Se connecterPOV de Elizabeth
¿Por qué?
¿Por qué Travis me hizo esto?
Me encierro en el baño de mujeres y me apoyo contra el lavabo, sintiendo que me muero de tanto dolor. Me miro al espejo y me desconozco. Mi maquillaje perfecto se ha convertido en un desastre de rímel corrido a causa de las lágrimas. Estoy devastada.
Mi instinto no se equivocó. Aquellas miradas entre mi esposo y su asistente, la actitud extraña con su celular... eran señales de una traición que yo me negaba a ver. Y ahora me pregunto: ¿Desde cuándo? ¿Cómo empezó, si yo pensaba que todo estaba bien entre nosotros?
De pronto, escucho la voz del orador por los altavoces.
—Damos inicio a la ceremonia. Por favor, recibamos con un fuerte aplauso a nuestro nuevo Director General del Departamento de Finanzas, Travis Morgan.
Cierro los ojos con fuerza tratando de contener el dolor que me asfixia. La tristeza me está matando, pero me obligo a ser sensata. No puedo hacer un escándalo.
No puedo permitir que me vean como una esposa humillada delante de mis compañeros de trabajo y mis superiores.Soy una profesional y no quiero que mi vida privada esté en boca de otros. Debo callar, al menos por ahora. Así que me limpio la cara, retoco mi maquillaje y respiro profundo para calmarme. Salgo del baño con la barbilla en alto, aunque por dentro me sienta destruida.
Regreso al salón principal cuando Travis ya se encuentra hablando en el escenario. Se ve radiante, impecable, como si no viniera de revolcarse como con otra mujer como el asqueroso animal que es. Su sonrisa falsa me produce náuseas.
—Gracias a todos —dice con voz firme, terminando con su discurso—. Pero este logro no es solo mío. Es el resultado del esfuerzo de un equipo increíble. Detrás de un gran líder siempre hay un pilar fundamental que hace que todo esto sea posible, sin el cual no habría alcanzado esta meta hoy. Por eso quiero hacer un agradecimiento especial…
Siento una gran opresión en el pecho. Por un segundo, mi mente ingenua piensa que va a mencionarme, que ese agradecimiento es para mí. Pero Travis ni siquiera me busca con la mirada. Pasea sus ojos por la multitud y los fija en la primera fila.
—Quiero hacer un reconocimiento a mi mano derecha, a mi secretaria, Eva —continúa Travis, señalándola con una sonrisa deslumbrante—. Tu entrega incondicional, tu lealtad a cualquier hora y tu esfuerzo incansable durante este año han sido la verdadera clave de mi éxito. Este triunfo es tuyo tanto como mío. Gracias, Eva.
Me quedo completamente destrozada en medio del salón, mientras la humillación me quema la sangre. No me sorprende que no me haya mencionado como su esposa; en la empresa tratamos de ser discretos. Pero también ignoró mi esfuerzo como profesional y parte de su equipo.
Le está entregando a su amante el mérito de todas las noches que yo pasé en vela ayudándolo con sus balances y proyectos. Me ha borrado. Me ha vuelto invisible para coronar a la mujer con la que me engaña, lo que siento como otro puñal en mi pecho. Una doble traición.
Nadie nota el temblor que me recorre el cuerpo porque todos siguen aplaudiendo el show. Siento cómo las lágrimas amenazan con desbordarse de nuevo, pero me las trago con pura rabia.
¡Quiero vomitar! ¡Gritar! ¡Romper algo!
La celebración termina finalmente y debo seguir fingiendo una sonrisa mientras nos despedimos. Una vez en el auto, el camino a casa está cargado de un silencio tenso. Travis nota que estoy extraña, pero está tan feliz, tan dichoso por la noche que acaba de vivir, que no se molesta en preguntar.
Cuando entramos en la casa, el dolor se vuelve insoportable. Este lugar, que para mí era un hogar sagrado, ahora se siente frío, ajeno. Cierro la puerta principal y el estruendo del pestillo parece ser la alerta que esperaba Travis para hablar.
—¿Qué te pasa, Eli? Has estado muda todo el trayecto —dice él, dejando las llaves sobre la mesa.
Me quedo inmóvil, de espaldas a él. Sus palabras rebotan en las paredes de nuestra sala, la misma sala donde celebramos nuestro cuarto aniversario hace apenas unos meses.
¿Cuántas veces no me dijo que me ama en este mismo lugar y me besó después de haberse acostado con ella?
