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Capítulo 3. Diente por diente.

Penulis: Jeda Clavo
last update Tanggal publikasi: 2026-02-04 08:57:38

—¡Bájese de ahí! —gritó uno de los policías, desenfundando la porra.

Olivia no escuchó. Estaba parada sobre el capó del Mercedes destrozado, jadeando, con una piedra en la mano y su pijama de dormir, ondeando como una bandera de guerra.

—¡La voy a taser! —advirtió el oficial, apuntando el arma eléctrica. El zumbido de la corriente crepitó en el aire.

Liam Cross reaccionó.

No fue racional. Fue instinto puro. Ver a un policía apuntar un arma a esa mujer disparó algo oscuro en su cerebro.

—¡NADIE LA TOCA! —rugió Liam.

Su voz paralizó a los oficiales. Liam se abalanzó sobre el auto. Agarró a Olivia por la cintura con un brazo de hierro y la arrancó del capó de un tirón violento.

Ella gritó, pataleando, intentando golpearlo con la piedra.

—¡Suélteme, maldito!

Liam la estrelló contra el lateral del Mercedes abollado. El golpe le sacó el aire a Olivia. Quedó atrapada entre el metal caliente y el cuerpo duro de él.

—¡Basta! —gruñó él, atrapándole la muñeca en el aire y apretando hasta que ella soltó la piedra.

La sacudió una vez.

Estaban pegados. Pecho contra pecho. Respiraciones mezcladas. Él estaba furioso, con el traje lleno de polvo y los ojos dilatados. Ella estaba despeinada, salvaje, con los labios rojos de ira.

Liam bajó la mirada a su boca. La inercia los acercó. Parecía que iba a besarla o a morderla. La tensión era tan densa que podía cortarse con un cuchillo.

—Me llegas a besar y te los arranco —siseó Olivia contra sus labios.

Liam se detuvo en seco. El hechizo se rompió por el insulto. Retrocedió un paso, soltándola con asco, como si quemara.

—No quiero besarte. No te confundas —escupió él, limpiándose la boca con el dorso de la mano—. Ni que fueras tan deseable.

Se giró y miró su Mercedes. El parabrisas estaba hundido. El capó, abollado. Quince mil dólares de daños en diez segundos.

Olivia se alisó el pijama, recuperando el aliento, sintiéndose victoriosa.

—Váyase, Cross —lo retó ella—. Vaya a llorar a su mansión.

Liam la miró. Y sonrió.

No fue una sonrisa bonita. Fue una mueca terrorífica.

—¿Irme? —Liam se quitó el saco del traje y lo tiró al suelo, sobre el polvo—. Oh, no, cariño. Tú quisiste jugar a romper cosas. Ahora vamos a jugar en serio.

Liam dio media vuelta y caminó directo hacia la excavadora más grande.

—¡Bájate! —le ordenó al operario que estaba en la cabina.

El hombre obedeció al instante, aterrorizado por la cara de su jefe.

Liam trepó a la máquina. Sus manos agarraron las palancas.

—¡Papá, salgan de la casa! —gritó Olivia, entendiendo de golpe lo que iba a pasar. El pánico le heló la sangre—. ¡Va a derribarla ya!

El motor diésel rugió. El humo negro escupió al cielo.

Liam no esperó permisos. No esperó a los abogados. Giró la máquina hacia el porche de los Montenegro.

—¡Está loco! —chilló Lidia, su hermana menor, desde la ventana del piso de arriba, grabando todo con manos temblorosas—. ¡Nos va a matar!

Olivia no corrió hacia la casa. Corrió hacia la máquina.

Se plantó en medio del camino.

—¡No te atrevas! —gritó ella, alzando los brazos—. ¡Tendrás que pasar por encima de mí!

Desde la cabina, Liam la vio. Sus ojos grises estaban inyectados en sangre. La adrenalina le nublaba el juicio. Quería asustarla. Quería verla correr. Quería verla quebrarse y suplicar.

Muévete, pensó él. Muévete o no respondo.

Aceleró.

La máquina avanzó. Las orugas de acero trituraron el jardín.

Olivia no se movió. Cerró los ojos y levantó la barbilla.

—¡Frene, señor! —gritó el abogado, tapándose los ojos.

Liam esperó hasta el último segundo, esperando que ella saltara. Pero ella no saltó.

¡Mierda!

Tiró de las palancas hacia atrás con violencia.

¡SKREEEECH!

La máquina se frenó clavándose en la tierra. Pero la inercia es traicionera. El brazo hidráulico con la pala gigante se balanceó hacia adelante un último metro.

No se detuvo a tiempo.

¡PUM!

El metal frío golpeó el hombro de Olivia. Fue un golpe seco, brutal.

Olivia salió despedida hacia atrás como una muñeca de trapo. Cayó pesadamente sobre la grava, rodando dos veces hasta quedar inmóvil, boca abajo, cubierta de polvo.

El silencio que siguió fue absoluto.

La máquina se apagó.

—¡Oli! —El grito desgarrador de Claritza rompió el aire.

Liam se quedó paralizado en la cabina. Sus manos temblaban sobre los controles. Miraba el cuerpo pequeño en el suelo.

El corazón se le detuvo. La rabia se evaporó, reemplazada por un terror helado.

“La maté”.

Pateó la puerta. Bajó de un salto, casi cayéndose. Corrió hacia ella.

Se arrodilló en la tierra, sin importarle sus pantalones de marca. Le dio la vuelta con cuidado, con las manos temblando incontrolablemente.

—¡Olivia! —Su voz salió rota—. ¡Olivia, respira!

Ella abrió los ojos. Estaban desenfocados por el dolor. Gimió, agarrándose el hombro.

Liam la revisó frenéticamente. No había sangre, pero el golpe había sido duro.

—Dime algo —le exigió él, pálido como un muerto—. ¡Insúltame, maldita sea, pero dime algo!

Olivia tosió. Enfocó la vista en él. Vio el miedo real en los ojos del monstruo.

Y sonrió. Una mueca dolorida y sucia.

—Mala puntería, Cross —graznó ella—. Apuntó al orgullo y solo me dio en el hombro.

Liam se dejó caer sentado en la tierra, respirando agitado. La miró con incredulidad. Acababa de atropellarla con una excavadora y ella se estaba burlando.

Las hermanas Montenegro salieron corriendo de la casa como una estampida, llorando y gritando.

Liam se puso de pie, alejándose de ella como si fuera radiactiva. Se sentía enfermo. Había cruzado la línea.

—¡Vámonos! —le gritó a sus hombres, con la voz temblorosa—. ¡Todos fuera!

—¿Señor? ¿Y la casa? —preguntó el abogado.

—¡He dicho que nos largamos! —rugió Liam.

Miró a Olivia una última vez. Ella estaba siendo abrazada por Claritza, pero sus ojos oscuros seguían fijos en él, victoriosos.

Liam subió a su camioneta negra, dejando el Mercedes destrozado y la excavadora abandonada en medio del jardín.

Arrancó quemando llanta, huyendo de la única persona en el mundo que no le tenía miedo.

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Komen (4)
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Omaira Calderon
Liam encontró la horma de su zapato jajaja (⁠˘⁠⌣⁠˘⁠ ⁠)
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Omaira Calderon
Olivia es de armas tomar y Liam se dió cuenta que no puede con ella (⁠ ⁠◜⁠‿⁠◝⁠ ⁠)
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Ana Maria Vitto
Que brava eres Olivia, hasta que Liam cayo de rodillas ante ti jajajajaja
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