Masuk—¡¿Qué?! —exclamé al mismo tiempo. En este salón no había ninguna otra estudiante con el nombre de Belia además de mí. Por lo tanto, esa persona acababa de señalarme a mí como la culpable. Miré en dirección a la voz y vi que no era otra sino Alison.
«Esa tipa es una basura», maldije entre dientes. Alison siempre me ha odiado y ni siquiera sé por qué. Bueno, para empezar, a mí ella tampoco me ha caído bien nunca. —Mira, Alison, no es momento para bromas. Yo no lo escribí, así que ¿por qué tienes que decir mi nombre? —Es ella. —Como si no hubiera escuchado mis palabras, Alison continuó apuntándome con el dedo—. La vi escribiéndolo esta mañana. —¡Eso es mentira! Yo no fui —me defendí de su acusación. —Es verdad, ella no fue —Ivy también salió en mi defensa—. Entramos juntas al salón. ¿Por qué no la vi escribiéndolo entonces? —Bueno, ¿quién sabe? A lo mejor lo planearon juntas —dijo Alison con una sonrisa burlona. —¿Qué estás tratando de in...? —¡Ya es suficiente! —interrumpió la profesora antes de mirar en mi dirección—. Belia, ve al almacén de la biblioteca y quita el polvo de todos los libros que hay allí. Ese será tu castigo. —¡¿De todos los libros?! —exclamé asombrada—. Pero si yo no... —Estoy segura de que oíste lo que acabo de decir. Ahora sal del salón. —La voz severa de la profesora resonó una vez más. —Está bien. —Sin embargo, antes de salir, me aseguré de clavarle a Alison una mirada fulminante. Al ver mi ceño helado, Alison apartó la cabeza—. Te juro que me las vas a pagar —dije entre dientes antes de abandonar el aula. Me dirigí hacia la biblioteca, la cual estaba ubicada en la zona sur de la escuela. Se podía ver a algunos estudiantes con la mañana libre caminando en esa dirección para estudiar. Entré y me acerqué al mostrador de la encargada para explicarle el motivo de mi presencia. —Te castigaron —dijo la encargada mirándome a la cara—. Tu aspecto no parece encajar en la categoría de una mala estudiante. No respondí a su comentario. Al ver que no iba a decirle nada, me señaló la dirección de la bodega de limpieza para que recogiera el equipo necesario. —Gracias —le dije a la mujer antes de retirarme. Tras tomar un plumero, guantes y una mascarilla del cuarto de limpieza, me dirigí al almacén de la biblioteca. En el momento en que abrí la puerta, me recibió una gran ola de polvo en pleno rostro. A pesar de llevar puesta la mascarilla, empecé a estornudar descontroladamente. —¡Atchú! Junté el valor para atravesar la nube de polvo, tomé el plumero de plumas y comencé a despolvar los libros de los estantes. Más polvo penetró en mi nariz y volví a estornudar sin parar. —Me las vas a pagar, Alison —le propiné una patada de rabia a un estante para desahogar mi frustración. Por desgracia, uno de los libros perdió el equilibrio y cayó al suelo. Al verlo tirado, me incliné para recogerlo. No era material de estudio, sino una novela. Al leer el título, el nombre me atrapó por completo: *LA NOVIA DE LOS SIETE DIOSES*. Pronuncié el título en voz alta y luego le di la vuelta al libro buscando el nombre del autor, pero no lo encontré. Al parecer no estaba escrito en la portada. —En fin, suena interesante. Le echaré un vistazo rápido. —Busqué a prisa un rincón apartado para sentarme. Abrí las páginas del libro lista para leer, cuando de repente algo desconocido me golpeó la cabeza y me desmayé al instante. —¡Ay! —Me senté mareada, sobándome la nuca en cuanto recobré el conocimiento—. ¿De verdad me echaron una maldición o es que hoy de plano era mi día de mala suerte? —Pensando en todo lo que me había pasado hasta ahora, me quejé con amargura en mi interior. Cuando mi visión se aclaró, me quedé sorprendida al descubrir que me encontraba completamente sola en un entorno desconocido. —¡Pero qué demonios! ¿Dónde estoy? ¿Me secuestraron? —Me puse de pie a toda prisa y miré a mi alrededor con cautela. Todo tipo de pensamientos cruzaron por mi mente—. ¿Cómo diablos me secuestraron? ¿Tan deficiente es la seguridad de la escuela como para que cualquiera entre y se lleve a una alumna? Otro pensamiento me vino a la cabeza: ¿por qué secuestrarían a una estudiante pobre como yo? Ni que mi mamá fuera rica. O tal vez me confundieron con otra persona... Entonces, ¿qué hago aquí? Al ver mi entorno desolado, entré en pánico—. ¡Maldita sea! Parece que de verdad me cayó la mala suerte. —Elevé las manos y me revolví el cabello. Sin embargo, mi atención se desvió repentinamente hacia mi ropa. Llevaba un atuendo totalmente distinto. Al ver la túnica tradicional de color rosa que traía puesta en lugar de mi uniforme escolar, cundió aún más el pánico en mí—. ¿Por