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CAPÍTULO 5

Autor: Ría Luxuria
last update Fecha de publicación: 2022-01-19 12:24:05

Laura podía sentir las miradas de lástima y burla que todos dirigían hacia ella. Se las encontraba en todas partes, desde la gente en la oficina hasta sus amigas en el club.

Había pasado una semana desde aquel maldito día, la llamada del hospital, indicándole que David estaba en emergencia debido a un caso de amnesia fuer la peor noticia que pudo llegarle; sin embargo, mientras se dirigía hacia el lugar, pensó que tal vez no era tan malo.

Por el contrario, podía ser una excelente oportunidad que la vida le otorgaba.

En los dos últimos años de su matrimonio las cosas se habían deteriorado, ella sabía que David no la amaba, incluso Laura se vendió a sí misma como lo mejor que podía pasarle a él en su vida, asegurándole que lo llevaría a lograr todos sus sueños y metas. Claro que no era sin costo, él se convirtió en el mejor accesorio para su imagen.

Sin contar que el público y la prensa en general amaba la historia del hombre exitoso que se construyó a sí mismo por medio del esfuerzo.

Adicional a eso, era de dominio general que ellos dos no se llevaron bien durante un largo tiempo, lo que condimentó la idea de que pasaron del odio al amor, tal cual un drama televisivo.

Eso convirtió a Laura Miller en la joven mujer exitosa que, a pesar de haber nacido con una cuchara de oro en la boca, no era tan banal y creída, que no se fijaba solo en el estatus de una persona o en los ceros a la derecha de su cuenta bancaria.

En perspectiva, ambos ganaron.

Pero en esos dos últimos años, David había demostrado que no era un títere en sus manos, y que su carácter no se iba a someter a los caprichos de Laura. No sirvieron las amenazas, ni los berrinches, mucho menos los chantajes emocionales; lo único que medio aplacó a su esposo fue la presencia de su hijo, por el cual siempre se comportaba de manera educada y amable.

Lo peor de toda la situación es que no tenía absolutamente nada para presionarlo; David era intachable como esposo, ni una sola vez se vio con una mujer de manera romántica, no había infidelidades, ni deslices de una noche, a pesar de que no habían tenido relaciones sexuales en tanto tiempo.

Tampoco había nada sucio en su contra a nivel de trabajo, por el contrario, incluso su abuelo elogiaba el carácter de líder que David demostraba, y su compromiso con la excelencia laboral.

Ahora que él no recordaba nada, ella podría crearle toda una historia para hacerle creer que eran una pareja profunda e ineludiblemente enamorada.

Que lo que había empezado como fricción en la juventud, solo era la negación de parte de ambos para aceptar que se gustaban; nada más tenía que mostrarle las miles de fotografías donde se veían felices.

Nadie podría llevarle la contraria, porque ninguna de las personas del pasado de los dos quedaba junto a ellos.

¡Era fantástico!

O lo fue… hasta que entró en el reducido espacio donde se encontraba David y se enfrentó a los ojos cargados de horror.

Él no había perdido la memoria por completo.

Solo se borraron los últimos seis años, precisamente el tiempo que ella estuvo con él.

Todo su esfuerzo eliminado de un plumazo.

¿Qué clase de broma era aquella?

El mismo disgusto, desagrado y desprecio que siempre vio en la mirada de David desde la vez que la pilló insultando a Ángela en uno de los corredores vacíos de la escuela, estaba de nuevo allí. Todas las emociones de miedo y tristeza que la embargaron al ver que el hombre del cual había estado enamorada toda su vida continuaba odiándola volvieron una vez más. Y quedaba en claro que las emociones de él, del hombre que fue en ese tiempo, se encontraban vivas y latentes en su corazón.

A pesar de que él iba un año delante de ellas en la escuela no fue impedimento para que la relación entre Ángela y él surgiera; aquella mujer la había opacado, inspirando compasión, haciendo que todos a su alrededor se pusieran de su lado.

―Esa mosca muerta desapareció de mi vida hace seis años y espero que siga así ―murmuró entre dientes, mientras retomaba el trabajo.

―¿Qué mosca te está fastidiando, hermanita?

