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POV de Elizabeth
Intento convencerme de que todo está bien, de que solamente estoy imaginando cosas. Pero hay algo que no encaja en la actitud de mi esposo esta noche.
Hoy es el aniversario de nuestra empresa, el lugar donde he invertido años trabajando como analista financiera y donde mi marido, Travis, será ascendido como Director General del departamento de finanzas.
Es su momento de brillar. Debería estar aquí. Sin embargo, echo un vistazo sobre la multitud y nada. Él no está. Mientras yo tengo un mal presentimiento instalado en la boca del estómago que no me permite estar tranquila.
—Mark, ¿has visto a Travis? La ceremonia está por empezar —le pregunto a un compañero de trabajo.
—¿Travis? Ah, sí. Me pareció verlo dirigirse hacia la sala de juntas. Llevaba prisa.
¿La sala de juntas? ¿A esta hora?
Le agradezco y salgo del salón de eventos para dirigirse al área administrativa. A esta hora todas las oficinas están a oscuras, a excepción de una. Me dirijo allí esperando encontrar a Travis, pero, justo cuando estoy por abrir la puerta, un sonido extraño me detiene.
Aaaah… sii…
Siento que algo dentro de mi pecho se quiebra incluso antes de ver. Los sonidos que vienen desde adentro son muy claros. Mi cuerpo me suplica que dé media vuelta, que no abra esta puerta y corra de regreso a la celebración, pero necesito saber la verdad.
Apoyo una mano temblorosa en la pared para no caerme y abro lentamente la puerta, apenas una rendija que me permita mirar, rezando para estar equivocada, para que no sea lo que estoy pensando.
Pero sí lo es.
Veo a Travis, mi esposo, el hombre que me besó en los labios esta mañana al despertar y que me dijo que me amaba, de espaldas a la puerta y con los pantalones caídos hasta las rodillas.
Y frente a él, apoyada sobre el escritorio, está Eva. Tiene las uñas pintadas de rojo clavada en la espalda de él, el vestido arremangado hasta la cintura y las piernas abiertas de par en par mientras recibe las crudas embestidas de mi esposo…
De… mi… esposo…
De mi esposo siéndome infiel.
No puedo describir el dolor que siento, es que… no existen palabras. Es cómo si mi mundo colapsa en un gran estruendo, una demolición interna que nadie más que yo alcanza a escuchar.
El daño se expande dentro de mí como un ácido corrosivo desgarrandome las entrañas, calcinando mi garganta con el veneno de la traición. Es una herida abierta que me quema a carne viva.
Siento que me falta el aire ¡Dios mío! Ni siquiera puedo gritar, el shock me ha sellado las cuerdas vocales. Mi esposo. Mi vida. Mi amor de cuatro años… Todo es una mentira.
No puedo ver más…
No puedo soportarlo. No puedo.
Giro sobre mis talones y echo a correr con desesperación. No sé a dónde voy, sólo sé que necesito escapar de esa maldita imagen que se ha quedado grabada en mis pupilas.
Corro por el pasillo, desorientada, con las lágrimas nublando mi vista mientras todo se vuelve una mancha borrosa de luces y sombras. Hasta que, de pronto, choco con algo sólido que me corta el paso.
Pierdo el equilibrio y estoy a punto de caer cuando unas manos fuertes me sujetan por los antebrazos. El impacto me deja un poco aturdida. Aún así, levanto la vista empañada por las lágrimas para saber de quién se trata.
Es tan alto que debo arquear el cuello hacia atrás para poder ver su rostro. Me encuentro con un hombre imponente y tan devastadoramente atractivo que por un largo instante me olvido de todo mi drama y me quedo cautivada.
—¿Se piensa quitar de mi camino ya mismo o debo esperar a que termine de llorar?—murmura con la voz ronca y absoluto desdén, como si mis lágrimas o incluso mi existencia le molestara.