qué traigo esto puesto? ¿Y en qué parte del mundo está este lugar? Antes de que pudiera seguir pensando, una ola de ruido llegó a lo lejos. A la distancia, un grupo de personas vestidas con trajes tradicionales venía corriendo hacia mí. «¿Eh?», una expresión de confusión apareció en mi rostro. De inmediato me cayó el veinte: ¿será que me secuestraron para reemplazar a una actriz en un rodaje de cine? «Maldita sea, ¿qué tan osados son estos cineastas? Qué audacia secuestrar a una estudiante sin su consentimiento. Seguramente me darán una buena indemnización si los demando, ¿verdad?». Mientras estaba sumida en mis pensamientos, el grupo ya se encontraba a escasos metros de mí. —¡Allí está! ¡Atrápenla! ¡Atrápenla, es una ladrona! —corearon sus potentes voces al unísono. Quise aparentar valentía, pero al ver las expresiones fieras de sus rostros, me acobardé de miedo. Caray, ¿esto no es solo una actuación? ¿Por qué sus caras se ven tan reales? —¿Qué? ¿Yo? Lo siento, pero creo que hay un error. No soy actriz, soy una estudiante de último año de preparatoria —me tambaleé hacia atrás mientras explicaba, esperando que el director gritara «¡corte!». En su lugar, aquel grupo de personas enfurecidas me agarró con fuerza—. ¡Suéltenme! ¡Déjenme ir! Si no lo hacen, les juro que voy a llamar a la policía. —A pesar de mis palabras amenazantes, el grupo continuó llevándome a la fuerza. Poco después, llegamos a un lugar repleto de gente que transitaba de un lado a otro. —¿No es esa la hija del ministro Zhao? —Claro que es ella. —¿No es esta ya la tercera vez que la atrapan robando? Qué vergüenza. —Los transeúntes murmuraban entre sí. —Llevémosla a la residencia Zhao —dijo una mujer del grupo que me tenía sujetada. —Así es. Llevémosla con su padre. —Le exigimos una explicación al ministro. —¡Sí! —asintieron todos a una sola voz y luego se dirigieron en otra dirección. «¿Pero qué demonios está pasando aquí? ¿Acaso estoy en algún tipo de sueño?», grité para mis adentros. Todos llegaron frente a un portón cerrado, el cual supuse que era la Residencia del Ministro Zhao. Pronto, el portón se abrió y un hombre de mediana edad salió de la casa. Su ceño se frunció en un gesto de molestia en cuanto vio mi rostro. Vestía una túnica tradicional al igual que los demás. «Eh... ¿será que este hombre reconoce quién soy?», una llama de esperanza se encendió de inmediato dentro de mi corazón. —¿A qué viene todo este alboroto? —resonó la voz fría del ministro Zhao al ver al grupo de gente reunida frente a su hogar. —La cosa está así, ministro: su hija compró mercancía en mi puesto pero se negó a pagar. Es la tercera vez que hace esto. —El comerciante se giró a mirarme y me lanzó una mirada matadora. «Dios mío, si esto es un sueño, ruego despertar lo antes posible». —¿Esto es suficiente para pagar lo que se llevó? —El ministro Zhao le arrojó al comerciante una bolsa que contenía dinero. Al sentir el peso de la bolsa, el hombre sonrió complacido: —Sí, sí. Es suficiente. —Ahora suéltenla —ordenó fríamente el ministro Zhao. —Claro. —Las manos que me sujetaban los brazos se aflojaron—. Vámonos, todos. —Al poco tiempo, el grupo de gente se retiró, dejándome de pie en el lugar. —Sígueme —pronunció fríamente el ministro Zhao mientras caminaba hacia el interior de la casa. Subconscientemente, fui tras él. Al entrar, unas hermosas jóvenes nos saludaron con una reverencia—. Llévense a la señorita y denle veinte azotes con la vara. —¡¿Qué?! —exclamé. —Sí, señor. —Las jóvenes se acercaron a mí y me tomaron de las manos. —¡Ni se les ocurra tocarme! ¡Suéltenme! ¡Déjenme ir! ¡Oiga, señor! Creo que tiene a la chica equivocada. Yo no soy su hija, mi nombre es Belia. —¿Cómo te atreves a hablarle así a tu padre? —La voz de una mujer resonó desde la nada. A lo lejos estaba de pie una mujer hermosa y ostentosamente engalanada. Era un espectáculo digno de admirar, pero la mirada que me dirigía era sin duda la de alguien que se enfrenta a un enemigo—. Qué niña tan insolente. Eres una calca exacta de tu estúpida madre. —Ya es suficiente —dijo el ministro Zhao con frialdad dirigiéndose a la mujer—. Dupliquen su castigo —les ordenó a las sirvientas antes de alejarse del lugar.La expresión facial de Vagamound experimentó un cambio radical al escuchar lo que dijo San. Un aura sombría lo abrumó de inmediato.—¿Qué acabas de decir?—Por favor, sálvala —San seguía de rodillas—. Sé que eres el único que puede sacarla de prisión. Le creo a Zanillia. Sé que ella jamás asesinaría a nadie. El asesino aún podría estar en el palacio, acechando por ahí. Podría ser un enemigo que se ha infiltrado.San dijo muchas cosas de golpe, lo que le dificultaba a Vagamound procesarlas.—Dime... ¡Ah! —Vagamound se sujetó el pecho de repente. Sintió como si una mano apretara con fuerza su corazón.El cabello negro de su cabeza se volvió de un blanco plateado al instante. Su pupila derecha se tornó roja como la sangre, mientras que la izquierda era tan azul como el océano.—¡Vagamound! —San notó la transformación instantánea de este último y se apresuró a su lado—. ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? —Sostuvo a Vagamound por la espalda y lo ayudó a sentarse en el asiento de la habitación.—Es
