MasukUnos minutos más tarde, el carruaje en movimiento se detuvo de golpe.
Al darme cuenta de esto, me giré para preguntarle a la sirvienta que custodiaba la puerta: —¿Ya llegamos? —Sí, mi señora. —Las sirvientas descorrieron la cortina de la puerta y me tendieron la mano para ayudarme a bajar del carruaje. En cuanto puse un pie abajo, mi mirada se desvió hacia el descomunal portón que tenía enfrente. —¿Dónde estamos? —le pregunté a la sirvienta. Este no puede ser el mundo de los siete reinos del que me habló mi padre, ¿o sí? Aunque el portón se ve imponente, se queda un poco corto para ser un palacio inmortal. —Estamos en el palacio, señorita. Todas las candidatas que están en la lista deben reunirse en el palacio antes de partir hacia los siete reinos —explicó la sirvienta. —Ah, con que así está la cosa. Bueno, adiós. Gracias por la información. —Como la sirvienta había sido muy atenta conmigo durante el viaje, me despedí de ella como un pequeño gesto de buena voluntad antes de dirigiéndome hacia la entrada del palacio. En el momento en que crucé el portón tras completar la verificación de identidad en el punto de control, mi vista se topó con un mar de colores deslumbrantes. Miles de chicas estaban congregadas en la gran plaza. El murmullo constante de sus conversaciones llenaba todo el lugar. Al ver los vestidos de tonos tan chillantes que llevaba cada una, sentí un dolor punzante en los ojos. Diablos, ¿acaso esta reunión es un desfile multicolor o qué? Además, la mezcla de sus perfumes me producía una sensación de ahogo en la nariz. En este instante, me daba verdadero pavor caminar hacia ellas por miedo a morir asfixiada por semejante variedad de fragancias. Tal vez una de ellas me divisó, porque de inmediato gritó: —¡Oigan, miren! Es Zanillia. —Ah, es ella. —Oí que volvió a robarle al dueño de un puesto del mercado. —¿En serio? Qué vergüenza. —Mi sirvienta me dijo que vio cómo la turba la llevaba a rastras hacia la residencia Zhao. Solo la soltaron después de que el ministro pagó por las cosas que robó. —Qué descaro. Traerle semejante deshonra a su familia. ¿Cómo tiene todavía el valor de mostrar la cara en público? —¿Quién sabe? Siempre ha sido una desvergonzada. Espero que esta vez no haya venido a robarnos nuestras cosas. —¡Aseguren sus cosas, todas! ¡Zanillia está aquí! Decenas de cabezas se giraron hacia mí y sus constantes murmullos llegaron directo a mis oídos. «Oigan, ¿acaso tengo cara de ladrona? Además, ¿para qué querría robarme sus cosas?». Sin embargo, recordando que mi identidad era distinta a la de quien yo solía ser, me tragué mi coraje. —Hola... —La leve sonrisa en mi rostro se sintió bastante forzada mientras les hacía un gesto con la mano. —Lárgate de aquí, ladrona —escupió una de ellas, con un evidente desprecio hacia mí. Vaya, ¿no se supone que las chicas de la nobleza son amables y tímidas? Solo hay que ver el asco pintado en sus rostros. Vaya que me odian. Dado que mi saludo fue recibido con una actitud nada bienvenida, bajé la mano. De repente, un grito resonó entre la multitud: —¡Mi horquilla! ¡No encuentro mi horquilla! —chilló una de las damas al darse cuenta de que su preciosa horquilla de oro ya no estaba en su peinado. —¿Dónde escondiste su horquilla? —La jovencita que había anunciado mi llegada momentos antes me clavó una mirada fiera mientras preguntaba. —¿Horquilla? —Casi me da por soltar una carcajada en el momento en que escuché su acusación. ¿Acaso la gente está tan alucinada como para encasquetarle un delito a cualquiera? Me quedé de pie no muy lejos de ellas, con expresión helada mientras respondía—: ¿Por qué me robaría su horquilla? Además, no me he movido ni un centímetro de donde estoy parada, así que ¿cómo tendría la habilidad de hacer desaparecer su horquilla? A menos que tenga poderes mágicos de los que ni yo misma estoy enterada. —¿Por qué tendríamos que creer cualquier palabra que salga de tu boca? Todas las presentes venimos de familias de pura sangre noble, mientras que tú, que naciste de una vulgar plebeya, eres la única capaz de cometer semejante atrocidad. ¿Quién aquí no conoce tu reputación? Devuelve su horquilla o, de lo contrario, te vamos a moler a golpes aquí mismo. —... —Me quedé muda y, al mismo tiempo, la situación me pareció absurda. ¿Tan mañosas son las jóvenes hoy en día? No, más bien debe ser que la gente de este mundo de plano no tiene moral. Estaba a punto de replicar cuando una voz salió repentinamente de entre la multitud. —Ella no fue quien robó la horquilla de esta señorita. —Una chica hermosa, vestida con un vestido blanco impecable, dio un paso al frente saliendo del grupo. Su rostro era puro y delicado, del tipo que hace que a los hombres se les dé un vuelco el corazón. Sus pequeños labios rosados se abrieron mientras continuaba—: Además, fuiste tú quien se la robó. —¡¿Qué estás diciendo?! ¿Cómo te atreves a acusarme de robarme su horquilla? —se enfureció la chica, pero si una la observaba de cerca, se notaba que su expresión flaqueó al final. Me giré a mirar a la hermosa chica con sorpresa, preguntándome por qué habría dado un paso al frente para defenderme. —¿Una falsa acusación? Ja —se burló la bella joven—. ¿Por qué no te quitas la bolsa de la cintura y nos muestras lo que llevas dentro? Por supuesto, si me equivoco, no me importa inclinarme hasta el suelo ante ti frente a toda la multitud para pedirte disculpas. Pero ¿y si tengo razón? —Había un brillo burlón en sus ojos mientras alargaba deliberadamente esta última frase. —Tú... —La dama noble se quedó trabada porque sabía que la otra tenía razón. De hecho, sí había tomado la horquilla para acusar a Zanillia de haberla robado. Pero jamás aceptaría que ella se la había llevado. Apretó los dientes y sacó la horquilla escondida en su bolsa de la cintura—. Toma tu horquilla. La vi por casualidad en el suelo y decidí guardarla hasta encontrar a la dueña. No seas tan descuidada la próxima vez. —Le arrojó la horquilla a la chica y se perdió echa una furia en medio de la multitud.Un dulce aroma llenaba el aire. Observé cómo Xinger volteaba con destreza la carne chirriante sobre la sartén antes de pasarla a un plato blanco.Vaya, sí que es toda una profesional.Mirando hacia abajo a los ingredientes intactos frente a mí, una sonrisa desalentada apareció en mi rostro. Desde el episodio en la casa de Feiye, no he vuelto a ser la misma.Todas las enseñanzas de Xinger hasta ahora parecen haber entrado por un oído y salido por el otro.En fin, solo espero ser capaz de sobrevivir a la competición de hoy.Xinger giró la cabeza hacia un lado y miró los ingredientes sin tocar en mi mesa.—¿No deberías empezar a cocinar de una vez? No queda mucho tiempo antes de que termine la ronda de prueba.—Ah, eso. Todavía estoy pensando en qué preparar —le respondí con una sonrisa amable.—Oh, entonces...
