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CAPÍTULO 7

Autor: Ría Luxuria
last update Fecha de publicación: 2022-01-20 08:31:14

Stella no solo era la secretaria de David, también era su amiga. Él no lo recordaba porque al principio su relación era estrictamente laboral. Cuando fue ascendido a supervisor, le permitieron crear su equipo de trabajo, compuesto por cinco miembros, porque la nueva área a su cargo englobaba cuatro departamentos. Entre el grupo estaba ella, escogida por David debido a que admiraba su dedicación y ética laboral.

Ese trabajo los llevó a ser más cercanos, ella fue la testigo de cómo surgió todo entre David y su esposa; también era la que mantenía a su jefe al tanto de las cosas que Laura hacía tras bambalinas para tenerlo siempre bajo su control.

En ese momento, era una de las contadas personas que sabía la magnitud de la condición de David.

Lo que le hacía dudar si debía decirle, o no, sobre lo sucedido, porque en los recuerdos que él retenía, ella solo era una compañera de trabajo, con la que apenas intercambiaba cortesías.

―Voy a almorzar ―anunció David al atravesar la puerta de su oficina.

―¿No prefieres que te pida algo de comer? ―inquirió, dejando de teclear el informe―. A esta hora el cafetín está cerrado, son las tres y media de la tarde.

―No hay problema, voy a salir, necesito estirar las piernas ―explicó él, deteniéndose junto a su escritorio―. Por lo menos el restaurante chino a dos cuadras de aquí continúa allí, me da una sensación de familiaridad que a ratos necesito. De todos modos, muchas gracias por tu atención, Stella.

―No hay de qué… ―respondió. Él se alejó sin decir más, ella lo miró marcharse, sintiendo compasión por su jefe.

«Ciertamente se ve mejor que antes de la amnesia» pensó con cierto alivio, «sea lo que fuese que estuvo haciendo, lo tenía bajo mucha presión.»

Sabía poco de los movimientos de David durante los últimos tres meses; lo que previamente eran precauciones un tanto extremas, se tornaron en un completo secretismo. Él la excluyó de todo con el fin de protegerla, ya llevaba dos años jugando a ser doble espía, con la esperanza de recabar suficiente evidencia para contrarrestar las artimañas de Laura, sin embargo, algo había descubierto que hizo que la excluyera de manera rotunda.

―No quiero que tengan con qué tomar represalias contra ti ―le dijo después de una reunión tardía en un restaurante de comida tailandesa al que habían asistido con unos clientes―. Hasta ahora hemos podido jugar bien contra Laura, pero después de lo que descubrí, es mejor que no sepas más nada.

―Entiendo ―aceptó ella, sintiéndose un poco culpable, la verdad era que deseaba ayudarlo; David había sido quien protegió su puesto una vez que tomó el reposo por maternidad, sin embargo, él tenía razón, era una mujer divorciada, con una bebé de tres años, su trabajo era el único sustento que tenía.

Pero en ese instante, el debate interno era intenso: ¿debía explicarle todo lo que estuvo haciendo antes de que perdiera la memoria?

Sospechaba que era algo peligroso, más que información sensible que le permitiese divorciarse de Laura con las mínimas consecuencias, su intuición le decía que David había encontrado algo que podía destruir los negocios de los Miller si salía a la luz; la verdadera pregunta era si dicha información era lo suficientemente valiosa para correr un enorme riesgo al revelarla.

Justo antes de la pérdida de memoria de su jefe, David tuvo una reunión con una tercera parte que Stella no conocía en persona, pero que descubrió por pura casualidad cuando, sin querer, tomó el móvil secreto de él por equivocación, con la finalidad de sincronizar agendas de esa semana.

Dos noches antes de que se presentara su condición, David se había encontrado con el multimillonario Robin Martin, competencia directa de Miller, Co.

Suspiró sonoramente, desplazó la silla donde estaba hacia atrás mientras apoyaba ambas manos en el escritorio, estirando sus brazos por completo.

―Necesito un café ―dijo en voz alta al vacío.

A pesar de las circunstancias de salud de David, el trabajo apenas si se había retrasado. Los dos días que estuvo ausente no hicieron mella en el desempeño de ninguno de los empleados bajo el mando de este; incluso, cuando él se incorporó de nuevo, habló con la misma seguridad de siempre y solo pidió un poco de paciencia mientras retomaba todo lo que se esfumó de su cerebro.