Sus palabras me golpean como una bofetada, regresándome al presente y a mi dolor. Herida por la traición y a la defensiva por la falta de empatía de este maleducado, aparto sus manos de mis brazos con brusquedad.
—¿¡Y qué tal si es usted el que se quita de mí maldito camino!? —le replico en voz alta, temblando de pura rabia.
Ya tengo suficiente con que me pusieran los cuernos. No pienso soportar una humillación más esta noche. No obstante, el hombre me avasalla con la mirada y da un paso amenazante hacia mí.
—¿Cómo se atreve a levantarme la voz? ¿Quiere que la eche de la empresa en este preciso instante?
Jadeo, indignada.
En todos los años que llevo trabajando en esta empresa, es la primera vez que veo a este hombre, razón por la que estoy segura de que ni siquiera trabaja aquí y mucho menos tiene la autoridad para echarme.
¿Quién se cree que es?
—¿Sabe que? ¡Escogió el peor momento para chocar conmigo! —respondo, histérica. —Ni este es su pasillo, ni está es su empresa, ni me importa quién demonios es o qué hace aquí. ¡No tengo tiempo para imbéciles como usted! ¡Permiso! —le grito, rodeándolo para correr hacia los baños de mujeres.
—Ella será la primera que despida el lunes —alcanza a soltar a mi espalda.
Pero tengo la cabeza tan abrumada por las imágenes de Travis follando con esa mujer, que ni siquiera logro entender el significado de lo último que me dijo ese desconocido. Mi mente no da para más. Mi corazón no da para más. Yo misma no doy para más.
POV ElizabethUn estremecimiento violento me recorre la espina dorsal en cuanto su voz grave retumba a mis espaldas. Me giro de golpe, sintiendo cómo el suelo se me evapora bajo los tacones. Ahí está Jacob Neumann, erguido con una presencia tan imponente que parece devorar todo el aire de la terraza. Me quedo paralizada, desnuda en medio de mi vulnerabilidad, incapaz de esquivar el peso aplastante de su mirada. Siento la piel arder de pura mortificación, porque él siempre tiene que verme justamente en mis momentos más patéticos. Jacob me observa durante un segundo antes de romper el silencio con esa frialdad quirúrgica que lo caracteriza:—¿Es que usted solo sabe llorar y correr por los pasillos, señorita Duncan? —pregunta, inclinando levemente la cabeza con un tono cargado de sarcasmo—. ¿Cuándo le queda tiempo para trabajar?Sus palabras caen como un latigo sobre mi orgullo. Me apresuro a limpiarme las mejillas con el reverso de la mano, restregándome la piel con furia para borrar c
POV de ElizabethMi corazón golpea tan fuerte que puedo sentir cada latido en mis oídos. No sé qué me produce más pánico en este momento: si la certeza casi absoluta de que este hombre me despedirá en un par de minutos por llamarlo imbécil esa noche, o la manera tan abrumadora con la que él me mira. Esos ojos negros como la noche me recorren de arriba abajo, fijos, intensos, atravesándome la piel con una frialdad que me eriza los poros. Mientras tanto, él se mantiene en silencio, esperando pacientemente a que yo responda a su comentario sobre nuestro desastroso momento del viernes.Sin embargo, deliberadamente decido ignorar cualquier insinuación sobre ese primer encuentro. No pienso pedir disculpas por haber reaccionado como lo hice. En su lugar, me enfocaré en defender mi trabajo de forma profesional. Me acerco al escritorio y tomo asiento bajo su atento escrutinio.—Buenas tardes, señor Neumann —comienzo a hablar—. Aquí tiene el desglose correspondiente a mi área de análisis. En
