LOGIN"Como mi matrimonio no iba bien, no me quedó de otra que salir a trabajar de nodriza para ganar dinero, y sin querer terminé descubriendo un asunto privado de mi jefe. Creí que, si hacía como si nada hubiera pasado, podría dejarlo atrás, pero, para mi sorpresa, después de eso él me llamó. Y dentro de mí también se agitaban pensamientos que no debía tener..."
View MoreAl verme con las piernas abiertas, apretadas alrededor del señor Aranda, Delia se quedó paralizada. Y yo, al ver a mi esposo de pie a su lado, me quedé petrificada, todavía más que ella.—¡¿Qué están haciendo?!Delia volvió en sí y su voz histérica retumbó en toda la habitación. Se nos echó encima como loca y empezó a golpearnos con su bolso, a mí y al señor Aranda. Mientras tanto, mi esposo seguía de pie en el mismo lugar, con el semblante ensombrecido.Yo creía que, al menos en ese momento, el señor Aranda me iba a proteger. Pero nunca me imaginé que, después de salirse de mí, en vez de ponerse delante para cubrirme, se tirara de rodillas frente a Delia.—Perdóname, mi amor, ¡todo es culpa de ella! ¡Ella me sedujo!Me quedé boquiabierta. Jamás se me ocurrió que él, el que varias veces me había arrastrado al pantano del deseo, fuera el primero en echarme toda la culpa en ese momento.—¡Desgraciada! ¡Puta!Estaba claro que, con lo que dijo, había logrado desviar la furia de Delia. En e
Le dije a mi esposo que, como llevaba tanto tiempo distante conmigo, cuando me daba placer me castigaba así el cuerpo, para compensar las ganas que me quedaban sin satisfacer.Tal vez se me notaba demasiado dolida, o tal vez mi mentira sonó demasiado convincente. Mi esposo todavía tenía sus dudas, pero se notaba que ya no estaba tan enojado como hacía un momento.—Perdón...Al ver que, mientras hablaba, hasta se me salían las lágrimas, mi esposo se ablandó y volvió a abrazarme.—Es mi culpa...Me abrazaba y me besaba las lágrimas, pero yo estaba llena de culpa hacia él. Ya de madrugada, mi esposo dormía profundamente, pero yo no dejaba de dar vueltas en la cama.Hasta que a la mañana siguiente, muy temprano, me decidí a cortar toda relación con el señor Aranda.Aunque él me daba placer, yo no quería perder todo lo que tenía. Sabía muy bien qué pasaría si alguien como mi esposo descubría que le era infiel.Le mandé un mensaje al señor Aranda para decirle que renunciaba. Lo que no espera
De camino a casa, llevaba en el bolsillo el dinero que el señor Aranda me había metido en la mano, pero iba con la cabeza en otra parte.Por un lado, soy esposa, y por otro soy madre, tengo mi familia. Pero hoy traicioné todo lo que tenía. Aunque disfruté mucho del placer de la carne con el señor Aranda, una traición es una traición...—¿Ya llegaste?Al llegar a casa, frente a mi esposo y a mi hijo, que estaba llorando de hambre, me volví muy dócil, como toda esposa que le ha puesto el cuerno a su marido.Tan dócil que mi esposo no notó nada raro.—Ya hay que darle pecho al bebé.Me lo recordó mi esposo. Pero yo ya había tomado la ropa limpia y estaba en la puerta del baño.—Estoy muy cansada. Primero me voy a bañar.Al verme tan cansada, mi esposo no dijo nada más, pero ya en el baño me derrumbé.No sabía cómo iba a enfrentar a mi esposo, a mí misma ni a mi hijo, y mucho menos si en los días siguientes debía seguir yendo a casa del señor Aranda como nodriza...Es cierto que el cuerpo
—¡No!Me resistí con todas mis fuerzas, pero la gruesa herramienta del señor Aranda me penetró. Aquella satisfacción que no sentía desde hacía tanto me hizo hundirme.Por un lado, ansiaba que la enorme herramienta del señor Aranda me satisficiera; por otro, no podía olvidarme de mi esposo y de mi familia. “No... no puedo...”. Me mordía los labios y soportaba a duras penas aquel placer tan intenso, sin querer emitir ningún sonido. Pero, para colmo, mi cuerpo se excitaba cada vez más con el placer...El señor Aranda me penetraba con movimientos brutales de cadera, y con la otra mano me apretaba la garganta con todas sus fuerzas.—¡Putita! ¿No que no querías? ¿Eh? ¿Y entonces por qué te salen cada vez más jugos?Ante lo brusco y autoritario que era, yo quería resistirme. Pero sentí la asfixia y el placer como una marea que me rodeaba por todas partes; sin poder controlarme, me hundí en el pantano del deseo, sin fuerzas siquiera para forcejear... Mi familia, mi esposo, mi hijo... No tenía
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