―¿Oíste lo que pasó? ―preguntó Curtis, un supervisor de gestiones a otro compañero de trabajo. Stella prestó atención de manera discreta, a medida que iba rellenando su taza.

La sala de descanso era el mejor lugar para enterarse de los chismes, y de cualquier información importante o interesante.

―Sí, pero se lo merecían ―respondió el aludido―. ¿A quién se le ocurre hablar de esas cosas frente a la esposa del jefe?

―Creo que Hansen no se ha enterado ―mencionó Curtis, su voz tenía una leve molestia―. Ella mejor que nadie debe saber que todo eso no es más que habladurías de pasillo, no es como que no hubiese rumores sobre su matrimonio ―continuó, hablando cada vez en voz más baja.

Stella se alejó en dirección a una de las mesillas del fondo, unas que estaban medio ocultas detrás de unas macetas con plantas de interior ubicadas en el centro de la sala. Rodeó las mismas y se sentó justo al lado de ellos, utilizando el follaje como cortina para ocultar su identidad.

―…una amonestación era más que suficiente, incluso que les dedujeran unos días de salario, ¿pero despido inmediato? ―Había incredulidad allí―. Si sigue así entonces deberá despedirnos a todos… desde hace dos años todo el mundo habla de ellos, Hansen no demostró su descontento de forma gradual ni nada parecido, ese matrimonio ha sido la comidilla de todos en este edificio desde el inicio.

―Bueno, eso es verdad ―aceptó el otro hombre―. Laura Miller no fue más evidente porque debía mantener una imagen, porque si no, hubiese sido más directa. ¿Cuántos años persiguió al señor Hansen antes de que él le prestara atención?

―Todos saben que él se casó con ella por el embarazo, y también todos dicen que ella se embarazó a propósito ―comentó Curtis―. Porque si David Hansen hubiese querido escalar posiciones por esos medios, le habría hecho caso mucho antes.

―Si lo pones así… ―El otro se detuvo, meditó unos segundos y prosiguió―. Tienes razón, una amonestación era suficiente, no es como que ellas estuviesen diciendo mentiras o inventando historias… no era el lugar, se lo concedo, pero despido inmediato, sin carta de recomendación y sin paga, es como demasiado.

―Exacto… pero, ¿qué podemos hacer? ―inquirió Curtis con voz cansada y desagradada―. Laura está respaldada por su padre y su hermano, si ella dice que le causaron daños emocionales, esos dos hombres mueven cielo y tierra por ella. Esas tres mujeres deberían dar gracias de que no pasó a mayores…

Los hombres se marcharon tras terminar su café, la conversación que le siguió a esa fue sobre un partido de rugby. Stella soltó una larga exhalación, durante un tiempo fue un secreto a voces lo que Laura Miller hizo para poder ganarse a David, cuando él se enteró de todo fue el momento en que su matrimonio terminó de irse a pique.

La cuestión que se presentaba era si ambos iban a aprovechar la situación, aunque pudiese parecer que era algo terrible, lo sucedido también podía interpretarse como una oportunidad.

El principal problema estribaba en que, según el diagnóstico, eventualmente David iba a recuperar su memoria; si eso pasaba, cualquier “avance” que su esposa pudiese hacer para resolver la situación de pareja iba a terminar en la basura.

«Loca… esa mujer está loca» pensó, mirando su taza vacía, «¿cómo pudo casarse con una mujer tan tóxica?»

Apenas estaba sentándose de nuevo en su silla cuando un mensaje sonó en la mensajería interna, casi como si hubiese invocado al diablo por solo pensar en él, un texto de Laura apareció en la pantalla.

Miller: ¿Dónde está David?

Harris: Salió a almorzar hace cuarenta y cinco minutos.

No faltaba mucho para que se hiciera la hora de salida, estaba preparándose para terminar la primera parte del informe que debía entregar durante la siguiente reunión de socios, cuando un nuevo mensaje apareció.

Miller: ¿Te ha preguntado algo extraño?, ¿ha querido saber sobre su ex?