El sol brillaba con fuerza sobre la superficie del suelo.Avancé lentamente, dirigiéndome hacia la residencia de Feiye. Aunque parecía vergonzoso visitar su casa después del último incidente, la casa de Feiye era actualmente el mejor lugar para esconderme en este momento.La sola idea de cruzarme con San dentro del palacio hacía que me doliera el corazón. De verdad no quería topármelo. Tenía miedo de que, si lo hacía, fuera incapaz de contener mis lágrimas.*Crujido.* La puerta de madera hizo un ruido fuerte al abrirse de par en par.—Vaya. Mira quién está aquí —Feiye levantó la cabeza y miró en dirección a la figura que entraba. Una sonrisa burlona se extendió al instante por sus labios mientras decía—: Es la mujer de San.—Ya cállate —Agité la mano con molestia mientras daba
—Tú... —Las lágrimas me llenaron los ojos ante su hermosa confesión.—No llores, querida —Sus dedos limpiaron las lágrimas en mis mejillas—. No quiero ver ninguna mancha en esos hermosos ojos tuyos.—Mmm —Asentí, conteniendo el llanto. Una sonrisa se extendió por mis labios—. A mí también me gustas.Al escuchar la confesión, el corazón de San se llenó de felicidad. Pero las siguientes palabras que salieron de mi boca hicieron que su corazón diera un vuelco.—Pero... —Podía ver el amor en los ojos de San. Sin embargo, mi situación actual provocaba una pequeña duda en mi corazón.—¿Pero qué, mi amor? —El tono de San era suave.Al escuchar su cariñoso «mi amor», mi rostro se encendió en un rubor. ¿Cómo es que no sabí
A la mañana siguiente, mis ojos estaban rojos e hinchados por la falta de sueño.Arrastré mi cuerpo cansado por la puerta del palacio inmortal como si fuera un cadáver viviente.Los guardias de la puerta dieron un brinco de susto al ver mi aspecto.—¡Madre mía, qué susto! ¿Qué joven dama es esa? Casi pienso que era un espíritu demoníaco.—¿A qué te refieres con espíritu demoníaco? Es la señorita Zanillia, una de las jóvenes traídas desde el reino mortal. Siempre ha sido una persona alegre, pero no sé qué clase de problema habrá tenido para terminar en ese estado —habló uno de los guardias que me reconoció.—¿Por qué camina así? ¿Acaso no tiene miedo de romperse un hueso?—¿Tú qué vas a saber? A lo mejor está pra
—¿Qué...? —Una palma caliente se presionó de repente contra mi boca, impidiéndome hablar.—Silencio. Hay alguien aquí —El cálido aliento de Feiye me rozó al hablar, haciendo que mi corazón temblara por la cercanía.Por suerte, giró la cabeza hacia un lado, lo que impidió que se diera cuenta de mi agitación.Con el silencio entre nosotros, el sonido fuera del patio se hizo más fuerte.—Hola. ¿Hay alguien en casa?La voz familiar hizo que mis ojos se abrieran de par en par por la sorpresa.—Es San —pronuncié en un susurro.—¿Qué hace él aquí? —El ceño de Feiye se frunció mientras giraba el rostro hacia mí—. ¿Tú lo invitaste?—No diría que lo invité. Pero sí le mencioné organizar un encuen
—Qué... —Una cálida palma se presionó de repente contra mi boca, impidiéndome hablar.—Silencio. Hay alguien aquí —El cálido aliento de Feiye me rozó al hablar, haciendo que mi corazón temblara por lo cerca que estábamos.Por suerte, giró la cabeza hacia un lado, lo que impidió que se diera cuenta de mi agitación.Con el silencio entre nosotros, el sonido fuera del patio se hizo más fuerte.—Hola. ¿Hay alguien en casa?La voz familiar hizo que mis ojos se abrieran de par en par por la sorpresa.—Es San —pronuncié en un susurro.—¿Qué hace él aquí? —El ceño de Feiye se frunció mientras giraba el rostro hacia mí—. ¿Tú lo invitaste?—No diría que lo invité. Pero sí le mencioné organizar un







