se preguntaba si era culpa de él y de sus hermanas que su padre bebiera de la forma en que lo hacía. Luego, cuando su madre los abandonó, los tres descendientes de ese matrimonio tóxico quedaron en manos de un papá abusador, la partida de esa mujer les confirmó la creencia errada de que ellos tenían la culpa.

¿Cuántos años le tomó a ese hombre superar ese pasado? Ella estaba segura que aún no sucedía.

―David…

―Angie, tengo miedo de que no recuerde que Laura está abusando de Noah ―reveló con voz quebrada―. Estoy aterrado de que mis memorias no vuelvan o peor aún, que regresen y descubra que fui negligente con mi propio hijo ―en verdad estaba aterrorizado.

―Tú no eres esa clase de hombre, David ―lo consoló ella; levantó su mano para darle unas palmaditas en el hombro, pero se detuvo, dudando de tocarlo. Respiró profundo y se decidió; más allá de cualquier situación entre ellos dos, la morena no podía dejarlo así, su mano izquierda aterrizó sobre el antebrazo de él―. Tú jamás permitirías que nadie lastimara a un niño, mucho menos aceptarías que Laura maltratara a Noah. ―Apretó con delicadeza, eso hizo que él levantara la cabeza; posó su mano sobre la de ella, el contraste fue notorio, su palma caliente sobre el dorso frío de Ángela―. Además, yo vi cómo Noah y tú interactuaban, si tú hubieses sido negligente, tu niño te trataría de manera diferente…

―No te mentí, sí me voy a divorciar ―le aseguró él.

―Te creo ―aceptó Ángela, incómoda.

El silencio se instaló entre los dos, la tensión era sofocante, como si hubiesen quedado más cosas por decirse pero la fuerza se les agotó.

David frunció el ceño, de manera distraída había estado acariciando con su pulgar el dorso de la mano de la morena, que por algún motivo no la retiró; eso le permitió notar cómo sobresalía el borde de la venda por un costado de la palma.

―¿Te lastimaste cuando golpeaste a Laura? ―inquirió, tomándola de la muñeca. Su cuerpo se giró todo lo que pudo en su dirección, con gentileza hizo rotar la mano para ver la palma. En efecto, la venda adhesiva la cubría casi por completo―. ¿Alguna de sus joyas te hirió?

Ángela soltó una risita y negó.

―Me corté hace como una semana ―le contó―. No fue grave, no requirió sutura, pero sí fue una herida grande.

―Lamento que te hayas lastimado. ―David acariciaba con delicadeza el borde de la venda, saber que estaba herida lo preocupó. Por más que intentaba contenerse, el flujo de emociones lo aturdía a veces.

Sin pensarlo, como si ya no tuviera control de sí mismo, se inclinó sobre la palma a la par que su mano la elevaba; sus labios tocaron la piel de la muñeca de Ángela, un beso casto, cargado de nostalgia y amor, se estampó en ella.

La morena palideció ante el contacto.

Su corazón comenzó a latir desaforado. Miles de emociones dormidas despertaron de golpe, apenas había contenido el escalofrío que se iba a propagar por su cuerpo cuando sus pieles se tocaron, pero ni la más férrea de las voluntades iba a soportar el roce de sus labios.

Ella retiró la mano de inmediato, David la miró a los ojos, confundido por su reacción; no obstante, al verla a los ojos, comprendió que había traspasado la línea.

―Lo siento, Ángela… no pude evitarlo, soy egoísta…

En su voz no había verdadero arrepentimiento, él la anhelaba, deseaba tenerla de vuelta, envolverla con sus brazos, besar no solo su muñeca.

La morena estaba a un paso de un ataque de pánico, así que sin pensarlo dos veces, abrió la puerta del auto y salió huyendo, caminando a paso veloz entre los peatones, que a esa hora, deambulaban tomados de la mano sin preocupaciones.

La amplia acera era un paseo flanqueado de árboles frondosos con flores de color rojo intenso, en pleno verano, el follaje contrastaba de manera vívida con las luces de las farolas. El lugar era un punto romántico por excelencia, que las parejas visitaban para disfrutar de caminatas íntimas, sin el fastidio de las atestadas calles donde los peatones iban y venían sin detenerse.

Ángela no escuchó la voz de David que la llamaba, en su mente solo había una cosa que quería hacer y era huir; al final de esa larga cuadra estaba una parada de taxis, solo debía llegar allí para escapar de él.

No obstante, unos brazos fuertes la rodearon impidiendo que caminara, fue tal su estupor que ni siquiera luchó para que la soltara, parecía más un animalito acorralado y tembloroso.

Él la abrazó, susurrando una y otra vez a su oído un ‘lo siento’ que le partió el corazón una vez más.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi
Komen (3)
goodnovel comment avatar
Pokfarbros Bros
David lo lo exime de que si la engaño con Laura por que si fue su amante cuando todavía estaba con Angie
goodnovel comment avatar
Maria Reyes
Buena historia! cada cuándo actualizas?
goodnovel comment avatar
Brunilda Maria Manco Villero
David es demasiado egoísta y bien pendejo por hacerlo eso a ella la hace sufrir una y otra vez
LIHAT SEMUA KOMENTAR

Bab terbaru

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   EPÍLOGO

    ―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 117

    El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 116

    Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 115

    Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 114

    David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 113

    David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status