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CAPÍTULO 6

Autor: Ría Luxuria
last update Fecha de publicación: 2022-01-19 12:39:03

David se miró al espejo mientras se afeitaba, ya empezaba a acostumbrarse a su reflejo, aunque su cabello estaba corto en comparación a cómo lo solía llevar, tenía el mismo tono castaño oscuro, libre de canas que delataran algo de su edad. Exceptuando el hecho de que sus facciones eran un poco más duras, su piel estaba limpia y lozana, y sus ojos, que en ese momento expresaban tristeza y frustración, eran de ese tono ámbar dorado que a Ángela le encantaban.

Definitivamente era él. No había entrado a ninguna especie de dimensión desconocida, ni viajado a un futuro distante ni desconocido.

Había transcurrido poco más de una semana y no ocurrieron cambios en su memoria; los poco más de seis años anteriores eludían el alcance de sus dedos. Se iba a dormir rogando que con la llegada del sol llegaran también sus recuerdos, pero todo fue inútil.

Era como contemplar un espejo empañado.

Laura mantenía una distancia prudente, sin embargo, él estaba consciente de las miradas preocupadas; David procuraba mantener la mínima cortesía, pese a que muchas veces no podía controlar la expresión de su rostro al verla. El mayor esfuerzo lo hacía con el niño, su hijo, que lo llevó de viaje por un montón de álbumes familiares que demostraban que él tenía una vida con esas dos personas que clamaban ser su familia.

Cuando retornó al trabajo pensó que esa sensación de familiaridad era una buena señal, tal vez no recordaba nada, no obstante, al mirar los informes y leer los proyectos, conseguía entender todo con un solo vistazo; fue exacto lo que dijo el doctor Wembley, quien le aseguró que había cosas tan grabadas en su cerebro que con un mínimo de estímulo iban a aparecer.

Podía no recordar hechos y personas, no obstante, comprendía cómo funcionaba todo, lo que sirvió para establecer la rutina diaria de su día a día, que a su vez, le ayudaba a mantener su cabeza ocupada, evitando que sus pensamientos se dirigieran a Ángela.

La pregunta que surgía de manera espontánea cada vez que se descuidaba era qué les había pasado, en cuáles circunstancias terminaron separados.

Recordaba las palabras de Jade: le había sido infiel. Esa simple frase desgarraba su interior, retorciendo sus entrañas.

«Le fui infiel… le fui infiel con Laura»

―Auch… ―exclamó. Una línea rojiza apareció en su mejilla, en su distracción la cuchilla de afeitar se deslizó de manera descuidada cortando su piel, tiñendo de sangre la espuma de afeitar.

Suspiró.

Desde aquella mañana infernal sentía que no descansaba, incluso al dormir, solo tenía pesadillas, como si de manera inconsciente intentara buscar sus recuerdos dentro del cerebro pero solo consiguiera revolver sus emociones con sus miedos.

A veces soñaba con el pasado, la memoria lo trasladaba al closet oscuro y mohoso donde se escondía para escapar de los puños de su papá cuando se emborrachaba; o en contra parte, una muy cruel, se encontraba con Ángela, y entonces no lograba controlarse, se abalanzaba sobre ella, abrazándola con fuerza, rogándole que le perdonara por haber sido un imbécil.

Todo lo que la Ángela de sus sueños hacía era abrazarlo, decirle que todo estaba bien y que no entendía de lo que estaba hablando.

Se despertaba bañado en sudor frío, con la respiración entrecortada y el corazón latiéndole desaforado. Lo único que quedaba en él era culpa; y si esa culpabilidad no era suficiente, mirar a Noah, escucharle al llamarlo papá y que él no pudiese recordarlo, solo empeoraba las cosas.

Al principio dudó de su paternidad, fue un pensamiento inconsciente ante la idea de estar vinculado a Laura; eso lo hizo sentir miserable, sin embargo, un embarazo inesperado era la única cosa que creía pudo haberlo movido a casarse con ella. No entendía cómo terminó en la cama con esa mujer, aunque su esposa era hermosa, con su largo cabello rojo, ojos azules y piel blanca, para él nunca había sido atractiva.

Pero cuando detalló a Noah supo que no podía negarlo, tal vez el cabello rojizo se asemejaba a su madre, pero ese niño era la viva estampa de él mismo a esa edad. Lo comprobó porque aún conservaba en su billetera la única foto que tenía de su infancia, que se tomó en una cabina de fotos, junto a sus dos hermanas y padres, cuando fueron por primera y última vez al zoológico.

