ANMELDENLas sirvientas me rodearon y empezaron a ponerme todo tipo de accesorios en el cabello, haciendo que el peso sobre mi cuello fuera cada vez más pesado. Sumado a la gran carga sobre mi cabeza, llevaba puestas varias capas de ropa enrolladas al cuerpo. Mi respiración se volvió agitada, ya que me costaba trabajo respirar enfundada en telas tan gruesas. Maldita sea. El rostro se me desencajó mientras soltaba una queja.
—¿No puedo cambiarme por algo más ligero? Casi no puedo ni respirar con este vestido. —Me limpié con la manga el sudor que empezaba a acumulárseme en la frente. —El ministro nos ordenó arreglarla con este atuendo y no nos atrevemos a desobedecer su orden, mi señora —explicó amablemente una de las sirvientas. —Lo entiendo, pero ¿acaso no ven que apenas estoy sobreviviendo vestida con esto? ¡Consíganme algo más ligero! —les grité en tono de orden. ¿Qué importa si estaban siguiendo las órdenes de alguien más? No quiero ser la primera persona que muere sofocada por un vestido. Desde que descubrí que esto no era un sueño, mi humor esta mañana ha sido bastante pésimo. Ahora, la única suposición que me viene a la mente es que mi cuerpo real murió mientras limpiaba el almacén de la biblioteca y luego viajó al más allá para convertirse en esta chica llamada Zanillia. Pero ¿por qué me convertiría en alguien más si estoy muerta? ¿No debería estar aquí con mi propia alma? Aunque bueno, el rostro que tengo es el de una belleza que a cualquiera le quitaría el pánico tras darse cuenta de que trae la cara de otra persona. ¿Pero qué demonios está pasando? ¿O será que todo esto es una ilusión? Mi mente se confundió aún más mientras me cuestionaba. Las sirvientas entraron en pánico al no saber qué hacer, debatiéndose entre complacer la petición de la jovencita o apegarse a la orden del ministro. —¿Ya terminaron de vestirla? —En medio de su dilema, el ministro Zhao entró a la habitación, lo que envió una ola de alivio a sus angustiados corazones. Las sirvientas se apresuraron a hacerle una reverencia a modo de saludo—. Sin duda ese vestido te queda de maravilla. —Al verme vestida, me hizo un cumplido con una sonrisa. Casi se me salen los ojos de tanto girarlos al escuchar su halago falso. —¿Puedo cambiarme por otra cosa? —Ya que él fue quien le ordenó a las sirvientas ponerme este vestido, debería ser capaz de darles la orden de cambiármelo por algo más ligero. —Pero qué conducta tan grosera. —La misma mujer que me había reprendido ayer, o mejor dicho, la madrastra de mi identidad actual, entró a la habitación y me regañó—: ¿Cómo te atreves a hablarle a tu padre sin siquiera saludarlo? Hoy la mujer vestía un atuendo aún más lujoso. Su vestido estaba bordado con un patrón floral en hilo de oro. Llevaba un maquillaje recargado, logrando el efecto exacto de cómo luce una verdadera villana en las películas de cuentos de hadas. «Y aquí viene el personaje malvado», rodé los ojos hacia atrás mientras murmuraba para mis adentros. Tal vez por haber escuchado lo que dije, la mujer se enfureció y me apuntó con el dedo mientras se le dilataban las fosas nasales por el coraje. —¡Maldita arpía! —Ya es suficiente, Belia. —El ministro Zhao, con el ceño fruncido, detuvo a su esposa. Si no fuera por la poderosa familia de la que ella provenía, la habría reprendido por pasarse de la raya. —¿Belia? Ja —me burlé—. No eres digna de llevar ese nombre. —Anoche, al revisar este cuerpo, vi que tenía muchísimas cicatrices. Ahora, al ver el claro desprecio en los ojos de esa mujer, supe que ella debió haber sido la única causa de todas las marcas en este cuerpo. ¿Cómo se atreve una persona tan malvada como ella a llevar mi mismo nombre? —¡¿Qué dijiste?! ¡Cómo te atreves! —Alzó la mano para soltarme una bofetada en la cara. Me hice hacia atrás a toda prisa, esquivando su agresión. El despreocupado padre no tardó en intervenir: —Ya estuvo bueno. —¿Escuchaste lo que me acaba de decir? Es una maldición que una chica como ella haya nacido