Tengo un grito atorado en la garganta, una marea de insultos que pugnan por salir. Me encantaría darme la vuelta, cruzarle la cara de una bofetada y gritarle que lo sé todo. Que lo vi. Que sé exactamente lo que estuvo haciendo. Gritarle que es un desgraciado, un vil traidor.
Pero sigo en shock. No me atrevo a enfrentarlo aún. Solo quiero dormir y despertar mañana para descubrir que todo fue un mal sueño, que mi esposo no me engaña y que mi matrimonio no se ha acabado.
Respiro profundo y reúno valor de donde no tengo para poder hablar.
—Nada. Solo estoy cansada —respondo, intentando que mi voz no tiemble.
Siento sus pasos acercándose y mi cuerpo se tensa, enviando señales de alerta a cada nervio. Travis me rodea por detrás, pegando su pecho a mi espalda y envolviéndome en un abrazo que me produce una repulsión inmediata.
—¿Segura? No estarás celosa porque le hice un reconocimiento a mi asistente, ¿verdad? —dice en tono jocoso, sin obtener una reacción de mi parte—. Tú bien sabes que, aunque algunos colegas sepan de nuestro matrimonio, debemos ser discretos y prudentes, Eli. Eres mi subordinada, y como nuevo Director, se vería terrible de mi parte alabar a mi esposa por su trabajo. Lo tomarían como favoritismo. Debes entender, Eli.
—Si, entiendo.
—No te molestes, ¿si? Además, sabes que Eva es una joven que apenas está empezando su carrera. Necesitaba este reconocimiento para motivarse —insiste, intentando darme un beso en el cuello, pero me aparto sutilmente—. ¿Por qué no nos bañamos juntos? Si tienes suerte... incluso podríamos tener un final feliz.
¡Maldito!
¡Lo que quiero es que te mueras!
Un corrientazo de náuseas me recorre de pies a cabeza al comprender que la osadía de este hombre no tiene límites. Tiene el descaro de tocarme, de pretender que estemos juntos después de haberse acostado con esa mujer.
Quisiera que todo fuera una mentira. Siempre fui una esposa incondicional, fiel; estuve para él cuando nadie más estuvo. No sé por qué me humilla de esta manera. Yo no merezco esto… Pero el dolor por su traición es tan intenso y paralizante que me he quedado sin fuerzas para reclamarle.
—De verdad, estoy agotada —murmuro, apartándome de su agarre.
No espero su respuesta. Camino hacia nuestra habitación con mis piernas temblorosas y entro al baño, cerrando la puerta con seguro. No puedo resistirlo más. Mis lágrimas caen, desbordándose como un diluvio, mientras mi pecho arde como si me estuviera desgarrando por dentro.
Pero al mirar mi reflejo en el espejo, me lleno de una oscura determinación. No sé exactamente lo que haré, pero no permitiré que se burlen más de mí. Travis me las va a pagar… se va a arrepentir de cada lágrima que me hizo derramar.
POV ElizabethUn estremecimiento violento me recorre la espina dorsal en cuanto su voz grave retumba a mis espaldas. Me giro de golpe, sintiendo cómo el suelo se me evapora bajo los tacones. Ahí está Jacob Neumann, erguido con una presencia tan imponente que parece devorar todo el aire de la terraza. Me quedo paralizada, desnuda en medio de mi vulnerabilidad, incapaz de esquivar el peso aplastante de su mirada. Siento la piel arder de pura mortificación, porque él siempre tiene que verme justamente en mis momentos más patéticos. Jacob me observa durante un segundo antes de romper el silencio con esa frialdad quirúrgica que lo caracteriza:—¿Es que usted solo sabe llorar y correr por los pasillos, señorita Duncan? —pregunta, inclinando levemente la cabeza con un tono cargado de sarcasmo—. ¿Cuándo le queda tiempo para trabajar?Sus palabras caen como un latigo sobre mi orgullo. Me apresuro a limpiarme las mejillas con el reverso de la mano, restregándome la piel con furia para borrar c
POV de ElizabethMi corazón golpea tan fuerte que puedo sentir cada latido en mis oídos. No sé qué me produce más pánico en este momento: si la certeza casi absoluta de que este hombre me despedirá en un par de minutos por llamarlo imbécil esa noche, o la manera tan abrumadora con la que él me mira. Esos ojos negros como la noche me recorren de arriba abajo, fijos, intensos, atravesándome la piel con una frialdad que me eriza los poros. Mientras tanto, él se mantiene en silencio, esperando pacientemente a que yo responda a su comentario sobre nuestro desastroso momento del viernes.Sin embargo, deliberadamente decido ignorar cualquier insinuación sobre ese primer encuentro. No pienso pedir disculpas por haber reaccionado como lo hice. En su lugar, me enfocaré en defender mi trabajo de forma profesional. Me acerco al escritorio y tomo asiento bajo su atento escrutinio.—Buenas tardes, señor Neumann —comienzo a hablar—. Aquí tiene el desglose correspondiente a mi área de análisis. En