La misma nariz, mejillas y barbilla; el mismo color de ojos, un tono ámbar que asemejaba un poco al oro líquido; todas las similitudes eran evidentes, como si la vida misma le estuviese diciendo que era ridículo negar la realidad.

Se colocó un poco de pomada en la cortada y terminó de arreglarse. Mientras abotonaba los puños de la camisa, se contempló en el espejo de cuerpo entero de su armario, era todo lo que siempre había deseado: una persona exitosa, con un puesto importante, en una de las empresas más poderosas del país.

Tenía dinero, lujos, incluso reconocimiento. Pero no lo estaba compartiendo con la mujer que fue su principal promotora y apoyo.

―De verdad, no sé qué hacer… ―soltó un suspiro, masajeando su sien izquierda con lentitud.

Estaba padeciendo con dolores de cabeza, pero el doctor Wembley le advirtió que eso iba a suceder si continuaba forzándose a sí mismo a recordar. Mientras salía de la habitación miró de reojo a Laura, dormía con placidez en medio de la cama; la noche anterior llegó pasada la medianoche, el fingió estar dormido, mientras la escuchaba dar tumbos en el armario a medida que se cambiaba; el ligero perfume de ginebra confirmó sus sospechas, había estado bebiendo, y especulaba que estuvo buscando consuelo en sus amigas del club.

No podía culparla, él mismo deseaba tomarse un par de tragos con desesperación, sin embargo, el doctor se lo tenía prohibido.

―¡Papá! ―exclamó Noah al verlo, saltó de la silla donde se encontraba y corrió en su dirección; David lo alzó en brazos y lo llevó de regreso para que continuara con su desayuno―. ¿Cómo te sientes hoy? ¿Te duele algo?

―Estoy de maravilla, amiguito ―respondió, sonriéndole con cariño―. ¿Tú, cómo amaneciste? ¿Dormiste bien?

―Síp, dormí bien ―aseguró, tomando los cubiertos―. Hoy tengo clase de dibujo, y práctica de béisbol en la tarde.

―Tienes un día muy ocupado, por lo que veo ―comentó, disfrutando del entusiasmo de Noah. La sirvienta se acercó acarreando una bandeja donde reposaba una taza de humeante café, él la tomó―. Gracias, Nelly.

―Sí, mucho… Papá ―llamó el niño de manera titubeante―. El entrenador dijo que tendremos nuestro primer partido en un mes… crees que podrás venir a verme jugar…

La mirada suplicante del pequeño lo hizo sentir mal, detestaba no poder recordar todo lo que habían compartido, pero viendo su actitud, era posible que él hubiese fallado en su rol como padre, dejando a su hijo de lado por su trabajo.

―Sí, hijo ―contestó sin dudar―. No me lo perdería por nada del mundo, le diré a Stella que no haga ninguna cita para ese día.

―¡Síííííí! ―exclamó con entusiasmo, empezó un bailecito divertido sobre el asiento, y David solo pudo soltar una risita―. ¡Gracias, papá!

Viendo la exaltación de Noah, decidió llevarlo a la escuela, durante todo el camino este parloteó sin detenerse a respirar; él solo reía, no lograba llevar el hilo de todas las cosas que su hijo comentaba, pero verlo hizo que se sintiera un poco mejor. Cuando llegaron a la entrada de la escuela, se bajó del auto y tomó su mano durante todo el trayecto hasta la puerta.

El desvío hizo que llegara treinta minutos tarde a la oficina, todo el viaje fue silencioso, lo que le permitió pensar sobre lo que deseaba hacer. El trabajo era el único lugar en el que su ansiedad se desvanecía por un buen rato, tal vez se debía a que allí no se sentía fuera de lugar, el ambiente era conocido y aunque no estaba en la posición que recordaba, se sentía como pez en el agua cuando se enfrentaba a sus labores.

Laura entró a su oficina a mitad de mañana, David debía concedérselo, se veía estupenda, como si la noche anterior no hubiese llegado entrada la noche y bebida.

―Supe que llegaste tarde a la oficina ―mencionó como al descuido, él la miró por breves instantes.

―Acompañé a Noah a la escuela ―explicó con calma―. No sé si lo hice antes, pero sentí que debía hacerlo, quiero recuperar los lazos que compartí con mi hijo.

―Eso es genial ―aseguró ella, la pelirroja sonaba convencida, pero sus ojos contaban una historia diferente―. Tal vez sea buena idea si nos vamos de vacaciones, los tres… Noah está en esa edad en que perder un par de días de clases no va a afectarlo, y eso puede ayudarte a recuperar tus recuerdos.