POV Jacob—Liam —le hablo a mi asistente personal y hombre de absoluta confianza, mientras me reclino en mi sillón—, necesito un expediente completo de cada uno de los integrantes del departamento de finanzas. Investígalos a fondo. Quiero un resumen de cada uno en mi escritorio antes de que empiecen las reuniones individuales.—Entendido, señor Neumann —responde Liam, sosteniendo su tablet—. De hecho, ya tengo listo los informes preliminares de cada uno. La información sobre los movimientos bancarios e información sensible la tendré lista mañana mismo. —A ver. Te escucho.Liam aclara su garganta y comienza a leer con tono profesional:—El primer informe es sobre el nuevo Director General de Finanzas, Travis Morgan. Tiene veintisiete años. Se graduó con honores en la Universidad de Columbia. Está casado con...—Ahórrate los detalles personales, Liam —lo interrumpo con un gesto tajante de la mano—. No me interesa la vida personal ni con quién duermen mis empleados. Pasa directamente a
POV de JacobSostengo la mirada de esa mujer de manera deliberada, disfrutando en silencio de cómo la turbación transforma sus facciones. Un matiz de pánico le tiñe los ojos grises, haciendo que su piel clara palidezca un poco más, lo cual por alguna razón indecifrable me causa una oscura satisfacción.No he olvidado el incidente del viernes por la noche en el pasillo de la zona ejecutiva. Después de que ella me gritara con semejante altanería y me llamara “imbécil” en mi propia cara, me juré a mí mismo que esa mujer sería la primera persona a la que echaría a la calle el día de hoy.Y para colmo, justo antes de entrar a la sala de conferencias, la vi de nuevo. Venía prácticamente volando por el pasillo, con el cabello negro agitándose a su espalda mientras intentaba no perder el equilibrio sobre sus tacones. Al parecer, esta mujer no sabe lo que es caminar con compostura; vive corriendo por los pasillos de mi empresa como si el mundo se fuera a acabar. Llegar tarde a una junta de es
POV de ElizabethEl lunes por la mañana ya tengo un objetivo en mente. Desde mi escritorio mantengo la vista fija en la pantalla de mi ordenador y finjo estar concentrada mientras espero, atenta a cada movimiento de mi entorno por el rabillo del ojo.La puerta de la oficina de la dirección se abre y Travis aparece. Detrás de él, camina Eva. La joven secretaria sostiene una carpeta contra su pecho y luce una sonrisa encantadora que me gustaría borrarle de un puñetazo. Pero, por ahora, me trago el veneno que me quema la garganta.—Nos vemos en la sala de juntas, Elizabeth —dice Travis al pasar frente a mi módulo, regalándome una sonrisa.—Allí estaré en un momento —respondo con tono neutro.Los veo alejarse hacia el ascensor y, una vez que la puerta de acero se cierra con ellos adentro, cuento hasta diez. Un suspiro se escapa de mis labios mientras me pongo de pie y echo a andar hacia la oficina de mi esposo. Hoy tenemos una reunión crucial con el CEO de la empresa, a la que deben asis
POV de ElizabethUn dolor agudo y martilleante se aloja detrás de mis ojos en cuanto abro los párpados. La luz matutina me hiere y tengo las sienes latiendo a un ritmo desquiciado de tanto llorar en completo silencio durante toda la noche. No fue una pesadilla. Travis de verdad me engañó con otra mujer.Su lado de la cama se encuentra vacío. Seguramente, salió a correr como todas las mañanas, mientras yo sigo en la cama paralizada por el dolor. Me llevo la mano al pecho, sintiendo cómo el impacto de la infidelidad se ha transformado en un veneno que me contamina por dentro.—No puedo quedarme en esta casa —susurro sin fuerzas.Tomo mi teléfono móvil, busco el contacto de Juliet y marco su número.—¿Eli? —la voz de mi hermana menor suena fresca, llena de vitalidad—. Qué milagro que llames tan temprano un sábado.—Juliet... —mi voz sale fracturada—. ¿Podemos desayunar juntas? Necesito verte. Ahora mismo.—Dime dónde. Llego en veinte minutos.Nos citamos en una pequeña y discreta cafet