en esta familia. Es tan vulgar como su estúpida madre. —¡Dije que ya es suficiente! —Gritó el ministro Zhao mientras se le marcaba una vena en la cabeza. Al presenciar esto, la mujer supo que esta vez había rebasado el límite de su esposo. Aun así, no dio su brazo a torcer y se giró hacia él con tono acusatorio: —¿Ahora intentas proteger a esta bastarda? Si no hubieras traído a esa mujerzuela a esta casa a pesar de mi negativa, tal vez nada de esto habría pasado. De verdad me arrepiento de haberme casado contigo. —Tras decir esto, la mujer salió hecha un demonio de la habitación. Tal como en las películas, todos los villanos tienen un trasfondo triste. Aunque me da un poco de lástima la mujer, eso no borra todas las maldades que le hizo a este cuerpo. O tal vez, si no fuera por la ambición de cierta persona, nada de esto habría ocurrido. Y yo tampoco me encontraría metida en este enredo. Dos suspiros resonaron al mismo tiempo: uno mío y el otro de mi supuesto padre. Caray. Aunque siempre soñé con tener una figura paterna en mi vida, jamás le pediría a Dios a alguien como él como padre. ¡Nunca! El ministro Zhao levantó la mirada y contempló a esta hija suya a la que ya no reconocía. Soltó otro suspiro antes de hacerle un gesto de desdén a las sirvientas: —Saquen a la jovencita de la casa. Las sirvientas acataron su orden de inmediato y me llevaron fuera del portón. Frente a la entrada, un carruaje ya se encontraba estacionado. El caballo comía gustoso el poco pasto que salía de la tierra. Al escuchar el ruido de los pasos, levantó las orejas y miró hacia la puerta de la residencia. Antes de subir al carruaje, miré hacia atrás, a la casa que dejaba a mis espaldas, y solté otro suspiro. ¿Cuántas veces habré suspirado hoy? No estaba segura de si me quedaba algún sentimiento hacia este lugar. A excepción de la niña tierna, no creo que haya nada que recordar de este único día que pasé aquí. En fin, ya que no sé con certeza si estoy en el más allá o no, simplemente me dejaré llevar por la corriente. Tal vez así encuentre a alguien que sepa la solución a mi problema. Apartando la mirada, alcé el pie y me subí al asiento del carruaje, lista para adentrarme en una tierra desconocida de la que no tenía la menor idea. El caballo comenzó a andar tras el jalón del cochero.—¡Guau! —exclamó Janice sorprendida en el momento en que vimos lo que había ante nosotras, al igual que las demás jovencitas que no conocían mucho del mundo.Frente a nosotras se extendía un manto gigante de hermosas flores y altas montañas flotantes. Incluso el aire que se respiraba borraba todo el cansancio del cuerpo. Las ampollas de mis pies comenzaron a sanar a simple vista, dejando ver una piel totalmente nueva.—El reino inmortal es tan mágico... —Nadie supo quién lo dijo, pero todas estuvieron de acuerdo con esa voz. De verdad era mágico, como un paraíso en la tierra. Encajaba perfecto con mi imaginación sobre el mundo inmortal.—Es un espectáculo hermoso. —Miré a mi alrededor con admiración. Casi al instante, una luz deslumbrante me cubrió los ojos, cegándome.—¡Cierren los ojos, tod
El camino hacia la puerta inmortal estaba lleno de obstáculos. Dado que el rey nos había prohibido viajar en carruaje para mostrar respeto a los inmortales, no nos quedaba más remedio que avanzar a pie hacia nuestro destino. A estas alturas, mis dedos tenían ampollas rojas debido a los continuos golpes contra las piedras ásperas del camino.Ambas piernas me temblaban y sentía que colapsarían en cualquier momento. Giré la cabeza hacia un lado para mirar el lujoso carruaje custodiado por un séquito de soldados. Maldito rey doble cara. Cuando habló de mostrar respeto a los inmortales, jamás tuvo la intención de incluir a su hija.Al ver que casi todas a mi alrededor apretaban los dientes mientras persistían en caminar, en contraste con la princesa, que iba cómodamente sentada dentro del carruaje con sirvientas a los lados atendiendo sus órdenes, me mordí los cac