David no pensaba que fuese mala idea, en realidad, a pesar de que Laura parecía andar con tiento en torno a él, en general no actuaba como la persona que él recordaba.

«Bueno, las personas maduran, después de todo…» pensó David.

 ―No es mala idea, si te parece bien, podríamos planificarlas para que estemos libres el día que Noah tiene su primer partido ―accedió, continuó con su trabajo―. Está entusiasmado con la idea de que lo vaya a ver, su felicidad será el doble si vamos los dos.

―¡Grandioso! ―exclamó ella sin poder contener la alegría―. Le diré a mi secretaria que lo arregle todo. Además, la fecha es perfecta, nos da tiempo de acomodar todo para que nuestra ausencia no cause problemas.

»Ahora te dejo trabajar… ―Se dirigió a la puerta en silencio, se detuvo en el umbral, dudando un instante, luego miró a David, que estaba concentrado en la lectura, carraspeó para llamar su atención―. ¿Te gustaría que almorzáramos juntos?

Él se detuvo pero no levantó la vista, le costaba mucho estar en el mismo espacio que ella en la casa, continuaba durmiendo en el mismo cuarto con la simple finalidad de recuperar la memoria, pensando que, tal vez, si no rompía sus rutinas, todo volvería a la normalidad.

―No hoy ―respondió al fin, soltó una exhalación, un gesto que denotaba frustración―. Lo lamento, Laura, aún me cuesta asimilar esto… pero créeme que estoy haciendo un esfuerzo…

Ella se mordió el labio, apretó los puños con fuerza por unos segundos pero luego los relajó, asintió en aceptación y compuso una sonrisa triste.

―Comprendo ―dijo con voz medio quebrada―, solo ten presente, esto no es solo difícil para ti.

Salió sin esperar que él dijera algo. Caminó con paso firme frente a todas las personas que miraban en su dirección esperando enterarse del más reciente chisme; no obstante, aun sabiendo eso, era difícil controlar su expresión facial.

Estaba molesta y ansiosa.

Las habladurías se propagaban como una plaga, pocos sabían que el problema de salud de David era amnesia porque todo fue cubierto como un “accidente” que hizo que perdiera el conocimiento por unos minutos. El problema era que, dada su actitud cada vez más distante, los empleados empezaron a hacer conjeturas al respecto de su relación.

Y no era como que la misma fuese muy buena, durante los dos últimos años habían conseguido evitar que se dieran cuenta que de puertas para adentro ambos llevaban una batalla constante.

No comprendía por qué, pero David había empezado a ser más frío y distante que de costumbre, y su trato se limitaba a lo mínimo esencial. Ambos lo habían ocultado, no solo por su reputación, sino por Noah, que según él, era todavía muy pequeño para entender lo que estaba pasando.

―Pobre señora Laura ―murmuró una mujer, pero ella alcanzó a escucharla―. Qué triste es ver cómo su relación se está rompiendo.

―Bueno, pero era algo que todos veíamos venir, ¿o no? ―mencionó otra―. Quiero decir, no es como que el señor Hansen hubiese demostrado interés en ella antes de casarse…

―Es verdad, a mí siempre me pareció extraño ―comentó una tercera―. Yo recuerdo que David estaba enamorado de otra mujer, una médico…

―¿Crees que la señora Laura se metió entre los dos? ―preguntó la primera con evidente curiosidad.

―Pues no sería raro, ella siempre estuvo detrás de él ―respondió la tercera mujer―. Era David quien siempre la evitaba.

No quiso seguir escuchando, apresuró el paso hacia el elevador, manteniendo su espalda muy recta y la barbilla bien en alto.

Sí, era verdad que había hecho todo lo posible para tener al hombre que quería, y no se sentía avergonzada de ello.

Cuando entró en el aparato se giró para encarar a todas las personas de ese piso que en ese momento la miraban; se enfocó principalmente en el trío de mujeres que ni siquiera intentaron ser discretas con sus comentarios. Estas se apresuraron a dispersarse, pero era demasiado tarde, Laura había visto sus rostros.

«Parece que se han olvidado de quién soy» pensó con amargura, «no hay problema, ya me encargaré de recordárselo.»

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Brunilda Maria Manco Villero
es una arpía de pies a cabeza, el dinero todo lo puede y consigue
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Último capítulo

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   EPÍLOGO

    ―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 117

    El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 116

    Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 115

    Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 114

    David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 113

    David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres

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