Laura levantó la vista y vio al hombre en el umbral de la puerta. Casi tan alto como su esposo ―que alcanzaba el metro ochenta―, Antoni Miller tenía treinta y ocho años. Cada vez que la miraba su expresión se suavizaba, y las únicas otras dos personas que conseguían eso eran sus dos sobrinas, hijas de su hermano, que eran la luz en los ojos de él.

A diferencia de ella que era pelirroja, su hermano mayor era producto del primer matrimonio de su padre, por lo tanto, sus ojos y cabellera provenían de la parte paterna, con sus colores oscuros y vibrantes. A pesar de que le llevaba ocho años, el aspecto de Antoni no indicaba que estaba por alcanzar los cuarenta.

―Por ahora solo es el recuerdo de una mosca que solía molestarme ―respondió con un deje de autocompasión―. Ruego a Dios que se quede en el pasado, donde pertenece.

―Por el tono de tu voz y lo que dices, no ha habido mejoras en el estado de David, ¿verdad?

Laura negó. Apoyó los codos sobre el escritorio y empezó a morderse el pulgar de manera ansiosa.

―No, el doctor Wembley dice que no hay causa física para lo sucedido ―explicó, mirando a Antoni con expresión desvalida―. La resonancia indica que todo está bien, así que lo único que puede especular es que David estuvo bajo un estrés muy fuerte, y eso hace que su memoria esté bloqueada.

―¡Qué embrollo! ―exclamó él, levantándose de la silla donde se había sentado frente a ella al llegar. Rodeó el escritorio y la hizo ponerse de pie, abrazándola con fuerza, un gesto cariñoso para infundirle coraje―. Pero aun así, David no ha hecho nada por buscar a las personas de su pasado.

―Los escoltas que puse por seguridad dicen que no ―respondió la pelirroja, separándose de él. Se alejó hasta la ventana, dejó que sus ojos se perdieran entre los edificios frente a ella. Soltó un largo suspiro―. Supongo que no todo es malo, su secretaria y los empleados dicen que se ha adaptado bien, es como si, a pesar de que no recuerda nada, cuando ve los documentos o escucha sobre los proyectos, la información viene a él y logra resolverlo todo.

―Eso es bueno, es una buena señal ―aseguró Antoni, reposando su mano sobre el hombro de Laura―. Vamos, hermanita, todo saldrá bien, cualquier cosa que necesites, la familia te va a ayudar… además, si él continúa en la misma casa que tú, a pesar de todo, significa que debe estar esforzándose para recuperar su antigua vida.

»¿Por qué no usas esto como excusa para empezar de nuevo?

»Enamóralo, muéstrale la verdadera persona que eres, para que lo vuelvas a conquistar.

Eso era en lo que estaba pensando, esperando un momento en que su esposo bajara la guardia para acercarse a él y contarle ―con un agregado de su propia cosecha― cómo terminaron juntos.

Después de esa conversación, todo giró en torno a cosas de la empresa, Laura era CEO del departamento de relaciones públicas, y estaban próximos a anunciar la construcción de un resort de lujo en una isla caribeña.

La hora de la salida llegó en un parpadeo, lo usual era que David y ella se marcharan en autos separados; su esposo, siempre que no tuviera compromisos sociales o de trabajo, se dirigía a su casa y pasaba el tiempo con el hijo de ambos; en cambio Laura, debido a la brecha que se ampliaba entre los dos, pasaba la mayor parte de su tiempo libre con sus amigas, frecuentando un club privado, que les ofrecía placeres diversos, de acuerdo al gusto de cada una.

Y aunque la recomendación de su hermano era la correcta, esa semana había sido como cargar una tonelada de rocas ardientes sobre sus hombros. No solo se sentía rechazada, sino burlada por la vida, que le jugaba esa broma cruel. Adicional a eso, el evidente desinterés de David la empujó a encontrar satisfacción en brazos de otros hombres, que veía bajo el cobijo de dicho club.

Esa noche necesitaba relajarse con urgencia, recuperar un poco la paz mental, de esa manera, podría idear un plan para volver a tenerlo todo.

―Me esforcé demasiado para conseguir todo esto ―dijo entre dientes, mirando la ciudad que transcurría por la ventana del auto―, no dejaré que sea en vano… ¡haré lo que sea para protegerlo! Nada ni nadie me quitará lo que es mío.

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Comentarios (1)
goodnovel comment avatar
Brunilda Maria Manco Villero
de que se habrá valido para poder hacerlo estar con ella
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