Aquellos textos le recordaron los primeros días en su puesto de trabajo, cuando la pelirroja se acercó a ella y con su sonrisa arrogante, creyéndose encantadora, le advirtió que no tuviera ningún tipo de segundas intenciones con David.

―Ese es mi hombre y puedo hacer lo que sea para conservarlo.

Stella casi se rio en su cara, pero gracias a los años de experiencia lidiando con sus hermanas mayores que siempre intentaron intimidarla, se contuvo. Cuando le mostró que estaba casada y que le llevaba al menos tres años a David, cambió su táctica y le propuso ser su aliada, la persona que cuidara sus intereses cuando ella no estuviera presente, a cambio de grandes recompensas.

Desde esa conversación habían pasado seis años, ella estaba divorciada, había escalado posiciones dentro de la empresa, apoyada principalmente por David, que siempre se enfocó en sus habilidades y talentos; y Laura Miller continuaba actuando de la misma manera.

Suspiró de cansancio.

Su jefe estaba en esa situación debido a Laura.

Por lo poco que había leído en internet, una de las posibles causas de su condición era el estrés extremo; y desde que ellos dos se habían casado, David no tenía un solo día de paz.

Cuando el hombre de cabello oscuro llegó hasta su oficina, Stella comprendió que no podía dejar que todo el esfuerzo que había hecho durante esos dos años fuese en balde. Las últimas palabras que le dijo aquella noche en el restaurante tailandés se quedaron con ella desde entonces.

―Pronto podré liberarme de ellos ―dijo con una sonrisa feliz y llena de esperanza.

En todos esos años, esa misma expresión solo se la vio una vez, el día en que nació su hijo.

Se puso de pie con una resolución en su cabeza y en su corazón, la secretaria tocó la puerta con firmeza y entró al escuchar la autorización para que pasara.

Miró al joven hombre que se arremangaba la camisa para continuar trabajando. Él era su jefe, su amigo, su salvador.

―Hoy, la señora Laura despidió a tres empleadas ―contó, sin titubear―. Aunque nada más es un rumor lo que te voy a decir, es seguro que sí fueron botadas de la empresa, porque no es la primera vez que esto sucede, solo que tú no lo recuerdas; pero las tres empleadas fueron despedidas sin carta de recomendación ni compensación monetaria.

―¿La causa? ―preguntó él. Su semblante había cambiado, tal vez David no recordaba nada de sus últimos años de vida, pero ahí estaba la evidencia de que, no por ello, había cambiado su forma de ser.

―Porque estaban comentando sobre la relación de ustedes dos ―respondió ella―. David, ¿en serio no recuerdas nada de nada? ―Él negó con frustración―. ¿Quieres saberlo o deseas esperar a que recuperes tu memoria de manera natural?

―Quiero saberlo ―le aseguró él, cruzándose de brazos―, pero sin ánimos de ofenderte, no confío en ti por completo…

―Lo sé, sé que piensas que soy la espía enviada por tu esposa para monitorearte ―aceptó Stella, sonriendo con un leve toque de malicia―. Apuesto a que muchos te han comentado que tengas cuidado conmigo, pero puedo probarte que estoy de tu lado, y que todo lo que te voy a contar es la verdad.

―¿Puedes probarlo? ―inquirió él, curioso. Ella asintió.

―Claro que sí ―reiteró la secretaria―. Porque todo lo que sé, me lo contaste tú mismo, hace dos años…

»Además, David, tengo una deuda muy grande contigo, una que, aunque tú no la recuerdes, yo no la voy a olvidar jamás…

Se miraron a los ojos por un largo rato, cada uno sondeando al otro. David, analizando sus opciones, Stella, esperando que su jefe se diera cuenta de que era sincera.

Ella tenía que ayudarlo, era una cuestión de lealtad, porque en el momento más oscuro de su vida, cuando su esposo abusaba de ella, fue él quien la salvó. La única persona que le tendió la mano para sacarla del infierno en el que vivía.

―Entonces, te escucho… ―dijo él al fin. Stella asintió.

―Todo comenzó hace poco más de dos años…

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Comentarios (2)
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Bella Hayes
¿Qué será? me tiene intrigada
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Brunilda Maria Manco Villero
ajá no me equivoqué es una arpía
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Último capítulo

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  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 114

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  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 113

    David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres

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