POV Jacob—Liam —le hablo a mi asistente personal y hombre de absoluta confianza, mientras me reclino en mi sillón—, necesito un expediente completo de cada uno de los integrantes del departamento de finanzas. Investígalos a fondo. Quiero un resumen de cada uno en mi escritorio antes de que empiecen las reuniones individuales.—Entendido, señor Neumann —responde Liam, sosteniendo su tablet—. De hecho, ya tengo listo los informes preliminares de cada uno. La información sobre los movimientos bancarios e información sensible la tendré lista mañana mismo. —A ver. Te escucho.Liam aclara su garganta y comienza a leer con tono profesional:—El primer informe es sobre el nuevo Director General de Finanzas, Travis Morgan. Tiene veintisiete años. Se graduó con honores en la Universidad de Columbia. Está casado con...—Ahórrate los detalles personales, Liam —lo interrumpo con un gesto tajante de la mano—. No me interesa la vida personal ni con quién duermen mis empleados. Pasa directamente a
POV de JacobSostengo la mirada de esa mujer de manera deliberada, disfrutando en silencio de cómo la turbación transforma sus facciones. Un matiz de pánico le tiñe los ojos grises, haciendo que su piel clara palidezca un poco más, lo cual por alguna razón indecifrable me causa una oscura satisfacción.No he olvidado el incidente del viernes por la noche en el pasillo de la zona ejecutiva. Después de que ella me gritara con semejante altanería y me llamara “imbécil” en mi propia cara, me juré a mí mismo que esa mujer sería la primera persona a la que echaría a la calle el día de hoy.Y para colmo, justo antes de entrar a la sala de conferencias, la vi de nuevo. Venía prácticamente volando por el pasillo, con el cabello negro agitándose a su espalda mientras intentaba no perder el equilibrio sobre sus tacones. Al parecer, esta mujer no sabe lo que es caminar con compostura; vive corriendo por los pasillos de mi empresa como si el mundo se fuera a acabar. Llegar tarde a una junta de es
POV de ElizabethEl lunes por la mañana ya tengo un objetivo en mente. Desde mi escritorio mantengo la vista fija en la pantalla de mi ordenador y finjo estar concentrada mientras espero, atenta a cada movimiento de mi entorno por el rabillo del ojo.La puerta de la oficina de la dirección se abre y Travis aparece. Detrás de él, camina Eva. La joven secretaria sostiene una carpeta contra su pecho y luce una sonrisa encantadora que me gustaría borrarle de un puñetazo. Pero, por ahora, me trago el veneno que me quema la garganta.—Nos vemos en la sala de juntas, Elizabeth —dice Travis al pasar frente a mi módulo, regalándome una sonrisa.—Allí estaré en un momento —respondo con tono neutro.Los veo alejarse hacia el ascensor y, una vez que la puerta de acero se cierra con ellos adentro, cuento hasta diez. Un suspiro se escapa de mis labios mientras me pongo de pie y echo a andar hacia la oficina de mi esposo. Hoy tenemos una reunión crucial con el CEO de la empresa, a la que deben asis
POV de ElizabethUn dolor agudo y martilleante se aloja detrás de mis ojos en cuanto abro los párpados. La luz matutina me hiere y tengo las sienes latiendo a un ritmo desquiciado de tanto llorar en completo silencio durante toda la noche. No fue una pesadilla. Travis de verdad me engañó con otra mujer.Su lado de la cama se encuentra vacío. Seguramente, salió a correr como todas las mañanas, mientras yo sigo en la cama paralizada por el dolor. Me llevo la mano al pecho, sintiendo cómo el impacto de la infidelidad se ha transformado en un veneno que me contamina por dentro.—No puedo quedarme en esta casa —susurro sin fuerzas.Tomo mi teléfono móvil, busco el contacto de Juliet y marco su número.—¿Eli? —la voz de mi hermana menor suena fresca, llena de vitalidad—. Qué milagro que llames tan temprano un sábado.—Juliet... —mi voz sale fracturada—. ¿Podemos desayunar juntas? Necesito verte. Ahora mismo.—Dime dónde. Llego en veinte minutos.Nos citamos en una pequeña y discreta cafet