—Jajaja —solté una risa burlona al ver sus acciones tan vergonzosas. Fue realmente satisfactorio ver cómo le daban una bofetada con guante blanco.El rostro de la chica noble se puso aún más rojo al escuchar la risa de Zanillia a sus espaldas. Se mordió los labios, deseando salir corriendo a darle una lección, pero al recordar su vergüenza de hace un momento, no le quedó más remedio que tragarse su rabia.Dado que la acusación ya se había aclarado, me acerqué a la chica hermosa y le di las gracias:—Muchas gracias. Si no hubieras servido de testigo a mi favor, no habría sabido cómo librarme de su malvada jugada.—No hay problema. —La boca de la chica se curvó en una sonrisa al escuchar mis palabras de agradecimiento—. A mí también me da gusto ayudar.—Gracias de nuevo. Mi nombre es Be... quiero decir, Zanillia —me corregí de inmediato, evitando que se me escapara mi verdadero nombre.—Xinger —se presentó ella también.—¿Singer? Es un nombre muy bonito —le dije ofreciéndole una sonrisa
Unos minutos más tarde, el carruaje en movimiento se detuvo de golpe.Al darme cuenta de esto, me giré para preguntarle a la sirvienta que custodiaba la puerta:—¿Ya llegamos?—Sí, mi señora. —Las sirvientas descorrieron la cortina de la puerta y me tendieron la mano para ayudarme a bajar del carruaje.En cuanto puse un pie abajo, mi mirada se desvió hacia el descomunal portón que tenía enfrente.—¿Dónde estamos? —le pregunté a la sirvienta. Este no puede ser el mundo de los siete reinos del que me habló mi padre, ¿o sí? Aunque el portón se ve imponente, se queda un poco corto para ser un palacio inmortal.—Estamos en el palacio, señorita. Todas las candidatas que están en la lista deben reunirse en el palacio antes de partir hacia los siete reinos —explicó la sirvienta.—Ah, con que así está la cosa. Bueno, adiós. Gracias por la información. —Como la sirvienta había sido muy atenta conmigo durante el viaje, me despedí de ella como un pequeño gesto de buena voluntad antes de dirigiénd
Las sirvientas me rodearon y empezaron a ponerme todo tipo de accesorios en el cabello, haciendo que el peso sobre mi cuello fuera cada vez más pesado. Sumado a la gran carga sobre mi cabeza, llevaba puestas varias capas de ropa enrolladas al cuerpo. Mi respiración se volvió agitada, ya que me costaba trabajo respirar enfundada en telas tan gruesas. Maldita sea. El rostro se me desencajó mientras soltaba una queja.—¿No puedo cambiarme por algo más ligero? Casi no puedo ni respirar con este vestido. —Me limpié con la manga el sudor que empezaba a acumulárseme en la frente.—El ministro nos ordenó arreglarla con este atuendo y no nos atrevemos a desobedecer su orden, mi señora —explicó amablemente una de las sirvientas.—Lo entiendo, pero ¿acaso no ven que apenas estoy sobreviviendo vestida con esto? ¡Consíganme algo más ligero! —les grité en tono de orden. ¿Qué importa si estaban siguiendo las órdenes de alguien más? No quiero ser la primera persona que muere sofocada por un vestido.
Todavía me dolía la cola por la tremenda paliza que me habían dado. Al principio creí que estaba en el país de los sueños, pero ¿cómo es posible sentir dolor cuando estás soñando? A lo mejor esto no es un sueño después de todo. ¿Acaso me morí cuando me golpeó esa cosa desconocida? Si es así, entonces este lugar debería ser el más allá, ¿no?—¡Ay! —chillé con amargura mientras me sobaba las nalgas doloridas—. Duele muchísimo. El más allá duele demasiado.—Hermana —llamó la suave voz de una niña desde el exterior—. ¿Puedo pasar?—Eh... —Me quedé pasmada por la repentina interrupción antes de responder—: Claro, pasa.La puerta de la habitación se abrió de par en par y entró una niña vestida con una túnica tradicional rosa. Tenía el rostro pequeño y redondo; se notaba que era la definición perfecta de lo tierno. ¿Cómo demonios podía alguien ser así de adorable? Se acercó a mí y se sentó en el cojín que estaba frente a mí.—Toma. —Buscó dentro de sus mangas y sacó un frasquito—. Es una pom