Sentí como si estuviera metida en una pesadilla en el momento en que escuché los rumores que circulaban por el palacio. Janice fue la primera persona en darme la noticia. Al principio, no le creí. Pero tras escuchar a todos susurrando lo mismo, me quedé aturdida. —¿La princesa está muerta? —Mis ojos se llenaron de un horror profundo—. ¿Cómo es posible? Quiero decir, estaba vivita y coleando durante la competición. —Sí —Los reportes también tomaron a Janice por sorpresa. No podía creer que una persona perfectamente viva hubiera desaparecido así como así. Aunque odiaba a la princesa, su odio no llegaba al extremo de desearle la muerte. —La encontraron muerta en un charco de sangre esta mañana. ¿Cómo pudo alguien asesinar a una persona de forma tan cruel? Sé que la princesa pudo haber ofendido a mucha gente, pero esto fue demasiado lejos. Las otras damas alrededor también asentían ante las palabras de Janice. —¡Fuiste tú! —Natasi se lanzó como loca contra mí—. Tú la mataste. Tú er
Un dulce aroma llenaba el aire. Observé cómo Xinger volteaba con destreza la carne chirriante sobre la sartén antes de pasarla a un plato blanco.Vaya, sí que es toda una profesional.Mirando hacia abajo a los ingredientes intactos frente a mí, una sonrisa desalentada apareció en mi rostro. Desde el episodio en la casa de Feiye, no he vuelto a ser la misma.Todas las enseñanzas de Xinger hasta ahora parecen haber entrado por un oído y salido por el otro.En fin, solo espero ser capaz de sobrevivir a la competición de hoy.Xinger giró la cabeza hacia un lado y miró los ingredientes sin tocar en mi mesa.—¿No deberías empezar a cocinar de una vez? No queda mucho tiempo antes de que termine la ronda de prueba.—Ah, eso. Todavía estoy pensando en qué preparar —le respondí con una sonrisa amable.—Oh, entonces...
El sol brillaba con fuerza sobre la superficie del suelo.Avancé lentamente, dirigiéndome hacia la residencia de Feiye. Aunque parecía vergonzoso visitar su casa después del último incidente, la casa de Feiye era actualmente el mejor lugar para esconderme en este momento.La sola idea de cruzarme con San dentro del palacio hacía que me doliera el corazón. De verdad no quería topármelo. Tenía miedo de que, si lo hacía, fuera incapaz de contener mis lágrimas.*Crujido.* La puerta de madera hizo un ruido fuerte al abrirse de par en par.—Vaya. Mira quién está aquí —Feiye levantó la cabeza y miró en dirección a la figura que entraba. Una sonrisa burlona se extendió al instante por sus labios mientras decía—: Es la mujer de San.—Ya cállate —Agité la mano con molestia mientras daba
—Tú... —Las lágrimas me llenaron los ojos ante su hermosa confesión.—No llores, querida —Sus dedos limpiaron las lágrimas en mis mejillas—. No quiero ver ninguna mancha en esos hermosos ojos tuyos.—Mmm —Asentí, conteniendo el llanto. Una sonrisa se extendió por mis labios—. A mí también me gustas.Al escuchar la confesión, el corazón de San se llenó de felicidad. Pero las siguientes palabras que salieron de mi boca hicieron que su corazón diera un vuelco.—Pero... —Podía ver el amor en los ojos de San. Sin embargo, mi situación actual provocaba una pequeña duda en mi corazón.—¿Pero qué, mi amor? —El tono de San era suave.Al escuchar su cariñoso «mi amor», mi rostro se encendió en un rubor. ¿Cómo es que no sabí
A la mañana siguiente, mis ojos estaban rojos e hinchados por la falta de sueño.Arrastré mi cuerpo cansado por la puerta del palacio inmortal como si fuera un cadáver viviente.Los guardias de la puerta dieron un brinco de susto al ver mi aspecto.—¡Madre mía, qué susto! ¿Qué joven dama es esa? Casi pienso que era un espíritu demoníaco.—¿A qué te refieres con espíritu demoníaco? Es la señorita Zanillia, una de las jóvenes traídas desde el reino mortal. Siempre ha sido una persona alegre, pero no sé qué clase de problema habrá tenido para terminar en ese estado —habló uno de los guardias que me reconoció.—¿Por qué camina así? ¿Acaso no tiene miedo de romperse un hueso?—¿Tú qué vas a saber? A lo mejor está pra







